Las fosas de los olvidados


Memoria Histórica y la fosa general de la parcela 19

En aquellos años, década de 1980, no había la sensibilidad actual. El cementerio de Melilla necesitaba una nueva ampliación y se creó la Galería Norte, dividiendo en dos la parcela 19, en donde existía una fosa general en la que se enterraron al menos un tercio de las 300 víctimas de la represión franquista en Melilla. Mas de 80 represaliados acabaron en la fosa de la parcela 19, bien de modo directo, o en sucesivos traslados y renovaciones de sepulturas, hasta la inhumación en una de las fosas del olvido. En ese tiempo entre 1983 y 1984, ni siquiera existía un medio de comunicación que pudiese haber dejado constancia del hecho. La fosa general nº19 fue abierta, y trasladados todos los restos hasta el osario general actual. Entre ellos se encuentra Diego Jaén Botella, trasladado hasta la fosa del olvido el 28 de mayo de 1948.

Dos leyes de Memoria, la de Rodríguez Zapatero de 2007 y la de Memoria Democrática de Pedro Sánchez de 2023, y no se ha destinado a Melilla un solo euro, para abrir y documentar las fosas, o para crear alguna entidad memorialista, que se haga cargo de recopilar documentos y expedientes judiciales de los represaliados. Ni un solo euro para indexarlos, clasificarlos, digitalizarlos, y ponerlos a disposición de familiares e investigadores. Se sabe que en algún momento de lo que llevamos de década, los expedientes de los represaliados del franquismo, fueron entregados por el Ministerio de Defensa, sin que sepa el destino, ni el qué se ha hecho con ellos. No hay noticia alguna sobre este traspaso de documentación. No solo no hay interés, sino tampoco voluntad. Habra que esperar a una tercera ley de Memoria colectiva de España, para poder averiguar el alcance de los sucedido en nuestra ciudad. En el osario general del cementerio de la Purísima, no hay un solo rótulo que dignifique los enterramientos de los represaliados, o una ruta de la represión. No hay nada de nada.

A los nuevos revisionistas, encabezados por Miguel Platón, Moa y otros muchos. A los defensores de las pseudo leyes de Concordia habrá que decirles que la memoria histórica del Franquismo se llamó Causa General: La dominación Roja en España, y que no hubo mayores profanadores de tumbas que los franquistas, que no solo abrieron todas las fosas conocidas, sino que además publicaban las fotografías de los asesinados. También abrieron las fosas de los republicanos represaliados, y los trasladaron al Valle de los Caídos, para enterrarlos de manera colectiva e irrespetuosa, sin conocimiento de los familiares, lo que es un delito. El problema de la Causa General, es que no alcazaron la cifra de muertos que imaginaban, y que al final resultó ser solo la mitad, de las que ellos produjeron, bien de modo impune, o con juicios sin legalidad ninguna, diga Miguel Platón lo que diga. Los crímenes en la «zona republicana» están claros y contados desde hace mucho. Los del franquismo no, y esa es todavía la gran diferencia que sigue sin subsanarse.

Lorenzo Asensio Martínez, soldado de Aviación

Lorenzo Asensio Martínez era soldado de Aviación, procedente de Águilas (Murcia), mienbro de una familia asentada en la ciudad, por lo que tenía pase pernocta. Al volver una mañana al cuartel, le solicitan el pase, que leen minuciosamente y descubre que está firmado por «un oficial rojo», al que ya habían fusilado. Lo que le convierte de inmediato en sospechoso. El día 21 de abril de 1937 escribe a su familia desde el campo de prisioneros de Zeluán y ya intuye que lo suyo puede ser grave y así lo advierte a su familia: «..A mi me extraña que el día de la lectura del cargo me pidiesen mucho menos, y el día del Consejo fuese mucho más grave». Y añade: «Si algún día dejara de escribirles para siempre, quisiera que pudieran alguna vez decírselo a mis queridos padres, y demás familia». La justicia franquista era así. en apenas 7 días se amontonaban la detención, la acusación, el juicio, la sentencia, la apelación y la ejecución de la misma. En este caso, aunque lo intuye, es la pena de muerte. Al principio de la carta ya dice que tiene «poca esperanza».

La despedida del soldado Lorenzo Asensio

La siguiente carta está firmada el día 22 de abril de 1937, a las 3 de la madrugada en el siniestro fuerte de Rostrogordo, a solo unos cientos de metros del paredón de las ejecuciones.

«Mis queridos tíos y primas. En los últimos momentos de mi vida escribo esta muy dolorosa carta en la que les digo que muero sin delito y por lo tanto inocente, pues qué justicia hace el Consejo que me pone esta pena. Ahora que mi conciencia queda tranquila y no creo dejar avergonzada a toda mi familia, de la cual siempre los quise y no dudo que os acordaréis siempre.

A Encarnita que remedio cabe que aconsejarla y también quererla siempre como yo la he querido, pues bien sabéis que la he querido mucho y que solo era mi ilusión pero no hay remedio. Vosotros todos quererla mucho, y si podéis decírselo a mis padres por si alguna vez puede abrazarla como ella se merece. Vosotros de mi parte tan pronto recibáis esta carta, visitarla y no cesar de darle abrazos de mi parte.

A mis primos les dais muchos abrazos y a toda la familia y ustedes reciban el cariño de un sobrino que se despide con mucho dolor para siempre. Lorenzo

Sin derecho a la memoria

La carta es estremecedora, y a pesar de los 87 años transcurridos, se percibe el inmenso dolor con el que fue escrita, el de saber que te van a arrancar la vida, de manera injusta y vil. Ante la ausencia de entidades memorialistas en Melilla, me ha sido remitido por un sobrino nieto de Lorenzo (José), desde Águilas. Es un auténtico honor publicarla en El Alminar de Melilla, así como la fotografía del joven soldado, y poder dar a conocer su historia y cruel final. Al menos ya queda la satisfación de haberlo sacado del olvido al que lo condenaron, pero ahora sí para siempre. La memoria ha podido triunfar una vez más.

¿Qué fue de los padres de Lorenzo Asensio? No sabemos cuándo pudieron conocer la noticia. Pero esa misma noche fallece en las faldas de Camellos, Pedro Asensio, de 85 años, víctima de un derrame cerebral, también nacido en Águilas. Podria tratarse de la familia con la que residía y que le daba derecho a ese pase pernocta. Lorenzo tenía 21 años y era soltero. Fue directo a la fosa general 19. Podía incluso tratarse de una casualidad, pero en era algo común que apareciese gente muerta en las laderas de Camellos.

  En la España de Franco la culpa no acababa con la muerte. La Ley de Responsabilidades Políticas extendía la culpa a la familia. A los padres del soldado Lorenzo Asensio les impusieron una multa de mil pesetas que en 1948 todavía no habían acabado de pagar. La ley permitía saquear y robar las propiedades de los fusilados, ya fuesen casa, tierras, coches, joyas o dinero en metálico.

Ceres Machado, la historia en el Kursaal


Isabel Martínez López, viuda del padre Jaén

Isabel Martínez era alguien especial. Su tono de voz, su calma y paz interior. La tormenta había pasado y ella estaba allí, para contar su historia a quien quisiera escucharla. No buscaba la compasión de nadie, ni reconocimiento alguno, solo que no se olvidara el nombre de Diego Jaén Botella. Fui muchas veces a verla, siempre con su hija Manuela, el vivo retrato de su padre. En 1999 no había cámaras digitales, ni teléfonos móviles, por eso no tengo ninguna foto con ella. Cuando me dio las cartas originales (escritas por otro preso) de su marido, era la primera vez que se desprendía de ellas en 60 años. Las llevaba siempre encima, pegadas a la piel. Me las dio con confianza absoluta, solo me dijo: «No me las pierda, esas cartas son mi vida». Esa misma semana se las devolví, tras hacerle las correspondientes fotocopias en color. Tras reintegrárselas, me dijo: «No las publique hasta que yo muera«. Publiqué las cartas el 20 de enero de 2002.

Todos conocemos el fuerte de Rostrogordo y el campo de fusilamiento. Allí llevaron a Isabel Martínez en la madrugada del 7 de octubre de 1936, fecha de la ejecución del Padre Jaén. Pasó con él sus últimas horas, se despidió de él, y cuando regresaban camino de Cabrerizas en el coche oficial, escuchó, como un trueno, la descarga de fusilería que abatió a su marido. Con mucha serenidad me dijo: Mi vida se acabó en aquel momento, no podré olvidar ese ruido mientras viva. Desde aquel momento ya solo tenía a sus hijas, y vivió solo para y por ellas. Luego vino su hijo Antonio, y esa es también otra historia.

Una historia de Ceres Machado

Ceres Machado, la más prolífica autora teatral de Melilla, ha dado forma a la historia más oculta y vergonzosa del último siglo en nuestra ciudad. Si algo pude percibir en 1999, es que de lo sucedido con el ex sacerdote ilicitano, y político socialista, nadie iba a contar nada, más allá de lo que era públicamente conocido y publicado, en Una Mujer en la Guerra de España de Carlota O´Neill. El modo en que esta ciudad se vengó de ese pobre hombre, resulta aterrador incluso para nuestros días. Fue perseguido, detenido, torturado, escarnecido públicamente, y finalmente ejecutado.

Ceres Machado tiene una habilidad especial, y es que conecta con el pasado, con esos personajes y consigue traerlos al presente, de modo que a lo largo de la representación vuelves a verlos y sentirlos. Te introduce en la historia poco a poco, y su magnífico elenco de actores se transforman en aquellos a quienes representan y vuelven a cobrar vida. Esa es la magia de Ceres Machado, de sus obras de teatro, y de sus actores y actrices de Sibila Teatro, que insuflan vida en la historia. Eso es una creadora.

Han pasado casi 100 años de la mayor villanía de nuestra historia, y esta obra, en la recreación de Isabel Martínez, ha conseguido una justa y necesaria reparación. Necesitamos que un monolito , monumento o lápida conmemorativa, recuerde e identifique el lugar en donde estuvo exhibido, como una fiera, el dignísimo padre y político Diego Jaen Botella. Mientras tanto, ya tenemos la recreación de Ceres Machado.

Los Cortados de Horcas


Los arenales de Horcas Coloradas

La erosión de las enormes paredes de caliza y areniscas blancas y ocres durante millones de años, y que forman los acantilados de Horcas Coloradas, famosos por otras muchas cosas, se acumulan en franjas de arena blanca y fina, que le dan al agua un especial color esmeralda, nombre con el que ha sido bautizada la neo playa, aunque en los planos de cartografía militar solo figure el nombre que da título a este artículo.

En realidad la playa estuvo ahí siempre desde hace al menos 5 millones de años, pero resultaba inaccesible para la población melillense, hasta la construcción del nuevo Paseo Marítimo de Horcas Coloradas, llevada a cabo durante el mandato del presidente socialista Rodríguez Zapatero (2004-2011) y estando Gregorio Escobar al frente de la Delegación de Gobierno (2008-20011). La infraestructura, que no tiene nombre oficialmente, bien podría tomar el nombre de Gregorio Escobar, su impulsor.

Orogénesis del territorio melillense

Los acantilados de Horcas tiene un perfil similar desde la playa del Quemado, bajo el barranco del mismo nombre, pasando por Aguadul, y Punta de Rostrogordo, la del Morrillo y hasta la zona de la Alcazaba, que es en donde se inicia la obra del nuevo paseo marítimo.

Un antiguo libro titulado Las rocas endesítico-basálticas de la zona del Río de Oro de Alfredo San Miguel Arribas, proporciona todas las claves necesarias para entender la singular composición y orografía de toda esta zona. Enormes erupciones volcánicas post-alpinas, que el autor sitúa en el comienzo del Plioceno como muy tarde (5 millones de años), arrojaron coladas de lava que cubrieron todo la zona, y que puede verse en la zona alta del macizo, de color grisáceo oscuro, y en otros muchos puntos del territorio melillense, menos alterado por la complicada historia del último siglo, como en el macizo o colinas de Hidúm.

«Las coladas descansan sobre molasas y calizas con abundantes conchas, de colores blancos, blanco y gris claro ligeramente amarillento, correspondientes al Vindoboniense en unos casos y al Pontiense marino, constituidos por areniscas tiernas y arenas o arcillas sabulosas, amarillentas y grises, con intercalaciones de bancos calizos». Todo esto nos sitúa en la edad geológica de finales del Mioceno y comienzos del Plioceno. Las coladas volcánicas correrían sin interrupción hasta el borde marino, siendo muchos de los barrancos que hoy conocemos, como el de Hidúm o Farhana, consecuencia de plegamientos posteriores.

La colada de basalto volcánico mejor conservada se sitúa, según el autor del libro en las colina de Hidúm y/o cerro de la Carga, en los que se puede encontrar la roca volcánica conocida como Malpaís. Claro que han pasado 6 décadas desde la publicación de este trabajo, y algunas de esas zonas han sufrido una transformación muy elevada.

Playa Esmeralda

Situada en la zona más extrema del nuevo paseo marítimo, bajo el acantilado calcáreo de Horcas, presenta una enorme fractura en su continuidad, con desplome completa hasta el suelo, producto de un gran movimientos sísmico, no sabemos si anterior o posterior a los últimos 500 años. El enorme terremoto de Lisboa en 1775, el de Baza en 1531, o el de Almería de 1522, muy bien pudieron haber causado este desplome, con efectos invisibles desde la Ciudad Vieja. Es una línea de playa antiquísima, que no ha necesitado de aportaciones artificiales para mantener sus propios depósitos de arena.

Bombas volcánicas

El libro de San Miguel Arribas, aclara el misterio de las enormes piedras de color gris oscuro, que aparecen bajo el suelo en muchas obras de la ciudad. Son bombas y materiales basálticos arrojados en esas enormes erupciones volcánicas, cuyo principal emisor era el monte Gurugú, de desconocido nombre antiguo, pero que contaba con el apoyo de al menos otros cinco conos volcánicos en las inmediaciones.

Nota: Los rocas endesítico-basálticas de la Zona de Río de Oro Melilla. Alfredo San Miguel. Instituto Lucas Mallada de Investigaciones Geológicas (1949)

Historia de dos mujeres en Melilla


         Ángeles Ronda y Mª de los Ángeles Bergés

     Las mujeres siempre han quedado desamparadas en épocas de guerra. Los maridos y progenitores o morían en el frente o eran víctimas de la represión política. Sobre ellas se cernían la peores consecuencias de la represión. Eran inmediatas víctimas de la pobreza y de la indefensión. Sin embargo frente al inhumano mundo de los hombres y de la sociedad patriarcal, solían salir a flote, tanto ellas como su prole. Una mujer, una madre, salvo excepciones, no abandona nunca a sus hijos. Este es el caso de Mª de los Ángeles Ronda Castilla, esposa del sargento legionario José Mª Fernández Cloux, y de su hija Mª de los Ángeles Bergés Ronda. La primera luchó por sacar adelante a sus cinco hijos, en una vida matrimonial con muchas dificultades, y sobre todo, tras la ejecución de su marido en 1938.

             La hija de ambos, Mª de los Ángeles Bergés Ronda, fue la depositaria de las confidencias de su madre, la que vio o intuyó cómo su madre pudo sacar adelante a sus hijos, en el perverso y vengativo mundo de la España de Franco. Una mujer con cinco hijos (Ángeles, Amparo, Antonio, Julio y Luis), tenía muy pocos caminos para salir adelante, cosa que sin embargo consiguió. Una red familiar, de vecinos y de amigos, se dedicaba a ayudar en lo posible a las familias de las víctimas de los represaliados, jugándose la vida, arriesgándose a que los espías y esbirros de Falange cayeran sobre ellos, y les hicieran pagar por culpas que no habían cometido.

                  Mientras la madre se hundía en la depresión, una niña, que jamás perdió la sonrisa, Mª de los Angeles, se convirtió en el ángel guardián de su padre. Era la única que recorría a pié la distancia entre si casa (barrio del Real o Cabrerizas), y el Fuerte de Rostrogordo, en dónde su padre estaba preso desde 1937, tras ser trasladado desde el acuartelamiento legionario de Taouima. Ella iban andando sola hasta el fuerte, y entraba en él pese a ser menor de edad. Temía  a los negros cuervos que por entonces poblaban el histórico fortín. Hasta el día de su muerte estuvo dominada por esas pesadillas. Su gran deseo, su legado, fue conservar la memoria de lo sucedido con su padre y buscar una explicación que jamás le dieron. Tampoco la compensaron nunca, ni le pidieron perdón, ni obtuvo reconocimiento alguno de las autoridades de Franco. Ni entonces, ni ahora.

                 Ni esta historia, ni casi ninguna otra, se ha contado todavía. No son el tipo de recuerdos ni de memoria que se promueve en Melilla. Aquí solo interesa la hagiografía militar y la historia de Las Campañas. Eso es lo que se promueve y recompensa, pero si de alguien hay que sentir orgullo, es de estas mujeres y de estos nombres. Ellas conservaron vivo el legado de sus familiares, de sus padres, de sus abuelos. Nadie más lo cuenta. El Alminar sí. Esta historia sólo ha empezado a ser contada.

                PD: En 1956, tras la muerte del dictador Stalin, se declararon nulos todos los juicios del Gran Terror. Se rehabilitó el nombre de los 800.000 fusilados y sus familias fueron recompensadas. Hoy existe la asociación Memorial, patrocinada por el Gobierno Ruso, que se dedica a recuperar los nombres de todos aquellos que fueron víctimas de la cruel represión estalinista. En España, en 2014, se niega el derecho de las familias a buscar y enterrar dignamente a sus padres o abuelos.

             Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/03/31/el-doble-castigo-del-legionario-fernandez-cloux/