La churrería olvidada


     El inicio de las obras de lo que será el futuro Centro Tecnológico de Melilla, lugar desde el que saldrá el 2º cable de fibra óptica, traerá también como consecuencia el que aparezca un asunto, que no por olvidado, es menos real. En el antiguo edificio de la Estación de Autobuses de Melilla, existían una serie de establecimientos comerciales (Farmacia, tienda de artesanía árabe, tienda de electrónica y churrería), que aceptaron el compromiso de derribo, a cambio de que tuvieran la 1ª opción para en  estar en la futura Plaza de Las Culturas.

        Existió y se firmó un contrato por el cual La Ciudad Autónoma se comprometía a aceptar el derecho de retorno de las partes afectadas. La farmacia se trasladó a los bajos del Hotel Ánfora y los otros establecimientos se asentaron un unas instalaciones provisionales construidas al efecto. Acabada las obras de la plaza se produjo el regreso de la farmacia y de la tienda de marroquinería, pero no regresó el establecimiento de productos electrónicos y quedó en suspenso el derecho de la churrería, que es emblemática y uno de los signos de identidad de la zona.

           ¿ Que ocurrió ?. El asunto es complicado y de difícil calificación. El caso es que La Ciudad Autónoma alegó que el contrato firmado carecía de obligatoriedad, y que en todo caso era solo una declaración de intenciones. Llegado el momento de exigir el cumplimiento del mismo, La Consejería correspondiente, exigió una «fianza muy elevada» a la churrería y que no estaban en condiciones de pagar, de manera que otro establecimiento se asentó en el lugar indicado o reservado en un principio a la churrería.

         Quedó un local baldío, que tampoco se quiso ofrecer a la churrería y que ahora ocupa una oficina de información turística. Las obras del Centro Tecnológico empezarán en breve, y algo se tendrá que decidir en La Consejería  de Fomento, de la que dependen las instalaciones de La Plaza. La solución no puede demorarse mucho tiempo más, y hay que recordar que de ese establecimiento dependen 6 familias. Cerrarlo o trasladarlo a un lugar inadecuado, sería condenar a todas las familias al paro y no están los tiempos como para hacer esas cosas.

         Aparte de la solución que decida dársele, el asunto está recurrido en los tribunales de Málaga, porque el correspondiente de Melilla se declaró incompetente para decidir sobre el caso.

  PD: Este asunto puede convertirse en un escándalo para unos y en la piedra de toque para otros. La Churrería debe seguir en esa plaza. El cómo se haga no es cosa nuestra, pero lo veremos igualmente.

La Cabalgata de Reyes de 2012


              ¿ Qué ocurre con el sorteo de las carrozas ?

             Nunca se  había visto tanta gente en el centro de Melilla como este año 2012, y acudo puntualmente a la cabalgata de los Reyes Magos desde hace muchos tiempo. He visto cabalgatas lamentables, cabalgatas que pasaron con la celeridad del rayo, las he visto mucho más lucidas. Ha habido cabalgatas gafadas por el mal tiempo y otras arruinadas por comportamientos salvajes. Sin embargo, este año se presentaban todas las condiciones favorables y la Cabalgata resultó «demasiado ajustada», «demasiado escasa». Había demasiada poca participación ciudadana.

           Me comentaron miembros de alguna asociación de vecinos, que no entienden qué pasa con el sorteo de las carrozas. Hay 7 carrozas y 22 asociaciones de vecinos. Todas entran en el sorteo, pero a algunas no les toca carroza desde hace 4 años y a otras les toca todos los años. Se sabe que hay asociaciones de vecinos sin actividad alguna o muy escasa, pero que recibe la misma subvención que las demás. Hay algunas asociaciones que tienen actividad continuada a lo largo del año y que no pueden desfilar. Algunos proponen que aparte del filtro previo, se saque a las asociaciones que obtuvieron carroza el año anterior, del sorteo de las carrozas del año en curso. Así, en solo tres años, todas las asociaciones habrían pasado por el desfile. Si son 22 asociaciones y 7 carrozas, la cuenta es muy fácil.

          Debería haber algún  filtro previo sobre actividades de la asociación, o una consulta previa sobre si se está dispuesto a participar, porque se han visto carrozas llenas de niños y otras prácticamente vacías. Hay mucho tiempo para preparar las cosas, se ha invertido mucho dinero en las actividades navideñas (400.000€),  y la cabalgata de Los Magos debería  ser el broche de oro y no lo ha sido.

         Luego hay elementos mixtos que no pegan en un desfile de Reyes Magos, como los fantasmas del carnaval,  algunos un poco arcaicos como la pantera rosa o incluso los pitufos, y algunos más propios del desfile de «la semana medieval», como las hadas y los elfos. No había pastores ni elementos más navideños y propios del fin de las navidades. La nieve artificial resultaba molesta y la banda de música meritoria aunque un tanto inadecuada, con música de carnaval y ningún villancico. Está claro que faltan ideas y participación ciudadana y del resto de los grupos políticos. La ausencia de contrastes y de cualquier vestigio de crítica empiezan a pesar demasiado.

    Nota: Los Reyes magos tenía problemas con los caramelos al llegar a la altura de la calle Abdelkader, bueno, no tenían caramelos y le decían a los niños que no tenían. Una imagen lamentable.

El legado socialista en Melilla


        El traspaso de poderes ya se ha completado. Los denostados socialistas ya son historia. Ya no es necesario mentir ni decir que el Gobierno de Zapatero  ( 2004-2011), no se ocupó en modo alguno de Melilla. Esa expresión, muy oída en los últimos tiempos, es una frase de propaganda que no se corresponde con la realidad. Para empezar Melilla recibió la visita del Presidente del Gobierno José Luis Rodriguez Zapatero en enero de 2006, con gran escándalo por parte de las autoridades marroquíes.

       Un año y medio después de esa visita borrada de la historia, el gobierno socialista autorizó  la visita de Los Reyes de España en noviembre de 2007, hecho histórico que significó la retirada del Embajador de Marruecos en España, por un espacio de casi dos años. Afortunadamente El Alminar de Melilla tiene sus propias fotos, y podemos ofrecer una imagen de Los Reyes de España, sin acompañamientos añadidos, en el balcón del Palacio Municipal o de La Asamblea.

                     Obras son amores y no buenas razones

    Este dicho del refranero español viene al caso, porque el legado socialista deja en Melilla un buen catálogo de infraestructuras y obras, que son las cosas que realmente interesan para el desarrollo de una ciudad. El que la cifra de ministros visitantes sea mayor o menor, y sus declaraciones de «amor filial a Melilla», importan menos que las obras consolidadas. A las palabras se las lleva el viento y las obras permanecen .

         Únicamente citaré dos de las muchas cosas que han dejado estos ocho años de gobierno ya extinto. El que lo haga ahora implica que ya no se busca prebenda o reconocimiento alguno, sino simplemente dejar constancia de un hecho, sin más aditamento que la propia obra en sí.

           La primera es la obra del futuro Hospital Universitario de Melilla, la mayor obra pública de la historia de Melilla en la etapa constitucional en la que nos hallamos inmersos. Una obra que no para ni de día ni de noche, como mostramos en una imagen poco usual. La segunda es la del Centro Educativo que se construye en lo que fuera el antiguo Mercado de Melilla. Ambas obras van a buen ritmo y tienen ya apartado su presupuesto, por lo que no deben tener problema alguna para ser inauguradas en el año 2013. Sólo deben ser vigiladas y cuidadas, para que lleguen a buen término. Ese es el legado La obligación del nuevo gobierno es vigilarlas, porque ambas son para el pueblo de Melilla. Los gobiernos y las personas pasan, no así las obras ni sus hechos.

Escándalo en el camarote del barco


                        Terror en el camarote del Murillo

En El Alminar no buscamos las cosas, pero nos toca ser testigos de ellas. Todo ocurrió en un instante, frente al camarote ocupado por El Alminar ( el número 13). Acaba de salir de la cafetería en dirección al camarote, acompañado por mi hija, con el café y los bocadillos. Todo el pasillo, que en la foto se ve vacío, estaba lleno de gente airada, toda la seguridad del barco y personal de la tripulación. Después de escuchar versiones de todo tipo, y cumplir una vez mas la máxima policial que dice: » Cuando hay dos testigos de un hecho, hay al menos tres versiones de lo sucedido», pude concretar una versión aproximada del suceso.

Una profesora almeriense de inglés, de un conocido Instituto de Melilla, de nombre Mª del Mar, compartía camarote con otra viajera, que al parecer, tenía algunas amigas o conocidas en las butacas del barco. La profesora almorzó con otras compañeras de profesión, que iniciaban igualmente sus vacaciones y cuando se dispuso a bajar a su camarote compartido, aquello tenía ya más ocupación que una patera, en una versión melillense del «camarote de los hermanos Marx».

La profesora, al reclamar su espacio, su cama y buscar algún sitio en donde meterse, fue objeto de una agresión en toda regla, cumpliendo con el proverbio sirio que dice: «Yo contra mi hermano, los dos contra mi primo, los tres contra el vecino y todos juntos contra el enemigo». La compartidora del camarote y las dos «okupas», la emprendieron a golpes y zapatazos contra la compañera legal del camarote. Los gritos, el escándalo, alcanzó a toda la línea de camarotes. Decenas de testigos, la seguridad del barco, todo estaban allí cuando yo regresaba con mis «cafés» de la cafetería, a mi camarote.

Todo acabó con la redacción de los informes pertinentes, parte de lesiones de la víctima, declaraciones de los testigos y la posterior ratificación de la denuncia. No sé cuál es la jurisprudencia sobre a quién pertenece territorialidad, cuando el suceso ocurre dentro de un barco.

El hombre del reciclado


         Prometimos contar historias diferentes y lo hemos hecho. Dijimos que hablaríamos de aquellos que nadie habla, y en la medida de lo posible, lo hemos hecho. La realidad impone muchas veces sus exigencias y nos aparta del camino inicialmente marcado, pero intentamos no olvidarnos de  nadie, ni de nada.

          Francisco Varea, Paco, es el hombre del reciclado. Lo encontré el pasado mes de mayo en plena campaña electoral municipal. Se iniciaba la campaña para la separación de aceite usado, el de la comida, que no el de los coches. Informaba de que los envases de aceite de cocina deberían ser depositados en el bidón de color naranja y para ello, además del folleto, regalaba un embudo. Aparte del hombre del reciclado, es también el hombre de los regalos. Hace unos días lo volví a ver, y esta vez me regaló un bolsa verde, en la que colocar los envases de cristal para bajarlos ya separados a los contenedores de basura, a los de color verde, el de los envases de cristal.

           Debemos concienciarnos para separar la mayor parte de basura posible. No tirar el aceite de cocina al desagüe. Separar el papel y el cartón y llevarlo al contenedor azul y el vidrio al contenedor verde. Paco Varea, el reciclador, nos espera en la puerta de los mercados municipales, o en la puerta de algunos hipermercado, para recordarnos incansablemente, la necesidad de colaborar en la separación de las basuras. También nos espera con sus regalos.

Los lanceros de Estopiñán


                     Rey en Castilla y Alcalde en Melilla

    Melilla, la ciudad del paro (25%) y de la pobreza (30%), tiene dinero para gastarse 20 millones de las antiguas pesetas (114.000€), en dos lanceros, que más parecen procedentes  del «planeta de los simios» o una versión militarizada del Sancho Panza de la plaza de Menéndez Pelayo. Es incomprensible, inadmisible e injustificable, que además se califiquen estas esculturas como baratas. La justificación es insólita. Nadie está haciendo cosas así, o al menos, si se están haciendo, no de una forma tan descarada.

     Además de lo injustificado del gasto, está la insistencia en la versión falsa de la historia de Melilla. Se les llama defensores de la Melilla de Estopiñán, pero para defender algo, hay que conquistarlo primero y luego, claro está, mantenerlo a sangre y fuego, porque esa ha sido la historia de Melilla durante «la larga noche de los 400 años«.  Esta versión ni es la historia de  Melilla, ni tampoco su memoria, como máximo puede ser «el delirio de grandeza». 

      Melilla, durante 400 años fue un presidio, un lugar de pesadilla, en donde cientos y cientos de presos y de desterrados españoles, perdieron la vida defendiendo sus murallas, o realizando las labores más miserables y arriesgadas. Era un  lugar tan infernal, que muchos presos preferían la incierta aventura de la fuga, con la clara posibilidad de la muerte o la de acabar convertidos en esclavos de los rifeños, antes que mantenerse en la ciudad como prisioneros. 

         En cuanto al resto de la guarnición y los hombres libres, la vida fue tan miserable y penosa, que en algún momento se conspiró para rendir la plaza al enemigo. Homenajear todo eso o idealizar aquel infierno es un despropósito histórico, pero en cualquier caso, eso ahora no importa, salvo dejarlo señalado.

      Lo que asombra en una ciudad, en un país,  en que  la pobreza y el paro campan a sus anchas, es que alguien califique ese gasto injustificado, en el peor momento de la crisis,  como barato. Parece que para algunos, 20 millones de pesetas, ya no es nada.

    Nota: Desde hoy ya no está Zapatero para achacarle todos los males.