Los agujeros negros


 

                      Abandono y accesibilidad en la antigua Casa de Socorro

      Un agujero negro en una ciudad es un antiguo edificio abandonado por la administración local, que mientras espera un nuevo destino, cambio de uso o de propietario, se va transformando en lugar de residencia y actividades no confesables, de personas sin hogar, sin trabajo, sin futuro, menores deambulantes. En definitiva, en refugio y principado de «los miserables» en el sentido inmortalizado por el escritor francés Victor Hugo. Aquellos a quienes la miseria a rodeado con sus brazos.

    Este edificio es la antigua sede de Cruz Roja y de La Casa de Socorro, y lleva años degradándose. Muchas veces se ha podido ver ropa tendida en la parte alta del abandonado edificio. Hace un mes ocurrió aquí un sórdido suceso. Los menores deambulantes marroquíes están ya en la zona de contacto de los depredadores sexuales. Años de exposición a la vida sin referentes les va convirtiendo en adultos sin límites. Hacen la transición de menores a adultos de la manera más sombría posible, expuesto al mundo de la oscuridad. Mientras tanto, los responsables de Servicios Sociales hacen una vida ajena al área de su responsabilidad, como si ninguna de estas situaciones tuviera que ver con el área que supuestamente gestionan.

      Hay muchos lugares abandonados en la ciudad, que son habitados por indigentes y personas sin hogar. Algunos son de difícil acceso y conocimiento público, pero este edificio está en el centro de la ciudad y sigue siendo accesible. El mundo sórdido les acecha por todos lados.

Nota:http://elfarodemelilla.es/2016/09/21/la-policia-detiene-hombre-mayor-abusando-menor/. http://www.20minutos.es/noticia/2584171/0/detienen-policias/melilla-abuso-sexual/menor/

Fortuny, la calle de doble dirección


                   Incongruencias urbanas en Melilla 

    Conducir en Melilla es difícil, pero más cuando las «supuestas» reformas y mejoras no solucionan nada, sino que dificultan el tráfico más aún, léase rotondas y falsas peatonalizaciones. Una de las más grandes incongruencias es la del tramo final de la calle Fortuny, en donde se encuentra la fachada del Palacio de Congresos. A pesar de tener un solo carril, tiene acceso tanto desde la calle del General Aizpuru, como desde la de Manuel Fernández Benítez. Ambas tienen la señal de prohibido circular, en ambos lados, excepto para residentes.

        La contradicción es máxima en la entrada desde la calle Aizpuru, porque en el lado izquierda existe una señal de dirección prohibida, mientras que la señal de la derecha limita la prohibición solo a los no residentes. Una colisión frontal en esa calle tendría difícil solución para los seguros. Nadie sería enteramente culpable, ni tampoco inocente. La vía se utiliza para circulación, para aparcamiento, tanto por residentes, como por no residentes. El caos en apenas 25 metros de vía urbana. Un ejemplo prístino de lo que es la circulación en la ciudad, y sobre todo, de la capacidad de gestión de los reguladores del tráfico, esos que se hacen llamar de seguridad ciudadana. Esta es una calle de la que no se puede decir que no se ve. Doble dirección, doble prohibición.

Lo que se esconde a la vista


 La gran tala del Cerro de Camellos

     En febrero de 2015, con la excusa de sanear el Cerro de Camellos, se produjo una gran tala de árboles, troncos y ramas. Se podó o taló todo, tanto lo grande como lo pequeño, lo necesario como lo que no era. De modo afortunado, teníamos las fotografías del antes, para poder compararlo con el después*.

      El problema del Cerro de Camellos es que el suelo está descarnado, sin protección de la vegetación, y debajo de sus laderas hay casas en las que ya han caído hasta árboles. Algo de lo que también dimos cuenta en El Alminar**.

      Los árboles sin sujeción se caen, las piedras y el terreno se desprenden sobre las faldas del cerro con el consiguiente riesgo para las casas. En caso de lluvias torrenciales, la situación puede tornarse muy peligrosa. No solo en caso de lluvia, también en el de vendavales, tan frecuentes en Melilla. Los árboles podados de esa manera se secan, los troncos se ahuecan como si fueran corcho, y las raíces pierden fuerza de agarre al suelo. Vemos árboles pero son fantasmas.

     Una vecina nos advirtió de que habían dejado los troncos talados y las grandes ramas podadas, sobre la misma ladera, lo que constituye un gran riesgo, pues sus pendientes son muy grandes, y en algunos casos son taludes. Si algunos de esos grandes troncos o ramas se desprende, caerán a plomo sobre las casas y los patios de la zona baja del monte.

     Hemos podido comprobarlo todo. Hay multitud de troncos de árboles y grandes ramas dejados sobre las laderas, apoyados de cualquier forma y sobre grnades pendientes. El suelo está completamente seco. No hay vegetación y la piedra caliza está disgregada en muchas zonas. Hay un camino que todavía se usa y que atraviesa todo el monte.

     Nota:*https://elalminardemelilla.com/2015/02/17/imagenes-de-podas-en-melilla/;**https://elalminardemelilla.com/2011/10/01/un-arbol-cae-sobre-una-casa-en-el-tesorillo/

 

 

Melilla, estampas del declive


           Melilla es una ciudad con un espacio urbano pequeño, relativamente controlable con cierta facilidad, sin embargo, se ve progresivamente aumentar el nivel de entropía o desorden en sus barrios y calles. Las inversiones en las calles no duran lo suficiente, o no dan el resultado esperados, pese a que son cien millonarias. La inversión en limpieza es elevadísima, es el gran contrato de Melilla, y nunca acaban de estar las cosas en estado óptimo. Habría que aumentar el gasto en personal y reducir el de maquinaria de limpieza, que no ofrece un resultado satisfactorio. Habría que buscar un tipo de contrato de limpieza que se adapte a las necesidades de la ciudad.

        También hay que llevar a cabo campañas de concienciación  y sancionar los comportamientos incívicos, que se ven en un mayor grado en esta  ciudad, que en ninguna otra. Nadie arrojaría un envoltorio de helado al suelo en el centro de Madríd, Málaga o Sevilla, sin embargo sí parece un comportamiento admisible en nuestra ciudad, como el lanzar latas de refrescos desde el coche, colillas de cigarros, o envases de patatas y de rufitos. Solo un 20% de los dueños de canes recogen  los excrementos generados por sus mascotas. Gestionar una ciudad también es esto, y no solo aprobar el reglamento correspondiente. Una placa oxidada de denominación de calle, no puede estar en estado de descomposición durante años, habiéndose colocado las nuevas recientemente.

            Ha aumentando la inseguridad, y también la sensación de la misma. A menudo es imposible encontrar una papelera cercana, porque las antaño existentes han ardido o van camino de la fundición de Taouima. Han vuelto los asaltos a los vehículos, para robar cualquier cosa que hala dentro y puede ser revendida. En todas las ciudades hay botellones, pero los restos no pueden permanecer sin recoger hasta más allá del mediodía.

               Falta gestión organizada y atenta, falta mantenimiento y también conciencia ciudadana.

Donde hubo árboles


            Las imágenes son elocuentes, pero solo como testimonio. Las podas descontroladas, constantes y severas deterioran la calidad de los árboles. Jamás pensé que se pudiera ver a través de los árboles, pero en nuestra ciudad sí. El tronco se va secando y dejando oquedades amplias. Las ramas altas están secas y crecen nuevas por la parte baja. En donde hubo árboles ahora solo hay maleza, muñones, troncos muertos y árboles que permanecen en pie pero que solo son leña seca o un tótem. Mala calidad de los árboles, mala salud arbórea, huida de aves urbanas y abundancia de insectos.

            Siempre escribimos sobre lo mismo, siempre las mismas vueltas, con la bendita perseverancia del borrico en la noria.

 

Un edificio menos en el Real


     El barrio antiguo o histórico del Real está perdido. El último edificio derribado ha sido en la calle del coronel Cebollino. El proceso siempre es el mismo e igual de silencioso. Hasta no hace más de cinco años ahí vivían vecinos. Los que se van parchando ya no se alquilan y el edificio se va desocupando. Cuando ya no queda nadie se echa el cierre. Probablemente el edificio cambia de titular y se sigue deteriorando. No se invierte nada y nadie obliga a efectuar la más mínima reparación. Son edificios escondidos que nadie vigila, de los que nadie se preocupa. La batalla se ha centrado en desfigurar el paseo central de barrio, en la calle de La Legión, en donde la gente se ha quedado sin aceras y sin paseo central, porque todo está invadido por las terrazas. El transporte urbano ha desaparecido del centro del barrio, y hay que esperar el autobús en esquinas indignas y peligrosas. Las calles laterales están saturadas de tráfico. La circulación es muy densa y los atropellos y accidentes son constantes. Los árboles han sido desfigurados más allá del límite de lo razonable. Hay giros imposibles para acceder a las calles laterales. La carga y descarga de mercancía es una odisea. El barrio del Real ya es solo una postal fea, en donde hasta pasear,  o circular en bicicleta es peligroso. El aparcamiento ya no existe. Es el cuento de aquellos que se creyeron su propio cuento.

 

Sufrir la ITV en Melilla


      La Inspección Técnica de Vehículos (ITV) es una obligación, pero en Melilla es un tormento. No se sabe porqué razón, en nuestra ciudad, los negocios más rentables son monocultivos. No hay opciones o alternativas para elegir. Hay un solo taller para pasar la inspección de vehículos y ni siquiera hay tentativas para que otra empresa o taller instale otro lugar donde pasar de modo más cómodo esta inspección obligatoria.

         La actual inspección mejoró la anterior, pero no nos ha sacado del infierno. Está en un lugar infernal, en un emplazamiento de tráfico endiablado, en donde apenas se puede circular para llegar hasta el lugar en donde se pasa la ITV europea. Una vez dentro, esperan al menos una o dos horas de estancia en un apeadero inhóspito y ardiente. El lugar es enfermizo, tanto para los usuarios de vehículos, como para los trabajadores. Las condiciones son pésimas, imaginamos que los beneficios irán en la dirección opuesta. En la Melilla sin opciones, sin nada que nos aproxime al mundo que existe más allá de la ribera norte del Mediterráneo, no queda otra opción que la de las lentejas. Nadie protesta, nadie denuncia nada. No se investiga nada, ¿para qué?, si no hay alternativas.  Pasar la ITV en Melilla es una experiencia inolvidable