


En torno a las Medallas de Melilla
En el decimoquinto años de nuestra existencia, confesamos no entender cómo y porqué se conceden honores en Melilla, o porqué se niegan, pese a existir un reglamento que lo explica. ¿Influye el color político otorgante en la concesión de la medalla o reconocimiento? Aquí sí podemos concluir, en todos estos años de observación, que es un hecho determinante. La incapacidad para reconocer algún mérito en el rival político o en el adversario, o sea, todo lo que no sea el acólito. Pero eso ya es algo de lo que ya advirtió el evangelista Mateo: «Si solo queremos a nuestra familia o a nuestros amigos», ¿ Eso qué merito tiene?
En 30 años de «Medallas de Oro Melilla«, ya hay datos inexplicables, como que instituciones y organismos diversos, acumulen más medallas que melillenses reconocidos. Una buena práctica sería, dado que solo se pueden conceder dos medallas anuales (algo que se ha incumplido en ocasiones), sería reconocer a una institución y a una persona. Lo que debería también procurarse, salvo en circunstancias excepcionales, es que la máxima distinción de la Ciudad, se otorgue en vida. En caso de fallecimiento, y a título póstumo, la distinción debe concederse en un plazo máximo de dos años. Al menos es lo que prescribe el reglamento. De lo que no dice nada es acerca de que la medallas puedan acumularse. Solo la UNED ( 2003 y 2025), y la Comandancia de la Guardia Civil (2004 y 2009) tienen dos. Un solo colegio, el de La Salle-El Carmen, y los regimientos militares de Ingenieros, Regulares y Artillería, pero no el Tercio, lo que resulta extraño. El Cuerpo Nacional de Policía (2006) también la tiene concedida. El Rey Juan Carlos la tiene concedida desde 1997. Solo tres mujeres han sido reconocidas a lo largo de estas tres décadas, Pilar Muñoz (2007), Carlota Leret (2020) y Carmen Perea (2025).
Existe otra anomalía importante, y es que en al menos 4 años (1996, 1999, 2001 y 2002), no se concedió ninguna medalla de oro. Las razones sólo puede buscarse en las convulsiones políticas de aquellos años. Ningún presidente autonómico, o político relevante, ha sido reconocido con esta distinción. Todos los centros institucionales, como las comandancias militares han obtenido la máxima distinción melillense, pero la Delegación del Gobierno nunca, ni siquiera en los años en los que existía la monocromía.
La medalla a Mustafa Arruf
Surge la cuestión de reconocer a título póstumo a Mustafa Arruf, uno de los escultores melillenses con más proyección nacional e internacional, y que al menos tuvo la oportunidad de disfrutar en vida, de reconocimientos y honores artísticos, como una avenida con su nombre, algo que pocos han conocido, porque el Poder suele ser cicatero en reconocimientos. La cuestión es complicada, sobre todo si la opción que se propone resulta ser la alternativa del diablo, o sea, una propuesta que esconde una trampa.
El querer denominar con su nombre a la Escuela Municipal de Enseñanzas Artísticas, y sustituir un nombre consolidado como el de Enrique Tierno Galván, sobre todo cuando el reglamento de honores y distinciones dice que: «debe evitarse en lo posible, sustituir unos nombres por otros». Creo que ni siquiera al propio Arruf le resultaría grata esa opción. Entre otras cosas porque ello implicaría eliminar un busto del «viejo profesor», creado por otro artista melillense, nunca reconocido en lo más mínimo, como es López Yebra, lo que resultaría un agravio.
La cuestión sigue en el aire. De momento la dejamos abierta. Lo que hay que cuidar de Mustafa Arruf es su obra, y dar su nombre al Museo de Arte Contemporáneo, porque él dedicó muchos años y trabajo a Melilla la Vieja.
Al melillense Eduardo Morillas se le concedió la Medalla de Oro de la Ciudad a título póstumo en el 2021, con el VOTO FAVORABLE de TODOS los partido políticos, cosa que no ha ocurrido cinco años después con el melillense Mustafa Arruf.
El peligro es que su obra desaparezca de las calles. Ya casi ocurrió una vez.