La basílica del Hospital Militar de Melilla


     

 

        La Iglesia de Cristo Rey

        El 25 de octubre de 1942, festividad de Cristo Rey, se bendijo  “la suntuosa  basílica de Cristo Rey con rito litúrgico de primera clase, tal y como se describe en las crónicas de la época, más conocida como la iglesia del Hospital Militar.  Una de las dos vías para su financiación fue la muy recurrente y pública “donación voluntaria”, que constituía un arma de doble filo, un sutil medio de coacción. Por un lado quedaba claro quienes no cuestaban voluntariamente, y por otro se manifestaba quienes no eran suficientemente piadosos y generosos con la Santa Madre Iglesia.

                   Su categoría  ecuménica es equivalente a la de la Iglesia del Pueblo, pues ambas son basílicas menores, lo que significa el poder ganar “los jubileos” y demás promocionales  que concede el Vaticano para la salvación de nuestras almas, sin la necesidad de desplazarse hasta Roma, eso sí, con su correspondiente dádiva.

                   Las mismas crónicas inaugurales la describen como ricamente ornamentada, sin embargo su estado actual es el de “duramente devastada” por la iconoclastia y por la sacra rapiña que se adueñó de Melilla desde 1974 a 1989. Aun así, en la parte del coro existen dos órganos en perfecto estado de uso, al lado de la roseta central u óculo, cuya imagen, ya prácticamente desvanecida parece ser la de la Virgen del Carmen.      

            Sin embargo, se trata de un bello templo, con cubierta a dos aguas, con un magnífico techo artesonado y una nave dividida por dos filas de cinco columnas cada una, con capiteles de estilo corintio y arcos de medio punto, que sostienen la bóveda central.     Las naves laterales están abiertas por vidrieras con motivos y escudos militares que otorgan al Templo un muy logrado y variado juego de luces y colores que varía a lo largo del día.

                             Lo que falta

                Faltan altares, retablos y elementos de ornamentación sagrada como el sagrario, cruz, y candeleros de metal labrado. Faltan completos los altares de la Medalla Milagrosa y del Perpetuo Socorro. Actualmente sólo hay dos imágenes, una de Fátima, que es de relleno porque no se menciona en la inauguración, y una de San José, que sí aparece en el acto de la bendición. Habría también que identificar las custodias de oro y plata que se mencionan en las crónicas inaugurales.

            También se habla de “un tenebrario” de madera labrada, que no parece estar, salvo que se trate del Altar en el que se encuentra la muy notable talla malagueña del Cristo de La Buena Muerte, auténtica joya del Templo.   Hay que hacer hincapié en el candelero-tenebrario, pieza de arte, donada por la Alta Comisaría de Marruecos y que fue tallada a mano, siendo premiada en la Feria de Artesanía de Tetuán, descrita como regia y primorosa y que fue expuesta en Madrid.

             Primera piedra y bendición del templo 

          La primera  piedra se colocó el 19 de marzo de 1939 y se encargó de la dirección del proyecto el comandante de ingenieros Luis Sicre. El artista Vicente Maeso donó todas las ventas de una exposición de pinturas para las obras de esta iglesia. El alma mater de la recaudación de fondos fue la monja Rosa Lahoz, de la comunidad residente entonces en el Hospital.

          El capellán del Hospital Gerardo Canals de La Rosa, acompañado por los párrocos de la Cruz Roja, padre Fernández y de San Agustín padre Pérez y el maestro de ceremonias padre Jaime de Villamorisca, bendijeron la nueva basílica a las once en punto de la mañana, con el templo completamente vacío.         Previamente, a las 07h 30´ de la mañana, los más de 700 enfermos ingresados en aquel momento en el Hospital, tuvieron el honor de ser los primeros en celebrar la 1ª misa.          El sermón lo pronunció el capellán de Ingenieros José Tamayo que “alabó el esplendor de los cultos que merece La Casa de Dios” y que el mismo Dios quería para su culto: “Limpieza, riqueza y variedad”. Requisitos que cumplía sobradamente la nueva iglesia.

    Nota: La efigie del Cristo de La Buena Muerte, es una notabilísima imagen, procedente de artesanos malagueños. No he averiguado si se trata de una talla o es una imagen de estuco.         El autor de la capilla fue el comandante ingeniero Luis Sicre Marassi, presidente también de la Comisión de depuración de funcionarios de Melilla afectos a la República.

            

Cambio de rumbo en la iglesia de San Agustín


Revolución teológica en la parroquia del Barrio del Real          

      El sábado 22 de octubre se produjo una “revolución diocesana” en la parroquia de San Agustín del Barrio del Real en Melilla. Por primera vez en sus 73 años de existencia, un sacerdote de la diócesis de Málaga se hacía cargo de una iglesia, que desde su misma fundación había estado regida por la congregación de los Padres Paúles, concretamente desde el 8 de diciembre de 1938.

     El sacerdote diocesano Juan Manuel González Ruiz presenció la apertura de las catequesis del Real, como primer acto oficioso, ya que oficialmente tomó posesión de la parroquia ayer domingo 23 de octubre en la misa del mediodía. Este malagueño, ingeniero de montes, fue ordenado sacerdote en 1993, renunciando con ello a su vida mundana para profesar la vida religiosa, algo en lo que nunca había pensado hasta su conversión, siguiendo el ejemplo de Saulo de Tarso, el centurión romano que se convirtió a la fe cristiana y acabaría siendo reconocido como el apóstol San Pablo, el único que no estuvo físicamente con Jesucristo, pero que acabaría siendo fundamental para la creación de La Iglesia, tal y como la conocemos. Sin Pablo, la Iglesia de Pedro hubiese sido una cosa muy distinta, o no existiría tal y como le conocemos.

    El sacerdote Juan Manuel Martínez se formó como sacerdote en Medellín (Colombia) y ha ejercido como misionero en  Méjico y Brasil. Ha recorrido medio mundo y gran parte de Andalucía, hasta que pidió la incardinación en la provincia de Málaga, siendo uno de sus destinos el Bº de La Victoria de la capital malacitana, o la localidad de Archidona.

   Renovación teológica y doctrinal en El Real     

     A partir de 1940 se consideró a Melilla, por parte de las autoridades franquistas, tierra de evangelización, pues consideraban que la situación de la ciudad, en permanente contacto con el sarraceno, y los años de laicismo republicano, había situado a Melilla prácticamente a los pies del Maligno. Así pies, fuimos evangelizados, desde Beni-Enzar hasta Horcas Coloradas. Los padres paúles lo eran todo en Melilla y salvo el templo patronal y el arciprestal, todo los demás era territorio Paúl.

    Con la renovación del Concilio Vaticano II se inicia una pérdida progresiva de la influencia paulista, porque La Iglesia necesitaba nuevas formas, una renovación interna y externa, pero lo que marca el declive de los paúles en Barrio del Real, es el no haber sabido atajar “la desviación doctrinal” del sacerdote y ex Paul Jesús Hurtado Salazar, fundador de un movimiento catecumenal, de fuerte cariz mesiánico. Durante más de 20 años, los seguidores de este sacerdote, han funcionado por libre en esta parroquia, sin que nadie fuese capaz de atajar una desviación que ha hecho más mal que bien, en la parroquia agustina. Fue Jesús Hurtado el que ordenó abatir el culto al Cristo de Limpias en el Barrio del Real, aprovechando la reforma estructural de la iglesia en 1989.

      A La Iglesia, que se ha enfrentado a todas las herejías imaginables a lo largo de los siglos ( algunas muy poderosas ), apenas le ha bastado un plumazo para acabar con esta desviación. tan solo le ha bastado el tener voluntad de hacerlo.

     Para ello, ha puesto al frente de la parroquia a un sacerdote, profesor de teología moral, que lo primero que ha hecho ha sido imponer los libros oficiales de catequesis de La Conferencia Episcopal Española, algo imposible en la parroquia del Real, en los últimos 20 años, en los que todo se regía por la visión y los libros del ya extinguido mesías.

PD: https://elalminardemelilla.com/2011/05/31/los-paules-abandonaran-san-agustin/

Frente a la roca de San Pedro


La renovación del Vicario Episcopal en Melilla

    La Iglesia no anticipa sus intenciones, ni comunica sus motivos, simplemente anuncia sus nombramientos y todo lo demás es especulación. La precipitada renovación del Vicario melillense José Manuel Barreiro ha pillado a todos por sopresa, por mucho que ahora «casi todos» lo supiesen. No hay manera de anticiparse a una decisión de la Santa Madre Iglesia, salvo en el mismo instante en que te llega el fax.

      Si la Iglesia ofrece una canonjía, o un nombramiento de nula capacidad operativa y nombre rimbombante,  a uno de sus relevados, entonces podremos intuir que hay una satisfacción en La Curia por la labor desempeñada. Si tras dos años de desempeñar  la difícil labor de ser Vicario Episcopal en Melilla, tu destino es una Misión en el Orinoco, por mucho que lo haya querido adornar el Obispo malacitano Monseñor Catalá Ibañez, el asunto suena a «reprobación» y de las grandes.

           Antes que «el bueno» de José Manuel Barreiro, melillense, anduvo por aquí otro Vicario, Manuel Jiménez Bárcenas, cuyo destino fue una parroquia en Benalmádena, lo que en términos eclesiales significa descender al menos uno o dos pisos en las escalinatas de la carrera eclesial. En el caso del Vicario melillense supone ser arrojado a las tinieblas del fin del mundo. Los pasillos episcopales son los más complicados del planeta, tanto, que uno de los más grandes santos españoles, San José Mª Escrivá, llegó a afirmar  que: » Yo perdí mi inocencia en los pasillos del Vaticano».

         ¿ Que ha pasado en Melilla?. ¿ Qué está ocurriendo en la Iglesia de Melilla?. Son preguntas que jamás responderá La Iglesia, por lo que tampoco debemos hacérselas nosotros. Intentaremos buscar una explicación por nuestros propios medios. El humo de la hoguera encendida por los «representantes» de la Fe de Cristo en Melilla, ha llegado hasta El Alminar . Monseñor Catalá Ibañez, obispo de Málaga y anteriormente de la diócesis de Alcalá de Henares, uno de los prelados con mayor proyección del episcopado español, ha venido a Melilla a apagar «un gran incendio», con rebeliones, plantes parroquiales y movimientos en diferentes direcciones.

       Nota: «Las frases de Buxarrais». Todos los domingos, el párroco del Centro Asistencial, monseñor Buxarrais, cambia la frase evangélica del altar de la capilla. Cada domingo, el párroco de La Gota de Leche quiere enviar un mensaje a los fieles que acuden allí a oír misa y también a todos los que los lunes visitan la capilla en las caminatas de San Nicolás. Es un mensaje demorado. Una pequeña advertencia a la conciencia. «A Dios lo que es de Dios», dice el mensaje para esta semana.   Parece muy claro, religión y política no deben mezclarse, ni por parte de los políticos, siempre muy tentados a ello, ni por parte de La Iglesia, también muy proclive a veces a dejarse «tentar» por el Poder político. Habrá que estar atentos a los mensajes de monseñor Buxarrais.

El Cristo de Limpias de La Cruz Roja de Melilla


 

         

                  Donado en 1927 por Concepción Prozurama        

                  Enrique Delgado

       En septiembre de 1927 se inauguró la capilla del Hospital de Cruz Roja, conocida hoy como de San Francisco Javier. La capilla se adornó, además de los exornos propios de las iglesias, con diversas imágenes de santos de los de mayor devoción en la ciudad. Todos sin faltar uno, se pueden ver actualmente en la capilla.

        El dato que había caído en el más absoluto olvido, era que uno de los tres “crucificados” que la adornan y que está situado en la capilla lateral de la derecha, es una réplica en talla de madera del afamadísimo Cristo de la Agonía de Limpias y que fue donado para la inauguración por Concepción Prozurama, esposa del Comte. Gral. Arturo Castro Girona.

         Lo sorprendente es que ese importante dato ha sido obviado por los que hasta ahora han sido considerados como los cronistas religiosos de Melilla, Fernández de Castro y Moya Casals. Ninguno de los dos hace referencia al importantísimo culto al Cristo de Limpias que se desarrolló en Melilla entre 1920 y 1989.

        Moya Casals, autor del libro “Melilla piadosa y tradicional”, en el que relata la historia de cada iglesia, sus inauguraciones y sus imágenes, detalla la composición de la nueva iglesia de La Cruz Roja, pero inexplicablemente olvida el detalle de la donación de Concepción Prozurama, quien probablemente la encargó teniendo en cuenta lo arraigado que ya estaba el culto en la ciudad.

       En 1922 “El Telegrama del Rif” publicaba una referencia acerca de la fama que tenía de milagroso, una reproducción del busto del Cristo de Limpias que existía en el cementerio y que posteriormente pasó a la Iglesia de San Agustín. En 1927, casi en las mismas fechas se matriculó un barco de la flota pesquera de Melilla con ese nombre.

       No es de extrañar que “Conchi Prozurama” quisiera fijar el culto al Cristo de Limpias en Melilla, con una réplica de cuerpo completo del Cristo de la Agonía (nombre con el que era venerado en Cádiz), y de la que no existen demasiadas  réplicas, pues lo que se comercializa y difunde por todo el mundo cristiano es sólo la reproducción del busto, de gran fama también, o casi mayor que la propia talla, a la que casi nadie ha visto.

          Lo que no sabe tanta gente es que el Cristo de Limpias es una talla a cuerpo completo del año 1700 aproximadamente y de autor anónimo. Su singularidad estriba en que reproduce a Cristo en los momentos finales de su agonía, con la cabeza en una posición tan forzada y con tanto realismo, que la expresión del rostro cambia según la posición desde la que se mire, es más, si se recorre la imagen de derecha a izquierda parece seguir al observador con la mirada. Esto dio origen a las famosas miradas del Cristo en Limpias y dieron origen a los “celebérrimos milagros” que hicieron saltar la imagen a la fama mundial en 1918. El culto se inició en Cádiz, en donde se inició su fama prodigiosa. Finalmente la talla acabó en la localidad cántabra de Limpias, que es en donde se el venera y de la que ha tomado su nombre.

          El manto del olvido cubrió a esta imagen y a su donante, pero también la protegió, pues visto lo sucedido en Melilla, en donde desaparecieron tantas imágenes en el período iconoclasta (1974-1989), esta réplica de estuco quedó a salvo, gracias a haber sido olvidada, pues de todos es sabido que si el Cristo de Limpias tenía centenas de seguidores, también poderosos enemigos.

         El busto venerado en San Agustín durante 60 años, fue retirado del culto por  decisión del párroco Jesús Hurtado y a su vez el busto desapareció para pasar a manos privadas. Todavía hoy sigue sin saberse el paradero final del busto, aunque la lista final de los posibles destinatarios finales no excede de tres personas.

       PD: El clericalismo militante y el franquismo sobre todo, desvirtuaron la historia de la imagen e intentaron apropiarse de su fama, con lo que quedó vinculada a los sectores sociales más conservadores del País. 

    Nota: En la capilla en donde está la replica del Cristo de Limpias, puede verse, en el centro de la imagen, la figura del Resucitado que se procesionaba en Batería Jota, antes de ser sustituido por el actual.

Ramón Buxarrais, el obispo santo en Melilla


Ramón Buxarrais, el obispo que no ha dejado de serlo

        En la capilla del Centro Asistencial de Melilla, todos los lunes, se producen las «peregrinaciones de San Nicolás», y en la misma capilla se rinde culto a un obispo que ya ha sido beatificado por el Vaticano. Dicen que Monseñor Buxarrais tiene especial interés en hacerlo santo, porque ambos fueron obispos de la Diócesis malacitana, aunque en diferentes épocas. Sin embargo, según los cánones cristianos, el santo no es al que se venera, sino el que fomenta esa veneración,osea, Monseñor Buxarrais.

        De los sacramentos eclesiales se dice que imponen carácter, lo que quiere decir que es muy difícil renunciar a ellos, caso del bautismo. Salvo que se profese una herejía, se convierta a otra fe o se reniegue de él. Lo mismo ocurre con los nombramientos eclesiales. No se puede dejar de ser sacerdote y no se puede dejar de ser obispo. Monseñor Buxarrais habla en sus escritos, y en las escasas entrevistas que concede. En uno de sus libros se llamó a sí mismo: «El obispo que no quiso serlo» y la realidad es que lo es pese a sus deseos, aunque emérito.

                       Un santo, pero no para esta Iglesia

        Monseñor Buxarrais, el obispo en Melilla, nunca ha explicado de modo convincente su renuncia a la Diócesis de Málaga y no lo ha hecho, porque a «la verdad» no se la puede mirar cara a cara, apenas pueden ser mostrada. La Iglesia de la que formaba y forma parte, le tolera, pero no le ha ornado  con la más mínima distinción. Jamás ha recibido la púrpura cardenalicia. Se saben y se comentan algunos de sus roces con algún Vicario Episcopal de Melilla, con algún que otro párroco. Sin embargo, él aguanta cualquier desplante con absoluta humildad y resignación, refugiado entre sus pobres y desvalidos ancianos y niños. Su silencio ante algunas de estas «ofensas» tiene más merito, cuando se sabe que en su carácter y en su genio se nota que ha sido y es obispo y también que pertenece al signo de Sagitario.

        Las opiniones de un obispo avanzado, heterodoxo y santo

        En alguna de sus entrevistas publicadas, no se mostró en desacuerdo acerca de la posibilidad de que las mujeres pudieran acceder al sacerdocio. Está claro que Monseñor Buxarrais era más un obispo de La Iglesia que alumbraba el «fugaz destello» del Papa Albino Luciani, que de las rigideces doctrinales y jerárquicas del Papa Wojtyla o de Benedicto XVI. Fue conocido como «el azote de La Jet-Set de Marbella», por sus palabras contra el lujo descarado y la banalidad de la ostentación de la riqueza.

       Sin embargo, sus choques más profundos se produjeron dentro de la vida eclesiástica. El cofrade zamorano Manuel Bueno Fincias todavía recuerda como el peor momento de su vida cofrade, cuando el entonces Obispo de Zamora Ramón Buxarrais (1972), intentó retrasar «dos horas» la salida del paso de La Amargura. La entrevista es de 2008. El resentimiento permanece inalterado tantos años después.

      El siguiente choque con las cofradías se produciría en Málaga, ciudad de la que fue Obispo desde 1973 y hasta su renuncia en 1991. Allí, en 1976 se atrevió a pedir a «las todopoderosas» Cofradías malagueñas, que: «vendieran todo su patrimonio, que lo repartieran entre los pobres y necesitados y que vivieran de acuerdo con las virtudes cristianas de la humildad y la pobreza». Afirmar esto en Málaga es como decir a gritos, dentro del Vaticano que: «Dios no es uno y trino». En aquella época, igual que ahora, la crisis azotaba con dureza las capas sociales más desfavorecidas y resultaba un contraste injustificable, esos tronos cargados de oro hasta los palios, y las gentes sin un pan que llevarse a la boca. Sin ser teólogo, afirmo que jamás el Jesucristo histórico predicó algo semejante, ni tampoco lo hubiese admitido.

      Para acabar estos desencuentros entre el Obispo malacitano y las cofradías, bastó su intención de impedir que tropas militares armadas desfilaran en la Procesión del Corpus. Probablemente hubo muchas mas cuestiones complicadas, pero estos son las que transcendieron a la luz. En Málaga hay quien todavía presume de haber echado al Obispo Buxarrais y quien afirma que las Cofradías son más poderosas que los sindicatos.

   En Melilla está relacionado con dos sucesos importantes. Uno es el de la suspensión de la Semana Santa en 1974 y el otro el de la autorización de la desaparición del culto al Cristo de Limpias en el Barrio del Real en 1989.

   Es un gran personaje en Melilla, en donde reside tras abandonar el Palacio episcopal de Málaga en 1991. Está poco reconocido fuera del mundo eclasial o del voluntariado de prisiones, cuya medalla de plata es la única distinción que ha recibido. Merecería el reconocimiento de Melilla, su nombre para una de sus calles, incluso la Medalla al mérito Social o la de Oro. En una iglesia diferente, sería uno de sus grandes patriarcas y a la larga, un santo.  Su intención es solo ser recordado con la misma frase que se dice de Jesucristo, su modelo Supremo, la de «pasó haciendo el bien».

    

El Papa Luciani. Juan Pablo I


33 años desde su muerte, 33 días de pontificado

         Para acordarse de este hombre hay que tener al menos 40 años, porque han pasado 33 años desde su muerte, un 28 de septiembre de 1978, y su «papado» fue efímero, sólo treinta y tres días. Sin embargo, hay luces que son imposibles de apagar y pese a la brevedad de su paso por el Trono de San Pedro, muy pocos han olvidado al Papa Albino Luciani. ¿ Qué ocurrió con él ?. Es muy difícil de saber, pero diremos que el asunto se resuelve en dos mitades tan exactas, como divergentes: «O fue asesinado o murió aplastado por el peso del Papado».

       En agosto de 1978 había muerto su predecesor, el Papa Pablo VI, el que dijo que: «El humo de Satanás se ha colado por una rendija y ha llegado hasta la misma silla de Pedro». ¿ Qué quiso decir Pablo VI con esta tremenda frase?. Nunca lo sabremos y hay diferentes interpretaciones. En aquellos años, la Lógia Masónica Propaganda 2, se había infiltrado en el Estado italiano y había contaminado hasta el mismísimo Vaticano, en el que al menos 4 cardenales de La Santa Iglesia tenían algún tipo de vinculación con La Logia P2. Pocos años después, bajo el pontificado de Juan Pablo II estallaría el escándalo de las finanzas vaticanas, la quiebra del banco Ambrosiano, la del Instituto para la Obras de La Fe, IOR, y la destitución del Cardenal americano Marzinkus, implicado hasta los tuétanos en el desvío y blanqueo de dinero con fines poco lícitos.

                   La muerte de un Papa

      La conmoción mediática por la muerte de un Papa a sólo 33 días de haber sido elegido, fue tremenda. Nadie salía de su asombro y a partir de ahí y hasta la finiquitación del caso del Banco Ambrosiano, la cascada de muertes en el Estado Vaticano y en sus proximidades fue incesante. Desde ese 28 de septiembre de hace 33 años (mítica cifra por considerarse en la antigüedad que esa era la edad de Cristo al morir), la especulaciones no se han detenido jamás.

        En defensa de la teoría del asesinato destacan el escritor inglés David Yalop y su «En nombre de Dios» y el sacerdote español Jesús López Sáez, que en 1990 publicó su primer libro: «Se pedirá cuenta» y recientemente el 2º, «Juan Pablo I, Caso abierto».

       Sosteniendo la teoría de la muerte natural, solo John Cornwell y su libro: «Como un ladrón en la noche». Leídos todos, la verdad es que resultan más convincentes los tres primeros, aunque es difícil aceptar cualquiera de las dos versiones contrapuestas, sin que surjan infinidad de dudas y preguntas.

     La más sólida de las dudas que se me ocurren acerca de la teoría del asesinato, es que incluso aceptando que la Logia P2 quisiera deshacerse del Papa Luciani, 33 días es un periodo muy breve de tiempo  para preparar una conspiración que acabe con un Jefe de Estado, porque eso es también un Papa. Acceder a una habitación papal y derramar en su «cafetito» vespertino, un tipo de veneno incoloro, insípido, y que luego no deje rastros sobre el cadáver, no es cosa que se pueda hacer en un plazo tan corto. Si difícil es matar a cualquier persona por este procedimiento, tanto más debe serlo el preparar una conspiración para acabar con un Pontífice, dada la dificultad intrínseca del hecho y el número mínimo de personas que deben estar implicadas en algo así.

       En cuanto a que el peso del Papado, tesis defendida por Cornwell, le venciera, podríamos decir que ya quisiéramos cualquiera de nosotros tener el mismo número de ayudantes que tiene un Papa, para soportar ese tipo de carga. En cuanto a que «viese o tuviese conocimiento» de algo horrible dentro del Vaticano, debemos decir que si alguien está acostumbrado a mirar al diablo y a sus efectos, cara a cara, estos son los cardenales de La Santa Madre Iglesia, por lo que no parece probable que el Papa Luciani falleciera al tener conocimiento de «cualquier desmán», por mucho calibre que éste tuviese.

      Como dice el sacerdote español Jesús López Sáez, éste es efectivamente «un caso abierto», pero también, insisto, en que hay luces que por muy débiles que sean, no se apagan nunca y la de Luciani parece una de ellas.  Ya lo dice la oración:  Santa Mª, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.  Amén.

¿ Qué fue de de los capuchinos en Melilla ?


         De los Padres Capuchinos (orden menor franciscana), se decía que habían llegado a Melilla junto con la expedición de Bartolomé y Pedro de Estopiñán y que eran tan antiguos en la ciudad como la Compañía de Mar, la unidad mas antigua del ejército español. Tras la última averiguaciones que realicé para el artículo sobre «La Patrona de Melilla», es probable que en la expedición del La Conquista también vinieran franciscanos de la Orden Mínima, o quizá sólo ellos. Esto podría explicar la resistencia de los capuchinos a considerar a La Virgen de La Victoria como Patrona de Melilla, pese a que la 1ª ermita fundada en la ciudad llevaba su advocación. Los capuchinos no consentían otro patronazgo que el de La Inmaculada e impusieron ese nombre al nuevo templo de Melilla. Es único en toda España, que el templo Patronal no esté dedicado a la propia virgen patrona y sin embargo lo esté a La Purísima Concepción, con la que estaban obsesionados los franciscanos, en todas sus variantes.

            En 1997 y con motivo del V Centenario de Melilla, los Padres Capuchinos recibieron la Medalla de Oro de Melilla, creo que junto a la Cia de Mar. Años mas tarde recibieron orden de repliegue por parte de los Superiores de su Orden y abandonaron para siempre Melilla, pero no se llevaron la Medalla de Oro, sino que la dejaron prendida en el manto de La Patrona (por alguna razón no se la quisieron llevar a su Casa Central). Pese a todo, cada 17 de septiembre después de su marcha, acudían a la ciudad a presidir la misa conmemorativa de La Conquista. Desde hace ya tres años ni siquiera acuden a Melilla a esa protocolaria visita y ni siquiera se les cursa invitación porque ya no responden. Tampoco la Casa de Medina Sidonia tiene la más mínima relación con lo que fuera su «ciudad ducal» y  a la que se honra en el escudo melillense, dicen que hace muchos años,acudieron allí gentes de Melilla como investigadores y «desaparecieron» documentos  del archivo.

        Desde luego en nuestra ciudad hubo en el pasado, una rara habilidad para hacer desaparecer documentos de los Archivos Oficiales y de hecho, muchos archivos personales, ocultos, tienen más documentación, fotografías, que los propios archivos y muchas de esas cosas, sólo pudieron salir de expolios de Archivos Oficiales, en los años turbios de «La transición».   Todo eso está perdido para la historia de Melilla.