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Carlos Castañeda, cuestión de fe


 

                   Hoy, 7 de junio, nos ha dejado un hombre de fe, un cristiano viejo, un amigo del Alminar y uno de sus mas fervientes lectores. Todo en Carlos Castañeda era pasional, o le gustaba o lo aborrecía, o creía en algo con firmeza o no le prestaba atención. Fiel servidor y devoto de la Cofradía de La Virgen de La Victoria, patrona de Melilla, a la que veneraba por encima de cualquier otra, junto con la iglesia de La Purísima Concepción, de la que fue voluntario y altruista cicerone. Su segunda gran pasión era la que profesaba a la Soledad de Melilla la Vieja y al Cristo Nazareno.

                    ¿Qué es la fe, en qué consiste la creencia, qué hay en el Más allá?, son algunas de la preguntas sin respuesta que en algún momento compartió conmigo. Fue él quien me recomendó tratar siempre de usted a los sacerdotes, “porque ellos tienen su función y nosotros la nuestra”, me decía. Se puede tener confianza y amistad con ellos, pero sin interferir en la esfera de la Iglesia. Como humanos, cualquiera podemos necesitar consejo y orientación en cualquier momento, pero uno/a solo puede vivir su propia vida. Todos somos iglesia, pero en el Gólgota siempre se está solo.

             Cuentan de fray García de Loaysa, cardenal y arzobispo de Sevilla, que al ser nombrado Inquisidor general, recibió la felicitación de un intimo amigo, y al que respondió del siguiente modo: “Que sea enhoramala, porque me han dado oficio con que os queme”. Viene esto a cuento de las siempre difíciles relaciones con la Santa Madre Iglesia, que padeció en algún momento Carlos Castañeda, y de las que siempre me previno. Le hemos hecho caso en muchas cosas y también hemos buscado nuestro propio camino, siempre dentro de la senda de la humildad y alejados lo más posible de la vanidad y de la soberbia. Al Más allá nadie se lleva nada. Su ejemplo es el de un hermano franciscano, como siempre se sintió, aunque sin hábitos. En sus últimos años se recluyó en su propio mundo, y en su santuario privado dedicado a la Virgen de La Victoria.

                     Carlos Castañeda deja, ya como obra póstuma, una historia de la iglesia de La Purísima Concepción, crisol de la fe de Cristo, de sus imágenes y de sus devociones, y de la que afortunadamente tuvo el tiempo y las fuerzas necesarias para concluirla. Será su legado y su testimonio, que le hará permanecer en la tierra de Melilla, de la que nunca quiso separarse.

               Su testamento de fe es el pregón de 1997, el único reconocimiento que obtuvo dentro la Iglesia y de su mundo, y que me dedicó: “Te muestro mi corazón de católico convencido que vacié, junto a mis vivencias, en este pregón semanosantero. A Enrique, buceador indómito de variopintas historias, que pueden alcanzar desde lo sacro hasta el averno”.

               Carlos Castañeda se ha ido, pero dentro del seno de la Iglesia, en la que siempre creyó y a la que sirvió, pese a lo mucho que había visto. La semana pasada recibió los santos óleos y el último sacramento, de manos del Vicario Episcopal de Melilla.

 

El hombre de La Victoria


 

Carlos Castañeda y el pregón de Semana Santa de 1997

      ” A Enrique, amigo, buscador indómito de variopintas historias que van desde lo sacro hasta el averno”.

             Cuando hace cinco años D. Carlos Castañeda me regaló una copia dedicada de su pregón de Semana Santa de 1997, y escribió esa dedicatoria, no sé si llegaba a imaginarse lo cerca que he llegado a estar del mismo averno en mis búsquedas, o lo alejado que estoy todavía de lo sacro. Digamos que como máximo he llegado hasta el mundo religioso. Lo sacro, lo sagrado, está más cerca de él, que de cualquier otra persona que yo conozca, exceptuando a Monseñor Buxarrais.

             Si hay una persona en Melilla que ha dedicado su vida a La Virgen de La Victoria, es D. Carlos Castañeda, si hay alguien que ha dedicado su tiempo a la Iglesia de modo desinteresado  es él, pero sin beaterías. Que nadie piense que D. Carlos Castañeda se espanta por “un taco” o se ruboriza por la visión de “un pecado”. Él que ha estado dentro y vive dentro de La Iglesia, ha visto cosas muy lejanas de la piedad y de lo recomendable durante la época de Franco, en personas que de cara al público eran gente de Fe.

        Dijo Ntro. Sr. Jesucristo a Tomás: “Dichoso tú por que has visto y has creído”. Yo pienso que  dichosas son las personas que como  D. Carlos Castañeda,  creen a pesar de haber visto, y eso que  D. Carlos no es de los que cuentan ni pecados ni pecadores. Solo lo insinúa o lo deja caer.

       Nunca pensé que en los pasillos de La Iglesia se produjesen determinadas acciones, como la que le ha descabalgado del puesto honorífico que le ofrecía el congregante, y candidato a Hermano Mayor Guillermo Carmona. No lo pensé pese a tomar como una de mis máximas de referencia una de las increíbles frases de un santo, San José Mª Escrivá: “Yo perdí mi inocencia en los pasillos del Vaticano”.

                          Elecciones y Derecho Canónico

       Tal y como dijo días atrás Imparcial, el Derecho Canónico es muy serio, a lo que yo añadiría que también es muy potente. Si cualquiera de nosotros se enfrentara a sus normas, no solo seríamos aplastados como un vulgar sello, sino que también arderíamos en un instante, como una falla. Papas, cardenales y obispos podrían sucumbir ante la tupida red que compenen sus cánones o artículos. Invocar al Derecho Canónico para cerrar el paso a alguien, equivale a concitar a la potencia del fuego sagrado, porque si se encuentra una cánon para achicharrar a alguien, hay diez más para mandar a la hoguera al que ha encendido el fuego.

                   Elecciones en La Congregación de La Victoria

    Me comentan que no hay nada previsto para la delegación del voto, de personas impedidas, enfermas o mayores y que tampoco se han desarrollado normas para el voto por correo. También me señalan como incogruente que el horario de votaciones del próximo domingo 25 de marzo (de 10 a 14 horas), se verá interrumpido por la celebración de la Santa Misa entre las 12h 00 y las 12h 30.

               Los cofrades (pregón de Carlos Castañeda en 1997)

    “A aquellos que no nos entienden , les digo que: Los cofrades estamos con la Iglesia, porque nosotros también somos iglesia y queremos con nuestro ejemplo ampliar el Reino de Dios… debemos transmitir que somos capaces de tener el mejor manto de virgen, paro también capas de misericordia para el necesitado, que deseamos una parroquia absorbente y no repelente para la fe del cofrade. .. Porque nuestra sensibilidad y experiencia la queremos basar también en ese camino de la Iglesia hacia el Tercer milenio, queremos renovarnos para clarificar y potenciar nuestra identidad cristiana…Esta formación debe adaptarse para que esté al alcance de todos, para así, seguir conformando este pueblo sabio capaz de albergar en sus corazones deseos ecuménicos que entrelacen los espítirus de esas cuatro grandes religiones que coexisten en Melilla”.

         

Congregación de La Victoria de Melilla


             El Obispado veta la presencia de Carlos Castañeda

    Muy pocas personas saldrían indemnes de una conspiración en los pasillos de la Santa Madre Iglesia, que tienen fama de ser los más complicados y peligrosos del mundo. En el momento de las votaciones actúa el Espíritu Santo, pero hasta llegar a ese instante, hay que despejar el camino a “la voluntad de Dios”. En una carta remitida a los congregantes y dada a conocer en algunos medios de comunicación, el candidato a Hermano Mayor de La Victoria, Guillermo Carmona Góngora, comunicaba su intención de contar con Carlos Castañeda, reconocidísimo hombre de Fe de Melilla, en su Junta de Gobierno.

       La reacción del Obispado de Málaga, dada a conocer por el Hermano Mayor en funciones Francisco Verdugo, no ha podido ser más clara: ” En caso de aparecer el nombre de Castañeda, tanto antes como después, la candidatura será invalidada”. Además, como los vetos de la Iglesia se extienden a través de los tiempos y alcanzan a toda La Eternidad, caso de que esta candidatura resultara ganadora y se incluyese a Carlos Castañeda en la ulterior Junta de Gobierno, da igual en qué condición, La Congregación sería intervenida por El Obispado y la victoria electoral, pasaría a la siguiente lista en litigio, la de Mª Piedad Castellano.

         La Santa Madre Iglesia siempre actúa con firmeza, pero no siempre suele mostrarse tan clara como en esta ocasión. Si el antiguo Hermano Mayor de La Victoria y de La Divina Pastora, pregonero de la Semana Santa en años anteriores, historiador religioso, aparece en vinculado a la candidatura, “la ira de La Iglesia” se abatiría sobre ella.

        Gracias a este pequeño dato, ahora sabemos mucho. Mi visión sobre estas elecciones en La Congregación de La Patrona de Melilla, ha cambiado por completo.