Gaviotas


Gaviota

             ¿Solo es una?. No, están ahí. Al acecho, vigilantes, aunque no estemos o no intervengamos. Observamos todo, estamos frente a ellas, pero tampoco queremos dar un sensación de abandono. Todavía somos dueños de nuestro tiempo. Los pájaros siempre han estado presentes en El Alminar, igual que el color rojo, entre otros, desde el principio.  Fue una novela la que convirtió a la gaviota en un objeto de culto. Todo el mundo quería ser Juan Salvador Gaviota. como treinta años después un “avatar”.  Estados Unidos condiciona y dirige los sueños del mundo desde hace muchos años. Recuerdo que leí la novela de Richard Bach y no fui presa del virus de la gaviota.

                  Hoy mi percepción sobre ellas ha cambiado mucho. Hasta que no llegué a vivir en una ciudad costera no alcancé a comprender  lo que son, y en lo que se han convertido. Las estampas marinas con el ruido de fondo de sus gritos siempre han parecido una imagen idílica. Son aves muy ruidosas. Se adueñan de todo el espacio disponible y son demasiado territoriales. Ni siquiera temen a los humanos. Aunque no se las vea, siempre están ahí con sus sobrecogedores gritos.

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Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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