1989. La campaña maldita (III)


      

 

 

   » Irás por fin algún día adonde esa ambición tuya, desenfrenada y furiosa te arrastraba ya hace tiempo».  Catilinarias. Cicerón

Hoy tampoco creo que Imbroda fuera el malo de aquella película. Nadie pudo considerarse neutral en unos hechos en los que todos colaboraron, es más, la mayor parte de aquellos actores, hoy siguen representando el mismo drama pero con los papeles cambiados.

Simplemente se obsesionó con el Poder, conspiró todo lo posible para obtenerlo y una vez llegado a la cumbre, ésta te domina y uno empieza a ser prisionero de aquellas mismas maneras y errores de las que acusó a Velázquez. Es un ciclo que se repite cuando no se aprende de la historia, ni se ha reflexionado suficientemente sobre los pasos que uno mismo ha dado.

Imbroda entonces recibió durísimas descalificaciones y denuncias, fundadas probablemente sobre la misma base de verdad, que las que hoy reciben sus adversarios. Todo está sobre la misma cimentación ideológica, la misma lógica ( http://videlanghelo.wordpress.com/2008/03/03/los-11-principios-de-la-propaganda-de-goebbels/), la de la destrucción del adversario y la de la inteligencia diabólica del Doctor Goebbels y sus 11 principios de la propaganda y de la orquestación de la propaganda en contra de una persona o grupo adversario.  Ocurre solo que quien entonces era su víctima hoy es el principal beneficiario y a la inversa.

Con esta lógica perversa hay que empezar a acabar en Melilla, a partír del mismo día 23 de mayo. Los malos de entonces fueron señalados con una «x», en una de las mayores barbaridades que se hayan hecho jamás y eso fue un día tras otros y nadie pudo o quiso evitarlo. Y de aquellos cenagosos polvos, vienen estos irrespirables lodos.

1999. La campaña maldita (II)


           Hoy veo ese «lema» con el que concurrió a las elecciones el ya derrocado Velázquez, «El Futuro» y está claro que era una profecía, era un lema pero para once años despues. Ninguna profecía se expresa en términos inmediatos, sino que se anticipan a su tiempo.  Aquel «El Futuro» estaba anticipando su regreso, pero despues de haber purgado sus errores, que fueron muchos. El principal de ellos fue el haberse rodeado de las personas que luegon habrían de traicionarle, pero:  ¿ Quién puede evitar su destino  o anticiparse a él ?. Quizá su destino fue ese, caer traicionado y resurgir posteriormente para recomponer su destino. Los Dioses, sólo ofrecen muy raras veces una segunda oportunidad, pero antes, ablandan las impurezas en el crisol de la expiación. Hoy sí creo que aquel «lema» de 1999 anticipaba este futuro, el del 2011.

             Hay quien supo verlo, pero como  a Casandra, a algunos «los dioses» les otorgan  el don de la profecía, pero también la desgracia de no ser creídos.  Javier Martínez Monreal avisó de que el voto al GIL sólo traería desgracias y sólo trajo desgracias

1999. La campaña maldita (I)


                     ¡ Cuándo El Mal  empezó !. No podrán creer lo que estás leyendo. Yo tampoco puedo creer ciertas cosas, las brumas del pasado nublan los recuerdos. Por eso se necesita recurrir a la hemeroteca, para poner luz sobre ciertas sombras de un pasado, que sin embargo, parece el presente. Todo parece haber cambiado, pero están las mismas personas, los mismos nombres.  ¿ Quién mentía entonces, quién lo hace ahora?, y sobre todo:  ¿Por qué?

             Entonces me parecía que Velázquez encarnaba todo el mal, hoy once años después, pienso que fueron otros los que labraron su caída, aunque él contribuyera mucho a su propia ruina. Por toda la ciudad se decían cosas terroríficas de su «regencia», sin embargo, lo que acechaba en la sombra era peor, porque con la caída de Velázquez vino la inestabilidad y con ella, al final de todo, vino la dictadura. Entonces, toda la ciudad se levantó, para derrocar a alguien, al que hoy se recibe como libertador.

        Los malos eran, son, siempre los mismos, La Coalición del Terror, la llegaron llamar, porque once años después, aparecen las mismas acusaciones , los mismos acusadores. Y si todo está guionizado, si todo es lo mismo once años después, es que todo es falso, todo está premeditado, escrito. Todo es una representación. La misma burda comedia.

El alcorque del Ayuntamiento


 

             Cuando se anda se debe mirar de vez en cuando al suelo, primero para no pisar nada inconveniente y molesto, segundo para seguir en contacto con la realidad. El suelo es lo que se pisa de modo constante, no hay modo de despegarse de él, y ayuda a evitar caer en la autocomplacencia. El suelo de una ciudad dice mucho de ella y también del tipo de gestión realizada por los ediles municipales. Estos son los alcorques del Ayuntamiento, la verdad es que el suelo de entrada a nuestro, que no el de ellos, Palacio Municipal, está en un estado penoso, totalmente deteriorado. Los alcorques están especialmente degradados, todos, y con esa fea losa que le colocaron para tapar la tierra y que además, están resquebrajadas.

            Esto está a sólo 5 metros de ellos. La verdad es que una gestión así no es admisible. Mañana vamos a reflexionar sobre todo esto, sobre las cosas que hemos visto, no sobre las que hemos leído.

Moder-ruinismo, la nueva categoría


            » La propaganda es como el arte, no tiene necesidad de respetar la verdad«. Ha sido así en todas las épocas y lo sigue siendo en la actual. En Melilla no hay gestión, el dinero se está malgastando en cosas improductivas, pero no en el mantenimiento de la ciudad. Melilla ofrece como su principal escaparate turístico el «producto modernista», pero la verdad es que el Modernismo en Melilla podría definirse como: «Moder-ruinismo». El aspecto es muy lamentable. Todos estos edificios llevan en estado de abandono desde hace al menos 10 años, el periodo que abarca el presente gobierno autonómico. El edificio de la palza Comnte Benítez está ya listo para el derribo, el 1º de la calle López Moreno ha acabado provocando el cierre del negocio que tenía debajo y el otro inmueble está ya cerrado por ruina. Melilla está perdiendo todo su patrimonio. No hay vigilancia ni seguimiento desde la Consejería de Fomento. Las cosas no pueden llegar al «estado de ruina técnica», porque en ese momento ya nada puede hacerse y sólo espera el derribo. Otro edificio emblemático, el de La Casa de Los Cristales ya sólo espera caerse.

      La lista, el recuento de deficiencias es interminable y no porque quieran buscarse defectos, es que cuando se ha dispuesto de ese volumen de dinero (2.500 millones de euros en diez años), se deben exigir responsabilidades y resultados. La realidad es que no hay liquidez en el Ayuntamiento de Melilla, que todo se paga con créditos, con ampliaciones de créditos, con onerosas operaciones financieras (leasing) y con mil y una fórmulas. Pero la ciudad se cae, literalmente, a pedazos.

    Tras el 23 de mayo todo debe cambiar profundamente, tanto si este gobierno repite como si no. No se puede permitir tan mal uso del dinero de todos, diga lo que diga la propanganda. Las evidencias son estas y esto es el centro de Melilla. Nuestro escaparate.

Miguel Gómez Bernardi


         En un mundo en el que reina la parcialidad y el doblegamiento ante el Poder, es un bálsamo para la desazón, el encontrarse con personas, con periodistas, como Miguel Gómez Bernardi. Cuando se está a punto de dejar de creer en la profesión periodística en nuestra ciudad, sometida y sojuzgada hasta extremos nunca vistos, ni recordados, el que existan personas como él, ayuda a soportar esta ola de doblez, en donde ya ni siquiera se guardan las más mínimas formas. Porque si Miguel Gómez Bernardi aguanta y sobrevive en esa situación, es porque los valores de La Democracia y de La Libertad de Expresión existen y deben ser defendidos a toda costa.

          Entiendo que los periódicos, que son empresas con dueños, sirvan a unos determinados intereses, pero por encima de todo son o deberían ser medios de comunicación, tienen unos derechos y tambien unos deberes. No entiendo la censura, aunque entiendo que se le de más espacio al que más paga. No comprendo que se deformen las noticias, para hacer ver que fueron una cosa distinta de lo que en realidad sucedió. No entiendo que suceden cosas que ni siquiera se publiquen. No entiendo que no se publique ningun tipo de crítica. No entiendo que se admitan pseudónimos desde los que se critica a personas con nombres y apellidos.        

               Entiendo las críticas y objeciones de la Asociación de la Prensa de Melilla, pero cuando «el mensajero» se transforma en el mensaje, entonces deja de cumplir su papel y se tiene derecho a enjuiciarlo. Aquí nadie está resultando neutral.

         Por eso cartas como esta de Miguel Gómez Bernardi, me hacen pensar que la profesión, también puede ser defendida desde la dignidad, por mucho que las empresas impongan sus directrices. Si no hay igualdad de trato, no hay igualdad de condiciones y todo queda falseado.

        Muchas gracias «Miguelón». Hoy has dado un ejemplo de dignidad, merecedor del más alto elogio.

                Las 30 monedas de Mercurio

      http://melillense.net/nota/nota%202011/nota20110519.html            

   PD: Otros post en donde ver la realidad: http://laotramelilla.blogspot.com

El tejado de la plaza de toros


   Melilla no es una ciudad tan grande. Es verdad que es una ciudad un tanto complicada y peculiar, pero no sería tan difícil de gestionar si se hiciese bien. Una ciudad permanentemente en obras es una ciudad en permanente negocio, una ciudad que nunca acaba de ofrecer un resultado óptimo. Es la cultura del parcheo, del ir tirando por la propia inercia administrativa, pero sin tener nada acabado.    Eso sí, de utiliza una partida presupuestaria tras otra para enfoscar, repellar, tapar agujeros, pero así nunca se ofrece un resultado completo y redondo.

          La sensación general que ofrece  la ciudad es de decepción. No hay una sola calle o zona que acabe de estar bien. Se mire por donde se mire, siempre hay un defecto, algo a punto de derrumbarse, o alguna cosa que no acaba de estar completa. Y si se piensa que se dispone de 250 millones de euros al año de presupuesto, entonces el asunto es mucho más grave. El trabajar dos,  tres o más veces sobre la misma zona, no sólo da la sensación de que no está acabada nunca, sino que supones un constante mal gasto del dinero público.