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Agua corriente en otoño


              El fuego todo lo consume y el agua todo lo anega, pero solo el agua apaga el fuego. El agua desbordada es incontenible, el fuego también pero tiene un límite, el del agua. El agua corriente y desbordada descubre con facilidad las infraestructuras mal hechas, o mal mantenidas. El 19 de octubre se abrió paso el otoño en Melilla con una precipitación de 18.mm, o lo que es lo mismo, 18l por m². El agua en octubre es toda buena. Ya lo dice el refranero: En octubre, del diez al veinte, toda agua es conveniente. Hay un punto de inversión que señala la festividad del Pilar como el inicio del cambio en la climatología.

               Vivimos una época de sequía que se empezó a anunciar en 2012*. Existía en Melilla un pequeño humedal en la lagunilla de Mariguari, que siempre tenía agua y era paradero de aves. Aunque mínimo, el río de Oro bajaba con un eximio caudal. Todo eso desapareció hace un lustro. Ahora no ha nada, todo esta seco y ya no hay aves allí.

               Por lo demás reaparecen las imágenes de siempre, charcos en los socavones y baches del pavimento callejero, pequeñas inundaciones y torrenteras por las calles y arquetas atoradas. Cuando el agua no encuentra su camino rebosa por donde puede, como en la pequeña carretera que comunica el polvorín de Horcas Coloradas y la parte trasera del Rastro con el antiguo depósito de agua de Cabrerizas, de tan infausto recuerdo.

         Todas las carreteras cuentan con unos pequeños canales de evacuación de aguas en su laterales, para evitar la inundación de las mismas. La acumulación de escombros, el depósito incívico de todos tipo de basuras y la falta de mantenimiento hacen que todo quede cegado, y que en el momento necesario no cumplan su función. Es una lluvia pequeña y necesaria. No ha provocado ningún daño, pero en cualquier caso, nada detiene la fuerza del agua, el depósito de la vida.

         Nota:*https://elalminardemelilla.com/2012/01/12/se-anuncia-la-sequia-en-el-rif/

Barruntos de agua en octubre


El fin del tiempo seco

            Los cielos barruntan agua, pero luego lo que parece anunciarse  se disipa. Hace apenas unos días vimos una sombra de agua en unas nubes al atardecer, que dibujaban un pequeño arco iris. Pero como dice el refrán: “el agua del arco no llena el charco”. Melilla está muy seca. Esa pequeña señal del arco iris al atardecer, indica la continuidad del calor. En las iglesias ya se lanzan rogativas para la lluvia, y en el mundo rifeño, antaño, se veían por la ciudad  a los danzantes de la lluvia, que con chirimías recorrían los campos y las calles de Melilla, lanzando también rogativas, cánticos y solicitando limosnas.

            Esto se asentaba en antiguas tradiciones preislámicas. Octubre es mes de siembra, por lo que lluvia es muy necesaria, sobre todo en el seco norte de Marruecos. La Tagonja es una especie de muñeca, que representaba a la esposa de la lluvia . Se cogía una pala o tridente utilizado para aventar el grano y se le vestía con ropas de mujer. La cofradía de la lluvia recorría los aduares tocando música y solicitando limosnas. Luego, se celebraba una pequeña fiesta en los márgenes del arroyo, a la que acudía el pueblo y se celebraba un pequeño banquete. La Tagonja era rociada con agua y finalmente quemada, en la esperanza de que al final, la propia agua de la lluvia apagase. De todos los ritos utilizados para implorar la lluvia, éste es el más extendido. También se ofrecían sacrificios rituales de animales, bien de modo específico o dentro de la propia fiesta. Las mujeres son las encargadas de vestir y crear a La Tagonja.

             Hay un indicador de sequía en la ciudad y su entorno, y es la lagunilla de Mari-Guari. Hace años era usual verla casi siempre con una pequeña cantidad de agua, salvo en los meses de verano, lo que hacía constante la presencia de las aves. Lo usual es ahora verla casi completamente seca, a lo largo de todo el año.

             No hay lluvia y el agua es necesaria. Renueva el ambiente, moja el suelo y hace crecer lo sembrado. El olor de la tierra húmeda y de la vegetación es muy intenso y gratificante. La renovación ritual mediante el agua.

                                                Un millón de visitas

                Inmersos en la sequía, en la incertidumbre del tiempo presente, en la impredecibilidad  del futuro, hoy diez de octubre, en el quinto año desde la creación de Alminar, hemos alcanzado el millón de visitas. Era una cifra  impensable en aquel 4 de mayo de 2011. Lo señalamos solo como un dato estadístico.

La sequía se anuncia en Melilla


  En el mes de enero toda la tierra debe estar arada y sembrada y en este mes, en el que la luz va remontando, hace falta agua y en abundancia: “Eche agua Dios, que oro es para nos”. En Melilla, cuando acudo a los mercados para recopilar datos para las diferentes encuestas del INE (Instituto Nacional de Estadística), me muestran su quejas tanto los pescadores, como los vendedores de productos hortofrutícolas.

          Los pescadores y vendedores de pescado cuentan que el otoño ha sido muy seco, que los ríos no han llevado agua al mar y en los estuarios no hay comida para los peces. Los cauces de los ríos y de las torrenteras aportan al mar todo tipo de limos y de nutrientes para los bancos de peces, que se acercan a alimentarse  hasta los estuarios. Se quejan de que los peces grandes no crecen tanto como debieran, y de que el pescado está seco, sin firmeza. Esto se aprecia muy claramente en los peces grandes como las corvinas, los peces espada y toda la familia de los escualos y que comemos bajo los nombres de emperador o cazón.

       En los productos de la tierra sucede otro tanto, Por estas fechas la tierra debe estar ya bien labrada y sembrada y por este motivo, los labradores se pasan todo el mes mirando al cielo, observando las nubes y los vientos. Los refranes del tiempo son muy curiosos y e instructivos, aunque en estos tiempos del cambio climático, muchos empiezan ya a no coincidir. Algunos no perecerán como el de: “Agua no falte, que sol sobrará”.

        En Melilla hay varios indicadores. El principal de todos estos signos es el monte Gurugú y como dice un compañero de trabajo, antiguo residente del Barrio del Real ( el barrio de huertas y de labradores por antonomasia de Melilla), el Gurugú habla y en este mes, no barrunta agua. Las nubes se posan en su cima, pero pasan de largo y no descargan.

      Los otros dos indicadores son las praderas de la Granja Agrícola, que aparecen secas y amarillentas y la lagunilla de Mari Guari, que debería tener agua remansada desde hace dos meses y que sigue apareciendo bastante seca. De esta última lagunilla ya he comentado algo en una entrada anterior.

  Nota: En enero el día se incrementa en 46 minutos. Se  nota que los crespúsculos vespertinos se van retrasando.