La peste negra


              La peste negra fue una gran pandemia que azotó Europa durante el siglo XIV  y que acabó con gran parte de la población europea. Sus causas fueron atribuidas entonces a males divinos. La peste negra son en la actualidad los derrames de petroleo en los mares y la contaminación, pero acotando aún más el término, quiero referirme al cambio de aceite de automóviles en plena calle, vaciando  el contenido en el primer lugar que se encuentra a mano. Esto que muestro está sucediendo en el llamado polígono industrial de Melilla, un ente desordenado y caótico que dista mucho de ser lo que en un principio se imaginó, o esperó de él. Este derrame de aceite usado sobre las jardineras, se está produciendo detrás del complejo municipal de petanca. Toda esa calle es utilizada como talleral aire libre  por mecánicos free lance, que se buscan la vida de esa forma. Melilla entera está llena de actividades desreguladas. Lo primero es que esa situación no debía producirse, pero claro, uno es muy libre de decir que el aceite del coche se lo está cambiando un amigo, o que le están realizando una reparación de urgencia, por alguien que entiende de eso. No sé que normativa se puede estar infligiendo en esta caso, aparte de la de verter aceites industriales en la vía pública.  Es una situación parecida a la de la venta ilegal de productos perecederos en El Rastro o a la actividad de los taxis piratas. En algunas de sus actividades, Melilla ya se parece  más a la Isla de La Tortuga, que a una ciudad perteneciente a la Unión Europea, pero enclavada en África. A veces se hace difícil distinguir si somos la puerta de Europa o su salida. Son cosas que uno ve cuando pasea por Melilla, o tra sbuscar aparcamiento en la zona para acudir al popular «Rastrillo del Real».

El árbol gordiano


             Cuentan que en el año 333 aC.,  Alejandro Magno  atravesaba la actual Turquía para enfrentarse al Imperio Persa, cuando se enfrentó al problema del «nudo gordiano», que era un tipo de lazo especial con el que un campesino de Gordion (Anatolia), ataba a sus bueyes y que nadie más podía desatar. Temeroso por no solucionar la atadura y no pudiendo perder más tiempo en solucionar el enredo, el gran Alejandro desenvainó su espada y cortó el nudo por la mitad, deshaciendo para siempre el enigma. Desde entonces, cuando alguien adopta una decisión semejante para soslayar un problema real, se le dice que ha deshecho el nudo gordiano.

         Algo parecido ha sucedido en la calle Mar Chica y la intersección con la calle Valencia, en donde unos operarios llevan varios días llevan varios días trabajando para adaptar las esquinas a la accesibilidad de personas discapacitadas.  La empresa concesionaria de la obra tenía que enfrentarse a tres problemas; la accesibilidad de los bordillos, dejar sitio para la ubicación de contenedores  y el árbol.  La complejidad de la operación, con tres factores a tener en cuenta, les llevó a arrancar el árbol de cuajo, o sea, una solución gordiana, la que menos esperaban los vecinos de la zona, la más sencilla, que es agresión medio ambiental. Hace no mucho tiempo, en unas obras de adecuación del jardín trasero del tanatorio de la ciudad, se adoptó una solución similar y se podaron de raíz varios eucaliptos con muchas décadas de existencia. La denuncia partió, como siempre, de un ciudadano.

                                 Sin respeto al calendario laboral

           El calendario laboral es una norma de obligado cumplimiento pactada entre los representantes de los trabajadores y de las empresas. Esta obra no se detuvo ni el día 6 de diciembre (festivo), ni el día 8, también festivo, pese a que eran días no hábiles en el calendario laboral del presente año. Llevan dos semanas alterando la paz del vecindario, cortando las losas con las radiales a partir de les tres de la tarde, o con el generador eléctrico constantemente encendido. Los trabajadores no son responsables de nada. Debería existir una vigilancia por parte de las Consejerías encargadas de las obras y de la Inspección de Trabajo, que es la encargada de velar por el cumplimiento del calendario laboral.

Las garitas de Valenzuela


 

     Aquí estuvo el acuartelamiento de una Bandera del Tercio, creo que la 3ª, denominada como Valenzuela. Desde hace más de 20 años es un solar abandonado y vacío, que fue objeto de especulación sobre el suelo. En sus terrenos han llegado a proyectarse varias decenas de centros comerciales, pero sigue sin hacerse nada. Es una inmensa zona abandonada. Todo los males que han llevado a este País a la postración económica, moral y política en que se halla, tiene aquí su ejemplo. Era un solar de titularidad estatal, que a través de varias ventas y reventas acabó en manos privadas. Ahora pertenece a la firma John Lang Lasalle. Hemos hablado en El Alminar de este caso. Ahora solo nos interesa el estado ruinoso y peligroso del muro.

     El muro de Valenzuela ya no protege nada. De hecho fue derribado casi en su totalidad y solo quedan en pie dos segmentos, que representan una molestia y un peligro.  Su estado es de ruina, incluso peligrosa en lo que respecta a las antiguas garitas de vigilancia. Debería ser derribado en su totalidad, lo que aumentaría la visibilidad del solar y favorecería la vigilancia del entorno. Así el muro no serviría de parapeto a ninguna actividad oculta. Además, resulta molesto, porque obliga a recorrer la calle completa si se quiere llegar hasta las inmediaciones de Beni Enzar. Esta incomodidad, ha llevado a que se aproveche un agujero en el mismo, que ha sido ampliado hasta servir para las funciones de puerta, que atraviesan muchas personas y porteadores de mercancía, que desean acortar trecho, con el consiguiente peligro de derrumbe. En cualquier momento puede caerse sobre alguien que lo esté atravesando.

          Los grafiteros le dieron un toque artístico al muro, con unas curiosas y adecuadas pinturas. Un poco más abajo están los restos de lo que fuera la mítica «posada del Cabo Moreno», toda una leyenda melillense.

         PD:  https://elalminardemelilla.com/2011/05/29/la-gran-superficie-de-melilla/,  https://elalminardemelilla.com/2012/02/09/el-gran-satan-de-la-gran-superficie-de-melilla/. Hay varias entradas más sobre este tema, a lo largo y ancho del Alminar.

El barrio de la incineradora


                                  La vida en el Cerro de Horcas 

         Ya habíamos hablado de este barrio, o grupos de casas que se encuentran al lado de la incineradora de residuos urbanos. Los temas siempre se relacionan y esta va unido al anterior.  El antiguo barrio del Carmen o de las canteras es el que está por encima del cementerio y se pobló a partir del año 1900. En un principio, junto a casas insalubres, la gente habitaba las cuevas naturales, de las que había decenas, las cuevas moras de las que también hemos hablado. Eran los años del inicio del Protectora español, cuando España se atrevió a desarrollar el Rif, teniendo gran parte de su población en el mismo estado de subdesarrollo en la ciudad de Melilla. En El Telegrama del Rif pueden verse muchos artículos relatando las penosas condiciones de vida de parte de la población melillense. Eso era en 1912, pero 100 años después, la vida ha cambiado muy poco en este grupo de casamatas.

                                       Retorno al pasado en Melilla

           Es difícil que en Melilla, en 2012, exista un entorno así, en la ciudad de los proyectos faraónicos, la que paga 700.000€ anuales por el leasing del Teatro Kursaal, la que imagina ampliar su puerto hasta el infinito, la que quiere construir 1550 viviendas más. Esta incineradora es de la época de Ignacio Velázquez (1996), y en todo ese tiempo se ha sido incapaz de sacar este grupo de 12 familias de este lugar. Claro que por aquí no viene, ni pasa nadie, ni siquiera en elecciones. En este lugar no se inaugura nada, no hay obras de acondicionamiento de calles, porque sencillamente no existen. Es uno más de los barrios olvidados y que no se sabe si estará incluido en el desarrollo de los distritos 4º y 5º, aunque es probable que ni siquiera estén.

           El ruido aquí es constante, durante 24 horas, tanto de día como de noche. El monstruo de la incineradora ruge a un ritmo constante y enloquecedor. Además está los ruidos de los camiones al entrar y salir del recinto, la descarga de su infecta carga, los olores, las enfermedades, la insalubridad, en definitiva, la inhabitabilidad absoluta. Enfermedades nerviosas, vasculares, epidemiológicas y gastrointestinales.

                Melilla sin modelo de gestión medio ambiental sostenible

          En este apartado hay que darle la razón a los ecologistas de Equo, de Guelaya y de la primigenia CEDENA (Colectivo para la Defensa de la Naturaleza). En Melilla no hay gestión medio ambiental sostenible. Apostar por el modelo de incineración de residuos es optar por un modelo caro, muy contaminante y sin futuro. No resuelve nada porque luego hay que almacenar y transportar a otro lugar, pagando por ello, las peligrosas y altamente tóxicas cenizas de la incineradora.  La basura está ahí siempre, solo que transformada. Además, un mes al año, la incineradora entra en parada técnica, pero la basura se sigue recogiendo y descargando. En ese mes, el hedor en esta zona es sencillamente insoportable.

             Pese a todo, el ser humano subsiste y se abre paso en cualquier circunstancia y condición. Aquí se ven pequeñas huertas, higueras silvestres o incluso rebaños de borregos. Lo que no tiene justificación es que la ciudad más derrochadora, tenga una zona así, a poco menos de 1km. del centro de la ciudad.

   Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/06/24/vivir-junto-a-la-incineradora/

Cuando el asfalto es puzzle


             No hay una sola calle en Melilla que esté en perfectas condiciones de principio a fin. El encadenamiento de obras, sin aparente coordinación, ha convertido las calzadas de la ciudad en una sucesión de obstáculos y dificultades para la conducción. Todo está lleno de costurones, de cicatrices y de remiendos. Baches, diferencias de nivel, rellenos de cemento, asfalto mezclado con cualquier otro material de parcheo. Un aspecto deplorable. Se acaba una calle y se vuelve a abrir pasados algunos meses y por el mismo sitio, si es posible. Si había asfalto se parchea con cemento y si había cemento se rellena también, hasta tal punto que el firme cede, se abren enormes agujeros, socavones y vuelta a empezar.

                  Esto ha sucedido en la avenida de La Marina española, en dirección a la Delegación del Gobierno. El pavimento ha cedido, tras semanas venciéndose, y se ha producido un agujero. Pasar por allí ya resultaba peligroso para las ruedas y para la seguridad del vehículo. La zona se ha acotado, porque el hundimiento en el último día convirtió ese punto en un lugar impracticable.  Las cosas nunca están tan mal como para que no puedan seguir empeorando y un poco más atrás, el estado del antaño «firme», hace presagiar un horizonte nada prometedor para la conducción.

               Es este punto de la avenida de La Marina española, frente a la Casa del Mar, el pavimento presenta tres características diferentes (cemento a la derecha, adoquinado en el centro y asfalto en la izquierda), o en situación inversa según hacia donde se circule.

El muro vencido


                         Puente del Ferrocarril de Melilla   

          Este antiguo puente del ferrocarril, acabado en 1925,  es una de los pasos más transitados de la ciudad, está claro que por lo ciudadanos y no por nadie del equipo de gobierno de Melilla. En coche no se suelen ver estas cosas.  Basta simplemente pasear, o trabajar en la calle, fijarse un poco, aunque no demasiado,  para ver y apreciar cosas,  que «la propaganda no ve, ni tampoco aprecia «. Este muro está totalmente vencido y separado de sus apoyos laterales y desde el mismo arranque. Si no está en el suelo es por la ley de las fichas del dominó, que precisan de una pequeña fuerza externa que las ponga en movimiento  y las haga caer una detrás de otra.  Un poco de agua más, una semana de alta oscilación térmica entre el día y la noche y  Catacrac, el muro se precipitará al vacío sin solución.

            Está claro que el muro es un añadido posterior que  debió sustituir a alguna barandilla u obra anterior, con el fin de  impedir la caída al cauce del río, justo por encima de lo que fueron unos pretiles de un puente que no llegó a construirse. Este puente, llamado del ferrocarril, fue construido por la Compañía Española de Minas del Rif, entre 1920 y 1925. La última reforma, la que lo abrió a la circulación peatonal y rodada, está fechada en 1992.

           Lo que no tiene respuesta, es como el estado del muro no ha sido advertido por los correspondientes servicios operativos, dado su peligroso estado. Los planes de empleo están próximos a iniciarse, y suele emplearse a mucha gente en la limpieza del cauce, por lo que el estado de este muro, supone una amenaza potencial. Cuando se caen las muros, la casas y causan víctimas, es por que en las etapas anteriores se ha fallado en la vigilancia.

Con las rotondas partidas


                                   El mal de la rotonda o rotondismo

          Se han extendido como una plaga por todo el mundo.  Si son grandes y amplias no suele haber problemas. Circular por ellas no es difícil. En Madrid se encuentran desde hace mucho.  Son plazas circulares o glorietas, grandes y espaciosas. En Melilla no hay espacio. Las rotondas suelen ser pequeñas, y en muchas de ellas se permite el aparcamiento,  lo que reduce la zona de circulación. Muchas son realmente un estorbo, y obligan a hacer giros muy forzados. En otras, situadas en un punto tangencial a la calzada de circulación, constituyen más una molestia que ayuda al tráfico rodado. La rotonda de acceso al Barrio del Tesorillo por la calle Fernández Cuevas, organiza unos embotellamientos en las horas punta, cuyos efectos se notan hasta la Base militar de Alfonso XIII.

      Un imprevisto, un exceso de velocidad de entrada, un coche que se queda parado en el momento más inoportuno y…BLAM, el golpe está asegurado y para empeorar las cosas, porque siempre pueden empeorar, algunas son de ladrillo, bien rellenas de tierra y entonces el destrozo sobre el coche es aún mayor. La mayor parte de los golpes en ciudades suelen producirse en rotondas. Algunas provocan efectos engañosos, pues el automóvil que circula en línea recta en dirección a la rotonda, puede pensar que el coche que circula por ella está más lejos y va más despacio, de lo que en realidad lo hace, produciéndose también alcances. Hay una potencialmente peligrosa, la de acceso al Puerto Deportivo, en la que se se produce una falsa sensación de línea recta, porque la rotonda queda muy a la izquierda, y no se ve el vehículo en giro, hasta que no se está encima de ella, lo que provoca bastantes frenazos y sustos.

   Notas:  https://elalminardemelilla.com/2011/06/15/el-rotondismo/https://elalminardemelilla.com/2011/07/13/la-mega-rotonda-de-alfonso-xiii/