Casa de los Cristales. ¿Esperando a que se caiga?


        

       La Casa de los Cristales, anteriormente Hotel Reina Victoria, se encuentra en un estado ruinoso, con actuaciones constantes por parte de los Bomberos, que cada vez cierran un mayor tramo de acera,lo que provoca el cierre de los negocios allí estabelecidos y el peligro para los viandantes que representa los posibles desprendimientos de los elementos decorativos y ornamentales. Nadie entiende en Melilla cómo se puede llegar a estas situaciones límite, en la que o es una responsabilidad clara de la propiedad del inmueble, o hay una falta de actuación contundente por parte de la Consejería de Fomento.

    Algo pasa, incluso la posible búsqueda de la ruina técnica del inmueble, que se produce a los diez años de haber solicitado la declaración administrativa de ruina, y si no se realiza ninguna acción en ese plazo, entonces sobreviene la declaración judicial de ruina técnica del edificio, contra la que ya no hay nada que hacer salvo el derribo. La zona frontal del edificio, que era la antigua entrada al Hotel, lleva cerrado medio año, porque se levantó la acera y todavía nadie ha sido capaz de arreglarla. La pasada semana, los Bomberos tuvieeron que cortar casi todo el lateral de la acera de la calle Sidi Abdelkader, provocando el cierre de los tres establecimientos situados en las inmediaciones.

      Es una realidad quqe cada vez se ven más edificios ruinosos en la zona Centro de Melilla y además de edificios emblemáticos, como el de la Casa de los Cristales. La excelencia (que también la hay), convive con la cochambre en el centro de Melilla. ¿ Se ha requerido ya a la propiedad para que solvente esta situación?, ¿ja abierto algún expediente la Conjería de Fomento sobre este inmueble?. Habría que actuar de modo rápido y eficaz en el caso de edificios emblemáticos.

Una zona infantil en colapso absoluto


                 Peligroso estado del travesaño del columpio

                   Han pasado sólo dos días desde que un ciudadano, desde un blog personal (La otra Melilla), lanzara la alerta.  El lunes, el propio «cuidador» del Parque Infantil llamaba a la Policía Local alarmado por el estado de una de lsa áreas de juego, que procedió a clausurarla. Ayer mismo, desde este blog, poníamos nombre a la causa que está devorando «el parque infantil», la carcoma. Por la mañana, los Bomberos y los servicios de inspección de La Ciudad Autónoma, cerraban otra atracción, la tercera de las cinco existentes en el parque.

                      Sin embargo, se les pasaba por alto el gravísimo estado del travesaño del columpio, completamente carcomido y a un solo paso del resquebrajamiento, a un sólo paso de que cualquier niño o niña salga lanzado mientras se mece en los columpios.

                     Todo un ejemplo de un tipo de gestión, que los ciudadanos han decidido que continue cuatro años más. Una gestión virtual, basada solo en la propaganda, que no resiste ser sometida a la realidad de las cosas. Una Gestión, en la que son los propios ciudadanos los que tienen que alertar, del estado de las cosas, mientras un gobierno esclerotizado y sin capacidad de reacción, absolutamente desgastado, ni siquiera es capaz de tomar la única medida que debe, la única medida sensata: «Cerrar el área infantil del Parque Hernández».

Un parque infantil en desuso


                 El parque infantil del Puerto Deportivo

           Una tarde cualquiera de Melilla. Todos los parques infantiles están abarrotados de niños menos éste, el que debía y debe mantener la riquísima Autoridad Portuaria de Melilla. Varias cosas han colaborado a este grado de abandono y desuso. Durante la mañana y hasta bien pasado el mediodía, el parque es un infierno solar. No se puede estar allí más de 1/2 hora sin correr el riesgo de insolación y por la tarde es demasiado umbrío, lo que no estaría mal, sino fuera porque justo a escaso metros han permitido la instalación de un local de «copas y karaoke» que tiene las puertas abiertas, y la música muy por encima de los decibelios admitidos por las ordenanzas contra el ruido de cualquier ciudad de España, excepto Melilla. Estar allí con el ensordecedor ruido de la música y el vocerío de los cantantes y de los usuarios es un ejercicio imposible.

            Que jueguen niños justo al lado de un lugar en donde se consume alcohol no es una simbiósis recomendable. Además, el local de comida «mejicana» que estuvo situado en las inmediaciones y en donde se celebraban cumpleaños y fiestas infantiles, ha cerrado o se ha trasladado de lugar, imagino que la causa ha sido la alteración del ambiente infantil provocado por la instalación del «karaoke».

           Por si estas no fueran razones suficientes para el abandono de este parque, «una  lumbrera» tuvo la genial idea de sustituir la valla de madera que separa la zona de los columpios, por este murallón de piedra pura y dura, con lo que el riesgo de que los niños acaben escalabrados se ha multiplicado. Y como puntilla a todo lo anterior, está el pésimo mantenimiento, que ya es un mal endémico en la ciudad.

¿ En situación de derrumbe inminente ?


              La antigua Casa de Oficios

        La Casa de Oficios de Melilla ya hace mucho que no existe, solo queda el solar, sus antiguos muros y unos pocos recuerdos. Estaba situada en las confluencias de las calles Villegas y Querol, haciendo medianería con la sede de Las Consejerías de Juventud, Educación y Mujer y tambien de las Escuelas Municipales de Música y Danza.       Es una zona muy transitada, por las mañanas por todo tipo de personas y por la tarde, sobre todo, por los niños y niñas de Melilla que acuden a sus clases musicales y de baile.

            El estado de los muros es de absoluta ruina y peligro inminente de derrumbe, sin embargo, nadie parece advertirlo, nadie de los que están encargados de esas cosas, parece haber emitido el más mínimo informe sobre la peligrosidad del estado de esos muros, que se están desplomando y como se puede comprobar en la foto, uno de ellos tiene ya perdida la verticalidad y no es un efecto óptico.

           En esa zona hay que intervenir ya, desde el mismo momento de la publicación de estas fotos, porque un día, pueden derrumbarse, ocurrir una desgracia y no se podrá culpar a la oposición o al recurso de CpM sobre el resultado de las elecciones, por no haber dejado formar el nuevo gobierno.

        El problema es porqué los encargados y legalmente habilitados para evitar que las cosas lleguen  a este estado, no intervinen, ni se dan cuenta de la situación tan peligrosa de estos muros.    Probablemente siguen viviendo en su mundo idílico, que luego el ciudadano no ve ni percibe por lado alguno.

Atrapados sin salida en El Real


              El tormento de las obras sin la planificación debida, lo sufrieron en el Monte de La Libertad, en el Bº de La Victoria y ahora le ha tocado el turno al Bº del Real. No parece que haya un planificación demasiado cuidadosa, pues en la calle Jiménez e Iglesias se había pintado completamente la señalización vial hacía poco tiempo, con  lo que al realizar una obra tan devastadora, se arruina el trabajo anterior y se dilapida el dinero invertido en la señalización.

            Hay otro problema y es que se cierran las calles sin una advertencia previa a los vecinos o como mucho se avisa con un día de antelación. Este tipo de obras se debería planificar más e insertar en los parabrisas de los coches o en los buzones de los vecinos, hojas informativas con información de las obras, un plazo aproximado de su ejecución y un mínimo calendario de previsiones y calles, así como itinerarios alternativos. Se editan miles de folletos inútiles y cuando es necesario, no se hace.

       El lunes día 23 de mayo y sin aviso de ningún tipo se cerró la salida del barrio en la zona del Mercado y para colmo estaba cortado un tramo de la calle Gral Villalba y el sentido ascendente de Jiménez e Iglesias, con lo que los atascos para salir del barrio fueron espectaculares. Salir del barrio era tan dificultoso como encontrar la salida en el laberinto del Minotauro.

          Se debería respetar un poco más al ciudadano y evitarle el mayor número de molestias posibles. Si la circulación ya es difícil en Melilla, esta escasa planificación la convierte en un infierno. El resultado final es la peor condición posible del pavimento en toda la ciudad.

El alcorque del Ayuntamiento


 

             Cuando se anda se debe mirar de vez en cuando al suelo, primero para no pisar nada inconveniente y molesto, segundo para seguir en contacto con la realidad. El suelo es lo que se pisa de modo constante, no hay modo de despegarse de él, y ayuda a evitar caer en la autocomplacencia. El suelo de una ciudad dice mucho de ella y también del tipo de gestión realizada por los ediles municipales. Estos son los alcorques del Ayuntamiento, la verdad es que el suelo de entrada a nuestro, que no el de ellos, Palacio Municipal, está en un estado penoso, totalmente deteriorado. Los alcorques están especialmente degradados, todos, y con esa fea losa que le colocaron para tapar la tierra y que además, están resquebrajadas.

            Esto está a sólo 5 metros de ellos. La verdad es que una gestión así no es admisible. Mañana vamos a reflexionar sobre todo esto, sobre las cosas que hemos visto, no sobre las que hemos leído.

El tejado de la plaza de toros


   Melilla no es una ciudad tan grande. Es verdad que es una ciudad un tanto complicada y peculiar, pero no sería tan difícil de gestionar si se hiciese bien. Una ciudad permanentemente en obras es una ciudad en permanente negocio, una ciudad que nunca acaba de ofrecer un resultado óptimo. Es la cultura del parcheo, del ir tirando por la propia inercia administrativa, pero sin tener nada acabado.    Eso sí, de utiliza una partida presupuestaria tras otra para enfoscar, repellar, tapar agujeros, pero así nunca se ofrece un resultado completo y redondo.

          La sensación general que ofrece  la ciudad es de decepción. No hay una sola calle o zona que acabe de estar bien. Se mire por donde se mire, siempre hay un defecto, algo a punto de derrumbarse, o alguna cosa que no acaba de estar completa. Y si se piensa que se dispone de 250 millones de euros al año de presupuesto, entonces el asunto es mucho más grave. El trabajar dos,  tres o más veces sobre la misma zona, no sólo da la sensación de que no está acabada nunca, sino que supones un constante mal gasto del dinero público.