Resistir el ataque de la gaviota


   Esto ya sucedió hace 12 años y estábamos frente al desaparecido Hospital Militar. Sucedió casi en las mismas fechas, en la época estival. Las gaviotas están sacando adelante a sus pollos. Se vuelven agresivas y atacan una y otra vez.  Son muy territoriales y han ampliado a toda la ciudad su zona de anidación, desde que salieron de los acantilados. Su población no ha dejado de aumentar, en todo este tiempo.  Están siempre acompañadas del estruendoso graznido que las envuelve, y que en ocasiones parecen riñas demoníacas. 

Ya se alimentan de cualquier cosa. Se las puede ver disputando trozos de pan y otros residuos alimenticios a las palomas en incluso a las pacíficas garcillas, a las que a veces también atacan. Son los cuervos del mar, en el que se adentra sin temor alguno, tras la estela de las embarcaciones.

  En aquel encuentro aprendimos una cosa, y es que la cercanía de las paredes limita las posibilidades de ataque. La compañía de una farola limita sus posibilidades homicidas, pero a veces no se dispone de estos elementos de protección.  En ese caso extremo,  se hace necesaria la utilización de una rama seca o de un palo, que hay que buscar en las inmediaciones.  Ese elemento, junto al brazo alzado, hace que no puedan  llegar hasta la cabeza, que es en donde quieren soltar sus picotazos. Protegidos por la pared de la batería  del Rosario en la espalda,  y por el brazo y el palo de Valsaín (Segovia) en alto, pudimos salir indemnes del ataque de la gaviota, que al menos intentó expulsarnos unas 10 veces de su territorio.

  Al estar bien situados,  no hubo problema alguno para sortear sus embestidas, hasta que se dio cuenta de que no había problema alguno para su territorio, que abandonamos en unos 15 minutos,  tras realizar unas interesantes fotografías de sus insistentes ataques.

  La leyenda mítica sobre esta ave omnívora, depredadora y hasta caníbal, comenzó con la novela de Juan Salvador Gaviota, del estadounidense Richard Bach. Sin embargo se trata de un ave tremenda, que no conoce el miedo al ser humano,  y que tampoco tiene límites geográficos. Ha llegado a instalar colonias en el centro de la península, concretamente en Madrid.

   Eso sí, no debe olvidarse que se trata de animales y que no se les puede atribuir comportamientos humanos, aunque para la literatura resulten útiles.

 

Nota:https://elalminardemelilla.com/2014/07/01/el-ataque-de-las-gaviotas/. Fotografías Archivo Alminar de Melilla (AAdM).

Gaviotas


Gaviota

             ¿Solo es una?. No, están ahí. Al acecho, vigilantes, aunque no estemos o no intervengamos. Observamos todo, estamos frente a ellas, pero tampoco queremos dar un sensación de abandono. Todavía somos dueños de nuestro tiempo. Los pájaros siempre han estado presentes en El Alminar, igual que el color rojo, entre otros, desde el principio.  Fue una novela la que convirtió a la gaviota en un objeto de culto. Todo el mundo quería ser Juan Salvador Gaviota. como treinta años después un «avatar».  Estados Unidos condiciona y dirige los sueños del mundo desde hace muchos años. Recuerdo que leí la novela de Richard Bach y no fui presa del virus de la gaviota.

                  Hoy mi percepción sobre ellas ha cambiado mucho. Hasta que no llegué a vivir en una ciudad costera no alcancé a comprender  lo que son, y en lo que se han convertido. Las estampas marinas con el ruido de fondo de sus gritos siempre han parecido una imagen idílica. Son aves muy ruidosas. Se adueñan de todo el espacio disponible y son demasiado territoriales. Ni siquiera temen a los humanos. Aunque no se las vea, siempre están ahí con sus sobrecogedores gritos.

Levantando el vuelo


 

         He visto palomas aprovechar la corriente de aire que se bifurca sobre el capó de un coche para ascender en el último instante. He contemplado como una garcilla levantaba limpiamente el vuelo en apenas un trozo de terreno poco mayor que su cuerpo, lo que no conseguirá casi ninguna aeronave de construcción humana. He podido observar como gaviotas me miraban fijamente sin mostrar temor alguno, ni hacer el más mínimo movimiento. Y toda esa experiencia ya no se perderá.

         Todo está demasiado cerca en Melilla, pero también precisa de una observación continua y muy atenta. La misma fotografía que un día sirve para denunciar una situación en un barrio de la ciudad, otro solo refleja el limpio alzado del vuelo de un ave. A veces solo se quiere observar, sin sacar conclusión alguna.

          Hace un día despedíamos marzo con la imagen de un avión posándose sobre la pista de aterrizaje. Hoy alzamos el vuelo en el mes de abril, sin descanso alguno, sin tregua posible, con una garcilla  que limpiamente se levanta desde el asfalto.