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El día después


The day after

           Solo queda la imagen de la desolación, de lo que sorprende. Es difícil describir lo que se siente y lo que se piensa sobre lo sucedido. No puede describirlo el que lo contempla, y no puede explicarlo quien lo ha perpetrado. Las imágenes transmiten por sí mismas y cada uno podrá pensar lo que quiera. Queda aquí para siempre, un antes y un después, con solo un año de diferencia. Los medios de comunicación de la ciudad, Melilla Hoy y Faro nos han dado espacio y “la fechoría” ha quedado también plasmada en la prensa. Se lo agradecemos a ambos.

      Así ya todo queda fijado. Durante esta semana nos hemos cruzado con decenas de personas en esta calle. Nadie decía nada, miraban los árboles y el ánimo quedaba preso de la incredulidad y del espanto. Las miradas se cruzaban y transmitían complicidad. Quien haya querido transmitir temor, no lo ha conseguido. Lo que sí han sembrado en muchos espíritus con esta acción, son sentimientos muy diferentes y  contrarios a lo pretendido. Esta acción y sus imágenes, les perseguirá siempre.

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El final del gran ficus


             La devastadora poda ordenada por la Consejería de Medio ambiente sobre los tres grandes ficus de Correos empezó el lunes. Nada ha podido detenerla, ni el conocimiento público, ni una queja presentada en la ventanilla ciudadana el martes, cuando solo había sido serrado el primero de ellos. Hemos dado cuenta de la “fechoría” que supone devastar las copas de unos árboles con más de medio siglo de existencia, y que proporcionaban una abundante y agradable sombra a toda la calle de Pablo Vallescá, que es en donde estaban situados. El ritmo ha sido de un ficus por día, aunque la poda del último se detuvo el jueves a media mañana, sin causa aparente. Era el más grande, el más frondoso. Nadie comprende qué problema podían causar unos ficus de hoja grande, totalmente sanos, que no suponían ninguna amenaza ni para la fachada ni para la acera, que estaba en perfecto estado. Tampoco se entiende la actitud de una administración que no atiende las reclamaciones ciudadanas, ni el aparece de grupos ecologistas que se muestran siempre dispuestos a colaborar en el asesoramiento del mantenimiento del arbolado. No vale tampoco la denuncia pública o la reclamación escrita.

                    El final del último ficus empezó hoy viernes, aunque se había iniciado en la mañana del jueves. Las ramas cortadas caían a plomo sobre la acera y el buzón del antiguo edificio de Correos, provocando un gran estruendo. El árbol temblaba de modo completo y se cimbreaba, al desequilibrarse por la pérdida de ramas de gran peso. Ha sido un final lamentable, de un principio que nunca debió iniciarse. No sombraban estos ficus. No necesitaban poda alguna. Nada hay más agradable en una ciudad que el poder mostrar árboles antiguos, con varias décadas de antigüedad, y en la plenitud de su frondosidad. Todo esto ha acabado hoy.

                   Nota:https://elalminardemelilla.com/2016/11/23/el-agente-naranja-3-2-1/

Las podas de Atila


                     Medio ambiente devasta los ficus más frondosos de Melilla      

     Con el implacable rigor de Atila, de quien se decía que por donde sus caballos pasaban no volvía a crecer la hierba, las podas de la Consejería de Medio Ambiente se ciernen sobre el arbolado de la ciudad, sin importar estación, condición o edad del árbol.

        Conocedores de que esta vez la fechoría iba a tener consecuencias, se han preparado la excusa mediante una noticia preparada “ad hoc”, publicada en un diario local. En el texto, un supuesto e inexistente ciudadano bendice la poda “porque ya tocaba”.  El ciudadano, colocado apropiadamente en el lugar adecuado, justifica la poda y afirma que “los árboles la pedía a gritos”, y  que sobrepasaban en altura al antiguo edifico de Correos. Nadie puede creerse semejante cosa.

        Los ficus de la calle Pablo Vallescá, de los más antiguos de la ciudad, están siendo objeto de un singular tratamiento por parte de la consejería medio ambiental, podándolos hasta casi el tronco, cortando tanto ramas principales como secundarias, de modo que los árboles pierden el 100% de su copa y frondosidad.

           Alcanzar el tamaño y frondosidad que tenía hasta el lunes, les ha costado a estos árboles más de tres décadas, lo que quiere decir que  hasta dentro de otros treinta años no volverán a ofrecer un aspecto similar, aunque es más probable que no lo vuelvan a tener nunca. Los ficus del edificio de Correos fueron podados en la década de 1980, y de los 4 existente entonces, uno se secó de modo irremisible. Ahora, en 2016, estos árboles tiene ya más de  décadas de vida, y no es probable que recuperen su frondosidad.

        Los ficus de hoja grande de Correos no superaban en altura al edificio, lo cual tampoco es algo que deba preocupar a nadie. Hay muchos árboles superiores en altura a muchos edificios, y no por ello se talan o podan de modo salvaje. En cuanto a su frondoso y selvático aspecto, tampoco supone mal alguno, ni resultan una amenaza para la ciudad. Bastaba con haberlos cuidado un poco, o hacerles caso con algo más de frecuencia.

        El primero, ya ha pasado a la historia, y los otros dos, si nada lo remedia, seguirán el mismo programa de deforestación que el primero. Es uno de los mayores despropósitos contra el arbolado, llevado a cabo por una consejería que debería proteger y cuidar la naturaleza en la ciudad, pero que solo parece estar al servicio del cemento.

      Nota:https://elalminardemelilla.com/2015/09/10/un-monumento-arboreo-de-melilla/