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Luciérnagas en Isla Canela


 

       En cualquier lugar puede sorprender el arte y la elegancia de años de trabajo, método y entrenamiento. La animación en los hoteles de verano, como el Barceló de Isla Canela, suele tener un nivel medio correcto, sin demasiadas pretensiones, o con la nada desdeñable pretensión de entretener a los cientos de personas que allí se alojan, sobre todo los niños y niñas. Grupos de música, animadoras/es, alumnos/as de los conservatorios y todo tipo de artistas anónimos intentan que la estancia en los hoteles sea lo más apacible posible para los alojados. Son buenas y dignas manera de conseguir dinero para los estudios o de ganarse la vida. Casi nada dejará más huella que la propia extensión del verano.

             Sin embargo a veces sí aparece algún grupo, artista o artistas que llaman la atención, cuyo trabajo sí merece perdurar o que alguien se tome el trabajo de reflejarlo, de relatarlo. En El Alminar estamos para este tipo de cosas, ese es nuestro trabajo y nuestra vocacion.

Firefly, la cuestión del nombre

            El grupo se llama Firefly o luciérnagas y está integrado por gimnastas procedentes de Alemania y Croacia. Se nota la dedicación y horas de entrenamiento que hay detrás de los ejercicios. Pese a la dificultad de ascender por la gasa de ejercicios hasta lo más alto de la percha, y la potencia que se requiere para ello, la sensación que transmitían era la de un movimiento liviano. No hay nada más difícil que luchar contra la fuerza de la gravedad. Se requiere mucha potencia y músculo. Camuflar todo eso para que parezca una ascensión a los cielos, es cruzar la línea que separa lo común, de lo que no lo es.

             Las luciérnagas ofrecieron un espectáculo con composiciones muy bellas con ejercicios muy coordinados y trabajados, resueltos con mucha elegancia y sutileza. Todo lo que hacían era difícil y sin embargo parecía sencillo.

          Un nombre es la mitad de todo. La escenografía estaba relacionada con las luciérnagas y la música escogida resultaba muy adecuada. El único problema es que el nombre de firefly, luciérnagas o fuego volador, está totalmente oscureciendo por la serie homónima.

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Cuando baja la marea


 

 La recolección ilegal de moluscos

     Cuando baja la marea, el  agua del mar o del océano, se retira más de un kilómetro en algunas zonas. Un mundo desconocido queda a la vista. El tiempo de la división de los homínidos entre recolectores y cazadores ya ha pasado. No hay marcha atrás en la evolución humana, aunque la marcha hacia adelante solo signifique la destrucción del ecosistema en el que vivimos. Cualquier actividad recolectora, o de caza ya se encuentra regulada.

     Cuando baja la marea en Isla Canela (Huelva), las aguas se retiran y permiten el paso de la especie que se ha hecho con el dominio del Planeta. Cientos de manos se hunde en el fango marino, que queda a la vista, y extraen de modo ilegal cientos y miles de coquinas. Fuera de su tiempo, y del número de licencias permitidas, la actividad supone el expolio y la depredación del fondo marino más cercano a la costa.

       Esta actividad de los bañistas, se ha convertido en un problema en Galicia, Cádiz, en la misma Huelva, o en cualquier otro lugar. Las noticias saltan a los medios de comunicación y a los informativos de las televisiones. Hemos sido testigos de este hecho, y hemos visto la diferencia entre la actividad ilegal y casi masiva, y la de “los mariscadores” con licencia, que operan con sus artes adecuadas, y muy lejos de la línea de costa, en donde las coquinas y almejas son más grandes. La actividad “esporádica y no regulada”, provoca la eliminación de los ejemplares más pequeños, y la reducción de las especies, alterando de modo acusado el ecosistema marino.

       Entre lo ilegal y lo permitido hay siempre una zona difusa, pero su diferencia es muy amplia y fácilmente observable.

     Nota: http://www.diariodecadiz.es/article/andalucia/174872/abiertos/expedientes/sancion/banistas/por/capturar/coquinas.html

Las mareas de Melilla


                                            Parábolas de las mareas

                     Las mareas son un fenómeno que dan para símiles, parábolas y todo lo que uno quiera. Las mareas en Melilla son casi inexistentes, como en todo el Mediterráneo, en eso no somos una excepción. Las mareas políticas de Melilla no existen en el terreno social, y eso sí resulta paradójico, y nos sitúan  fuera del juego político español. En una democracia, la única posibilidad de cambio radica en los votos, y en nuestra ciudad, los cambios producidos por los votantes son casi tan imperceptibles como sus mareas. Esto provoca un inmovilismo político, social y cultural, que nos hace estar cada vez más distanciados de la España continental europea. Solo hace falta viajar para comtemplarlo, para establecer diferencias y comprobar la evolución de todo lo que nos rodea. El cangrejo ermitaño se mueve hacia atrás o de lado, como todos los cangrejos. La patella permanece inmóvil siglo tras siglo.

             Hasta este año no habíamos conocido las mareas atlánticas de Isla Canela, en Huelva. El océano, el que tan bien conocía el almirante de la mar océana, Cristobal Colón. El agua se retira casi un kilómetro de la línea de costa, y la diferencia de nivel supera los dos metros. Cuando la marea cambia de sentido y el agua empieza a subir, pleamar, lo hace de modo constante y las olas producen un sonido parecido al de un motor.

            Nada que ver con nuestras casi imperceptibles mareas, que pueden observarse en la antigua dársena pesquera. Esos pocos metros que desciende el mar, dejan al descubierto las patellas ferrugineas de Melilla, el ser vivo más inmóvil de la mar y del océano. Nos interesa sobre todo, señalar el momento en el que de modo imperceptible, la marea cambia de sentido. Es un fenómeno muy complejo, como casi todo lo que nos rodea. La pleamat descubre un mundo que antes era imposible de ver, pero siempre hay que estar atentos a su cambio de sentido. La pleamar, movimiento ascendente, puede dejar aislado a más de uno, en su pequeña isla.