El morado de primavera


                    La primavera viene teñida del color morado, del de Podemos o del de la Semana Santa. en cualquier caso es primavera y los árboles florecen, en variados colores, pero en El Alminar preferimos el morado, que es nuestro color desde el principio. Siempre ha sido el mismo, nunca hemos cambiado en eso, y en otras cosas tampoco. La primavera está aquí y en el mes de mayo estará en toda su intensidad. Preferimos mayo al mes de abril, porque entre otras cosa, ese fue el mes de surgimiento del Alminar. Son varias pues, nuestras razones sobre la preferencia del color morado.

                                  Árbol del amor o de Judas

             Este árbol, conocido como el del amor, el algarrobo loco, o el de Judas Iscariote, por haberse ahorcado en un ejemplar de la especie el apostol traidor, florece en primavera, entre marzo y abril. Ese es un dato histórico para situar temporalemente el tiempo de La Pasión de Cristo, el nazareno, vestido con sus ropajes morados. De las cosas hay que hablar siempre en su momento, nunca antes o después. Esta es la ocasión para traer hasta aquí este árbol primaveral, de morado intenso, aunque efímero, y de bella estampa y porte. Resultan curiosas estas denominaciones antitéticas en algunas especies vegetales.

          Esta variedad arbórea procede del Mediterráneo oriental, y fue traido hasta Europa durante Las Cruzadas. Su primer destino europeo fue Francia. las flores son de gusto agradable y picante a la vez, quizá por eso le llamen el árbol del amor. En cuanto a lo de Judas, ya lo hemos escrito. Su nombre científico es Cercis siliquastrum.

    Nota: http://es.wikipedia.org/wiki/Cercis_siliquastrum

El gran eucalipto del arroyo Farhana


         Los eucaliptos proceden de Australia y su presencia en nuestra ciudad debe remontarse a los años de la expansión y décadas posteriores. Los ejemplares más antiguos existentes son centenarios o próximos a cumplir el siglo de vida. Si hacemos caso a los pocos libros existentes sobre la flora y el arbolado de Melilla, podemos descubrir que  la carretera de Farhana estuvo llena de este tipo de árboles, pero que fueron talados sin más por las nuevas políticas estéticas imperantes en la ciudad. Un árbol centenario no debería ser talado nunca, porque es parte del patrimonio ecológico de los melillenses. Sin embargo sí fueron talados eucaliptos centenarios, en esta carretera en fecha no determinada, y junto al tanatorio municipal, hace apenas un año.

        Con los datos recopilados se puede afirmar que estos dos grandes y  casi centenarios eucaliptos, son el único resto de una pasado arbóreo que ya nadie recuerda. No parece que exista mucho interés por conservarlos. Uno tiene la rama completamente partida y cae hasta el lecho seco del arroyo. El estado de la zona es bastante lamentable. Esto es suelo rústico pero será urbanizado dentro de no mucho tiempo. Dejamos constancia de que estos dos árboles existen y son testigos de un pasado más esplendoroso y verde, de antes de que llegara el imperio gris del cemento. No sabemos si esto servirá para su conservación o para que sean talados hasta las mismas raíces.

          Hay varios tipos de eucaliptos en nuestra ciudad. Los más grandes y altos son los colorados y los de cabezuela mazuda. El primer grupo, los colorados,  se encuentran sobre el Río de Oro, detrás de la tapia del Instituto Leopoldo Queipo y en la espalda de la calle Juan Ríos. El segundo grupo concentra sus ejemplares en la plaza de Daoíz y Velarde en el Tesorillo, y en la calle Mar Chica. Estos dos ejemplares, de los más altos y antiguos son eucaliptos colorados.

La llegada del picudo rojo


 

               El picudo rojo ha llegado a las palmeras melillenses. Cada vez son más las afectados por este insecto, originario del sudeste asiático. En Europa fue detectado por primera vez en Almuñecar en 1995. Al parecer empieza afectado a palmeras de cierto tamaño, muy antiguas, mal podadas, según informa un muy interesante página de la Junta de Andalucía, que explica cómo detectar el mal y cómo actuar contra el mismo.

             En el Parque Hernández son cada vez más las palmeras a las que se les ha podado la corona, y que están cubiertas por el clásico capuchón de plástico.  El desprendimiento de las ramas secas, de gran peso y desde gran altura, puede suponer un grave riesgo para las personas. Aunque hay otro peligro aún mayor y es que se pudra el tronco, se seque y este se parta y caiga. Las palmeras son muy flexibles, pero si están secas en su interior o podridas por la acción del picudo rojo, pueden partirse y caer.

               En la parte del parque más cercana  ala plaza de España, hay ya varias palmeras afectadas por este mal. Se les ha desmochado la corona y la tienen cubierta con plástico. Junto a una de estas palmeras, hay otra muy esbelta e inclinada, que parece haber superado el límite de la verticalidad. La exagerada inclinación empieza en el primer tramo del tronco, justo en su parte más delgada. El tronco de la palmera parece bastante seco en esa parte. Ya se cayeron y partieron en primavera dos pinos en el parque Lobera. Ha ocurrido en los parques de Madrid.

Nota: http://www.juntadeandalucia.es/agriculturaypesca/portal/areas-tematicas/agricultura/sanidad-vegetal/plagas/picudo_rojo_palmeras/

La azucena marítima


La flor de otoño

       La azucena marítima, o pancratium maritimun,  es una planta autóctona, según nos comenta el experto botánico Manolo Tapia. Esta planta, de floración otoñal, es también conocida como nardo marítimo, alhelí de mar o lirio de duna y crece en ambientes húmedos y costeros. Las intensas lluvias otoñales de los últimos días, han provocado su espléndida y vistosa floración, que por otro lado, tienen una vida muy corta. O se las ve y fotografía ahora o habrá que esperar al otoño siguiente.

        Esta floración silvestre está situada en los llamados «Pinos militares», junto a las baterías de defensa costera, y a ambos lados de la carretera. La más llamativa y amplia es ésta,  situada en el lado de libre circulación del pequeño bosque melillense. Aquí hay poca actividad humana, por lo que el suelo no está apelmazado y todavía tiene floraciones naturales y vegetación silvestre. También puede crecer sobre la arena de la playa, de ahí el nombre de lirio de duna. La naturaleza siempre se abre paso, pese a la actividad humana. En la ciudad en donde reina el imperio del cemento y del maceterismo desaforado, siempre es gratificante encontrarse con imágenes así.

Las higueras de Trara


        Melilla es una ciudad de higueras.  Ahora que nos estamos fijando en ellas las encontramos en todas partes. Estas son las que están más al norte de la ciudad, muy cercanas al depósito de agua de Trara, y cerca de la fuente homónima. Están sobre el mirador natural del barranco de Cabrerizas, también conocido como Barrio de Colón. Es la zona más alta habitada de la ciudad, ya que se encuentra sobre una cota de 84 metros de altitud.

        La higueras proporcionan una sombra abundante y sobre todo embriagan con  su olor. En donde hay una higuera se deja notar por su aroma, que alcanza incluso aunque se esté a varios metros de distancia. Estas están en la zona norte de la ciudad, son casi las últimas, pues más allá solo está el reino de los pinos. Son las higueras más extremas y situadas en el punto más elevado. Dentro de lo que es el depósito de agua de Trara, también hay dos higueras, que no solo proporcionan sombra, sino también sabrosos frutos. Primero las brevas, al inicio del verano y en su final los higos. Hay refranes relativos a sus frutos que dicen: con brevas vino bebas, y con higos agua y vino. Sin embargo, nada debe beberse tras tomarlas: sobre brevas, nada bebas.

          Sobre el mismo mirador del barranco hay tres higueras y junto al borde de la calle México hay otras dos, muy grande y de gran sombra. No existen en las parque de la ciudad, solo se pueden encontrar las silvestres, en patios de casas y en antiguas huertas. Muchas de las que fotografiamos hoy, no existirán en apenas unos años, pues se encuentran en patios de casamatas, que en el futuro serán derruidas para construir viviendas. La especulación y la extensión del cemento acabarán con todo. Este barranco es una zona que debería estar protegida, cuidada e incorporada al cinturón verde de Melilla.

             Un absurdo que no vamos a dejar de señalar, es que esta calle se llame de la Vía Láctea, cuando su nombre debería ser el «de la fuente de Trara» o del «barranco de Cabrerizas«.

Floraciones rojas en junio


 

                    La acacia mansa y la sangre de Cristo                 

         La flora y arbolado ornamental de Melilla  provoca sorpresas, como la de este árbol, la acacia mansa, de flores rojas.  Es un árbol de porte pequeño. Está en la zona de Los Altos del Real, sobre todo en la calle Gurugú y se ven algunas más en las intersecciones de las calles de Las Infantas de. La presencia de árboles tropicales o de la flora australiana en las calles de las ciudades ofrece imágenes inesperadas. Un poco más arriba se encuentra el rincón de descanso del diablo, que acabamos de mostrar. El contraste con las flores rojas de estos arboles es absoluto. Están en plena floración y las flores al caer al suelo forman una extensa e intensa capa roja. Podríamos escribir que parecen lágrimas rojas, e incluso que acorde con los tiempos, vaticinan un tiempo de sangre, sudor y lágrimas, pero parecería demasiado dramático. El color rojo nos sitúa frente a la pasión, en toda su amplitud y nunca es bueno dejarse llevar solo por ella. Siempre debe existir la pasión en las acciones humanas, pero sin que la razón pierda el gobierno sobre ellas.  La visión del rojo provoca también cierta alarma. En el mapa político y social, la presencia del rojo desata el temor entre los sectores económicos dominantes, casi siempre pertenecientes a la derecha política, que suele vincularse al azul.  Esta floración tardía de junio podría relacionarse con la aparición de nuevos partidos y movimientos sociales enraizados en la izquierda política, lo que supondría una señal de esperanza frente al largo invierno azul. Tampoco se nos escapa que en Brasil se inicia el Campeonato Mundial de Futbol, y que a nuestra selección se la conoce por «la roja». Los signos siempre se pueden interpretar en varios sentidos, algunos incluso opuestos. En este caso podríamos estar ante la ambivalencia de la floración roja en junio, o de la caída de la flor de este color por los suelos. Quedarse con una u otra interpretación implica mucho.

           La acacia mansa o sesbania puniacea es un árbol originario de Brasil, Argentina e Uruguay, que pertenece a la familia de las fabáceas, subespecie de las leguminosas. No es un árbol frecuente de ver. El rojo siempre ha sido un color de advertencia. No es un árbol frecuente en las calles, salvo en los jardines, en donde resultan muy vistosos. Sus semillas son tóxicas.

                   La sangre de Cristo

          Un pequeño árbol o arbusto, que se encuentra en la mediana que divide el Paseo de Guardia Civil Antonio Molina, frente a la entrada principal del hotel Melilla Puerto, es el único ejemplar existente en nuestra ciudad, o que conozcamos. Es una planta originaria de México. Su verdadero nombre es el de Euphorbia cotinifolia, o planta de cobre del Caribe. El extraño nombre de «sangre de Cristo» es de procedencia y origen desconocido. Igualmente que en la planta anterior, el látex que se extrae de esta planta resulta tóxico para animales y personas. El color rojo, en la naturaleza, siempre es de advertencia. Esta planta se encuentra recogida en la guía de Paseos Botánicos de Melilla, de Juan Antonio González y Carmen Enrique.

La correhuela silvestre


             Dos colonias de correhuelas o «glorias de la mañana», han florecido de modo natural en dos zonas de la ciudad. La primera en el destartalado parque de Altos de la Vía, y la otra junto al muro sur oeste del acuartelamiento de ingenieros, en la carretera de Alfonso XIII. La correhuela es una hierba común de importantes propiedades medicinales, y es muy utilizada en la medicina tradicional.

                En el pasado otoño decidimos cubrir la ausencia de entradas del mundo botánico en El Alminar. Desde entonces ya son ocho las que hemos elaborado. Todas relacionadas con los parque, jardines y la flora natural de la ciudad. La primavera ya lleva un mes de desarrollo y algunas cosas ya se dejan notar, sobre todo en aquello que no está regulado por los criterios estéticos de los diseñadores de nuestras calles.

               Pese a su hipnótica belleza, está considerada como una mala hierba para los jardines. Tienes decenas de distintas denominaciones, algunas tan curiosas como «campanilla de pobres» o «hiedra de lagarto». En realidad es una planta enredadora, trepadora o rastrera. Aquí solo hablamos de jardines y de colores.

           Nota: http://es.wikipedia.org/wiki/Convolvulus_arvensis