El VI Recinto de Melilla


La puerta de la ciudad desaparecida

  La niña le miró a los ojos y con una voz casi inaudible, salvo para unos oídos acostumbrados, dijo: – Padre, a veces veo muertos-. Sin inquietarse lo más mínimo, le preguntó: – ¿Dónde, hija? – En el sexto recinto-, fue su lacónica respuesta.  Le pasó cariñosamente la mano por la cabeza, y él afirmó: -«Eso es imposible, mi niña, solo hay cuatro».

   En el año 2012 se iniciaron las obras del centro tecnológico,  en total desconocimiento de lo que pudiera encontrarse bajo el suelo. Esto lo escribimos en el Alminar en su momento.  Solo la insistencia,  en solitario, de este blog, forzó la conservación de ese paño de la muralla del fuerte de San Miguel,  a la que el Cronista Antonio Bravo, denominó como «camino cubierto de San Miguel «. Desde ese año, el resto del fuerte histórico de San Miguel y del Rastrillo de Espadas,  se han ido deteriorando sin remedio,  ni solución. El lugar tiene un inconfundible y penetrante olor a orina y heces humanas.

La línea de defensa en 1700

  La línea de defensa en 1700, año de la muerte de Carlos II, el último Austria español,  la constituía el baluarte de San Fernando y el foso de los Carneros. Pero la línea de defensa es también la de ataque. Los españoles intentaban alejar lo más posible esas líneas de defensa y también ganar terreno para huertas.  La Guerra de Sucesión dejó a Melilla y su defensa en un 2⁰ plano político,  y en manos de la intuición de sus alcaides y gobernadores. Por fortuna para todos,  estábamos en manos de las mejores cabezas, como Blas de Trinchería, o Martín Zermeño.

  La zona se conquista y edifica a partir de ese año, y estará culminada para 1717, cuando los rifeños asedian el fuerte de San Miguel,  pero sin éxito.  Este fuerte, que quedó arruinado, se edifica a su vez sobre las ruinas del fuerte de San Marcos, que por entonces era solo un amontonamiento de piedras y barro. Suponemos que todo eso se produce sobre el nivel de suelo conocido, en donde están los restos de los muros actuales y los del Rastrillo. Entonces, ¿ Qué es lo que vemos a tres metros bajo el suelo?

  La ciudad desaparecida

  San Miguel, San Carlos, Victoria y Rosario son fuertes que se extienden hacia la cota alta de la colina o cerro de la Alcazaba, zona recurrente de hallazgos arqueológicos,  y enterramientos humanos,  que jamás se han mostrado a los melillenses.  Todos esos fuertes se edifican sobre el nivel de suelo existente, que es el que vemos, porque nadie entierra un fuerte defensivo.

  Aquí vemos lo que pudieran ser muros anteriores a la presencia española, cimentaciones de muros. También podría tratarse de túneles y galerías,  pero entonces para nada servirían las puertas y ventanas que hemos visto bajo tierra.  La ausencia de noticias ratifica que lo descubierto no está en los mapas, ni estaba en las previsiones, como pasó en la iglesia de La Purísima.

  Cada día aparecen noticias sobre descubrimientos arqueológicos en cualquier ciudad española que se encuentre en obras. En Melilla no se comunica ni pública de forma oficial  nada, ni pasados los años, como los silenciados muertos del IV Recinto. Este es el VI, el que está bajo tierra, y que todavía no existe. Entre muro visible desde el exterior y la construcción oculta, existe una zona de sedimentación de terreno, lo que llevaría a una datación muy diferente entre la parte alta y la baja, de al menos dos siglos, si no más. Las ciudades se superponen, y unas construcciones se levantan sobre otras anteriores. Esa es la ley de la Historia.

Han pasado 13 años desde el primer hallazgo, el de la aspillera. La zona histórica está en una estado ruinoso y maloliente. Imaginamos que se esperaba que todo se viniese abajo por la propia inercia, pero esto ya lo cambia todo. Esta zona registró dos siglos de combates, los vestigios, incluso humanos, deben ser abundantes.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/04/11/hallazgo-en-el-fuerte-de-san-miguel/

Reflexiones desde el barranco de Cabrerizas


Alguien, mucho antes que nosotros

Alguien, mucho antes que nosotros, talló este sílex, pero no lo traían de aquí, sino de la colina del Sílex y la de los Talladores. Estamos hablando de unos mil o dos mil años antes de que la primera expedición fenicia arribara a nuestras costas, al valle de Melilla. Se pueden entender las razones por las que nadie se tomara, en el pasado, la molestia de conocer quién estuvo aquí antes que nosotros. Lo que no se puede comprender es porqué no se hace ahora, cuando son muchas las referencias históricas, y también los indicios sobre el terreno. Se ha buscado el neolítico por toda la periferia, inlcuidos los islotes, pero nunca sobre la propia ciudad.

Lo que está sucediendo en el Barranco de Cabrerizas es «el eterno retorno de lo mismo». Repasando en el origen del Alminar, hace 14 años, encontramos este artículo dedicado a esta zona singular, asombrosamente virgen hasta el mes pasado. Es el 4º artículo de la ya larga historia de este blog (https://elalminardemelilla.com/2011/05/08/el-barranco-de-cabrerizas/ ) Volvimos a recordar la existencia de un proyecto de urbanización para 400 viviendas en la zona, en aquel año y que por diversas circunstancias cayó en el olvido. Sin embargo, no hay idea de construcción que se abandone, por muy descabellada que sea. En la salida de este barranco están las calles de la Cal, Granito y Mármol, y enfrente la urbanización de Tadino de Martirengo y la huerta Embarek.

Los pobladores del barranco de Cabrerizas

Desconocemos los nombres antiguos de la geografía de la comarca de Melilla, incluido el del río de Oro, así que rebautizaremos todos los cerros, salvo el de Camellos y Cabrerizas. Tenemos pues el del Sílex o Constitución, en donde se hallaron estructuras compatibles con asentamientos de la Edad del Bronce, y del que queda solo un pequeño resto, pero suficiente. Lo más significativo y mantenido hasta la fecha, es el barranco del que llevamos escribiendo desde el origen del Alminar. ¿Por qué se ha mantenido hasta ahora? Pues porque se trata de un barranco, con laderas a Hidúm y Cabrerizas, y es muy difícil urbanizar sobre él, y porque hasta hace unas décadas la parte alta era zona militar. Su mayor deterioro se ha producido en los 5 años anteriores, con la invasión del terreno para el vertido de escombros. ¿Quiénes serían los pobladores de los cerros? Probablemente serías pequeños grupos familiares dedicados a la recolección, caza y pastoreo, pues se encuentran siempre restos de animales en los mismos lugares en donde aparecen restos de utensilios de factura humana. Un producto seguro de la zona era la miel, que ya aparece en algunas monedas, el otro era la cañailla, del que se obtenía el color púrpura, muy buscado por los exploradores fenicios. No hay artefactos de metal, o al menos no han aparecido, y el elemento más significativo para la talla, es el sílex u oro neolítico. Esa es la franja en la que nos movemos, o sea, entre 2 y 5 mil años atrás. Hay cuevas y oquedades en el barranco, algunos todavía tapados, que podrían haber servido como habitáculos humanos y de animales, que han estado en uso a lo largo de 4 mil años.

¿Qué otros indicios existen? En la parte media del barranco, por debajo de la zona más plana, entre ambas laderas, existe un muro de piedra seca para contener el terreno, que no tiene que ver con la obra más reciente, de piedra basáltica del Gurugú. Parece un muro para sostener un antiguo camino o calzada, y está macizado con el terreno, lo que indica su antigüedad. No es algo reciente, porque no presenta similitudes con lo anterior existente. Es piedra muy amarilla, caliza traída de otro lugar. Todo eso parece haber aflorado recientemente y está en dos niveles distintos. También hay huesos de animales grandes, y multiples fragmentos cerámicos, y de lascas de sílex de clara fragmentación humana. Y esto solo es una vista sobre el terreno, con una prospección simple. Todo este entorno debe ser conservado y analizado convenientemente, de modo científico y bajo la tutela de universidades. La verdad está ahí fuera.

El melillense antecesor


La historia en el barranco de Cabrerizas (Enrique Delgado)

Cazadores, recolectores, nómadas o sedentarios. Durante miles de años la lucha por la supervivencia humana no admitía contemplaciones. Cualquier circunstancia imprevista podía significar la aniquilación individual o colectiva. El asalto a otro grupo o tribu debía ser un procedimiento habitual. Una característica que sorprende en los poblados humanos de la Edad del Bronce, es la gran envergadura de sus murallas de defensa y delimitación. Esa cronología aparece por primera vez en La Ciudad Antigua de Rusadir (1991), obra de Enrique Gozalbes Cravioto: «hace algunos años aparecieron en la barriada melillense de la Constitución restos de cabañas datables en la Edad del Bronce»(3000 AC.). Antes que él, también habían estudiado la zona y escrito sobre ella Paul Pallary, Angelo Ghirelli y Carlos Posac Mon. El eminente profesor Gozalbes reeditará la Prehistoria Norte Marroquí de Ghirelli, en edición del Archivo General de Ceuta en 2018, que se convertirá en su obra póstuma. Todos los autores y estudiosos coinciden en manifestar como evidente la presencia humana antecesora en el entorno del campo de Melilla, así como en la propia ciudad.

Sin embargo, esa evidente presencia coincide con la notable ausencia de restos, salvo las manofacturas de herramientas de silex, el gran material neolítico por excelencia. Solo una notoria presencia humana en la región melillense, explica el establecimiento de una factoría o colonia fenicia hacia el 1000 aC., siendo los primeros de los que dará cuenta la historia, pese a la ausencia de hallazgos significativos. Los fenicios son los inventores de comercio, pero ni escribían ni daban cuenta de sus rutas y localizaciones, para mantenerlas en secreto. ¿Qué cosas podían intercambiar con los nativos melillenses? No hay respuesta posible, según el profesor Gozalbes Cravioto. Podríamos especular con que podrían abastecerse de agua, abundante en la comarca, buscar refugio, productos alimenticios, dada la fertilidad de las tierras circundantes. Todo lo demás, el emplazamiento de Rusadir en el peñón calcáreo de Melilla la Vieja, o de las tribus circundantes no está seguro, salvo una zona, el poblado antiguo de Cabrerizas.

La ciudad y los cerros

Sin embargo, la orografía de la comarca, la tupida vegetación mediterránea, los cerros y los arroyos, favorecerían esa presencia humana, necesaria para el establecimiento del comercio. Al menos la zona de la Constitución, Camellos, San Lorenzo y Cabrerizas sí han aportado vestigios de asentamientos de población. La remoción del terreno por las necesidades de la guerra, y la construcción de líneas de ferrocarril modificaron todo el entorno hasta hacerlo irreconocible. Los hallazgos se iban sucediendo en modo paralelo a su destrucción y laminado. En varias ocasiones han aparecido enterramientos, incluso en los años inmediatamente anteriores, pero seguidos de su ocultación absoluta. No hay informes de datación de los mismos, o fotografías consultables . Supuestamente están en el Museo Arqueológico Nacional, pero no hay información disponible sobre los mismos.

Los cerros ofrecían dos cosas, la primera seguridad, la segunda vigilancia. Cualquier movimiento en el mar era inmediatamente detectado y la población podía esconderse de oleadas no amistosas. Cualquiera que suba a una de ellos y mire en dirección al mar, se dará cuenta de la imposibilidad de acercarse a Melilla sin ser detectado. Además, las formaciones calizas que conforman el territorio melillense ofrecían la posibilidad de ampliar y ocupar las oquedades naturales, que servían de refugio ocasional e incluso de habitat.

El Neolítico en Melilla

El profesor Enrique Gozalbes escribió el único libro sobre historia antigua de Melilla, y en él se lamenta sobre el poco interés en documentar un tiempo todavía desconocido, en la historia de la ciudad. Se trabaja sobre todo lo escrito con anterioridad, sin aportar hallazgos nuevos. Apenas hay nada sobre la parte que más interesa, la ciudad púnica, pero el vacío es enorme en todo los que puedea hacer referencia al «antecesor melillense», que está ahí desde el 4000 AC., sin arriesgarse demasiado. Un hacha de piedra, una lascas, algunas puntas de flechas, unos pocos utensilios y ya está.

Sin embargo, el barranco de Cabrerizas constituye la zona menos batida por la guerra y el urbanismo. Si se le recorre de abajo a arriba, sin mirar la obra moderna, podemos imaginar que vemos un panorama parecido al que vieran los nativos melillenses. Existe en el barranco un elemento fundamental, las cuevas neolíticas, excavadas a lo largo de los siglos. El tallado de las mismas albergan las pruebas de su factura y de su antigüedad. Aparte está la enorme cantidad de material disperso y a simple vista. Con una excavación científica, los datos surgirían por centenas. Incluso existen cuevas ocultas a la vista, y prácticamente sin alterar. Ya en época moderna, José María Tomassetti Guerra, publicó en 1996 un estudio sobre Las industrias líticas de Sidi Guariach, dentro del entorno de Melilla.

Un terreno abierto siempre descubre y muestra sus secretos. El antecesor está ahí, los restos de sus útiles labrado lo indican claramente y señalan en su dirección.

Gobernador 2022: El final


Para que todo quede claro desde el principio, diremos que este yacimiento fue abandonado en 2012, y dejado a su suerte, así como el edificio entero. Se albergaron muchas esperanzas de encontrar algo significativo aquí, pero sin que nadie diese explicación alguna se abandonó hasta el edificio, que en la actualidad es pura y dura ruina. Ya no hay tiempo ni para lamentarse. Toda la calle de San Miguel está deshabitada, bueno, toda no. En el edificio del Gobernador de la Plaza de Melilla hay vida, pero de desclasados. Todas las tardes, al caer el sol, los habitantes nocturnos saltan la verja, con considerable riesgo para su integridad física. La ropa puesta a secar, e incluso la basura, prueban lo que decimos.

Todas las semanas algún vecino conocido nos alerta para que subamos a comprobar el estado de la ciudad vieja con nuestros propios ojos. Los vecinos residentes en las calles y casas colindantes a la desolada Área 51, vigilan para que nadie se asiente en el primer barrio de Melilla, el de Medina Sidonia.

La selva, la maleza, la basura y todo tipo de sedimentos cubren toda la superficie del mítico yacimiento melillense, y también el único, desde una punta hasta la otra. Incluso la nueva zanja también se ha llenado de maleza. Lejos de encontrar la Rusadir fenicia, lo que parece que apareció fue un depósito de ánforas y de loza rota, junto a cimentaciones medievales, y resto de muros de época romana, o ese decían. De lo que tampoco hemos vuelto a saber nada es de los miles de fragmentos cerámicos y otros utensilios hallados a lo largo de los años de excavaciones. No están expuestos, catalogados, digitalizados o clasificados en lugar alguno.

Después de 11 años de vigilancia, observación y visitas, ninguna con permiso, porque nadie nos facilitó nunca nada. Todo ha sido gracias a la colaboración ciudadana, que nos ha abierto puertas, ventanas y tejados. Así pues y pasada una década, concluimos aquí las expediciones al Área 51, que tantos momentos de gloria nos ha dado.

Solo damos fe del desastre y del fin. Recuperar el edificio del Gobernador costará un potosí, y desbrozar toda es maleza, firmemente enraizada en el suelo, liquidará muros, y cualquier otra cosa que pudiera quedar. En los alrededores sólo hay ruinas y abandono. Pero todo esto ya lo harán otros.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2022/03/13/en-la-casa-del-gobernador/

En la calle Alta


En la calle Alta de Melilla, junto al Archivo Histórico, se perpetró, hace dos décadas, una de las mayores falsificaciones históricas de la ciudad, al convertir un puente viejo, que no medieval, en una ficha de juego de Exin Castillos.

No podemos llamar Edad Media a ningún periodo histórico de la ciudad, porque en el mundo musulmán no existió esa etapa y los cristianos llegaron con el Renacimiento. Por eso no se puede llamar medieval a nada existente en nuestra ciudad vieja. Melila se reedifica sobre y desde la antigua ciudad califal, administrada por el Reino de Fez.

Museo histórico de Melilla

Visitarlo produce desolación, tanto por la escasez de lo expuesto, como por la descompensación de las etapas históricas, que no permiten hacerse una clara idea de la evolución de la ciudad. Hay muy poco expuesto. Los hallazgos escasean, y si los hay, se ocultan. En este blog descubrimos la existencia de una piedra tallada con el. nombre de Carlos I, a la que no se dio importancia alguna. Desde 2016 se sabe que existe un arco ojival de piedra tallada, dentro de la Iglesia de la Purísima Concepción, y nadie se atreve a interpretarlo. Nosotros lo haremos.

La casa de la calle Alta

¿Qué pasa en esa casa? Nada, y ese es el problema. La parcela de una antigua casa ya desaparecida, está siendo preparada para una nueva edificación. Es una zona de máximo interés arqueológico. En un vistazo superficial, lo único que podemos hacer, comprobamos la existencia abundante del «ladrillo rojo», junto a la piedra caliza y otros materiales modernos. En el suelo podían observarse fragmentos de tejas, iguales a las tres tejas árabes que el Museo nunca ha vuelto a exponer, y de las que tenemos localizadas varias, dentro de las murallas de Melilla. La parcela tiene lo que se denomina «potencia arqueológica», o sea, que hay varios metros de suelo bajo la supercie visible.

¿Hay algún plan para excavar este solar antes de edificar? Lo desconocemos. Algunos saben, pero nadie contesta. La información emitida sigue siendo casi nula, en el Área 51 melillense. Desde El Alminar seguimos vigilando.

Luz sobre la Iglesia Patronal


    La arqueólogía ejercida por profesionales es como hacer una autopsia sobre la historia. Saca a la luz todo, porque cualquier tiempo y acción humana queda escrita sobre las piedras. Ese es su lenguaje, el de las piedras. La arqueología muestra cualquier intervención anterior, tanto los errores como los aciertos.

  En edificios tan antiguos como la Iglesia Patronal de la Purísima Concepcion, la opción documental no puede ser la fuente única, porque no todo se refleja y data en archivos y libros. Hay reformas olvidadas o que nunca fueron anotadas. Por eso no hay que tener miedo al error, o a la imprecisión, porque siempre puede aclarase todo y arrojar luz.

La Consejera de Educación, Cultura, Festejos e Igualdad, Elena Fernández Treviño, ha visitado hoy la excavación de la Iglesia de la Purísima, que tutela y lleva a cabo el Ministerio de Cultura. Esa es la razón por la que el pasado día 11 llegó hasta Melilla el Ministro Miguel Iceta. Desde 1996 no habían vuelto por aquí arqueólogos profesionales. Antes solo estuvieron en 1931, y la realidad es que se habían realizado muchas obras menores, que habían ocultado la historia y la realidad pasada del templo. Por eso la memoria y la historia se pierden y nadie,  a día de hoy, conoce la forma de acceder a la denominada como «cripta de los gobernadores de Melilla».

   Salvo en su fundación, toda ciudad se construye sobre otra. Los edificios se superponen. Los castillos se levanta sobre las alcazabas. Las iglesias suceden a las mezquitas, y unos templos a otros. La iglesia primigenia de san Miguel existió, está datada documentalmente, pero se desconoce su emplazamiento, como el templo de la Victoria extramuros. Esto es lo que puede dilucidar una excavación.

  El primer Cronista de Melilla, Fernández de Castro, halló la datación documental del templo, pero no pudo encontrar su huella física. El templo Patronal, erigido en 1560, está muy modificado con respecto a su planta original. El historiador religioso José Luis Blasco, rescató todo ese trabajo documental en una publicación de 2000.  A partir de ahí, y desde 1996, todo siguió en la misma oscuridad, y si el historiadot o investigador original comete un error o imprecisión, todos los que le sigan también lo harán.

En 2017 se rehabilitó el templo, aparecieron accesos, puertas y ventanas olvidadas, o tapadas por posteriores reformas. En cada reforma del pasado se anotaba lo que se hacía, pero no lo que se tapaba. Algunas veces ni una cosa ni la otra. Luego ya todo quedó mezclado.

    La excavación de 2022

  Es la primera del siglo XXI. Si hay algo aparecerá ahora. Cada día se anota todo en el diario de excavación y además se fotografía cada área, para luego poder acreditar la evolución. Si se saca algo al exterior, es escombro mil veces revisado, o material sin valor. En lo que hay garantía de antigüedad, ya sea poca o mucha, se guarda dentro del recinto del templo. Son las normas de una excavación. La actual está dirigida por el arqueólogo malagueño Rodrigo Álvarez.

Es algo inédito. Será largo, porque hay que remover cada m³. Pero al final se sabrá todo y ya no habrá más conjeturas. El mundo se. asombrará y el templo volverá a su culto. Nota:https://elalminardemelilla.com/2016/05/09/la-evolucion-del-templo-patronal/

Las criptas perdidas de La Purísima


En 1996, en unas excavaciones promovidas y patrocinadas por el Ministerio de Cultura, de la que se daba cumplida cuenta de todo lo hallado, apareció una cripta junto a la capilla del Nazareno, en el lado del evangelio. En dicha cripta (3x3m), a la que se accedía por una escalinata, cortada por el muro de la nave, se encontraron 6 nichos, en los que no se hallaron restos significativos. En la restauración de la iglesia de 2016, se volvió a acceder a esa cripta, y esta vez sí hallaron una cantidad significativa de restos humanos, que fueron almacenados en sacos, y vueltos a dejar en el lugar, porque al ser un «enterramiento en sagrado» no pueden sacarse de su ubicación.

La leyenda y los conocedores de la Iglesia, dicen que se trata de defensores de Melilla, fallecidos a lo largo de los siglos. En 1996, la arqueóloga Manuela Barthélemy, descartó que se tratase de las tumbas de los Gobernadores de la Plaza, ante la ausencia de lápidas y otros elementos conmemorativos.

Se aclaró un misterio pero permanecieron otros, como los accesos perdidos a las criptas de Las Ánimas y a la de La Divina Pastora. De existir todavía las criptas y los accesos, estarían bajo ellas, pero eso no quiere decir que las entradas o la entrada estén ahí. Es un templo muy reformado, batido por los terremotos, y en el que se ha ido edificando constantemente. Muros y ampliaciones han transformado los accesos. Mediada la década de 1950, bajo la supervisión del entonces Cronista Mir Berlanga, se produjo el gran vaciado de las criptas. Los testimonios de la época, mantenidos solo por la memoria, refieren la salida de decenas de camiones y de cientos de sacos con restos humanos, camino de las fosas comunes del cementerio de La Purísima. Entre 1952 y 1954, se vació la llamada cripta del patio o de la Tahona. Hay nombres que se entrecruzan porque entonces nadie daba explicaciones de nada. Algo que también sucedería después, e incluso ahora. Todo lo vaciado se rellenó con escombros, de ahí la aparición de lápidas antiguas al levantar el suelo actual

En 1996, según el informe de las arqueólogas del Ministerio, detrás del Altar mayor, y en la sala de utensilios y reliquias de La Patrona de Melilla, se encontró una gran piedra blanca, que podría corresponderse con la entrada a la cripta de los Gobernadores, que por su importancia institucional , sí podrían estar bajo el referido Altar. El posible acceso estaría en la habitación conocida como camarín bajo. Julia Artal, subdirectora general del Ministerio, envió el informe a las autoridades competentes de Melilla.

La clave está en que entonces se excavó hasta un máximo de 1 metro de profundidad, y lo buscado ahora, que es lo mismo, debe estar entre esa cifra y los 3 metros. ¿Cuál es la profundidad máxima que ha autorizado el Obispado? ¿Quién está a cargo de la presente excavación? ¿Arqueólogos del Ministerio, locales? ¿Quién dirige esto? ¿Por qué se ofreció una información tan ambigua durante la visita del Ministro Iceta?

El método Schielemann

Troya estaba en donde dijo Homero, pero la comunidad académica le llamaba «el viejo embustero», así que el mecenas alemán Schielemann decidió utilizar dinamita en la colina de Hisarlik, para ahorrar tiempo y dinero, pero encontró Troya, aunque no la que buscaba. Las ciudades y los edificios se superponen a lo largo de la historia. El asunto es que ahora hay limitación de tiempo y de dinero. Si se encuentra algo se excava más, y si no se encuentra nada, se cierra todo. El Obispado no quiere más iglesias cerradas en Melilla, y la de La Purísima lleva cerrada desde el año 2017.

La aparición de los escalones de mármol, labrados a mano y datados en el siglo XVII, en el contenedor de escombros perfectamente cortados, hace pensar, porque no hay información, que se va con prisas. Hay que despejar todo lo antes posible y encontrar el acceso a las criptas, si existe todavía.

Pero la clave, repetimos, está en el límite de la excavación. De 2 metros arriba, difícil. Entre 2 y 3 metros, posible, pero hay que tener suerte. ¿Cuánto tiempo y profundidad permite el obispado? Son ya muchos años dándole vueltas a lo mismo.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2016/10/23/la-iglesia-descarnada-de-la-purisima/