El rotondismo


La rotonda del giro imposible

           El rotondismo es un mal que se está extendiendo por toda España y al que no ha sido ajena Melilla. Las dificultades para regular un tráfico cada vez más saturado, obliga a buscar soluciones que no solo sean “los semáforos” o la señalización vial normal, como el “stop” o “ceda el paso.  Sin embargo, la proliferación indiscriminada de rotondas, es a veces es más problema que solución, por mucho que contribuyan a la evitación de retenciones como las que se producían antes de ser instaladas.  También se recurre a la rotonda como vía rápida y no se buscan otras soluciones. Entonces se cae en el mal del “rotondismo”. Es un hecho que se producen bastantes accidentes por choques contra las rotondas , que algunas no estaban bien señalizadas, y que han tenido que instalar señales luminosas.

            La rotonda de la instersección entre la avenida de Los Reyes Católicos y la calle Carlos de Arellano, ha contribuido a evitar los colapsos que provocaba la regulación semafórica, pero está mal diseñada y obliga a unos giros de volantes “casi al límite” si se quiere circular por el carril adecuado y no invadir el adyacente.

         La rotonda de la calle Méndez Núñez está situada sobre una plaza demasiado pequeña, la del Callao, y aparte de cortar la visión sobre el Paseo Marítimo, estrangula los dos carriles de circulación de la calle, por lo que antes de acometerla, hay que tener cuidado de no cortarle el paso al vehículo que circula en paralelo, lo que obliga a una cesión previa de paso, antes de circular por la rotonda.

        La prueba de que se hacen las cosas precipitadamente, está en la rotonda de la calle del Gral. Pintos y la desembocadura de la calle altos de la Vía, que tuvo que ser rectificada tanto en tamaño, como en el de circulación, pues se impedía seguir de frente ( hacia la calle Alcalde Antonio Díez), en el carril derecho, hecho por el que fueron multados muchos melillenses. Al final se ha rectificado todo, tanto el tamaño, como la prohibición.

        Al menos se acierta cuando se rectifica, aunque no lo reconozcan jamás.

Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre los turbulentos y a permanecer tranquilo entre el estrépito del mundo.

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