El barrio del Carmen


                             La realidad en ruinas, al otro lado de la escalera

         El nombre del barrio del Carmen está ya perdido en la descripción de la ciudad, sin embargo está solo a un paso, o una escalera, de la avenida principal de Melilla. La denominación de Ataque Seco se ha apoderado de la parte baja de este cerro. Su situación física se inicia una vez pasado el colegio España, quedando dividido por la avenida de Castelar, o antigua cañada del cementerio, y continúa hasta el antiguo mercado municipal. Su perímetro comprende todo el espacio contenido entre las calles Castellón de la Plana, Martín Galindo, Villalba y Angulo (una de las calles más míseras de Melilla), y la calle del capitán Viñals.

            A pesar de su proximidad, es raro que alguien que no viva en sus casas se interne en sus calles. Es solo accesible por escaleras y callejones, y casi sin posibilidad de aparcamiento. La mayor parte de sus casas se encuentran en ruinas,  cerradas y tabicadas sus puertas y ventanas. Antaño, por algunas de sus calles, hacía parte de su recorrido el paso de la virgen de La Soledad. Ahora se encuentra al margen de todo.

             ¿Qué fueron antes, las ruinas propias o las grietas de los terremotos?. Es una cuestión muy difícil de resolver, pero puede que mucho del deterioro ya estaba, y que los movimientos sísmicos solo han agravado la situación, cunado no dado la puntilla. Algunas de esas grietas son estremecedoras.

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5 Respuestas a “El barrio del Carmen

  1. Carlos Esquembri

    El Ayuntamiento Republicano de Melilla dotó al barrio del Carmen, llamado Torrijos en esa época, de alcantarillas, fuentes de agua de Yasinen y se pavimentaron las calles con hormigón.

  2. Ahora mismo es uno de los más arruinados de la ciudad.

  3. ¡Qué pena! Me crie en Melilla y cada vez que vuelvo por allí me duele lo que veo. Hasta hace no muchos años era una ciudad con un encanto que la especulación inmobiliaria ha arruinado.

  4. Muy buena ampliación visual. Esta es la ciudad que tenemos. Es una muestra inequívoca del tipo de gestión que padecemos.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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