Las aguas turbias del Parque Forestal


 

            Territorio de mosquitos y de murciélagos

      En otro tiempo hubo vida en los estanques y arroyos artificiales del Parque Forestal y dimos cuenta de ello.  Muchas entradas sobre las carpas, tortugas e incluso las ranas, reflejan lo que un día estuvo lleno de vida.  Hoy la desidia y el mal cuidado preside todo. La laguna ha sido desecada en dos ocasiones *, para acabar con la población de rana autóctona, porque según se decía, su croar molestaba al vecindario próximo. Acabar con una parte del ecosistema, aunque sea artificial, altera su equilibrio.  Al no haber sapos ni ranas que se coman las larvas de los mosquitos, ni incluso a los propios mosquitos, estos proliferan por doquier, y eso que estamos bajo las todavía frías temperaturas de febrero, en la mitad del invierno, aunque no nos demos cuenta.

  Las aguas del gran estanque están completamente turbias, aparte de que están bajo su nivel habitual de agua. Los arroyos artificiales no tienen corriente y sus aguas  parecen estancadas y llenas de suciedad, aunque  esto solo podemos reprochárselo a los usuarios del parque, que arrojan los desperdicios no sobre las papeleras, sino en los mismo arroyos. También tiene mucha materia orgánica que se descompone por la falta de oxigenación y la ausencia de corriente, dando un aspecto verde a las aguas, que resultan muy atractivas para los mosquitos. La salubridad en torno al agua del parque estará más comprometida cuanto más nos aproximemos al calor del mes de mayo, que no está tan lejos como parece en ningún sentido, ni siquiera el electoral. Todo parece estar descompuesto, sin gestión y lo que es peor, con ausencia de ganas. Melilla ya parece el territorio de la desidia. La situación parece empantanada.

       Así pues, en este entorno, ya solo parecen estar a gusto los murciélagos.

                     «Era por mayo era por mayo, cuando hace la calor, cuando los trigos encañan y están los campos en flor..»

  Nota*: https://elalminardemelilla.com/2013/02/20/desecada-de-nuevo-la-laguna-del-parque/

Arrancar de cuajo


                 Se arranca de cuajo un árbol emplazado en un determinado lugar durante décadas para llevarlo a un lugar cercano o alejado, da igual, porque lo que desaparece de nuestro entorno se acaba olvidando. Sin embargo, el desarraigo no solo afecta a los árboles, sino también a las personas. Cuando hay un transformación constante del medio urbano, las personas dejan de sentirse identificadas con las ciudades y ya les da igual lo que suceda con ellas. Se puede arrancar un árbol, demoler una estación marítima, o arrasar un bulevar para hacer una rotonda extraña y prescindible, sin que apenas se alcen mas de un puñado de voces en contra. Eso el Poder lo sabe y por eso se comporta de la manera en que vemos. En Burgos, en el barrio de Gamonal, la gente se opuso a que se les destruyese el entorno en el que llevaban toda la vida viviendo, y evitaron la puesta en marcha de un bulevar como otro cualquiera. Esta es la clave, mantener el carácter de las ciudades y de los barrios, combinándolo con el necesario desarrollo urbano. Conseguir que las ciudades sean habitables, cálidas  y no un reino de cemento y pavimento extendido sin límites y encima mal cuidado. En un principio quisieron tirar todo, como los bloques de las calles de las Infantas Elena y Cristina y todavía no parecer haber renunciado a sus pretensiones de hacer lo mismo con los de Álvaro de Bazán.

                    Con estas acciones también se arranca de cuajo recuerdos y se reduce la vinculación de las personas con su entorno. Todo está perfectamente estudiado por los poderes que mueven el mundo, para tener así cada vez menos resistencia de la ciudadanía ante sus planes.  Se impone tal ritmo a las reformas, sena del tipo que sean, que luego ya es difícil formar redes de resistencia ante sus acciones de demolición. Estamos ante el «divide y vencerás» pero a escalar universal. Hoy destruyen un árbol, un barrio, o cualquier otra cosa, pero mañana o en cualquier momento, liquidan un país completo. Ucrania es el último de esta lista. Todo lo estamos viendo antes nuestros ojos y todo los que nos dicen por sus medios de comunicación, es absolutamente mentira. Casi no hay modo de saber qué es lo que está pasando.

               Todo está pasando demasiado rápido en Melilla, en este corto pero intenso mes de febrero, el mes que está en medio del invierno.

Los autobuses urbanos de Melilla


                  Todo contra la COA (autobuses de Melilla)

        Me reconozco usuario de la COA, la uso siempre que puedo y cuando no tengo ganas de utilizar el coche. Es un descanso que te lleven de un lado a otro de la ciudad sin estar pendiente del envilecido tráfico de la ciudad, en la que cada vez hay más accidentes, y por la que cada vez es más difícil circular.  La proliferación de atascos, el abuso de la doble fila, la ausencia de civismo al volante y el «aparque donde quiera», convierte a los conductores y conductoras (hay seis mujeres al volante de la COA), de los autobuses urbanos en magos y magas del volante.  Atravesar la ciudad y sus calles, de una punta hasta la otra en tan solo 20 minutos, es difícil incluso para un automovilista y sin hacer paradas.

                                              Historia de la COA

       El origen de nuestros  autobuses urbanos  se remonta a 1927 bajo el nombre de Omnibus Automóviles de Melilla. Esta empresa desapareció en la década de 1930 por problemas laborales y salariales con los empleados. Tras un fallo judicial en su favor, los  trabajadores constituyeron una cooperativa obrera de transporte urbano, que entró en competencia con otras empresas  existentes en la ciudad. En la década de 1940 todas se unifican bajo el nombre actual, siendo su primer presidente Rafael Gallego. En 1957 adquirieron el actual edificio que les sirve de talleres, garaje y oficinas, en la calle Cabo cañón Antonio Mesa en el Barrio del General Sanjurjo o Hipódromo.

                                   ¿Hay alguna maniobra en contra de la COA?

        ¿Qué sentido tiene abrir un concurso público de transporte urbano?. No tiene sentido alguno, salvo que exista algún interés que no conocemos ni se hace público, tal cual ha sucedido con el transporte marítimo. Si el servicio de transporte público ya es deficitario en una empresa melillense, con trabajadores sen régimen de cooperativa, es difícil que una empresa foránea, con trabajadores y autobuses  traídos de la península, consiguiese resultados satisfactorios, salvo que duplicara el precio de transporte nada más llegar, situándole en precios peninsulares, próximos a 1,5€ por trayecto.  Luego, todo sería entrar en la dinámica de mega subvenciones, como ha sucedido con Air Nostrum y Acciona, empresas que si no fuese por el dinero público que se las inyecta, bajo los contratos publicitarios, ni siquiera estarían aquí.

                          ¿Porqué no se subvenciona o municipaliza la COA?

         Todas las capitales españolas tiene empresas municipales de transporte público urbano salvo Melilla. No se entiende que los trabajadores melillenses de los autobuses tuvieran que amenazar con una suspensión del servicio, por una falta de ayuda al combustible, en la ciudad en la que se subvenciona absolutamente todo, y en cantidades mucho mayores que el transporte urbano. Entidades culturales, asociativas, deportivas, reciben cantidades mucho mayores que la COA, y tiene mucha menor utilidad social. En todo lo que sucede con el transporte urbano de pasajeros hay algo o mucho, que no se entiende.

                              Los problemas del transporte y su futuro

        Lo primero a solucionar es el control sobre el caos circulatorio. Impedir las dobles filas sistémicas, el aparcamiento sobre el lugar autorizado para el estacionamiento de autobuses y el mal aparcamiento que obstaculiza el paso de los autobuses. Regular el tráfico con algún tipo de criterio y no solo mediante el abuso de las rotondas. Instalación de marquesinas y paradas de autobús acordes con el siglo en curso. Información sobre horarios y recorridos y diseño de nuevas líneas de tráfico. Pero sobre todo, lo que hace falta es una gestión eficaz, comprometida con el ciudadano y atenta a la solución inmediata de los problemas. La ciudad no se puede controlar desde los despachos. Hay que pisar el asfalto y las aceras.

La cuesta de La Constitución


            La barriada de La Constitución, o las 400 viviendas, tiene una cuesta casi infranqueable, con constantes badenes y cambios de nivel que la hacen peligrosa, y que divide al barrio por la mitad. Es una de esas extrañas obras, se supone que bien intencionadas, pero de resultado incierto.  Esta nueva calle se abrió hace una década para facilitar la comunicación entre los dos sectores del barrio y para crear una nueva salida sin tener que utilizar la carretera circular que circunvala el barrio. Como todo el pavimento de Melilla, ya está en muy mal estado, lleno o de parches y de costurones y con las arquetas algo más hundidas que el resto del pavimento. Los cambios de rasantes son forzados por las diferencias de nivel entre los bloques, que se asientan sobre la ladera de un antiguo cerro o pequeña loma. Además, hubiese sido demasiado peligroso el realizar este vial con una pendiente completa.

           El hundimiento del terreno sobre el que se asienta este vial, debido al paso continuo de tráfico rodado, ha provocado que las intersecciones de los diferentes niveles que separan la cuesta, sean más acusados, con lo que la amortiguación delantera de los vehículos se hunde demasiado. El cambio de rasante es demasiado brusco, porque la pendiente es muy acusada. Ya hemos escrito en otras ocasiones sobre situaciones similares en otras partes de la ciudad.

                Motocicletas, bicicletas, camiones de reparto y vehículos deben transitar con cuidado por esta cuesta, que se está volviendo más peligrosa con el paso del tiempo y la ausencia de mantenimiento, lo que ya es casi una ley en casi cualquier parte de la ciudad.

El espíritu de los árboles


                          El bosque encantado

            Uno siempre ve lo que quiere ver y también es cierto que hay imágenes que son iguales para todos. Otra cosa son las apariencias, que pueden parecernos lo que no son, y  que a veces tendemos a agrupar bajo determinadas formas para verlas como algo de nuestro bagaje cultural y personal. Hay imágenes que son por sí mismas y otras que las hacemos nosotros. Bastó que alguien identificara una forma humana en una fotografía de un árbol podado, para que ya todos no viésemos otra cosa, que aquello que otro había visto. Eso también ocurre a menudo. Cuando un ve y muestra algo, todas las siguientes miradas se orienta hacia esa imagen concreta, que otro nos ha mostrado.

          Todos hemos leído y oído hablar sobre bosques encantados, con árboles de apariencia humana o de espíritus atormentados.  Árboles con formas de gigantes, o de brujas y brujos. Veo todo los días decenas de árboles, algunos con extrañas formas, que si estuviesen agrupados, formando un bosque, sería sin duda «encantado». Nadie se atrevería a entrar en un bosque con este tipo de árboles, solo y de noche. Con la luz de la luna y las sombras incrementando las apariencias, cualquier efecto óptico sería posible. El ulular de los búhos junto a otros ruidos de especies animales y alguna rama baja que nos roza sin que nos percatemos de ella, han alimentando las historias de terror durante siglos. Hay pocas personas que se atrevan a atravesar solas un bosque por la noche.

          El bosque encantado que imagino, estaría compuesto casi sin duda por ficus, con sus retorcidos y extraños troncos, incluso con raíces que a modo de pelambrera desgreñada bajan por ellos. Un comentario a una entrada sin mayor trascendencia, ha desatado mi imaginación, y aquellas formas que veo a diario han cobrado forma. Estas son solo algunas de ellas.

         Eso sí, una vez que alguien nos las muestra, difícilmente las podemos ya ver de otra manera.

Las lágrimas milagrosas del Cristo de Melilla


             

El Cristo de La Caña y la sangre de Annual

                          Enrique Delgado

             Las lágrimas, las de verdad, fueron las que derramaron miles de madres a lo largo de tres décadas en las guerras de Melilla, pero hay otras lágrimas, unidas a las primeras y son las lágrimas milagrosas de una imagen ya casi olvidada, y una historia que ha estado cubierta por el velo del silencio, del olvido  y de la censura.  Estas son las premisas de un enigma imposible de resolver, y que hubiese desaparecido,  sin el acierto de un libro «De Cristo», del profesor de la Universidad de Salamanca,  Fernando Rodríguez de La Flor. Alguien lejano a nuestros hechos y a nuestro espacio físico, rescata, en un libro magnífico, denso, duro, desmitificador e incluso iconoclasta, la historia olvidada, no mencionada por ninguno de los cronistas religiosos de Melilla; de una imagen que no ha dejado de estar presente en las retinas de todos los que acuden, con una intención u otra, a la iglesia de La Purísima Concepción de Melilla.

            No hay nadie que no la haya visto o que no sepa de cual se trata, cuando se menciona el Ecce Homo de Melilla La Vieja o el Cristo de La Caña, pero tampoco hay nadie que supiese que esa imagen, desde días antes del «Desastre de Annual, en julio de 1921, empezó a derramar lágrimas, según dicen, los testimonios orales de los pocos que recordaban la historia, y que en algún momento se la contaron a José Luis Blasco, que me ayudó con los datos que le proporcioné, para identificar la imagen a la que alude el libro del profesor salmantino.

         En la Iglesia del Pueblo existen tres imágenes de Cristo y las crónicas que voy  a mencionar, hablan de una imagen que nadie identifica, pero de la que había oído hablar e incluso escrito, aunque sin poder identificarla tampoco. Concluye aquí una búsqueda de 7  años tras la imagen de un Cristo milagroso, y que ahora se cierran, de modo casual y justo cuando ya había dado por perdida la historia.  Dicen que a Dios no se va, sino que Él te busca y que incluso se sirve de no creyentes, en el sentido más canónico,  para conseguir sus fines.

                                     Las lágrimas en el arte

           Este es el título del artículo de Ramón Gómez de la Serna, publicado en La Esfera el 8/12/1923 y que rescata el profesor Rodríguez de La Flor. El párrafo que alude al Cristo melillense es el siguiente. «Un telegrama de la agencia Fabra que ha circulado últimamente por toda la prensa decía, refiriéndose a un Cristo de Marruecos: Según muchas personas la imagen que se venera en la Iglesia de La Purísima Concepción de Melilla, regentada por los Capuchinos, derrama lágrimas y abre y cierra los ojos cuando los fieles acuden a rezar ante Él. Si los Cristos lloran en el desastre del dolor solitario y fatal de España ante la sarracina inveterada, ¿Cómo no van a ser tan sentimentales y lloriconas nuestras vírgenes?».

           El artículo de Gómez de La Serna es de finales de 1923, cuando una agencia de noticias recogió el  caso del milagroso Cristo melillense, y tras saltar la barrera que impone el mar, se abrió paso entre las noticias de la época,  colocándose a la altura del Cristo cántabro de Limpias. Sin embargo el fenómeno llevaba ya dos años produciéndose en la ciudad. Un año y medio antes, un colaborador del Telegrama del Rif, P. Pillo, el 23/05/1922, hizo una rimas bastante anodinas que tituló como «Un Cristo milagroso en Melilla»: Como verán me limito a acoger lo que comentan, con fervoroso entusiasmo, gentes piadosas y serias. ¿Un exceso de fe?, ¿Una visión?.

             Las enormes cautelas del colaborador del Telegrama del Rif, que tampoco identifica de qué imagen se trata, solo se explican por la presencia vigilante de la censura militar y de la  eclesiástica. Suponemos que cuando este colaborador se hace eco de la lacrimosa efigie de Cristo, es porque el asunto estaba suficientemente consolidado como para no confundirlo con un momento de efervescencia religiosa, tras la mayor sangría de un Ejército de España fuera de su territorio, como fue el caso de Annual.

            Desde la catástrofe del Barranco del Lobo en 1909, la opinión pública española estaba completamente sensibilizada con la palabra Melilla, que por otro lado siempre ha inspirado e inspira mucho temor a La Nación. Tras la conmoción de 1921, en la que una vez más la sangre la pusieron los hijos de las madres españolas, no se podía permitir que una imagen religiosa, por muy de Cristo que se tratase, pusiese en jaque la estabilidad de alambiques que sostenía a La Dictadura de Primo de Rivera y a la agujereada monarquía de Alfonso XIII. Solo el socialista Indalecio Prieto se puso en el lugar de las madres, que recorrían la carretera de Taouima a Zeluán (la de la muerte), para identificar en los despojos de cadáveres, lo que algún día fueron » hijos nacidos de sus entrañas». Las madres no tenían voz, y la verdad no podía ser expresada en modo alguno, por lo que una efigie de madera, que representa a Cristo, se convirtió en el portavoz  de tanto dolor y de tanta sangre derramada, de manera inútil y forzada.

                                             La cuestión de las imágenes

            Son numerosas las cuestionas planteadas y descritas por el profesor Fernando R. de La Flor,  como la relativa a si hay alguna manera de aproximarse a las imágenes, que no sea la de la Fe o la mirada artística. En largos periodos históricos, ya sea de la Edad Media, del Barroco o del Antiguo Régimen, las imágenes religiosas fueron parte de la vida de las personas, para desaparecer luego de modo completo. Las imágenes, según el profesor salmantino: «dejaron de interesar a la propia Iglesia». Así pues, tallas y representaciones de santos, cristos y vírgenes que lo fueron todo en determinadas épocas, yacen hoy solitarias y casi sin culto en centenares de iglesias. Algunas, como la del Cristo melillense, han estado a punto de que se borrase toda su historia.

                                ¿Por qué el Cristo de La Caña?

             En la Iglesia de La Purísima Concepción hay tres imágenes de Cristo expuestas al público y había que decidirse por una para asociarla a este olvidado pasado milagroso. El Cristo de La Vera Cruz está descartado porque tiene los ojos cerrados, y el Cristo del Socorro ya tiene su propia historia milagrera, a la que sin duda alguna se hubiese unido ésta. La imagen a la que aluden las crónicas tenía que ser otra y para eso solo podemos fiarnos de la tradición oral, recogida por José Luis Blasco y por un detalle fundamental. Aunque muchos no saben el motivo, sí conocen que el Cristo de La Caña estuvo retirado del culto y oculto en la sacristía durante décadas. Los que lo escondieron y sabían los motivos solo pretendían que todo se olvidase, y este detalle sí sirve para asegurar, ya sin temor al error, que el Cristo lacrimoso y milagroso de Melilla, solo puede ser el Cristo de La Caña. Ahora  la historia  ya está a salvo del olvido.

                                        

El árbol de enmendio


                      La rotonda del cuello de botella

         El Barón Rampante es un personaje de la novela homónima de Italo Calvino, que decepcionado por el mundo y sus circunstancias decidió subirse a un árbol y no volver a bajar de ellos. Así prosiguió hasta el final de sus días, pese a los desesperados intentos de familiares y amigos.  Llevamos cuatro entradas seguidas escribiendo de árboles, de una manera u otra, pero no solo hablamos de ellos, sino también de muchas cosas más. Sobre todo lo hacemos cuando muchos ya han desistido de escribir sobre cosas del mundo real.

                Alguien, un colaborador del Alminar nos advirtió de que o veía muy mal, o en las obras de la nueva rotonda de la calle Reyes Católicos los dos espléndidos y amplios carriles de la avenida se convertían en uno solo. Como siempre decidimos comprobarlo con nuestros propios ojos y luego mostrarlo. Habrá quien niegue todo, incluso que ese árbol que todavía está, por poco tiempo suponemos, en medio de los carriles de circulación sea arrancado de allí y arrojado y/o trasplantado (según la terminología de la Consejería Medio Ambiental), a cualquier otra parte, en donde no estorbe ni moleste. sin embargo no vamos a escribir de árboles, aunque haya uno en medio.

                                          La rotonda que nos viene

                  La rotonda que se nos viene encima es del tipo estrangulador, y o ninguno vemos lo que hay que ver, o los dos carriles de tráfico de la avenida de Reyes Católicos se convierten en uno solo. No tenemos nada en contra de las rotondas, pero sí de los diseños, que parecen hechos por el peor enemigo del tráfico rodado y automovilístico. Tampoco tenemos nada a favor de los coches, pero no son tiempos de volver a la diligencia. No se comprenden esos giros tan forzados y desplazamientos laterales que obligan a realizar, como los de la rotonda de la avenida de La Democracia. No se entiende esa dimensión exagerada de los bordillos de las aceras y que son la causa del estrangulamiento de la rotonda.

              Siempre se ha dicho que «sabios tiene Roma»,  y lo que queda meridianamente claro es que Melilla no es Roma. Lo que llaman tala no lo es, lo que llaman poda tampoco y ésto no son rotondas.