Desorden en Las Culturas


       La plaza de Las Culturas está en absoluto desorden. Apenas hace unos días dábamos cuenta de la fragmentación del pavimento de piedra artificial. El desorden en la plaza es absoluto. Uno de los focos de iluminación de las torres de ventilación del aparcamiento subterráneo, apareció reventado en esta semana, al igual que una pequeña sección del pavimento, que lleva más de siete días en ese estado y nadie se molesta en arreglarlo, pese a que una oficina de información turística se encuentra apenas a 10 metros. La imagen no puede ser más descuidada y lamentable. La molicie y la entropía son absolutas, tanto, que en las últimas jornadas de Música en La Luna o en La noche en Blanco, a ciertas personas les pareció bien aparcar en una zona en donde ni siquiera se permite el tráfico rodado. En este caso la Policía Local tuvo que poner orden y procedió a notificar las correspondientes multas. En esa zona suelen jugar los niños y niñas,  y muchos vehículos se saltan la prohibición de circular por allí, para llegar hasta el mantelete y evitar así el tener que rodear la plaza.

   Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/06/11/las-culturas-se-desfragmentan/

Las señales en Melilla


 

             Buscamos señales, aunque no todos/as. Todo el mundo cree tener razón y estar haciendo lo correcto, con lo cual las señales han dejado de ser útiles, o algo que se tenga en cuenta. Todos/as creen ser  sinceros/as  y en virtud de ese falso axioma, se escucha a diario como personas tenidas por educadas, o incluso tolerantes, se dirigen acusaciones atroces carentes de fundamento alguno. La gente suele confundir su verdad con la verdad total, y así ya es imposible debatir o hacer razonar a nadie sobre asunto alguno. Todo esto está sucediendo tanto en los foros de las redes sociales, como en las tertulias más afamadas de la radio o de la televisión. El nivel de la algarada va en constante aumento. Lo único que se buscan son los hechos que reafirmen en la creencia preexistente e inamovible, aunque todo, absolutamente todo, indice lo contrario. Es la ley de «sostenella y no enmendalla».

                        ¿Dónde están las señales en Melilla?

          Las señales en nuestra ciudad están en lo suelos, vueltas del revés, derrumbadas o apunto de derrumbarse. Sostenidas por los muros o por un fino equilibrio que desafía toda lógica científica. ¿Es este disloque de las señales un indicio de lo que está sucediendo en Melilla?. Sí, sin ninguna duda, aunque los medios de propaganda nos muestren la ciudad como la novela de Un mundo Feliz, de Aldous Huxley. La ciudad está tan inclinada, como alguna de las señales que se ven en las calles.

El campanario a contraluz


Campanario Sta. Mª Micaela

        A lo largo del mes de junio el Sol camina por el firmamento en la búsqueda de su punto más alto, lo que sucederá el próximo día de San Juan. El Sol solo repite la posición en el firmamento una vez al año. El campanario de Santa María Micaela es el punto más alto de la fe de Cristo en Melilla. Es el único campanario existente como tal, como elemento arquitectónico, con cuerpo propio independiente del edifico del templo. Una vez al año y durante algunos días, el Sol pasa entre sus arcos y ofrece un intenso contraluz. Los rayos solares parecen fundir el bronce de la campaña e incluso los ladrillos del sólido y esbelto campanario. Incluso la campana parece tener ojos y mirar.    Nunca antes lo había visto de esta manera. La nubes han colaborado al apagar el brillo solar, cubriéndolo todo de gris. Parece una fotografía de blanco y negro pero no lo es. Ha sido una imagen casual, que no se volverá a repetir hasta el año que viene. Son imágenes irrepetibles. Seguimos la realidad desde fuera, aunque formemos parte de ella. Ahora mismo no puede hacerse otra cosa.

Gaviotas


Gaviota

             ¿Solo es una?. No, están ahí. Al acecho, vigilantes, aunque no estemos o no intervengamos. Observamos todo, estamos frente a ellas, pero tampoco queremos dar un sensación de abandono. Todavía somos dueños de nuestro tiempo. Los pájaros siempre han estado presentes en El Alminar, igual que el color rojo, entre otros, desde el principio.  Fue una novela la que convirtió a la gaviota en un objeto de culto. Todo el mundo quería ser Juan Salvador Gaviota. como treinta años después un «avatar».  Estados Unidos condiciona y dirige los sueños del mundo desde hace muchos años. Recuerdo que leí la novela de Richard Bach y no fui presa del virus de la gaviota.

                  Hoy mi percepción sobre ellas ha cambiado mucho. Hasta que no llegué a vivir en una ciudad costera no alcancé a comprender  lo que son, y en lo que se han convertido. Las estampas marinas con el ruido de fondo de sus gritos siempre han parecido una imagen idílica. Son aves muy ruidosas. Se adueñan de todo el espacio disponible y son demasiado territoriales. Ni siquiera temen a los humanos. Aunque no se las vea, siempre están ahí con sus sobrecogedores gritos.

Desde la fuente de las aves


 

                   Apenas han pasado tres días desde que estuvimos en esta fuente. En la última visita había más aves que en el día anterior, en el que levantaban el vuelo de modo lento y pesado. En esta ocasión volaban delante nuestra con total soltura. Ejecutaban sus movimientos alrededor de la fuente de modo más llamativo, lo que nos ha permitido obtener mejores imágenes. La señal que habíamos buscado sigue  presente.

             El tórrido sol ha dado paso a unos días de levante, preferidos por muchas/os,  en el que las nubes proporcionan  protección frente a los rayos solares. Quizá por ese motivo se encontraban más activas, más generosas en sus movimientos. Varias cosas podemos aprender de todo esto, una de ellas  es que todo seguirá sucediendo pese a que no se encuentre observador alguno que las describa. Todo seguirá estando ahí. Todos los días hay sucesos. Tampoco se trata de registrarlo todo, porque además es imposible.  Las aves nos seguirán esperando siempre en torno a esa fuente, mientras exista, aunque no serán siempre las mismas. Todo cambia y a la vez todo permanece.

        Ese grupo de aves en torno a esa fuente nos están enviando mensajes claros. Importa tener un lugar al que retornar y al que no se debe dejar de acudir.  La migración de las aves es eso. Se van pero siempre vuelven. Mantener el lugar importa, porque cada espacio de libertad que se deje libre, es ocupado por sus enemigos, y hay muchos. Estamos rodeados de lobos. Las noticias que nos llegan del mundo, están tan filtradas y seleccionadas, que ni siquiera merece la pena detenerse en ellas. La verdad se encubre cada día, pero aún conociendo todo, nuestras posibilidades de éxito en esa lucha sería pequeñas. La gente se está articulando para defenderse, para darse protección. Es la única manera de resistir. Una persona aislada, por muy hábil y brillante  que sea, tiene muy pocas posibilidades de mantenerse en pie frente a esta oscuridad.

         No es fácil la decisión de alzar el vuelo, pero es algo que debe hacerse. Un aluvión de entradas se han sucedido  desde el momento en que lo anunciamos. Había cosas pendientes, situaciones y cosas sobre las que escribir, que no podían dejarse de lado. Es preciso retirarse en algún momento, para poder regresar siempre que sea necesario. Las circunstancias cambiarán, pero todo seguirá de igual modo. Siempre habrá un nuevo suceso que nos vincule a la realidad, a la parte del mundo a la que pertenecemos, pero en algún momento se necesita «no escribir mas», como decía el emperador Claudio en sus memorias noveladas por Robert Graves, el gran conocedor de los mitos griegos.

            Nos quedamos con la danza de las aves en torno a la fuente, porque seguiremos estando y desde ahí regresaremos. Todo está ya dicho, pero también siempre quedará algo más por escribir. El tiempo es largo, no conviene agotarse ahora.

           Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/05/06/el-fin-de-la-2a-salida/

Floraciones rojas en junio


 

                    La acacia mansa y la sangre de Cristo                 

         La flora y arbolado ornamental de Melilla  provoca sorpresas, como la de este árbol, la acacia mansa, de flores rojas.  Es un árbol de porte pequeño. Está en la zona de Los Altos del Real, sobre todo en la calle Gurugú y se ven algunas más en las intersecciones de las calles de Las Infantas de. La presencia de árboles tropicales o de la flora australiana en las calles de las ciudades ofrece imágenes inesperadas. Un poco más arriba se encuentra el rincón de descanso del diablo, que acabamos de mostrar. El contraste con las flores rojas de estos arboles es absoluto. Están en plena floración y las flores al caer al suelo forman una extensa e intensa capa roja. Podríamos escribir que parecen lágrimas rojas, e incluso que acorde con los tiempos, vaticinan un tiempo de sangre, sudor y lágrimas, pero parecería demasiado dramático. El color rojo nos sitúa frente a la pasión, en toda su amplitud y nunca es bueno dejarse llevar solo por ella. Siempre debe existir la pasión en las acciones humanas, pero sin que la razón pierda el gobierno sobre ellas.  La visión del rojo provoca también cierta alarma. En el mapa político y social, la presencia del rojo desata el temor entre los sectores económicos dominantes, casi siempre pertenecientes a la derecha política, que suele vincularse al azul.  Esta floración tardía de junio podría relacionarse con la aparición de nuevos partidos y movimientos sociales enraizados en la izquierda política, lo que supondría una señal de esperanza frente al largo invierno azul. Tampoco se nos escapa que en Brasil se inicia el Campeonato Mundial de Futbol, y que a nuestra selección se la conoce por «la roja». Los signos siempre se pueden interpretar en varios sentidos, algunos incluso opuestos. En este caso podríamos estar ante la ambivalencia de la floración roja en junio, o de la caída de la flor de este color por los suelos. Quedarse con una u otra interpretación implica mucho.

           La acacia mansa o sesbania puniacea es un árbol originario de Brasil, Argentina e Uruguay, que pertenece a la familia de las fabáceas, subespecie de las leguminosas. No es un árbol frecuente de ver. El rojo siempre ha sido un color de advertencia. No es un árbol frecuente en las calles, salvo en los jardines, en donde resultan muy vistosos. Sus semillas son tóxicas.

                   La sangre de Cristo

          Un pequeño árbol o arbusto, que se encuentra en la mediana que divide el Paseo de Guardia Civil Antonio Molina, frente a la entrada principal del hotel Melilla Puerto, es el único ejemplar existente en nuestra ciudad, o que conozcamos. Es una planta originaria de México. Su verdadero nombre es el de Euphorbia cotinifolia, o planta de cobre del Caribe. El extraño nombre de «sangre de Cristo» es de procedencia y origen desconocido. Igualmente que en la planta anterior, el látex que se extrae de esta planta resulta tóxico para animales y personas. El color rojo, en la naturaleza, siempre es de advertencia. Esta planta se encuentra recogida en la guía de Paseos Botánicos de Melilla, de Juan Antonio González y Carmen Enrique.

El o la picabolos


 

 

                          Socavando el totem

     Entre mayo y noviembre de 2013 registramos casi todas las acciones del o la picabolos en el barrio de La Victoria. Generalmente las etiquetas suelen escribirse en masculino, que se utiliza como genérico, pero nadie dice que estas acciones no puedan estar siendo llevadas a cabo por una mujer. Sus actuaciones se registraron en esos seis meses entre las calles Arapiles, Paseo de Ronda, Pavía, Talavera, Gaeta y Gravelinas. La clarísima forma fálica del bolo delimitador del paso de cebra, nos llevó a pensar que se podría tratar de algún tipo de mensaje concreto. Al ser un objeto fálico, enaltecedor de la cultura machista, se podrían estar demoliendo precisamente por eso. El que siempre se haga de la misma manera, indica también que su autor o autora, podría ya tener discípulos y haber creado un movimiento de resistencia frente al machismo imperante. El mundo está lleno de símbolos subliminales y los totems machistas están instalados por todos los lugares. También pudiera tratarse de personas pudorosas que quieren eliminar un símbolo que les incomoda.

    Hace muchos años, cuando se inauguró el Tanatorio Municipal, se adornaron los jardines con farolas cuyos cuerpo representaban mujeres desnudas, que sostenía el globo de la luz entre sus manos. Se lió un escándalo considerable en la ciudad y las farolas fueron objeto de agresiones casi desde su instalación. El final fue patético, pues de las farolas solo quedó la mitad inferior del tronco.  Algún día recordaremos eso.

     Desde el último artículo (https://elalminardemelilla.com/2013/11/21/el-lento-avance-del-picabolos/), no se había registrado ninguna nueva acción del o la picabolos. Medio año después, ha rebasado el perímetro interior del Barrio de La Victoria, y ha actuado frente a las viviendas de Ciudad de Málaga. Hay también una acción más, registrada en la calle Navas de Tolosa.