El trabajo del sacerdote Buxarrais


                 Pero alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo por mis obras, te probaré mi fe. Santiago 2, 18

                  Terribilis est locus iste  (Este lugar es terrible)

Este lugar es la capilla del Centro Asistencial, bajo la advocación de la Virgen de La Medalla Milagrosa.  Este el el lugar que escogió el entonces obispo de Málaga Ramón Buxarrais,  en el año 1991, para su retiro. Fue el primero que cumplió por entero la exhortación evangélica: «Deja todo lo que tienes y sígueme». Es el mayor ejemplo en Melilla de alguien que renunció a todo y venció al mundo. Afirmo que este es un lugar terrible porque aquí se convive con la muerte a diario. No es un lugar fácil para trabajar en él, ni siquiera para visitarlo, pero la mayor dureza es pasar allí las 24 horas del día, desde hace más de 22 años.

Aquí está forjando su fama de santo, el padre Buxarrais, Don Ramón, o monseñor, pues atiende por cualquiera de esos nombres. El padre Ramón oficia su misa diaria, cada mañana, desde hace dos años, para la media docena de internas y de alguna otra mujer que acude desde el mundo exterior. Desde hace 6 años soy testigo ocasional de lo que hace, y ese es el trabajo que tengo pendiente y al que tengo que dar forma. He visto y vivido muchas cosas que jamás pensé ver, en un lugar de gran humanidad y de insólita dureza, porque de aquí no se sale con vida, aunque hay mucha vida y experiencias acumulados dentro de él.

Es un lugar duro,  por mucho que la totalidad de los internos estén perfectamente atendidos, y el trato con los trabajadores sea casi familiar. También hay muchos voluntarios que acuden todos los días para atender a ancianos y ancianas, para darles un rato de charla o de compañía. Todas estas acciones, tanto voluntarias como laborales son loables, sin embargo, acabado el turno de trabajo o de visita, quien sea se va. El único que queda allí  es el padre Ramón Buxarrais, quien este diciembre cumplirá, D.m, 84 años. Es la parte final de la vida, esa que no aterra y en la que no queremos pensar, pero que está ahí. Hay personas terriblemente desvalidas, irreconocibles ya en lo que fueron algún día. Estar en ese lugar todos los días, sin faltar uno, no es algo al alcance de cualquiera, por eso no dejo de admirar y de manifestar la grandeza humana y el ejemplo de Monseñor Buxarrais. Mi papel únicamente es el de ser testigo, dando cumplimiento a la máxima  Pablo: «lo que veas, escríbelo en un libro».  El tiempo con el que contamos es finito, y quiero plasmar todo lo que allí he visto y todavía veo. Todas las semanas se deja de ver a alguien, bien porque ha pasado al pabellón de los no válidos, bien porque se ha marchado «al reino de los cielos». Hay también mucha tristeza y melancolía que se posan en las miradas del que por allí pasa.

El pasado 11 de septiembre se cumplieron 22 años desde su renuncia al episcopado malacitano. Nadie, ni siquiera él mismo, pensaba que iba a aguantar tanto, porque de Málaga se vino con graves dolencias físicas, que fueron agravándose con el paso y el peso de los años, y de las que ha sido intervenido en varias ocasiones.

Todo ejemplo necesita de un testimonio, aunque a él solo le baste con lo que hace, y con la recompensa del cariño y la gratitud de las personas que trata a diario. Al final Dios Padre, en el que cree firmemente, le ha concedido la suficiente perspectiva, para que compruebe por sí mismo, que lo que pareció «una excentricidad o incluso un abandono» en su momento, hoy es el más firme ejemplo de una iglesia que debe deshacerse de todos los fariseos que la pueblan, y que hacen en ella la misma labor que las rémoras en la piel de las ballenas, esto es, dificultar su movimiento.

Voy allí con cierta asiduidad, pero en frecuencias difícilmente observables y repetibles. Busco instantáneas y momentos poco observados. Conservo cientos de fotografías de monseñor Buxarrais en esta etapa de su vida, decenas de impresiones y reflexiones, pero todo eso es solo una parte ínfima del mosaico que compone la historia del Centro Asistencial, próximo ya a su centenario (1915), y tan solo un leve retazo de la figura humana y del ejemplo que allí deja el obispo emérito de Málaga, el padre Ramón.

Es la historia oculta, la que no se ve, la única que me interesa. Un testimonio desde fuera y a la vez dentro, que es la única manera de observar las cosas alterándolas lo menos posible. Un testimonio que sirva tanto al que esté dentro como al que se encuentre fuera, y quizá más este último que al primero. Tomás fue bendecido por creer tras haber visto, pero más alto es el mérito del que cree, pese a haber visto.

Locales nocturnos en Melilla


Este problema afecta a muchas ciudades que tiene locales de copas, pubes, o de ocio nocturno, en la parte baja de los edificios de viviendas. En eso nuestra ciudad es como todas. Ocurre que en muchos ciudades los gobiernos municipales están atentos y en otras no. En este último apartado nos encontramos en el segundo grupo. Melilla contaba con una zona de ocio nocturno que era el Puerto Deportivo, pero la autoridad Portuaria decidió cargársela, eso sí, con un plan de renovación que costó 1,2 millones de euros y que en realidad no ha supuesto cambio alguno, salvo malgastar el dinero. La consecuencia es que algunos de los locales de ocio nocturno allí instalados han buscado otros lugares en donde seguir ejerciendo su actividad, y han escogido el barrio del Real, que estaba tranquilo hasta hace poco. La realidad es que en donde hay un local nocturno, hay problemas, porque la gente entra y sale, y da mas voces según ha consumido más alcohol. Hay que respetar el derecho al descanso y el derecho al trabajo y este es el ámbito de actuación de la administración local.

En ninguna ciudad del mundo, los dueños de estos establecimientos solicitan no cumplir la ley o el reglamento de actividades molestas, salvo en Melilla, en donde la Asociación de Empresarios de Hostelería ha solicitado la flexibilización de las horas de apertura y cierre, o sea incumplirla, para limitar la reducción de beneficios, que no pérdidas. No es la misma cosa aunque los empresarios lo pretendan. Se puede intentar reducir el margen de beneficios, reducir el precio de la segunda consumición, no ofrecer «garrafón», pero nunca solicitar el «no cumplir los horarios de cierre y apertura». El derecho al trabajo y el derecho al descanso deben conciliarse, y no verse reducido el segundo-

La responsabilidad de todo esto es de la autoridad competente, en este caso la municipal, que debe velar por el cumplimiento riguroso del horario de cierre, porque los locales estén insonorizados, porque no se consuman bebidas alcohólicas en la calle y porque los paseos y bulevares no se conviertan en improvisados merenderos. Los dueños de los locales de copas y de ocio nocturno deben también velar porque los clientes no conviertan la calle en una ampliación de su negocio, porque no se aproveche el salir a la calle a fumar, para entablar ruidosas, interminables  y molestas charlas.

Todo lo que debería evitarse y vigilar, es lo que está ocurriendo en la calle Mar Chica, en el pub arrendado de un consejero del gobierno de Melilla. Cuando la autoridad no vigila, todo queda en mano de los vecinos y de los ciudadanos. Otro cercano también tiene los mismos problemas con sus vecinos.

Nota: (1) https://elalminardemelilla.com/2013/08/31/cuando-el-bar-es-la-calle/

(2) https://elalminardemelilla.com/2011/07/22/incidentes-junto-a-un-local-de-copas/

Galería y silo de San José


 

                     Suciedad, abandono y el gato muerto

Casi nadie visitó nunca el silo prehispánico (rifeño-musulmán), y la galería española del Baluarte de San José bajo, pero durante un tiempo, una azafata de «Melilla Monumental», se pasaba allí las mañanas de los domingos y festivos, en espera de que algún visitante despistado o algún turista ocasional de cruceros, cayese por las inmediaciones. Ambas cosas sucedían rara vez, y tampoco la visita resultaba demasiado atractiva. Era muy corto el espacio a visitar y casi nula la información proporcionada. La nomenclatura nunca se ha distinguido por mostrar lo mejor de lo que atesora. El yacimiento del Gobernador sigue hundiéndose en la miseria del olvido, así como todo el edificio, que iba a ser desde un «hotel encantado», hasta una posible sede múltiple de asociaciones desesperadas. Todo es propaganda y luego, como casi todo el mundo se olvida, y los medios de guerra no se ocupan de ello, salvo de los actos institucionales; la realidad queda sepultada por el espesor del plomo del silencio informativo.

Juro que no quería volver a ocuparme de estas cosas, que por nuestra parte (la del Alminar); las de  todo el gobierno de Melilla y su ineficaz gestión, que podría irse entera al Hades y no nos volveríamos a ocupar de ella.  Ayer, simplemente aparqué en el pasadizo del Mantelete y la calle de Santiago, y al pasar junto a la  otrora esplendorosa «galería y mina de San José», un inconfundible pestazo a animal muerto atrajo mi atención hacia la puerta del emblema turístico. Procedí a hacer las fotos y a identificar la causa del hedor infernal, que no era otra que la que había imaginado. La fotos, que son las pruebas, no mienten. Esta es la realidad turística de nuestra ciudad, mientras nuestro gobierno sigue a lo suyo, que es presentar la siguiente Semana Náutica, en el Club Marítimo de Barcelona.

PD: Esto es lo que queremos dejar de hacer en El Alminar, o dedicarnos a ello solo de manera esporádica, sin que la realidad nos infecte con su podredumbre. No es que no seamos capaces de hacerlo, podríamos hacerlo hasta 70 veces 7, es que no queremos hacerlo más. El hastío es absoluto.

Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/12/10/galerias-y-minas-de-melilla/

Desmoronamiento en la Estación Marítima


 

                                      Desplazamiento lateral del bordillo 

Este bordillo que delimita la zona de aparcamientos de la Estación Marítima se está desplazando hacia arriba y provocando también un empuje lateral, que amenaza con derrumbar la señal de tráfico y los pivotes y la cadena que delimitan la acera y la calzada. La mala impermeabilización del suelo, o las deficiencias en la construcción de la estación marítima más cara del mundo, provoca ya defectos a solo unos pocos años de estar finalizada. Es curioso como se repiten los modelos constructivos de una ciudad a otra, incluso el empleo de los mismos materiales. Esas piedras artificiales no dan buen resultado, eran más seguros los clásicos bordillos de granito, que por lo que se ve, han pasado a la historia. Es un tipo de material urbano que resulta vistoso el día de la inauguración, porque van enlucidos en diferentes colores, pero que se deteriora con demasiada rapidez.

Está claro que el origen del problema radica en el modelo de contratación con las obras públicas. La sucesión de contratas, adjudicaciones y los modificados de proyectos, encarecen las inversiones hasta más allá de lo razonable,  y provocan enormes fugas del dinero público, que acaba haciendo no rentable cualquier proyecto realizado. Todo acaba siendo deficitario, obliga a un mantenimiento constante y a una pérdida masiva del dinero disponible. A una reparación le sucede otra y así hasta el derroche infinito. Otro problema provocado por modelos de contratación, es que al ser varias las empresas que participan en la construcción, luego es casi imposible el atribuir responsabilidades en caso de que algo vaya mal, o la exigencia de las reparaciones menores, como esta, que deberían tener un «plazo de garantía».

La Odisea y la necesidad de renovarse


 

                 La Odisea y el viaje de Ulises

            Algunas cosas mantienen su nombre mucho tiempo después de que los humanos, mujeres y hombres,  ni siquiera recuerden por qué se llaman así.  La Odisea fue un gran viaje, el que realizó Ulises tras la conquista de Troya. Fue un viaje empujado por la necesidad del conocimiento, por el deseo de ir más allá de lo conocido, pero también fue un viaje impuesto por los dioses antiguos, en la esperanza de que pereciera en él. Pese a todo contó siempre con la protección de Atenea, una de las hijas de Zeus.  En toda experiencia  humana, en todo viaje, siempre se cuenta con todas las posibilidades, la de la destrucción, la del triunfo y también la de la mera supervivencia, que tampoco es mal premio. Para la inmortalidad no hay reglas ni leyes.

                   El Cabo de Gata y el arrecife de Las Sirenas

            Hoy por hoy,  nadie recuerda ni sabe el porque estos accidentes geográficos de la provincia de Almería se llaman así.  Los viejos geógrafos griegos y romanos ya los denominaban de esa forma, pero sin conocer el motivo. ¿Quiénes eran las sirenas, como era de atractivo su canto, por qué Ulises tuvo que amarrase al mástil para resistir a su llamada?. Parece claro que el canto de las sirenas es o era la adulación, con mucho, una de las más destructivas armas humanas. Sin embargo, en vez  de evitar a las sirenas, Ulises fue en su busca, pero advertido de su peligro, tomó las precauciones debidas. Era un hombre osado, audaz, pero prudente, y también un gran embaucador, el primer hacedor de patrañas de la antigüedad, como se dice en la propia Odisea; cuando explica todos los pormenores de su «insólito viaje», a su sorprendida mujer. Penélope jamás creyó en su muerte, y  resistió durante años, a toda la legión de embaucadores que pretendían desposarla, creyéndola ya viuda.

                El Cabo de Gata se encuentra en la provincia de Almería, eso lo sabe casi todo el mundo, muchos conocen la leyenda del viaje de Ulises, y solo muy pocos la existencia del arrecife de Las Sirenas. Es verdad que la geografía homérica es sumamente imprecisa en muchos puntos, que ciertos lugares solo los menciona porque seguramente escuchó hablar de ellos a los marinos que iban y regresaban por el Mediterráneo, que no conocía la existencia de todos aquellos lugares que mencionaban. Sin embargo, ciertos conocimientos sugieren que Homero vivía en una ciudad de la costa del Egeo, o incluso en una isla.

            A Homero, hasta el siglo XIX, los catedráticos de las sociedades históricas y geográficas lo conocían como «el viejo embustero», sin embargo, Heinrich Schiliemann, descubrió la ciudad de Troya, solo con el otro texto homérico de  La Ilíada en las manos, y su simple descripción y localización de la ciudad. La colina de Hisarlik en Turquía, era la única visible desde la isla de Ténedos, tal y como se afirma en el relato .

 La Odisea y El Alminar

                    No hemos regresado, pero tampoco hemos dejado de estar. La realidad es como una rueda de molino, que fabrica la mejor harina, pero también tritura cualquier cosa. La única manera de vencer al mundo es alejándose de él, pero tampoco es posible huir de la realidad. La hemos abandonado, pero solo parcialmente. La Odisea es la vida, y también la vida es una odisea constante. A veces hay puertos o lugares en donde refugiarse, y otros las tempestades nos encuentran en mar abierto. Nunca dejaremos de estar frente a ellas, por eso hay que aprovechar las calmas, que suelen alternarse con los vendavales. Buscamos una nueva sintonía, otra frecuencia, en la necesidad de la transformación, pero sin dejar de ser lo que somos, sin dejar de ser reconocibles.

El arrecife de Las Sirenas

            Para la presente entrada, cuento con dos fotos artísticas de Manuel Flores, mi cuñado, realizadas a pie de mar y que recogen perfectamente la magia y la leyenda del paraje. En un día en el que las brumas que envuelvan el arrecife, las fotos resultarían sobrecogedoras. Quizá Ulises nunca llegó tan lejos en su odisea, pero quién sabe.

Octubre


A veces es simplemente imposible dar un solo pasa más, y hay que saber reconocer ese instante. Lo que se ha hecho, dicho y escrito,  permanecerá y seguirá ahí para seguir siendo consultado. Hay cosas que no deben cambiar, para que sirvan de guía. A veces es necesario detenerse para pensar. «No hay mayor placer que ver el trigo crecer»,  dice el refrán y otro añade: «siembra cebada en barbecho aunque esté mal hecho». Octubre es época de siembra, y eso es lo que hay que hacer. Parar, detenerse en el momento justo es algo muy difícil, de ello escribíamos hace no mucho en una entrada que titulamos como «retirarse a tiempo», y más en un momento en el que se mantiene un éxito aparente, una influencia evidente y un número de visitas muy elevado y regular. La física enseña que ningún ser viviente, o no viviente, escapa a sus leyes. Todo vale para todos, incluso para uno mismo. En mayo de 2012 (*) también nos hacíamos esta reflexión, la de la necesidad de detenerse, aunque sea por un tiempo indeterminado. Es una constante del Alminar y lo seguirá siendo. Esta situación se ha producido en más ocasiones, no es pues la primera ni tampoco será la última.  Es también una constante en las andanzas de Don Quijote, hasta que se retira de modo definitivo, obligado por una derrota en las playas de Barcelona. No es ese nuestro caso, nadie nos ha vencido en playa alguna ni nos han impuesto una retirada.

Es todo más sencillo. Hay algo pendiente que debo llevar a cabo y que está esperando desde hace dos años. Debo dedicarle todo el tiempo disponible, que no es mucho. El mundo, cualquier cosa, todo, seguirá existiendo sin nosotros y regresaremos, y los mismos problemas seguirán acechándonos, y las mismas preguntas seguirán esperando alguna respuesta. Hay también un cansancio que impide llegar más allá. La mente se agota e impide ver claro. Como dijo Wittgenstein: la única forma de vencer al mundo, es alejándose de él; aunque sea solo por un determinado tiempo, aunque sea imposible alejarse de él. Hay que buscar otra frecuencia, volver a sintonizar con el espíritu porque su soplo es muy tenue. A veces la señal es esa, que no la hay, porque si buscamos hormigas imaginándolas como elefantes, nunca encontraremos hormigas. Por ahora, el tiempo se ha cumplido.

PD:  Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Juan 5, 35-36

Nota: (*)  https://elalminardemelilla.com/?s=la+segunda+salida

Septiembre


Acaba el mes de septiembre. En El Alminar es más lo que no se ha visto, que lo que se ha mostrado. En apariencia ha sido un mes normal, sin demasiados entradas, pero con una afluencia constante. No ha sido fáciles las cosas aquí dentro. Muchas de las cosas que ocurren o pasan, se disuelven como las gotas de lluvia, sin que jamás nadie se percate de ello. La mayor parte de los colaboradores están en el papel de observadores. La desesperanza aumenta y las personas se sienten cada vez más inermes ante la magnitud de lo que está pasando fuera. A veces tenemos la tentación de creer que aquello que nos pasa a nosotros, es más de lo que le pasa a cualquier otro. La realidad muestra que atravesando la capa superficial que cubre todo, hay decenas de situaciones personales desgraciadas, de las que jamás se sabrá nada, y que nunca tendrán un testigo que las relate. El mundo de la política ya no interesa a nadie. La clase política vive en su propio mundo, en su propios debates, y la gente se las apaña como puede. Nuestro dolor o la desgracia del vecino, no es más importante que aquella que le acontece a otro. Todo pende de un hilo para todos, sin embargo unos pocos, cada vez menos,  siguen blindados a cualquier contingencia social. Ya hay dos mundos, el de aquellos que  nos gobiernan, con sus disquisiciones y su constante fuga de la realidad, y el del resto de las personas, que a duras penas mantienen o mantenemos unos logros sociales, que costó muchas generaciones conseguir. Mucha gente quedó en la cuneta, y otra mucha seguirá quedando para mantener este sistema inmoral, al que ya nadie defiende. Al principio, en los primeros meses de la ofensiva neoliberal del nuevo gobiernos, comentaristas muy aguerridos intentaron defender esas reformas. Hoy, esa política económica impuesta desde fuera, está afectando a todos, incluso a la enorme masa social (11 millones de votos), que otorgó la mayoría absoluta al Gobierno del PP. Alguien está talando el árbol de la protección social por la base, con la excusa de una mala gestión económica anterior ( la del gobierno de Rodríguez Zapatero), que indudablemente hubo.

Hay poca luz y demasiada sombra. Desde El Alminar se sigue viendo todo, cada vez más de lo que desearía. Han cambiado mucho las cosas desde esta entrada*, sobre todo, que entonces había esperanza  y ahora casi no. ¿Seguimos contando las cosas?. Cada vez las fuerzas son más escasas  y las ocasiones para hacerlo no son tantas. Es necesario también abstraerse y olvidarse de todo esto. La lucha contra el tiempo es algo que siempre se pierde. ¡Dejemos que acabe ya septiembre!.

Nota *: https://elalminardemelilla.com/2012/02/25/la-niebla-cubre-el-alminar/