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Guardalavaca


                                    Historias de la Melilla estrambótica

                 Gardalavaca es el nombre de una playa de la provincia cubana de Holguín. Las vacas de colores es una de las historias más estrambóticas de la última década en Melilla. Casi veinte años de “poder incorrupto” producen sainetes, estrambotes, esperpento y escenas de teatro pánico. Bien pensado, el más grande melillense de la historia, Fernando Arrabal, no podría haber nacido en otra localidad que no fuera la nuestra. Sin ella no hubiese llegado nunca a los cielos de la inmortalidad.
                                        La leyenda negra
Mucho se habla ahora de “leyenda negra” de lo que se ha dado en llamar “imbrodismo” o un peculiar modo de ejercer el poder democrático otorgado por las urnas, convertido en la práctica en un modo de absolutismo. A todos los que ahora se rasgan las vestiduras con la denominación de “leyenda negra”, habría que recordarles que las tranquilas aguas estancadas del poder melillense se vieron agitadas en febrero de 2012, por las revelaciones de un joven popular, presidente de Nuevas Generaciones y del Consejo de la Juventud de Melilla: José Valdivieso-Morquecho, el singular creador de las vacas pintadas que poblaron las calles de nuestra ciudad, tiempo atrás, en los orígenes del Alminar.
A lo largo de tres meses y en tres reportajes de la revista Interviú, ya desaparecida, este joven popular fue desgranando las mil y unas supuestas prácticas corruptas del gobierno y partido al que pertenecía. Enormes listados de gastos desorbitados, del soborno como norma, del presupuesto inflado como el arroz, de designaciones a dedo, tanto de contratos de servicios como de puestos de libre designación. Todo era posible si pertenecías al reino de Valhalla. Hay que recordar que Valdivieso fue relevado, en Nuevas Generaciones, por la hoy senadora Sofía Acedo.
Todo esto fue revelado desde dentro, como en la película Alien. Así pues, los defensores del absurdo, deben revisar sus notas y la hemeroteca, para saber cual es el origen del monstruo de la corrupción. Todo salió del interior, nunca de fuera. El Alien sigue dentro, aunque todo aquello quedase en nada, en términos judiciales. En realidad, poco tiempo después, el Tribunal de Cuentas envió miles de folios a la Ciudad Autónoma, detectando decenas de irregularidades administrativas, y de ejemplos de mala praxis administrativa, como el fraccionamiento de contratos. Todo esto también acabó en humo, y todo fue calificado bajo el epíteto de “errores”.
Nos encontramos en la nave Nostromo, ahí fuera nadie oye nuestros gritos, porque todos/as están luchando contra sus propios monstruos de la corrupción. Es un artículo más, de los centenares que llevamos archivados.
¿Qué fue de las vacas?. Fueron consideradas malditas, seres aborrecibles. Recordaban algo funesto y fueron desapareciendo, quizá exterminadas o enviadas al Gulag. Hemos vuelto a ver una, encerrada, en la zona de exclusión del Mercado del Real. Al verla allí nos han recordado estas historias, ya olvidadas.

         Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/01/14/liquida-a-una-vaca/

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Melilla, el arrabal de Fernando


         

               Fernando Arrabal, el melillense más grande y universal que ha dado esta ciudad en sus muchos siglos de historia, es tan grande, que ha convencido incluso a aquellos que no le querían, porque él siempre ha deseado ser querido en Melilla. Ha vuelto a la ciudad, pero en realidad siempre está, nunca se ha ido, porque en su obra siempre está Melilla de una u otra manera, al igual que su propia biografía. El mundo es la ciudad de Fernando, y Melilla su más importante arrabal. Es una unión imposible de ser disuelta y atravesará la posteridad.

                          En 1997, con ocasión del V Centenario de la Ciudad, se publicó su obra teatral completa, bajo la edición de Francisco Torres Monreal, y editada por el patronato del Centenario. También y por iniciativa de la Asamblea, se reinstituyó la Medalla de Oro de Melilla y ese primer galardón fue para él, que se le entregó en el Auditorium Carvajal, de manos del entonces Presidente Ignacio Velázquez.

             Luego llegaron los tiempos de olvido y de la negación, como Pedro. En enero de 2011 volvió a la ciudad casi “como un ladrón en la noche“, de la mano del disidente Velázquez y su extinto Populares en Libertad; y ofreció una conferencia en las catacumbas del Palacio de Congresos.

                                                         Arrabal y Pollux

               Para esta ocasión vino acompañado por el director teatral, traductor y dramaturgo Pollux Hernuñez, quien hizo una larga pero necesaria introducción, que empezó con un retraso no bien explicado. Lo escribimos porque Pollux dijo que una de las obsesiones de Fernando Arrabal era la puntualidad, hecho que luego fue ratificado pro el propio escritor, que dijo que “uno de sus defectos era su manifiesta imposibilidad para llegar tarde”, explicando en una anécdota que dejó de asistir a una conferencia en la Universidad de la Sorbona, porque en la invitación olvidaron poner la hora.

                      Fernando Arrabal vuelve una vez más a sus raíces africanas, que no africanistas. Contó muchas cosas, como la influencia de Luigi Pirandello en su vida. Al parecer y según Arrabal, el dramaturgo italiano, tras serle concedido el premio Nobel de Literatura en 1934 afirmó que el futuro del teatro estaba  en África. El teatro Pánico, la renovación del teatro, surgió de las manos y de la cabeza de un escritor africano, Fernando Arrabal, nacido solo dos años antes de esa profecía. Pirandello era un escritor fascista, como recordó el dramaturgo melillense, porque el fascismo es lo que más daño le ha hecho en su vida.  En 1936, en Melilla, se inició la desaparición de su padre, el teniente Fernando Arrabal, y es esta ausencia y búsqueda del padre perdido, la que también está presente en toda la obra arrabaliana. Cuando se otorgó el nombre su nombre el Teatro Kursaal, pronunció la frase más hermosa posible: “Por fin el nombre de mi padre está ya en Melilla”.

                                                       La inspiración

                     ¿Qué es la inspiración? se preguntaba Arrabal. “Es eso que todo escritor espera por la noches cuando escribe. Sin embargo lo que aparece siempre son los recuerdos y la imaginación”. Esta es la cuarta vez que estamos frente al genio, frente al dramaturgo, frente al melillense más grande de la historia y hemos percibido algo nuevo. No solo es todo eso, es también un consumado actor. Sabe perfectamente en qué lugar se encuentra y frente a quién. No improvisa nada, mide cada palabra y cada gesto. No solo escribe y habla sobre él mismo, es que también se representa. Dice exactamente aquello que quiere decir y lo acompaña de gestos, cambios en el tono de voz y miradas. Una de las cosas que más le gustó de la pequeña sala de conferencias del Kursaal, es que tuviera espejo, y se mostró encantado de hablar frente a un espejo.

                  Desde aquella aparición de 2011, apenas unos meses antes de la creación del Alminar, siempre aparece en Melilla con la misma chaqueta, de emperador oriental y bocamangas napoleónicas. Sin embargo esta su chaqueta quedó manchada con la pintura de una pared o puerta recién pintada. Esto nos lo contó nada más vernos en la puerta del Kursaal, al saludar muy cariñosamente a su amigo, el escultor Mustafa Arruf, con el que volvió a reencontrase y con el que mantiene una larga amistad.

                     Poco público, poca difusión y una sala demasiado raquítica para la grandeza literaria y personal del melillense más universal. A cualquier otro, de infinita menos relevancia, le hubiesen ofrecido el Salón Dorado, la misma Uned.

 

 

 

Lézard


          Un nuevo poema de Fernando Arrabal, el más grande hijo de Melilla en su historia española, el gurugueño más insigne, el mirobrigense adoptivo; para el Alminar de Melilla. Además, nos envía dos fotografías, dos poemas plásticos, para ilustrarlo. Está escrito en su lengua de adopción, el francés. Dos detalles del genio de las letras, que le unen, inmortalmente, al Alminar.

Lézard

…ce soir
encore!
place de la république
rdv?
19:59′?
où?
café cote d’azur?
6 rue du Château d’eau?
toi (vous) et moi?
avec “viva la muerte”?
avec mes cafards domestiques?
avec le lézard agrafé à la crevasse au mur?
paniquement
pataphysiquement
arrabalaïquement
en clef de fa

Fernando Arrabal en El Alminar


De la torre herida por el rayo, surgió el alminar

       Al emperador melillense de las letras, Fernando Arrabal, no le gusta que se pierda el tiempo recordando cosas de él, que pueden encontrarse en cualquier enciclopedia. Hace un lustro, en su última visita a su ciudad natal, dijo que “no he escrito una novela sobre Melilla, porque ya está en toda su obra“. El dramaturgo, el novelista, el autor teatral, el cineasta, el creador de nuevos espacios y fronteras, ajustó cuentas con el franquismo en Carta al General Franco, misiva dirigida al dictador, y en Memorias de un teniente desaparecido, dedicada a su padre, militar prisionero evadido de una cárcel franquista en Burgos, por mantenerse fiel a La República. Fernando Arrabal, melillense insigne e inmortal, nació en una república, la española, y vive en otra, la francesa. También ajustó cuentas con el estalinismo en su Carta a Stalin (el otro generalísimo) al que califica, junto con Franco, como unos de los dos hombres que más daño le han hecho en su vida.

          Acaba de presentar sus dos últimos libros: Los poemas plásticos (un delirio pánico y surrealista mediante juegos de imágenes), y El extravagante éxito de Miguel de Cervantes y Willian Shakespeare, en un personal homenaje al 400 aniversario de la muerte de ambos autores. Fernando Arrabal, el más grande de los melillenses en cinco siglos de presencia española, ha creado su propio mundo, El Reino de Cordelia, y su propia Universidad, la de La Patafísica, siguiendo la máxima de Wittgenstein que dice: “la única forma de vencer al mundo, es salirse de él”. En estos días también se presenta en Cascais (Portugal), la república portuguesa, la representación de su obra Guernica.

           En días pasado nos dirigimos a él, para hacerle llegar el último articulo dedicado a su nombre y a su figura. Le pedimos unas palabras para  El Alminar y toda su comunidad, y nos ha dedicado este poema. Además crea un nuevo patronímico para los melillenses: gurugueño.

                                                          Gurugú *

                       … me encantaría  domar a mis dinosaurios
                       para que le aplaudieran   desde el  Gurugú
                       pero el único rnithomimidae
                       no manco es la pingüina;
                        …confieso
                       en mis dos últimos libros
                       (de esta mismísima semana)
                        “…me apasionan
                        los poemas plásticos
                        el ajedrez
                         y el rigor matemático del tohu bohu”
                         (el dios Pan es tan travieso);
              arrabalaicamente querido y admirado gurugueño
     *Composición poética de Fernando Arrabal para El Alminar de Melilla

Fernando Arrabal en Melilla


                                          La promesa incumplida 

       Fernando Arrabal Terán, el melillense más insigne de todos los tiempos, estuvo por última vez en su ciudad natal en enero de 2011, cuando todavía no existía El Alminar. Llegó traído de la mano de Ignacio Velézquez, que presentaba la fundación FEDESME (Estudio y Desarrollo de Melilla). Fue un importante respaldo al que fuera primer presidente de la ciudad de Melilla. Entorchado con galones, como Napoleón, el dramaturgo y emperador melillense de las letras Fernando Arrabal,  ofreció una conferencia en la que lanzó este gran mensaje: “No tengan miedo, atrévanse a ser ustedes mismos”. Dicho por el hijo del Teniente Arrabal, un oficial republicano represaliado y encarcelado por el franquismo, era una gran consejo. La esperanza pareció volverse a abrir en la ciudad de Melilla.

        Ha pasado ya un lustro y todo ha quedado en nada. Melilla sigue envuelta en tinieblas, el miedo está presente en cada parcela ciudadana y  lo que es peor, casi nadie se atreve a ser él o ella misma.

        Tras el espectacular lanzamiento, a los pocos meses se presentó el Partido Populares en Libertad, que se ha convertido en el símbolo del incumplimiento en sí mismo. De todas las promesas políticas de este partido no me interesa nada, salvo una, la de crear la Fundación Fernando Arrabal, y la de otorgar su nombre al remodelado Teatro Nacional- Kursaal.

         En Melilla impera la censura de prensa pese a estar prohibida por La Constitución, o lo que es más grave, rige la autocensura, que es el peor de los estados posibles. La noticia fue tratada de modo lamentable en los medios de comunicación. Era imposible censurar la presencia del melillense más insigne e inmortal, pero sí se eliminó la compañía de Ignacio Velázquez en la mesa de la conferencia. Si se relee la información del momento, parece que Fernando Arrabal hubiese venido solo.

         En la Historia Interminable de Michael Ende, la nada devora el país de La Fantasía, hasta que a un niño, Bastian;  se le ocurre un nuevo nombre y todo vuelve a empezar de nuevo. La nada está devorando Melilla y a nadie se atreve a pronunciar un nombre nuevo para que vuelva a renacer la esperanza y la imaginación.

            Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/02/11/existe-censura-en-melilla/

La obsesión por la posteridad


                              Placas y nombres en las calles de Melilla

           Las calles de la ciudades se llenan de placas conmemorativas que a menudo, pasados cinco años de su instalación, ya no dicen nada a quien las lee. La gloria mundana es efímera y pasa con demasiada rapidez. Los nombres destinados a pasar a la historia son pocos y además, uno no puede elegir ni la forma en que será recordado, ni siquiera si será recordado. El recuerdo no es algo que se pueda forzar.  Como dicen los árabes, cuya visión sobre la posteridad no es igual a la occidental: “Las cosas no son importantes por el tiempo que duran, sino por la huella que dejan”.

          Hasta el Renacimiento nadie solía preocuparse por la posteridad. Artistas, arquitectos, escritores, no solían firmar las obras. ¿Sobrevivirán nuestras acciones a los siglos, qué diran de nosotros cuando ya no estamos, se preguntarán quienes éramos?. Todo esto no hay manera de saberlo. Como máximo, a la posteridad se lega solo el nombre, pero incluso eso resulta un  nombre ya es casi nada. Por eso, se nota constantemente en las calles la obsesión por el recuerdo, con placas conmemorativas de sucesos, inauguraciones, en donde figuran los nombres de los actores. Eso sí, en la placas hay categorías, el bronce suele ser para el César y la gloria no se comparte. En esos casos en nombre del inaugurante figura en solitario.  Luego hay otros materiales nobles, como la piedra o el marmol y en ocasiones, el César acepta compartir su gloria y admite la compañia de otro nombre. El más efímero y menos noble de los materiales es el plástico. La placas de metacrilato están destinadas a perderse, pues con el tiempo se hacen más rígidas, pierden elasticidad, se fragmentan y se rompen con facilidad. Hay placas que se instalan y cuyos nombres no significan nada desde ese mismo momento.

       Lo mejor es asociar la placa a una obra magna, con la que la garantía de inmortalidad es todavía más alta. Una gran edificación  y una gran placa es algo muy deseado por los próceres públicos en cualquier lugar del mundo.  Sin embargo, a veces esto tampoco resulta ser suficiente, aunque garantiza al menos un siglo en el recuerdo de los ciudadanos, como mínimo, del nombre solamente. Las catedrales medievales, monumentos romanos, griegos, egipcios, persas, son lugares en donde un político actual pactaría con el diablo, con tal de poner allí una placa con su nombre, sin embargo, quienes los cosntruyeron e incluso mandaron erigir, no se preocuparon de dejar sus nombres por aldo alguno.

       Las acciones heróicas proporcionan por sí mismas una gloria inmortal, son la mejor garantía, pero no están al alcance de cualquiera.  Son  la divina providencia y el destino los  que marcan y eligen a los destitnatarios de acciones de este tipo.      Ocurre también, que detrás de un nombre debe haber algo más; una vida interesante, un ejmplo de  cualidades humanas de gran calado y reconocidas por los contemporáneos, preocupación real por el prójimo, cosas que verdaderamente ayuden y mantengan el recuerdo entre la ciudadanía. Cosas que animen a preguntarse quién era tal o cual persona.

       En cualquier caso, hemos de concluir que la fortuna es muy esquiva, que el recuerdo no puede imponerse y que la gloria inmortal,  alcanza realmente a muy pocos o muy pocos lo consiguen. El resto es solo vanidad, aunque sea muy humano el deseo de trascender al tiempo.        

         Nota: Melilla cuenta con un inmortal y es Fernando Arrabal, escritor melillense y que por una cuestión de mezquindad,  no ostenta su nombre el Teatro Kusaal, como se prometió y aseguró en un principio. Hay gente que no necesita de todas las condiciones que hemos mencionado para alcanzar el recuerdos de sus conciudadanos. Hay gente que por sus propias obras y méritos, alcanza la condición de inmortal, la más deseada y ese caso es sin duda, el del melillense Fernando Arrabal.

Stalin, el regreso


           Y sus discípulos melillenses

       Iosiv Vissarionovich Djugashvili, también conocido como Beso, o incluso como Stalin (acero), el hombre al que nadie llamaba por su nombre, porque todos le llamaban “camarada Stalin”, fue un depurador de..fotografías. Creo que fue el primero en el mundo en darse cuenta de que la historia podía manipularse abiertamente, incluso fue pionero en la depuración fotográfica. No bastaba con eliminar al adversario, sino que además debía borrarse todo rastro de su recuerdo, incluso en libros oficiales.  Stalin murió, pero sus métodos depurativos quedaron intectos, incluso fueron perfeccionados. Un insigne melillense, el más insigne de todos, Fernando Arrabal, ha sido  borrado de cualquier díptico promocional, por haber apoyado abiertamente el regreso político y físico de Ignacio Velázquez. Ocurre que Fernando Arrabal es más grande que todos, es un inmortal. Su nombre y su obra permanecerá, cuando absolutamente todos los hombres del presente ya no sean  recordados por nadie.

     La actividades de Stalin, su obsesión por la manipulación de la historia, fueron denunciadas por George Orwell en 1984 y en Granja Animal. Modificaba la historia a su antojo, tanto, que inició el borrado de personajes de las fotografías, un técnica algo burda en aquellos años, década de 1930, pero que abría una puerta nueva a la falsificación de la historia. El adversario político era hecho desaparecer de cualquier lugar, libro, placa o recuerdo. Sus técnicas manipuladoras, eran toscas. No podemos imaginar lo que hubiese podido hacer si pudiera haber contado con las técnicas actuales. Lo que no se comprende es que con los modernísimos programas de retocado de fotografías, se recurra, en el año 2012, al burdo y tosco tijeretazo. Mal está hacerlo, pero mucho peor es hacerlo mal.

        En 1938, quedarse con una fotografía original de Stalin paseando junto  Nikolai Yezhov junto al río Moscova podía constituir un riesgo, sobre todo, cuando se había dado la orden de destruir todas las fotografías anteriores. En 2012 no tiene sentido alguno, sobre todo porque siempre hay alguien que tiene el libro anterior, el actual, y está dispuesto a mostralo en cuanto se lo pidan, como es el caso.

        La tosquedad del asunto es de tal calibre, que demanda o exige una dimisión inmediata. No se puede seguir al frente de la Cultura de Melilla, después de haber consentido, ordenado o autorizado algo así. Además está la parte con más calado, la impresión o edición de 4000 libros, que nadie ha visto, que no están en Melilla y todo por la módica cantidad de 70.000€ . Hay motivos para dudar de todo, incluso de que se hallan editado esos 4000 ejemplares. Hay que explicar todo, hasta el más mínimo detalle,  y responder hasta la última pregunta. Luego que cada cual actúe en consecuencia.

         Relato de los hechos

 En 1997, con ocasión de los actos de conmemoración del V Centerario de la Conquista de Melilla, se recibe en la ciudad a una delegación de judios melillenses afincados en Israel. Devolvían la visita que un año antes, 1996, se había realizado a  la ciudad de  Jerusalem, en donde se funda la Casa de Melilla, editándose en libro conmemorativo en 1998. El Presidente era en aquel entonces Ignacio Velázquez Rivera (1991-1998).

         Diez años después se repite la visita a Jerusalem, en ese momento el presidente es ya Juan José Imbroda. Se siguen los pasos marcados anteriormente y se reedita otro libro conmemorativo, pero en vez de hacer uno nuevo, recordando las dos visitas, se procede a hacer fusilería del texto anterior. Se recortan algunas fotos, se hacen desaparecer otras y se incluyen fotografías nuevas. La nueva edición de 2008 consta de 4000 ejemplares, de los cuales, no hay ni uno solo en biblioteca alguna de Melilla. Se hace desaparecer de la historia al anterior Presidente de Melilla.