Obras sin aviso en el Real


 

            Esta mañana, toda la calzada de los pares de la calle Mar Chica apareció cortada. Todas las intersecciones desde la calle general Villalba se convirtieron en trampas automovilísticas, para los coches allí aparcados y los que circulaban en las direcciones habituales. Son muchas calles: Valladolid, Palencia, Castilla, Salamanca, Zamora, Aragón, León, Vitoria, Vizcaya, coronel Cebollinos, capitán Arenas, Navarra, hasta la calle Cataluña. 

            Todas las entradas o salidas estaban cortadas con vallas en la intersección con Mar Chica, desde la entrada o salida en la avenida de las Infantas de España. No había un solo anuncio o advertencia en la entradas de las calles, ni en las intersecciones, ni en ninguna parte del barrio. Ni un solo anuncio o comunicación a los vecinos a través de los medios de comunicación, o en los oficiales de la Ciudad Autónoma de Melilla.

             No criticamos la obras, necesarias en una parte del barrio que lleva más de dos décadas sin ninguna adecuación de su acerado, ni de su pavimento. Señalamos el modo tan desconsiderado de llevarlas a cabo. Antaño se hubiese enviado una carta a los residentes en el barrio, bien de modo directo, o a través de las asociaciones de vecinos. Nada de esto se hace ahora.

            El nuevo diseño de las aceras están ampliando el  tamaño de los pasos peatonales en los cruces y en las esquinas, lo que es necesario, pero también están obstaculizando los giros de los vehículos de mercancías y de emergencias. También está suponiendo una pequeña pérdida de aparcamientos, sin que haya alternativa posible. En la parte central de la calle Andalucía han realizado un nuevo diseño del paseo, que sí ha recuperado aparcamientos, aunque en un número inferior al de los perdidos. Las terrazas y la remodelación del paseo central del barrio, en la calle La Legión, supuso una disminución de la zona de aparcamiento, muy superior a las previsiones de la propia obra, que ya eran alta.

          Insistimos en la idea central del artículo. No se pueden realizar obras por la bravas, sin avisos con antelación suficiente, ni alternativas posibles, ni previsión de la duración de las mismas.

 

 

La ciudad calcinada


 

                  En la hoguera de san Juan se quema una representación de algo. Es un instante efímero de evasión, en un mes de junio de 2018,  en el que un gobierno ardió como una tea en un solo día. Pasada la situación de conmoción por el segundo suceso, y el breve momento de la que se califica como la noche mágica, vuelve la dura y siempre ineludible realidad.

                 La ruina, como la nada de La Historia Interminable, se extiende por toda la zona histórica de la ciudad. La década de los 2000 millones de euros, no ha aliviado ninguno de los grandes problemas de Melilla, pese al maquillaje  que se lleva a cabo en otras zonas. Estos son barrios y calles por los que nadie transita, salvo los residentes. Aquí no hay planificación urbanística, accesibilidad ni ciudad sostenible.

                   Es el Barrio del Carmen, del que ya hemos escrito* (como casi de todo) y en el que se encuentra una de las calles más paupérrimas de la ciudad, la de Villalba y Angulo**. Una tercera parte o más de los barrios históricos se encuentra en situación de ruina. Las casas ruinosas habitadas se alternan como las cartas de una baraja, con las casas arruinadas deshabitadas. Los solares se eternizan en estado de abandono total, en espera de un Plan General de Ordenación Urbana, que lleva más de una década sin ser aprobado. Para un tercio de la población melillense no hay esperanza alguna. Todos los términos anteriormente citados no significan nada en su quehacer diario.

                   Este emblemático barrio se divide en dos partes, y su frontera en la Avenida de Castelar. Las casas, escaleras y pasadizos fotografiados hace dos años, siguen en el mismo estado pero con dos años más de deterioro, con el consiguiente riesgo de derrumbe. En este lado del Barrio del Carmen, el de las calles Explorador Badía, capitán Cossío, padre Lerchundi, general Barceló, o la ya mencionada del gobernador Villalba y Angulo, la situación física de deterioro es igual que la de la parte más cercana al centro de la ciudad. Nada cambia,  Melilla siempre puede esperar.   

  Notas:*https://elalminardemelilla.com/2016/04/22/el-barrio-del-carmen/ ;**https://elalminardemelilla.com/2016/04/28/la-calle-de-villalba-y-angulo/

 

 

Edificios fantasmas


         La cochambre es noticia en Melilla porque edificios en zonas muy transitadas, se perpetúan en estado de ruina durante años sin que la consejería competente actúe o realice acción alguna, hasta que una denuncia ciudadana la pone de relieve o la muestra.

           Cuando caiga este edificio entre las calles Álvaro de Bazán y general Polavieja, liberará un solar de gran valor crematística. La demolición y la construcción son dos actividades que corren parejas en la ciudad, y que no han decaído en ningún momento durante la crisis.

            En el momento en el que la piqueta, o las palas excavadoras derriben esta cochambre, desaparecerán dos lugares, con dos tipos de recuerdos distintos. El restaurante Fornos deja tras de sí muchas centenas de buenos recuerdos durante sus años de actividad. El otro es justo lo contrario, uno de los pubs y puteríos más infames de la historia de la ciudad, y al que preferimos no nombrar.

              Durante el tiempo en el que han permanecido cerrados, menor en el casado del restaurante de comida asturiana, han sido objeto del vandalismo y de la residencia ilegal, por parte de los merodeadores melillenses, las gentes que viven en la calle. En el caso del pub, resulta tanto más sorprendente que la antigua barra del puterío, permanezca en el mismo estado en el que se sirvieron allí copas, con las botellas vacías y los vasos sin limpiar.

            Todavía y hasta que sean demolidos, les quedan unas semanas hábiles para los residentes fantasmas, eso si deciden correr el riesgo de caminar entre las ruinas y escombros. La imagen es absolutamente fantasmal, y eso que no se ha hecho más allá del quicio de la puerta, no sea que algún cliente deambule por el interior, en busca de una última consumición, o incluso de pagarla.

           Durante los debates parlamentarios de 1921, a cuenta del Desastre de Annual, el parlamentario socialista Indalecio Prieto hacía alusión a los dos elementos que habían socavado la moral y la integridad de las tropas, en  lo que él llamaba «el vicio de Melilla». Uno era la prostitución, que parece no haberse ido, y el otro es el juego, que ahora parece regresar, de la mano de los Presupuestos Generales del Estado.

El deterioro en Las Culturas


             La plaza de las Culturas sustituyó a la plaza de España y el parque Hernández como punto de concentración ciudadana. Pese a ser el nuevo centro social de la ciudad, y estar ubicada a solo 100 metros lineales del Palacio de la Asamblea, sufre una degradación intensa. El que allí se celebren los acontecimientos culturales más representativos y ser uno de los escaparates turísticos de Melilla, no la hace merecedora de un cuidado y un mantenimiento exquisito En esta plaza se encuentra la Oficina de Turismo y es el punto de concentración del Gobierno Local (meeting point), en sus momentos de ocio, que son muchos.

                  En ningún lugar del mundo (plaza de Tiananmen, plaza Roja, Trafalgar square, plaza Navona), se puede ver un deterioro tan intenso como en la plaza de Las Culturas de Melilla. Los focos de suelo que iluminan las murallas y los ventiladores de aire del aparcamiento subterráneo, sufre la acción vandálico constantemente. En ningún lugar del mundo se hubiese permitido que una torre de ventilación de un aparcamiento, que evacúa gases tóxicos, esté dentro de un local de restauración. Sin embargo, en nuestra ciudad, cualquier cosa es posible.

               Los focos de suelo que iluminaban  una de las torres de ventilación aparecieron destruidos a principios del mes de abril. Eran ya uno de los pocos que seguían iluminando. Hace no mucho tiempo ya fueron sustituidos, pero por otros de distinto tamaño que sobresalían sobre el nivel de suelo, y provocaban las caídas de los niños, que suelen jugar alrededor de ellos.

              No se puede escribir siempre. En los inicios del Alminar compartíamos cualquier circunstancia que nos obligase a un parón en la escritura, que no en la vigilancia. Una de las ventajas de Melilla, es que cualquier circunstancia o deterioro, si se ha fotografiado, espera incólume hasta que se escribe sobre ella. En ese sentido no hay prisa. La acedia se encarga de mantener el deterioro, o el hecho, en el mismo instante y lugar en el que se dejó.

        Nota:https://elalminardemelilla.com/2011/12/12/la-plaza-de-las-culturas/

 

 

Alerta amianto


           Restos de amianto en el callejón de La Marina y el Colegio España

           Hace menos de un año era un problema oculto, ahora es una verdad incómoda. La uralita, el fibrocemento, el amianto, envenena nuestro medio ambiente, y está presente en toda la ciudad. Pese a la enorme magnitud del problema, el Gabinete de Seguridad e Higiene ha estado varios años con el puesto de responsable sin cubrir. Se trata de uno de los mayores problemas que tiene la ciudad, en materia medio ambiental.

          La uralita está presente en los grandes edificios, en todos los acuartelamientos, en dos pabellones deportivos, en los garajes de la COA, en la cubierta de algunas zonas de aparcamientos, en el Museo del Automóvil y en todos los bidones de agua de la zona antigua de la ciudad. Son varios miles de m² de amianto que permanecen a la espera de ser retirados. Resulta incomprensible que no exista ni siquiera un plan para hacer frente al problema.

         Lo que ya está identificado no puede ya ser eliminado sin más, como se ha hecho años atrás, pero cada día saltan nuevas sorpresas, o se ven placas de uralita cubriendo casas, o lugares insospechados. Ahora hemos detectado otro peligro, el de la eliminación clandestina de uralita, y los restos olvidados de amianto. Esto nos ha llevado a la puesta en marcha de la «alerta amianto», que consiste en localizar e identificar restos abandonados de uralita.

         En la pasada semana, dos colaboradores del Alminar nos informaron de la existencia de restos fragmentados de amianto en el Colegio España, y en uno de los senderos del callejón de La Marina, siendo estos últimos los de mayor tamaño e importancia. Los del Colegio España consistían en unos restos olvidados de las obras de adecuación del colegio, realizadas allí hace 4 años. En el callejón hay varias placas, situadas en zonas próximas. También hemos visto trozo perdidos de uralita muy diseminados.

            El Servicio de Protección de la Naturaleza, de la Guardia Civil, está muy activo y atento al problema. La actuación a seguir si se localizan restos abandonados de uralita debe ser llamar a este servicio (SEPRONA), identificando correctamente su ubicación, para que su retirada se lleve a cabo con seguridad. Los restos fragmentados son rociados con un líquido que fija las partículas volátiles. Ante la presencia del amianto, se debe portar una mascarilla de protección respiratoria del tipo FFP3.

 

Corrosión en el Mercado del Real


 

                                   Las décadas perdidas

        A este último tiempo, cuando algún día se escriba la historia, se le llamará el de «las décadas perdidas», porque nunca antes se dispuso de tanto dinero para inversiones en la ciudad y consolidad su futuro, y nunca se hizo tan poco. Las inversiones se han ido al suelo, a falsas peatonalizaciones, a derroches, a rotondas, y a construcciones faraónicas.        Los casi dos millones de euros invertidos en «la reforma y desfiguración» del bulevar central. se deberían haber destinado a buscar una alternativa al mercado del barrio, en situación de declive económico total, y en evidente estado de ruina y corrosión en su cubierta.

        La reforma del bulevar no ha servido para el fin previsto, fomentar la presencia del peatón y embellecer el paseo, y sí ha retirado del mismo a los autobuses urbanos. No hay peatonalización posible sin transporte público, al que se le está dificultando cada día más la conexión entre los barrios exteriores de Melilla y el centro de la ciudad.

                       1941, la inauguración del Mercado

        El 12 de marzo de 1941, el general Rafael García Valiño visitó las obras acompañado del alcalde Rafael Álvarez Claro y cuya terminación se juzgaba inminente. Tanto era así, que El Telegrama del Rif situaba su finalización para el final del mes de abril. Sin embargo, en el corrupto universo del franquismo, nada sucedía de acuerdo con el plan oficial, de manera que la obra requirió dos ampliaciones de crédito y fueron recepcionadas de modo definitivo el día 21 de agosto.

        Al alcalde Álvarez Claro le gustaba inaugurar cosas con ocasión de la efeméride de la sublevación de Ejército de África, y más conocido como Alzamiento Nacional, o sea el 17 de julio. Este singular alcalde dio origen a una curiosa actitud o síndrome político en regidores públicos melillenses, que consiste en abandonar la ciudad tras el cumplimiento del mandato delegado, y no volver jamás a ella. Las lista de cargos públicos, incluso melillenses, que abandona la ciudad para no regresar o hacerlo ocasionalmente es muy larga, lo que genera cierto resentimiento en la población nativa de la ciudad.

                                        Corrosión en la estructura metálica

          En anteriores artículos hemos incidido en la presencia del amianto o uralita en la cubierta del edificio, un material siempre peligroso y que vuelve a activarse pasado su periodo de vida útil. Degradado por el sol y los agentes erosivos, sobre su superficie lisa se forma un película de la que se desprende partículas con el aire y el agua, potencialmente peligrosas para la salud. Todo el amianto de Melilla debería haber estado retirado en el año 2000. España está infectada de este material.

         La situación física del edificio del Mercado del Real es crítica. La estructura metálica que soporta la cubierta de uralita está en un estado de corrosión completo, y podría quebrase en cualquier momento. Los claves de luz atraviesan el mercado sin casi protección (podrían producirse cortocircuitos con las lluvias y la humedad), y las canalizaciones y los desagües están infectados de ratas. En los últimos 20 años las inversiones en la renovación del mercado o en su conservación han sido nulas. En este tiempo, todas las capitales españolas  muchas otras ciudades, han renovados sus mercados tradicionales de abastos.

 

Convivir con el amianto


            Lo instalaron entre 1940 y 1980, en cantidades casi epidémicas, y todavía sigue junto a nosotros/as. Hay un pacto de silencio que nadie se salta, la ciudad está inundada de este mineral letal, pero no hay un solo plan previsto para su retirada. Mientras tanto, en una situación de colapso sanitario, se siguen invirtiendo cantidades mil millonarias en maquillaje urbano, como las falsas zonas peatonales del barrio del Real, Carlos de Arellano, barrio del Industrial, o el pseudo carril bici del Paseo Marítimo, mientras se racanea hasta el extremo las inversiones en el futuro de la ciudad. Nos es lógico gastar 10 millones de euros en las zonas mencionadas, y no planificar una verdadera alternativa medioambiental para Melilla.

            Hay algo que ya hemos conseguido y es que el amianto o uralita ya esté en las carpetas de las mesas de los despachos, aunque nadie se atreva a hablar de él en público. En los primeros días de enero comenzó la retirada del amianto en el cementerio de la ciudad, en secreto, sin la menor noticia pública, pero eso sí, con todas las protecciones requeridas para este tipo de material. El contraste es tremendo entre las imágenes de la zona sellada en el cementerio, mientras que se hacía explotar un techo de uralita sobre las mismas narices de los ciudadanos en el hospital del Docker, y no solo el que pudimos fotografiar, pues tenemos constancia de que se repitió el incidente, caída de arboles sobre las cubiertas de uralita, en al menos otros dos barracones. En el acuartelamiento Pedro de Estopiñán, una gran sección de uralita está a punto de hundirse.

             La advertencia resulta curiosa y alarmante a la vez: respirar polvo de amianto es peligroso para la salud, en el cementerio. Mientras tanto, numerosas zonas de la ciudad conviven con amianto fracturado, como el cuartel Gabriel de Morales, junto al de Santiago, o lo tienen casi encima, como las viviendas sociales de la calle Luis de Ostáriz, y que recientemente se ha cubierto con una malla protectora. Los ciudadanos pasean bajo el amianto en el Mercado del Real, y en los pabellones deportivos de la Hípica y en el  Lázaro Fernández, o incluso lo tienen como techo de viviendas, como una que identificamos en la calle Nápoles. Está por todos lados, incluso en forma de bidones de agua, en forma masiva y en pleno centro de la ciudad.

            Tan preocupante como la que se ve, que ya es mucha, está la que podría haber sido eliminada de manera clandestina, cuando el Ministerio de Defensa abandonó estos cuarteles. Junto a los restos de barracones con techumbres de uralita, están los que ya no la tienen, y de la que parte está fracturada en el suelo o desaparecida y evaporada. Las preguntas son directas: ¿Cuándo fue eliminada toda esa uralita, quién lo autorizó o miró hacia otro lado, y sobre todo a dónde fue a parar?. Fragmentar y triturar la uralita de forma clandestina, en los vertederos de escombros, es una de las peores soluciones posibles, además de un delito medioambiental, y un riesgo gravísimo para la salud de los ciudadanos. Hay muchísimas preguntas, ninguna respuesta.