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Edificios fantasmas


         La cochambre es noticia en Melilla porque edificios en zonas muy transitadas, se perpetúan en estado de ruina durante años sin que la consejería competente actúe o realice acción alguna, hasta que una denuncia ciudadana la pone de relieve o la muestra.

           Cuando caiga este edificio entre las calles Álvaro de Bazán y general Polavieja, liberará un solar de gran valor crematística. La demolición y la construcción son dos actividades que corren parejas en la ciudad, y que no han decaído en ningún momento durante la crisis.

            En el momento en el que la piqueta, o las palas excavadoras derriben esta cochambre, desaparecerán dos lugares, con dos tipos de recuerdos distintos. El restaurante Fornos deja tras de sí muchas centenas de buenos recuerdos durante sus años de actividad. El otro es justo lo contrario, uno de los pubs y puteríos más infames de la historia de la ciudad, y al que preferimos no nombrar.

              Durante el tiempo en el que han permanecido cerrados, menor en el casado del restaurante de comida asturiana, han sido objeto del vandalismo y de la residencia ilegal, por parte de los merodeadores melillenses, las gentes que viven en la calle. En el caso del pub, resulta tanto más sorprendente que la antigua barra del puterío, permanezca en el mismo estado en el que se sirvieron allí copas, con las botellas vacías y los vasos sin limpiar.

            Todavía y hasta que sean demolidos, les quedan unas semanas hábiles para los residentes fantasmas, eso si deciden correr el riesgo de caminar entre las ruinas y escombros. La imagen es absolutamente fantasmal, y eso que no se ha hecho más allá del quicio de la puerta, no sea que algún cliente deambule por el interior, en busca de una última consumición, o incluso de pagarla.

           Durante los debates parlamentarios de 1921, a cuenta del Desastre de Annual, el parlamentario socialista Indalecio Prieto hacía alusión a los dos elementos que habían socavado la moral y la integridad de las tropas, en  lo que él llamaba “el vicio de Melilla”. Uno era la prostitución, que parece no haberse ido, y el otro es el juego, que ahora parece regresar, de la mano de los Presupuestos Generales del Estado.

Tiempos de guerra en Melilla


                   Carmen Angoloti y Mesa, Duquesa de la Victoria

      Lo primero que hay que decir es que la Duquesa de la Victoria perdió la calle que tenía dedicada en Melilla, en la 1ª reforma del callejero llevada a cabo por los franquistas  en 1941. Solo recupero su nombre en marzo de 1991, media siglo después, en la tímida reforma del callejero llevada a cabo por el alcalde socialista Gonzalo Hernández, tras un propuesta de la Asociación Cultural Ateneo. La calle iba a ser denominada como avenida del V Centenario. Hay otro nombre, anterior, el de Consuelo González Ramos, casi olvidado y que también tuvo su importancia en la transformación de la sanidad de guerra en una auténtica sanidad militar.

       Melilla fue el epicentro de la política nacional a lo largo de un cuarto de siglo, desde 1909 hasta 1936, desde el Barranco del Lobo hasta el Alzamiento militar de 1936. En esa corta secuencia temporal, el desastre de Annual en 1921, provocó la mayor conmoción política y social de todo el  siglo XX español.

        En la retirada de Annual, como relata el diputado socialista y también periodista Indalecio Prieto: “Hubo algunos destellos heroicos, pero el honor del Ejército no quedó a salvo. Los oficiales se refugiaban entre los mulos, para poner a salvo sus cuerpos de las  balas del enemigo”. Según los recuentos de Indalecio Prieto, el desastre de Annual se cobró 8668 vidas. Hoy mismo, cuando nos encaminamos hacia el siglo de la trágica efeméride, el Ejército Español no ha publicado ni la cifra oficial de muertos, ni un listado nominal de los que perecieron. en esa semana.

         Según el parlamentario socialista, el desastre se originó por un clima de degradación generalizada que el denomina como “el vicio de Melilla”, donde la malversación de los fondos destinados a las tropas, la prevaricación, el fraude y toda suerte de inmoralidades administrativas, como la concesión de permisos, que minaron la moral de las tropas, y que eran mantenidas en estado casi de indigencia, mientras que la oficialidad vivía en la opulencia. “El problema de España, decía Indalecio Prieto, es de moral y de decencia pública”. No solo era un diagnóstico acertado, es que sigue siendo cierto.

                        Damas enfermeras y la Cruz Roja

          En aquel ambiente de degradación, Prieto detecta a “una bandada de mujeres vestidas de blanco, enfermeras de la Cruz Roja, capitaneadas por la Duquesa de la Victoria y la señora de López Montenegro. Vienen a despedirse de sus enfermos y heridos, es meritoria la labor de estas damas”. De los hospitales dirán que están en “una situación deplorable”, y que hasta el quinto día no se evacuaba de las trincheras a los enfermos de fiebre, hacia los hospitales de campaña.

          Será el propio Indalecio Prieto el que la enaltezca hasta lo más alto. en un discurso en el Parlamento español : “Sin embargo, conozco en esta guerra un heroísmo ante  el cual me hincaría de rodillas, y es el de unas damas que, sea cual fuere su alcurnia; una conciencia honrada como la mía no puede pasar en silencio. Me  refiero a ese grupo pequeño, diminuto, ínfimo, capitaneado por esa heroína que se llama duquesa de la Victoria. Es el único heroísmo español del cual he sido testigo, el único que me siento con valor para exaltar aquí; pero con la exaltación tiene que ir la honda lamentación, entre lágrimas, de que sea un puñado tan escaso, cinco, seis u ocho mujeres, las que andan atendiendo a los heridos, clavando los féretros, amortajando los cadáveres”.

         Carmen Angoloti y Mesa se encontraba en la nebulosa biográfica, hasta que fue rescatada en el libro Mujeres en Melilla*, año 2002. Hasta ese momento era más conocida por su título nobiliario, que por su verdadero nombre. Carmen Angoloti nació el 7 de septiembre de 1875 y murió el 4 de noviembre de 1958. La serie de Antena 3 Tiempos de Guerra, ha abierto la carrera hacia el centenario de la mayor derrota sufrida por el ejército español ante una fuerza extranjera.

          En este punto surge la segunda pregunta, la que nadie se atreve a responder. ¿Cómo es posible que una serie cuyo eje es Melilla, no haya tenido ni siquiera un minuto de rodaje en la ciudad?. Las consejerías de Turismo, Cultura, Comandancia, entidades preocupadas por la difusión de la imagen de Melilla, también por la difusión de la historia y cultura militar, no han dicho una sola palabra. El debate está absolutamente cerrado.

        Nota*: Mujeres en Melilla (http://www.stes.es/melilla/revista/mujer_melilla.pdf)

 

 

 

 

 

 

El león dormido, en el Rif


             La historia de una prostituta en Melilla

  A menudo ocurre que, sin saber cómo, el destino entreteje una red invisible a nuestro alrededor. Una acción perdida en el tiempo cobra su sentido años más tarde. De un  libro comprado hace unos meses en Melilla, no podía imaginar que acabaría siendo la entrada de un blog, que no había creado en aquel momento.

     El león dormido (título homónimo de una novela de Grahan Green), y de una montaña con ese nombre en La Rioja, me interesó esta breve nota en la contraportada: ” Ha pasado el tiempo, ha cambiado el mundo y en el fondo de mi ser sigo siendo esa pequeña mestiza a la que vendieron en un burdel en Melilla por un fajo de sucios billetes”. Quién así habla es Lucía Osman, la hija de una rifeña y de un militar español, vendida como prostituta por su padre en un burdel de Melilla, en el año 1926.

    En seguida me vino a la cabeza la tremenda frase de Indalecio Prieto  en Parlamento de España, con ocasión de los debates sobre El Desastre de Annual en 1921 : ” Melilla es un lupanar y una ladronera”. En 1921, salvo honrrosísimas excepciones, los que fue cazado en Annual y en el desfiladero de Izumar, fue un ejército con la oficialidad prácticamente corrompida, por años de desidia y de falta de vigilancia. Una oficialidad que se jugaba las pagas en los casinos y en los lupanares de la calle Mar Chica. Una oficialidad que no supo estar a la altura ( empezando por el General Silvestre) y que abandonó a su suerte, salvo los ejemplos ampliamente divulgados, a más de 10.ooo soldados españoles en los campos y las laderas del Rif, desde Annual hasta Nador, pasado por Arruit, Zeluán o Taouima, en lo que se conoció como “la ruta de la muerte”.

       Con esta novela, la bilbaina Marian Izaguirre obtuvo el IX Premio de Novela Ciudad de Salamanca y da voz y luz a la historia de los olvidados: Dejaron que Echevarrieta pactara la liberación de Navarro y sus hombres y al mismo tiempo taparon una vergüenza mucho mayor ; la de los civiles que nadie reclamaba, verdaderos esclavos en manos de gente sin escrúpulos que los utilizaba como bestias de carga”. “No se preocuparon de saber si AbdelKrim había vaciado realmente sus cárceles o sus campos de prisioneros, no quisieron investigar si quedaban civiles”.

         En toda guerra hay olvidados, zonas oscuras de las que nadie quiere hablar y en la que muy pocos se atreven a hablar. Sin la intervención de Jesús, el destino de la entrada del monolito de Monte Arruit, hubiese seguido al senda que yo había marcado desde el principio, peor el poder de su comentario ha gravitado sobre El Alminar durante estos dos últimos días.

           Como se dice en el inicio de la novela: “Lo que la gente quiere ver, son cosas que permanecen en la memoria colectiva y que se agrandan con el tiempo, hermosas historias de amor y catástrofes que se recordarán siempre”. Annual, en 1921, es una de esas cosas.

        En donde vean este libro, cómprenlo y si no lo hay, encárgenlo. No lo olvidarán jamás. En Melilla, por supuesto, no se ha hablado de él, aunque ahora ya sí. En El Alminar  de Melilla, ofrecemos el primer capítulo. 

Nota: Primer capítulo de la novela “El león dormido”, de Marian Izaguirre, en la editorial Algaida.

http://literaria.algaida.es/catalogos/capitulos_promocion/AG00096201_9999990936.pdf