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Estampas de la Feria Medieval 2014


 

          Siempre que acudo al Pueblo, o Melilla La Vieja, con el reclamo de la Feria Medieval, pienso en los que habitaron dentro de esas murallas y de su escaso perímetro durante 400 años, sin ninguna otra alternativa que no fuese la muerte o la locura. Una nutrida guarnición militar, una escasa población civil y una población constante de presidiarios. Así, durante una larga noche de 4 interminables siglos, entre 1497 y 1860. No hay un solo monumento o recuerdo a los presos de Melilla, importantísimos en la defensa y en la subsistencia de la plaza, como tampoco en recuerdo de su población civil. Durante la batalla de Stalingrado, el Iósip Stalin no permitió evacuar a la población civil, porque decía que sin población a la que defender, el ejército podría tener la tentación de rendirse. Los hechos le dieron la razón en los tres grandes asedios que superó: Moscú, Stalingrado y Leningrado. La lógica militar es implacable, nada humana, pero eficaz.

                                     Imágenes de un desfile medieval

             La aparición de serpientes, en cualquier lugar, no indican nada bueno. Son muchos los que preguntan al Alminar, cuál puede ser el significado de que apareciera una en un macetero de la calle García Cabrelles, o de la presencia de los ofidios en el Mercado Medieval. No conozco dichos, refranes u oráculos que asocien las serpientes con algún hecho positivo. Pocas cosas hay en este mundo que huelan peor que una madriguera de serpientes. La aparición esporádica de las mismas, o si son traídas por algún festejo, no suelen en principio ser signo o señal de nada.

             Hay varias cosas que llamaron más mi atención que las serpientes, con las que se debe tener siempre mucha precaución. Aun así, me retraté con una de ellas, no con la pitón amarilla, sino con la otra, la más oscura y amenazante. La serpiente solo indica la presencia cerca del diablo, bien bajo la forma de íncubos (masculina) o súcubos (femenina). Fue esta última la que escogieron para hacer desfilar por las calles de la ciudad.

                                              El caballo de Troya

                El dragón era espectacular y de aspecto realmente fiero, ocurre que a veces no es lo más evidente lo que más puede resultar amenazante, sino aquellas cosas que con apariencia inofensiva, puede causar el daño más devastador. El caballo presente en el desfile, de formidable tamaño, resultó inquietante. Los troyanos estaban divididos antes su presencia. La profetisa Casandra advirtió de que de ninguna manera se el dejara entrar en la ciudad, presagio que apoyó Laocoonte. Sin embargo Timetes, envanecido, al igual que el rey Príamo, dijeron que había que aceptar el regalo de la diosa Atenea.

               Una vez que vi el inmenso caballo, no pude dejar de pensar en su posible significado. Alguien ha dejado entrar al caballo de Troya en Melilla, e incluso pasó muy cerca del Ayuntamiento, ofreciendo metáforas inmediatas. De todo lo visto en el desfile, esto fue lo que más me ha hecho pensar.

                      El Presidente Imbroda y la serpiente

               El séquito presidencial llegó muy rápido a la Plaza de Armas, tanto que pude distinguirlo por el ruido de las cámaras que seguían su paseo inaugural. Estaba flanqueado por miembros escogidos de su gobierno. El posado con la serpiente es algo ya habitual, pero no le gustan, se nota en la imagen. Los brazos pegados al cuerpo sugieren una posición defensiva, la sonrisa, sin ser forzada, muestra cierta desconfianza ante el inmenso ofidio que le rodea.  Se ve claramente su urgencia en pasar a la siguiente fase, la del ágape, mucho menos arriesgada y que dominan mejor.

          Nadie pone en duda su valor, aunque está muy muy colocado en el grupo. Si la pitón decidiese dar su abrazo mortal, se llevaría por delante a los miembros externos de su gobierno. El César deber estar siempre bien protegido. Son otros los destinados a caer. El hacha del verdugo está ya esperando en el Foso del Hornabeque. Esa fue la otra gran instantánea de esta Feria Medieval de 2014.

El síndrome de Casandra


                  Casandra fue una profetisa griega de gran poder adivinatorio, a la que los dioses temían, y éstos, para neutralizar su poder, consiguieron que nadie de los que escuchaban sus profecías, la creyese. No es que yo esté a la altura de Casandra, no es que haga a menudo profecías. Sin embargo creo que “los dioses” nublaron el entendimiento a quienes decidieron la fecha del 20 de Noviembre como día de la convocatoria electoral. Nunca me dio buena sensación esa fecha y así lo escribí en El Alminar el pasado 14 de septiembre:………………. “Yo todavía no he entendido ni comprendido la causa última de la fecha de convocatoria. Quizá se hizo pensando en que la izquierda estaría ese día movilizada y acudirá a votar en mayor proporción, aunque lo que creo es que “la derecha”, siempre movilizada, votará en masa, en una ola de grandes proporciones, que sin llegar a ser Tsunami, nos barra de modo uniforme y sostenido, desde Cabo de Gata hasta Finisterre, desde Isla Cristina hasta Palafrugell.

       Por si fuera poca semejante advertencia, el pasado 14 de octubre volví a recordar o advertir hacia donde nos estábamos encaminando, ya sin remedio: ………………..” El 2o de noviembre ya significaba en España un antes y un después, pero con la decisión del Presidente Zapatero de convocar las “elecciones generalísimas” para esa fecha, el 20N entrará en el calendario histórico de España, con la aureola de las fechas decisivas. Nada fue igual a partir de aquel 20 de noviembre de 1975 y ya nada volverá a ser lo mismo tras el 20 de noviembre de 2011.

    Los días 9 (la decisión de rebelarse),  y 19 (el invierno azul) de noviembre, volví a publicar mis impresiones adelantadas sobre el inminente desastre que se avecinaba (para los socialistas, claro), pero en esos momentos ya las cosas eran evidentes casi para todo el mundo. Las advertencia, las de verdad, hay que hacerlas en su momento justo y con suficiente antelación, para que puedan ser tenidas en cuenta. La excesiva proximidad o el inmediato instante posterior ya no valen para nada.