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La ciudad calcinada


 

                  En la hoguera de san Juan se quema una representación de algo. Es un instante efímero de evasión, en un mes de junio de 2018,  en el que un gobierno ardió como una tea en un solo día. Pasada la situación de conmoción por el segundo suceso, y el breve momento de la que se califica como la noche mágica, vuelve la dura y siempre ineludible realidad.

                 La ruina, como la nada de La Historia Interminable, se extiende por toda la zona histórica de la ciudad. La década de los 2000 millones de euros, no ha aliviado ninguno de los grandes problemas de Melilla, pese al maquillaje  que se lleva a cabo en otras zonas. Estos son barrios y calles por los que nadie transita, salvo los residentes. Aquí no hay planificación urbanística, accesibilidad ni ciudad sostenible.

                   Es el Barrio del Carmen, del que ya hemos escrito* (como casi de todo) y en el que se encuentra una de las calles más paupérrimas de la ciudad, la de Villalba y Angulo**. Una tercera parte o más de los barrios históricos se encuentra en situación de ruina. Las casas ruinosas habitadas se alternan como las cartas de una baraja, con las casas arruinadas deshabitadas. Los solares se eternizan en estado de abandono total, en espera de un Plan General de Ordenación Urbana, que lleva más de una década sin ser aprobado. Para un tercio de la población melillense no hay esperanza alguna. Todos los términos anteriormente citados no significan nada en su quehacer diario.

                   Este emblemático barrio se divide en dos partes, y su frontera en la Avenida de Castelar. Las casas, escaleras y pasadizos fotografiados hace dos años, siguen en el mismo estado pero con dos años más de deterioro, con el consiguiente riesgo de derrumbe. En este lado del Barrio del Carmen, el de las calles Explorador Badía, capitán Cossío, padre Lerchundi, general Barceló, o la ya mencionada del gobernador Villalba y Angulo, la situación física de deterioro es igual que la de la parte más cercana al centro de la ciudad. Nada cambia,  Melilla siempre puede esperar.   

  Notas:*https://elalminardemelilla.com/2016/04/22/el-barrio-del-carmen/ ;**https://elalminardemelilla.com/2016/04/28/la-calle-de-villalba-y-angulo/

 

 

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La calle de Villalba y Angulo


Inaccesibilad y miseria en el barrio del Carmen

  En un artículo reciente mostrábamos el ruinoso estado de uno de los barrios legendarios de la ciudad, el del Carmen, al que ya nadie denomina así. Sus calles están a solo 100 metros del centro de la ciudad, que se supone es el escaparate de la gestión municipal. Una ciudad hay que conservarla y mantenerla, algo que no se ha sabido hacer en los últimos 15 años. No ha habido voluntad ni dedicación a esa causa, pero sí se han dispuesto de los medios para ello. Las cantidades ingentes recibidas por la ciudad en  en una década y media, la deberían haber colocado en un estado resplandeciente, sin embargo casi todo se ha malgastado en obras suntuarias y faraónicas (Teatro Kursaal, puentes, peatonalizaciones fallidas, Estación Marítima, pasarelas mecánicas, contratos millonarios con empresas de mantenimiento, semanas náuticas a las que no acude nadie, carreteras absurdas, rotondas, sueldazos, dispendios, subvenciones a entidades sin fin). Todo eso ha sido ya barrido como hojas secas de otoño. Apenas queda el recuerdo y una deslucida hemeroteca. En definitiva: polvo, humo, nada.

        El caso es que en algunas calles y algunos barrios, los ciudadanos/as, siguen viviendo como a principios del siglo XX, como cuando fueron inauguradas. Esta es la calle de Villalba y Angulo, regidor melillense entre 1732 y 1757, y que posee el récord de permanencia en el cargo, 25 años. Una año antes de acabar su mandato, en 1556, Villalba y Angulo proclamó a la Virgen de la Victoria como patrona de la ciudad, mediante una acción militar, que casi puede compararse a una asonada.

    La calle marca el extremo o límite máximo del perímetro del barrio del Carmen, un barrio inaccesible donde los haya. La accesibilidad es un objetivo que proporciona abundantes réditos a empresas de construcción, a asociaciones, a campañas publicitarias, pero dista mucho de ser una realidad en la ciudad. Una año antes de acabar su mandato, en 1556 . La calle a su nombre no es de las más lustrosas de Melilla, precisamente. Cualquiera de las concedidas a personas con muchos menos méritos, resulta más honorífica que ésta. Sin embargo sirve como ejemplo de la vanidad humana, porque 300 años después de cualquiera, lo que hoy parece importante y transcendental, a la postre no es nada. El recuerdo no es algo que puede imponerse. Hay muchos nombres sin calle, que no serán nunca olvidados, y otros que la tienen y ya están olvidados.

        Al barrio del Carmen solo se accede por escaleras, callejones o empinadas cuestas. Son muchas las personas que lo abandonan por estas mismas razones. Es un barrio casi inaccesible, casi sin aceras, o intransitables. En muchas calles solo hay calzada. Es una peatonalización forzosa, a coste menos que cero. El lujo y el dispendio habita a pocos metros de aquí.

El barrio del Carmen


                             La realidad en ruinas, al otro lado de la escalera

         El nombre del barrio del Carmen está ya perdido en la descripción de la ciudad, sin embargo está solo a un paso, o una escalera, de la avenida principal de Melilla. La denominación de Ataque Seco se ha apoderado de la parte baja de este cerro. Su situación física se inicia una vez pasado el colegio España, quedando dividido por la avenida de Castelar, o antigua cañada del cementerio, y continúa hasta el antiguo mercado municipal. Su perímetro comprende todo el espacio contenido entre las calles Castellón de la Plana, Martín Galindo, Villalba y Angulo (una de las calles más míseras de Melilla), y la calle del capitán Viñals.

            A pesar de su proximidad, es raro que alguien que no viva en sus casas se interne en sus calles. Es solo accesible por escaleras y callejones, y casi sin posibilidad de aparcamiento. La mayor parte de sus casas se encuentran en ruinas,  cerradas y tabicadas sus puertas y ventanas. Antaño, por algunas de sus calles, hacía parte de su recorrido el paso de la virgen de La Soledad. Ahora se encuentra al margen de todo.

             ¿Qué fueron antes, las ruinas propias o las grietas de los terremotos?. Es una cuestión muy difícil de resolver, pero puede que mucho del deterioro ya estaba, y que los movimientos sísmicos solo han agravado la situación, cunado no dado la puntilla. Algunas de esas grietas son estremecedoras.