El gran eucalipto del arroyo Farhana


         Los eucaliptos proceden de Australia y su presencia en nuestra ciudad debe remontarse a los años de la expansión y décadas posteriores. Los ejemplares más antiguos existentes son centenarios o próximos a cumplir el siglo de vida. Si hacemos caso a los pocos libros existentes sobre la flora y el arbolado de Melilla, podemos descubrir que  la carretera de Farhana estuvo llena de este tipo de árboles, pero que fueron talados sin más por las nuevas políticas estéticas imperantes en la ciudad. Un árbol centenario no debería ser talado nunca, porque es parte del patrimonio ecológico de los melillenses. Sin embargo sí fueron talados eucaliptos centenarios, en esta carretera en fecha no determinada, y junto al tanatorio municipal, hace apenas un año.

        Con los datos recopilados se puede afirmar que estos dos grandes y  casi centenarios eucaliptos, son el único resto de una pasado arbóreo que ya nadie recuerda. No parece que exista mucho interés por conservarlos. Uno tiene la rama completamente partida y cae hasta el lecho seco del arroyo. El estado de la zona es bastante lamentable. Esto es suelo rústico pero será urbanizado dentro de no mucho tiempo. Dejamos constancia de que estos dos árboles existen y son testigos de un pasado más esplendoroso y verde, de antes de que llegara el imperio gris del cemento. No sabemos si esto servirá para su conservación o para que sean talados hasta las mismas raíces.

          Hay varios tipos de eucaliptos en nuestra ciudad. Los más grandes y altos son los colorados y los de cabezuela mazuda. El primer grupo, los colorados,  se encuentran sobre el Río de Oro, detrás de la tapia del Instituto Leopoldo Queipo y en la espalda de la calle Juan Ríos. El segundo grupo concentra sus ejemplares en la plaza de Daoíz y Velarde en el Tesorillo, y en la calle Mar Chica. Estos dos ejemplares, de los más altos y antiguos son eucaliptos colorados.

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Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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