El ascensor de Melilla La Vieja


 

         No se ha votado una gestión, se ha votado una sugestión, algo que parece lo que no es. El ascensor de Melilla La Vieja lleva cuatro, seis meses cerrado, que más da, porque eso no ha importado, el pueblo no ha tenido en cuenta esas cosas. Hay una gestión aparente, movida simplemente por la propia inercia administrativa. La Administración es una máquina que no puede ser detenida. Hay una gestión mínima que obliga al mantenimiento de las cosas, pero nada más. No hay un solo lugar de la ciudad que aparezca impecable, incluso reconociendo que es una ciudad difícil, en la que la gente cuida muy poco de las cosas públicas. Pero para eso debe existir una gestión atenta al detalle, con consejeros y viceconsejeros que dediquen al menos un día a la semana a patearse la calle, a tomar contacto con el ciudadano, a recibirle en los despachos. Cuando se ha dispuesto, cuando se dispone de una cantidad de dinero tan formidable, el resultado debería haber sido 10 veces mejor, muchísimo más evidente.

             El pueblo ha querido esta Gestión, luego tenga esta Sugestión

La gestión gris


           Esta foto es de la calle Soledad en Melilla la Vieja. Una foto es de 2010 y otra de 2011. Es un pequeño pasadizo entre la calle del Horno y la propia calle Soledad. Antes de que la gestión gris, gris del cemento, pasara por allí, era un pequeño rinconcito de La ciudad vieja que tenía su encanto, sus setos, sus árboles, y el color verde y la sensación fresca que proporciona relajaba la vista. Ahora ya no, porque ha pasado por allí la gestión grís, el gris de La Nada de » La Historia Interminable», el gris que se adueña de todo, que lo desfigura todo.

       Han arrasado con todo, con el verde, con la vegetación y han extendido un horrible capa de grava gris, de gris del cemento. Todo es gris, como su gestión despersonalizadora. No quieren dejar un solo rincón sin desfigurar. No quieren dejar nada reconocible.  Borran el pasado, alteran el presente. Todo es gris con ellos. Todo es cemento y explanadas.

           No puedo entender esta forma de hacer las cosas, ni este abuso, ni esta falta de respeto para con La ciudad vieja. No puedo entender qué pretende este tipo de gestión, de gestión gris.

El gris del franquismo


 

         En uno de sus últimos actos de gobierno, la actual mayoría decidió sin consultas previas, sin tener en cuenta otras opiniones, el repintado del Ayuntamiento de Melilla. Un gasto innecesario, un último derroche. Y lo hizo para devolver al edificio del Ayuntamiento su aspecto original, esto es, el gris del franquismo, porque ese era el color de los Ministerios franquistas, de sus edificios oficiales, el de La Seguridad Social en la calle del Gral. Marina, el del edificio de Correos, el de los sindicatos en la plaza del 1º de Mayo. Gris franquista, gris de su policía, gris plomizo del levante melillense, gris para enterrar la paleta de colores modenistas que se empleara en la década de 1990. Un color gris, para acabar un época que nos devuelve a otra más gris aun. Por supuesto que no dudo ni por un solo momento que no solo habrá a quien le guste esto, sino que además lo alabe.