El Alminar en noviembre


Melilla desde el otro lado

      El arroyo de Farhana y el Río de Oro juntan sus cauces en la llamada avenida de Barcelona. Esto es una ladera del monte de Reina Regente y al abrirse paso entre las nubes, el Sol nos sorprendió detrás del alminar de la mezquita del califa Abu Bakr as-Siddiq, primer sucesor del profeta Mahoma y primero de los califas del Islam. Nadie viene por aquí. Esto es la Melilla oculta, la que está más allá de esa frontera no visible que divide los dos realidades principales de la ciudad. Esto es el Distrito V.  Sin embargo, la vida se abre paso de cualquier forma y en cualquier lugar, aunque sea una vida sin opciones de futuro.

    Desde la calle Canteras de Reina Regente la vista de la ciudad es muy hermosa. Las moderadas temperaturas de noviembre y la ausencia de lluvias, hacían soportable estar en este lugar. La calle está sobre la descuidada y peligrosa ladera del monte, que está siendo saneada y asegurada, ante el peligro de desprendimientos. Toda la zona es bastante inaccesible, lleno de escaleras muy estrechas, calles no asfaltadas y con grandes pendientes.

        El final del mes de noviembre, el de los días más cortos, nos sorprende en un lugar distinto. Por San Clemente (día 23), alza la tierra y tapa la simiente. Es mes de siembra y de cubrir bien la semilla para que no la echen a perder los tiempos fríos de diciembre y de enero, del que también dice el refrán que la climatología es similar a la de este mes que acaba. Noviembre y enero tienen un mismo tempero.

         No hay comentarios o visitas,  si no hay entradas. Para que otra realidad  pueda ser conocida, debe ser mostrada y puesta por escrito. Los hechos existen y seguirán sucediendo, aunque no cuenten con un observador que los relate. Desde este lugar iniciamos un tiempo de descanso.

 

El misterio de Puente Nuevo


             Un puente sirve para comunicar o pasar cosas de un lugar a otro. En Melilla sorprende la cantidad de dinero que el Ministerio de Fomento destina a la ciudad bajo el epígrafe de carreteras, sin que tengamos espacios para las mismas. Este puente, por encima del arroyo de Mezquita, conecta la nada con el caos, o sea, la carretera de circunvalación o perimetral,  con el caótico polígono industrial. Por tener tiene de todo; su imprescindible rotonda,  las bandas reductoras de velocidad de tipo «lomo de asno», señalización vial y bonitas vistas al otrora temido «Barranco del Lobo». Lo que no tiene es circulación, pero probablemente ese no era el objetivo del puente. Estas obras dejan mucho dinero en manos del contratista y solo crean un escaso empleo en un periodo de tiempo corto.

                   No tiene circulación, o muy escaso porque no comunica nada. Nadie va a venir hasta este lugar para ir hacia la carretera de Hardú o barrio chino. Girar  hacia la frontera de Beni Enzar es meterse en una ratonera, y si se utiliza para acceder hacia el polígono industrial sin industrias, supone salir del trueno para dar con el relámpago. Ademas nos hemos fijado en que la salida hacia el Paseo de Las Rosas, ni siquiera tiene carril señalizado. Salir del puente por esta salida, es adentrarse en el caos más absoluto.  Un futuro centro comercial en este zona, debería resolver antes muchos problemas de acceso y circulación para el tráfico.

                     Este en un puente sobre la nada, de momento.

  Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/07/16/el-puente-magno-de-mezquita/

El Mausoleo del General Margallo


            Nunca había entrado en el interior de este lugar, el Mausoleo del General Margallo, personaje del que existe numerosas hagiografías y que ha sido ensalzado hasta el paroxismo en Melilla. No es hora ya de preguntarse sobre el por qué de la absurda Guerra de Margallo en 1893, que culminó con la destrucción del santuario de Sidi Ouariach, o sobre las circunstancias de su muerte, sin que quepa explicación posible a que un General pudiera exponerse al fuego de los rifeños de una manera tan abierta. En todo importa siempre el final, porque el del General Margallo tapó para siempre cualquier error cometido durante su mando.

                 Los que recibieron honores en vida, o tras su muerte no son objeto de nuestra atención, porque ya tuvieron o gozan de esos honores. Los que nos ocupan serán siempre «los forzados héroes anónimos» de todas esas guerras. Todo aquellos que murieron (a la fuerza en su mayoría),  al igual que los renombrados y nunca olvidados héroes. De estos últimos ya se ocupan libros, fotografías y placas honoríficas; mientras que  los primeros, reciben como máximo una losa colectiva bajo el epígrafe de anónimos.

                 Esto es lo que hemos encontrado en el Mausoleo de la Guerra de Margallo, la lápida de «los héroes anónimos del Barranco del Lobo», el terrible  nombre que sacudió a La Nación, y que nunca más fue olvidado.

Nota: http://fotografiasdemelilla.blogspot.com.es/2012/09/panteon-general-margallo-cementerio.html

El ángel del silencio en Melilla


 

 

                      Desde la mirada del ángel

        Mostrar lo mismo pero desde un punto de vista diferente. Mirar en donde otros han mirado y ver lo que otros no han visto. En el día 2 de noviembre, el de los difuntos, en la hora tórrida, nos hemos acercado al cementerio de Melilla, vacío ya casi de gente y sobre todo de autoridades. Un ardiente Sol de noviembre se desplomaba de modo homogéneo sobre la filas del campo santo melillense.

          El ángel de África vigila solemne y silencioso todo el área del cementerio de Melilla. Su imponente figura se ve desde cualquier punto. Su protección alada, la del silencio, se extiende de modo uniforme, tanto sobre aquellos de los que se recuerda el nombre, como de los héroes anónimos y forzados que durante décadas fueron enviados a las Guerras de Marruecos o a las de Melilla, que es la otra denominación por las que son conocidas.

          Las Guerra de Marruecos alteraron la política española durante casi un siglo, desde 186o hasta 1956, año en el que Marruecos accedió a su independencia. El último actos funerario solemne fue el traslado de los restos de los héroes y mártires anónimos desde el camposanto de Monte Arruit, al cementerio de nuestra ciudad en 1949.

            Las dos inmensas fosas comunes que cubre con su mirada, son las que están frente al Mausoleo de las Campañas de África, extendidas bajo sus alas y frente a su incansable mirada. Albergan miles de cuerpos anónimos de soldados españoles, héroes forzados traídos hasta aquí bajo los símbolos y emblemas de La Patria, pero que solo vinieron a defender los intereses económicos de unos , de todos aquellos  que se hicieron ricos en las campañas de Marruecos, territorio que a la postre hubo que abandonar por completo. Tanto esfuerzo, tanta sangre del pueblo, tanto sufrimiento, para reposar aquí, en silencio absoluto y anónimo, amparados al menos, por el Ángel de África.

                                           La señal del ángel 

              La enorme figura de bronce recibía hoy el brillante Sol de noviembre con tanta intensidad, que su ala izquierda, la orientada hacia el Oeste, mostraba hoy un intenso color blanco, hasta casi hacerla parecer irreal. Un extraño efecto óptico que nunca había visto. Aquí ya solo reina el silencio inalterado, bajo la mirada del ángel.

En la galaxia de Hidúm


              En Madrid acaba de presentar una exposición titulada «El universo de Melilla».  Esto es la galaxia de Hidum, porque alguien, hace algunos años tuvo la ocurrencia (que habrá que corregir algún día),  de nombrar a todas estas calles con nombres tales como Alfa Centauro, Orión, Casiopea, Perseo, La Hidra, Ptolomeo, Las Aurigas, Osa Mayor, La Luna, y a la carretera que circunvala el barrio se la llamó Vía Láctea. Es uno de los mayores dislates de la gestión administrativa de Melilla. Aquí no hay calles, solo callejones y pasadizos.

           En otras partes de la ciudad la gente se queja del pésimo estado de las aceras, de mal estado de la señalización vial, de la ausencia de papeleras. Aquí, en el corazón de La Cañada de Hidúm, o de La Muerte, o Monte de Reina Regente, o Barrios de Los Cuernos, la gente se queja de que no existen aceras, o donde ni siquiera llega La Ciudad, porque en este lugar, todavía, a ir al centro de la ciudad se le llama «bajar a Melilla».

                           Rotondas en medio de la nada

          Acaban de instalar dos rotondas, dentro del plan denominado con el eufemismo de Desarrollo de los Distritos 4º y 5º. La realidad enmascarada siempre con el lenguaje. Un joven del barrio me condujo hasta una de ellas y me preguntó: ¿Tú crees que estas rotondas valen 64.000€?. Han realizado dos rotondas, ésta que comunica con la carretera de Hidúm y otra al pie de la Vía Láctea por el importe indicado.

                 Vista la rotonda y manifestado mi desconocimiento acerca del importe de los materiales de obra y de los jornales de los obreros, me condujo hacia la zona que ni siquiera tiene acera, desde hace más de 20 años. Todo es una rugosa superficie de hormigón desgastado y propiciador de caídas de ancianos y de niños. Esta es la zona de las tiendas, ya casi todas cerradas y sin actividad económica alguna. Todos los residentes bajan por la carretera de Hidúm, la mayoría de ellos a pie, en busca de los comercios en donde abastecerse.  La única panadería del barrio está a punto de cerrar.

               No solo es la inseguridad, es también la falta de actividad económica la que provoca la desaparición de los comercios. En una estimación propia se podría decir que la mitad del total del paro de la ciudad de Melilla se concentra en este barrio, sin futuro y casi sin presente.

                  Transitar por estas laberínticas calles es sumergirse en un mundo irreal. No se cruza uno con nadie y toda la vida se realiza dentro de las casas. A partir de cierta hora, que suele ser la de la puesta de Sol ya nadie sale a la calle, principalmente las mujeres. La única vida posible pasado el atardecer, se concentra en torno al cafetín, al quiosco del barrio y en las mezquitas, ambas de orientación salafista, una moderada y otra rigorista. La moderada es la clásica del barrio, la primera existente, al del alminar de estilo almohade, está situada en el final de la calle Ptolomeo. La otra, llamada la mezquita blanca por el color de su interior, fue edificada hace una década.

                 Un poco más arriba, mi guía particular, me muestra la salida del callejón de Las Aurigas, en donde en época de lluvia o con suelo húmedo, suele caerse la gente que por allí transita. La inclinación del suelo invita a ello.

               ¿Cuál es aquí el futuro?. Casi ninguno. Aquí ni siquiera llega la gestión de la ciudad,  Melilla es la que está un poco más allá de la nebulosa de Orión, a algunos años luz de aquí.

La última alberca


                      El último paraíso verde  

     Son tiempos de sequía en Melilla, en todos los sentidos. Nada escapa al rigor del cemento y a su grisura homogénea. Hay que buscar mucho para encontrarse con una estampa natural, como la de esta alberca de Sidi Ouariach. El agua ha desaparecido del Río de Oro, ya no hay remansos de agua limpia en donde puedan verse aves o cualquier otro tipo de flora y fauna natural. Estas garcillas necesitan de pequeños humedales. Hace apenas dos años, las aguas de la desembocadura del río melillense eran claras y se veían también peces, por lo que las aves acudían también allí a alimentarse.

          No quieren agua en el río, ni vegetación. Hace tiempo que exterminaron a las ranas y a los sapos. Hay sumideros por donde se esconde el escaso caudal del río y estaciones de bombeo que captan su escasa agua y la llevan directamente a la depuradora, para así poder demostrar la ausencia de agua corriente,  y poder justificar el cubrimiento del río y que el imperio del cemento no tenga fin.

            Esta es la última alberca en la árida y desolada zona exterior de Melilla, antaño poblada de numerosas huertas y arroyuelos. Hoy todo está seco, salvo el campo de golf, mantenido artificialmente y con elevado coste. Aquí solo reinan los escorpiones, los arácnidos y las espinas de las chumberas. No conozco otro lugar igual en toda la ciudad. Hasta aquí han emigrado las garcillas y han tomado el lugar como refugio. Es el último oasis existen en el campo exterior de la ciudad. Todos los cauces están secos. Como casi todo en la ciudad. Es un mundo que agoniza, como dijera Miguel Delibes.

Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/01/22/el-agua-vuelve-al-rio-de-oro/

Volviendo a la incineradora


 

        Las acciones del pasado nos han conducido a la realidad  presente, y el daño que se está haciendo hoy  a la sociedad española se verá dentro de dos décadas, pero entonces ya no habrá a quien reprocharle nada.

       Esta historia arranca en un pasado muy lejano, aunque no tanto, apenas un cuarto de siglo, allá por 1990. El gobierno del alcalde socialista Gonzalo Hernández, para resolver transitoriamente el problema de las basuras generadas por nuestra ciudad, construyó una primitiva incineradora, que en realidad era un quemador gigante de basura. El error fue apostar por un modelo especialmente dañino para la salud ciudadana. Y como en la política no se aprende de los errores anteriores, el alcalde popular Ignacio Velázquez no solo siguió la senda marcada por su antecesor, sino que además multiplicó por diez el tamaño de la incineradora. El actual gobierno de Juan José Imbroda, que lleva más de otra década en el poder, ha seguido dejando hacer, o sea «quemando basura», sobre las mismas cabezas de los ciudadanos/as que allí viven.

          La incineración de residuos es una opción muy contaminante y peligrosa para la salud pública y no puede hacerse dentro de un casco urbano, porque la ley obliga a que existan dos mil metros de distancia mínima entre estas plantas y las zonas habitadas. En Melilla se conculcó esa ley, pero lo que es peor es que un Tribunal afirmó en sentencia, que al no existir esos 2 kilómetros de distancia, no podía cumplirse ese apartado específico. Todo un despropósito que seguimos pagando los ciudadanos, nos demos cuenta o no, porque el aire envenenado de la incineradora nos alcanza de una manera u otra.

                           La vida en la calle de la incineradora

       Los vecinos de la carretera de Horcas Coloradas y los del poblado que existe junto a la Planta de Incineración de Residuos, soportan un ruido infernal las 24 horas del días, situación que se amplifica durante el silencio de la noche. Ese ruido constante provoca problemas nerviosos de toda índole. Los olores y los humos, a veces insoportables, las plagas de moscas, las de insectos, e incluso las de unos animales que los residentes en sus inmediaciones llaman «los bichos», porque les parecen demasiado grandes para ser roedores.

      En la última década se han gastados cantidades exorbitantes de dinero en obras faraónicas, en rotondas inservibles, en obras incomprensibles o duplicadas, mientras que no se ha invertido un solo euro en sacar de este insalubre lugar,  a la treintena de familias que viven justo debajo o enfrente de la incineradora. Son infraviviendas, es el inframundo de Melilla, es la tierra de los desheredados de la sociedad. El Gobierno de Melilla se va a gastar 4 millones de euros en aceras en el Barrio del Real, Carlos de Arellano, o plaza Héroes de España, pero ni un solo euro en este lugar, que recuerda a los barrios extramuros de las ciudades medievales. Esto es Magma Melilla. Las vistas son magníficas, a un lado el cementerio, al otro el horno.

                       La higuera de la incineradora

        En medio de la desolación, la gente lucha por abrirse paso, y junto a ella la naturaleza. Una higuera se yergue orgullosa ofreciendo sus atractivos frutos, aunque no se pueda disfrutar de su envolvente fragancia porque hay otra superior y cercana que la oculta, menos respirable y nada poética. Dentro de un mes, el día uno de octubre, la Planta Incineradora entrará en su parada técnica anual. El único olor que se percibirá entonces y a lo largo de un mes, será el de la basura. Las incineradoras solo ocultan el problema de los residuos sólidos urbanos, no lo solucionan.

       Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/11/15/el-barrio-de-la-incineradora/