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Fernando Arrabal en El Alminar


De la torre herida por el rayo, surgió el alminar

       Al emperador melillense de las letras, Fernando Arrabal, no le gusta que se pierda el tiempo recordando cosas de él, que pueden encontrarse en cualquier enciclopedia. Hace un lustro, en su última visita a su ciudad natal, dijo que “no he escrito una novela sobre Melilla, porque ya está en toda su obra“. El dramaturgo, el novelista, el autor teatral, el cineasta, el creador de nuevos espacios y fronteras, ajustó cuentas con el franquismo en Carta al General Franco, misiva dirigida al dictador, y en Memorias de un teniente desaparecido, dedicada a su padre, militar prisionero evadido de una cárcel franquista en Burgos, por mantenerse fiel a La República. Fernando Arrabal, melillense insigne e inmortal, nació en una república, la española, y vive en otra, la francesa. También ajustó cuentas con el estalinismo en su Carta a Stalin (el otro generalísimo) al que califica, junto con Franco, como unos de los dos hombres que más daño le han hecho en su vida.

          Acaba de presentar sus dos últimos libros: Los poemas plásticos (un delirio pánico y surrealista mediante juegos de imágenes), y El extravagante éxito de Miguel de Cervantes y Willian Shakespeare, en un personal homenaje al 400 aniversario de la muerte de ambos autores. Fernando Arrabal, el más grande de los melillenses en cinco siglos de presencia española, ha creado su propio mundo, El Reino de Cordelia, y su propia Universidad, la de La Patafísica, siguiendo la máxima de Wittgenstein que dice: “la única forma de vencer al mundo, es salirse de él”. En estos días también se presenta en Cascais (Portugal), la república portuguesa, la representación de su obra Guernica.

           En días pasado nos dirigimos a él, para hacerle llegar el último articulo dedicado a su nombre y a su figura. Le pedimos unas palabras para  El Alminar y toda su comunidad, y nos ha dedicado este poema. Además crea un nuevo patronímico para los melillenses: gurugueño.

                                                          Gurugú *

                       … me encantaría  domar a mis dinosaurios
                       para que le aplaudieran   desde el  Gurugú
                       pero el único rnithomimidae
                       no manco es la pingüina;
                        …confieso
                       en mis dos últimos libros
                       (de esta mismísima semana)
                        “…me apasionan
                        los poemas plásticos
                        el ajedrez
                         y el rigor matemático del tohu bohu”
                         (el dios Pan es tan travieso);
              arrabalaicamente querido y admirado gurugueño
     *Composición poética de Fernando Arrabal para El Alminar de Melilla
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El incendio en el Monte Gurugú


El monte Gurugú se llama en realidad Yebel Sidi  Hamed el Hach. Está compuesto de tres cimas, las de Tazuda, Basbel y Kola. El más alto de los tres picos se eleva 879 m. por encima del nivel del mar. Esta mañana, poco antes del medio día se iniciaba un incendio en el más alejado de los picos con respecto a Melilla, el de Tazuda. Cualquier cosa que ocurra en el Gurugú se ve desde Melilla y a la inversa sucede lo mismo. Son varias veces la que ha ardido este monte. Una de ellas, en los años la década de 1980 se produjo durante la noche, por lo que resultó muy espectacular. Nadie esperaba un incendio en el monte en el mes de noviembre, que se ha iniciado en el tercio superior del mismo y se ha ido elevando y expandiendo por la fuerza del viento de poniente, cuyo temporal azota hoy toda la costa. En las faldas del monte, aparte de algunas viviendas tradicionales, se asientan campamentos de inmigrantes en espera de entrar a Melilla. La actual vegetación del monte es fruto de las repoblaciones, tanto de la época del Protectorado, como posteriores del gobierno de Marruecos. En la parte más alta y escondida del mismo, se asienta o asentaba la última colonia de monos del norte de África, junto con la de Gibraltar.

Ha sido algo inesperado, pero en estos postreros meses del año se están viviendo muchos sucesos que nadie esperaba. En la antigüedad se interpretaban los acontecimientos bajo la forma de augurios. En nuestra ciudad hay un malestar social en estado latente, como el Gurugú, que en definitiva es un volcán. Hoy en algunas partes de la urbe se olía el humo procedente del monte, pero es que en Melilla el humo se huele en muchos lugares desde hace tiempo. Hay una situación política que  no se sostiene más. O se inician ya los cortafuegos, o el incendio lo acabará devorando todo, hasta los eslóganes; y de éstos tienen más que un bosque.

El morabo de Sidi Hamed el Hach


En lo mas alto del Monte Gurugú

       Lo que conocemos en Melilla como monte Gurugú o Gourougou (en su versión marroquí), es en realidad un mazico montañoso de varios picos, siendo el mas alto el de Sidi Hamed el Hach o ” Hamed el peregrino”. Realmente Gurugú es un nombre que no se sabe como aparece, pues nunca lo llamaron de ese modo los geógrafos árabes que se acercaron a la zona, ni los anteriores a ellos. Hay un monte Gurugú en las cercanías de Alcalá de Henares. Lo que si se sabe es que expedicionarios franceses como Debrel lo denominan como “Yebel Sidi Hamed el Hach” o Gurugú como segunda denominación y que a la larga es la que se acabó imponiendo.

       Las reticencias hacia los árabes no desaparecieron nunca en el Rif, pero la religión islámica se abrió paso con la celeridad del rayo por todo el magreb, borrando cualquier rastro religioso anterior. Unos dicen que el culto a “los morabos” (personas de reconocida santidad pública), son anteriores al Islam, otros sostienen que sin estos “morabos”, la religión islámica no se hubiese extendido de un modo tan uniforme y extenso y que fueron imprescindibles para imprescindibles para esa islamización. Ambas teorías podrían darse la mano. El caso es que no parece existir ningún lugar de culto “morabítico” anterior a la llegada del Islam o que haya sobrevivido a este.

          La Guerra de Marruecos asoló toda esta zona a principios del siglo XX y todo quedó sembrado de muerte y de bombas, incluido el propio morabito original, que fue arrasado en La Guerra de 1909. Hoy no queda rastro de todo aquel horror y en la zona reina una quietud sobrecogedora. Las vistas en días de poniente son espectaculares y la calma y el silencio que envuelven al Yebel de Sidi Hamed el peregrino, hacen que uno se reconcilie con la naturaleza. Son muchos los melillenses que hacen recorridos tanto a pie como en bicicleta por estos montes, hay uno: Ricardo Ruíz Varea, que incluso tiene un blog de rutas, cuyo enlace añado.

       Los morabitos son lugares de culto y de reposo. Suelen estar rodeados de una vegetación típica y además cuentan o contaban, con una zona habitacional en la que se podía descansar, cocinar o refugiarse. Antes había una persona o familia que vivía en el lugar y se preocupaba de mantenerlo en óptimas condiciones, tanto para sí mismo, como para los posibles peregrinos. Ocurre también que la nueva ola islamizadora considera todos estos lugares y estos cultos como contrarios al Islam, por lo que están siendo abandonados, o incluso algunos como el de Sidi Embarek (Ceuta), atacados e incendiados.

       También se puede estar produciendo el mismo fenómeno secularizante que en las sociedades occidentales de tradición cristiana y este tipo de cultos se esté abandonado de modo gradual. Hay santos más populares que otros y santos de gran raigambre en el pasado están hoy absolutamente olvidados.

     El morabo de Sidi Hamed el Hach (la reconstrucción española de 1920), se encuentra en un estado de absoluto abandono y parece que la tumba del peregrino ha sido removida o profanada. Hay pintadas en árabe, que sabrán leer los arabófonos y que espero que nos informen de su texto.