Gobernando con su enemigo


                                Digan lo que digan o silencien lo que silencien, lo que está sucediendo en Melilla es evidente para los que están en la trinchera de observación,  que rodea a la lucha política. Ocurre que en nuestra ciudad no hay analistas políticos que se arriesguen a hacer conjeturas, o es un tipo de opinión que no se fomenta, salvo en los editoriales, que son siempre interesados y nada imparciales.

              La enemistad política y personal entre el presidente Imbroda y el que fuera el primer presidente de la ciudad, Ignacio Velázquez, es tanto política como personal, y hunde sus raíces en la noche de los tiempos. A Ignacio Velázquez no se le publicaban fotos de sus ruedas de prensa, y en algunas ocasiones ni siquiera se le citaba. Eran las consignas impartidas en una ciudad, en la que existe una censura de prensa no reconocida, pese a estar prohibida por La Constitución. Esto es algo que sucede en todos los medios de comunicación de España, pero enmascarado bajo todo tipo de eufemismos. La información que nos ofrecen esta muy cribada. Por eso llama la atención al entrevista de 3 páginas con Ignacio Velázquez, presidente del PPL  y que sin embargo no ha sido subida a internet, publicada por el diario El Faro.

               Quién hasta este momento disponía de una cobertura ínfima, y del que no se publicaban fotografías, recibe de repente un  despliegue máximo. Quien lea detenidamente la entrevista, podrá entender de qué manera se va a atar en corto, al recién elegido como Presidente de Melilla.

                          El Presidente en el nido de las águilas

             El presidente de Melilla, Juan José Imbroda, siempre acude a los actos y celebraciones públicas     de la ciudad, y siempre se deja ver, aunque sea solo unos instantes. La cercanía es mayor en la Feria medieval, dada la estrechez del lugar, y en donde suele siempre protagonizar imágenes interesantes y que dan pie a comentarios de varios sentidos. Eso sí, se dispone solo de un instante y se precisa estar muy atento a lo que sucede alrededor. Ningún encuentro es forzado y todo sucede bajo las reglas del azar. Este año se ha dejado ver junto a la muestra de aves rapaces, en el nido de las águilas, algunas muy llamativas y vistosas. Las aves rapaces siempre resulta enigmáticas y cautivadoras, con su siempre atenta mirada.

                En toda esta situación de pacto forzado, hay un elemento de desequilibrio en la oposición, y es la presencia de Ciudadanos (la lista sin partido), sobre cuyo futuro político nada puede preverse. Las elecciones generales del próximo otoño, harán volver parte de esos votos hacia el Partido Popular, lo que podría conducir a esta neoformación hacia una desaparición paulatina, algo más rápida que las del PPL del propio Ignacio Velázquez. La situación actual es inestable, y en un futuro próximo  le podrían no faltar otros apoyos al Presidente actual.

                     La previsible derrota electoral del Partido Popular en el conjunto del Estado, puede convertir en humo los actuales pactos, y alterar por completo el desintegrado panorama político presente. El Gobierno de Rajoy se sustenta sobre una mayoría parlamentaria, que ya no tiene el mismo sustento social. Un cambio deseable de mayorías en Madrid, volvería a dejar aislado al gobierno de Melilla. El futuro estable de la ciudad, pasaría ya por pactar cualquier gobierno, o conformar cualquier alternativa política, con Coalición por Melilla.  Cuanto más se tarde en aceptar esta realidad, peor será.

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3 Respuestas a “Gobernando con su enemigo

  1. El acuerdo de gobernabilidad: http://www.ppmelilla.es/sites/default/files/documentos/acuerdo_pp-ppl.pdf.
    Lo firman Juan José Imbroda e Ignacio Velázquez.

  2. Tremendo. Aquí hay quien ganando ha perdido, y quien perdiendo ha ganado.

  3. Antonio Fernández

    Interesante análisis. Alejado de la problemática melillense, leo con atención artículos y comentarios. Gracias.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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