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Derrumbe en las murallas de Constantinopla


 

Una noticia lejana en Estambul

      De repente hemos dejado de recibir noticias del mundo, y las agencias que antes reportaban cualquier suceso local para convertirlo en un asunto mundial, han enmudecido. Ya no hay guerras, ni atentados, ni se desbordan ríos, ni caen autobuses. Ya no hay nada, salvo la pandemia. Hay un secuestro de la información mundial, pero ahora es más notorio que antes.

          Las primitivas murallas de Constantinopla fueron levantadas por Constantino, sin embargo, el doble amurallamiento de color blanco y rojo fue erigido por Teodosio II el calígrafo, en el siglo V y permitieron a la ciudad resistir a casi todos los asaltos, salvo el cristiano de 1204, y el definitivo del sultán otomano Mehmet II en mayo de 1453, por el que recibió el título de fatih o conquistador. El impresionante sistema defensivo es también conocido como “el muro griego”.

         A los estambulíes no les gusta que se llameConstantinopla a su capital histórica, de la que se sienten muy orgullosos. La antigua capital bizantina, o nueva Roma, apenas comprende un sector pequeño de lo que hoy es la ciudad de Estambul, uno de los motores económicos de la economía turca, dada la gran afluencia de visitantes que recibe, aunque a partir de ahora todo cambiará.

           El pasado día 3 de mayo, una de las torres de la muralla de Teodosio, colapsó y se derrumbó, y con ella la parte asociada del muro griego, perfectamente identificable en una foto aérea. La noticia apenas ha salido rebasado las fronteras del ámbito cultural de la República de Turquía, pero que, según nuestra idea, veremos reflejada en los medios europeos, tras la publicación en El Alminar.

            Las agencias de noticias Gabam y Anodolu Agency, han comunicado la noticia y publicado fotografías que compartimos, y que hemos conocido gracias a The Hidden Face of Istanbul. En otra situación, el derrumbe de la torre hubiese llenado páginas de periódicos y programas de noticias. Hay que resaltar, que el gobierno de Turquía cuida como uno de sus más preciados tesoros al legado bizantino, presente en gran parte del territorio turco, del cual, de modo indudable, Estambul es la más preciada joya.

 

 

Recuerdos de Estambul


            El 29 de mayo de 1453, antes de que en España se pensase en iniciar la conquista del Reino de Granada, Mehmet II, hijo de Murad, alcanzó la gloria de la historia conquistando la ciudad de Bizancio para el Imperio Otomano. Comos siempre, la política europea llegó tarde, y cuando se tomó la decisión de ayudar a Bizancio, Mehmet II ya estaba en el interior de la ciudad, orando en la que fuera la gran Catedral de Santa Sofía, la mayor cúpula de toda la cristiandad.

            Bizancio cambió de manos y de nombre en 1453, pero no ha dejado nunca de ser una ciudad europea, ni física (se encuentra en territorio continental), ni espiritualmente. Orham Pamuk, el premio Nobel Turco, dedica un capítulo a la conquista de la ciudad en 1453 a “los rumíes”, como designaban los orientales a los cristianos griegos o bizantinos. Los árabes nunca estuvieron en contactos con los romanos, ya que solo conocieron a los griegos. Pamuk cuenta como en 1953 se celebró el V centenario de la conquista de la ciudad, un hecho que a los estambulíes no les gusta recordar, pues se sienten plenamente occidentales. El cambio de dominio en la ciudad no significó nunca una ruptura con sus raíces europeas de las que se sienten parte.

        En las islas cercanas a Estambul, en la conocida como la del Príncipe, estuvo desterrado León Trotsky por orden de Stalin. Fue el fundador del Estado Turco, Mustafá Kemál Atatürk, el que puso fin al culto islámico en Santa Sofía (Agia Sofía), por respeto a su construcción como catedral cristiana, transformándola en museo.

                 No hay nada que diferencia a Estambul de cualquier otra gran capital europea. Es mucho más lo que une a Turquía con Europa, de lo que la separa. Los viejos prejuicios europeos siguen imponiéndose sobre la realidad política y social.

                Estambul es una ciudad muy vigilada, ya lo era en 1991,  la presencia del ejército y de la policía del Estado turco es constante en las calles y en las zonas turísticas. Hay detectores de metales en los accesos a Hoteles y cafeterías principales. Tanto el Puerto de la ciudad, como el Aeropuerto, tienen un triple arco de seguridad en su zona de acceso. Hay que ser muy fanático, muy psicópata y estar muy loco, para hacer algo semejante a lo ocurrido en Estambul, como antes en Bélgica, o en Francia.

            En un mundo descompuesto por las guerras, con países pulverizados, y con el negocio de la venta de armas como el más boyante del planeta, estas cosas pueden ocurrir en cualquier lado. Da igual en nombre de qué o de quién se reivindiquen. Esto es solo fanatismo y crimen en estado puro.