12 de Octubre en Melilla


Fiesta Nacional. Descubrimiento de América. Crispación política

El descubrimiento y conquista de América es un hecho histórico que se hubiese producido de todos modos, y si no lo hubiese hecho España, lo habría hecho cualquier otra nación. De todas las experiencias de conquistas sucedidas a lo largo de los siglos, la más violenta fue, con gran diferencia, la de Roma. La violencia de las legiones romanas era extraordinaria.

Estamos empeñados en la historia del absurdo, en la petición de perdones por hechos que nada tuvieron que ver con nosotros, aunque sea cierto que la conquista española de América no fue de las mejores posibles, pero tampoco lo eran los sacrificios humanos de los aztecas. Hubo mucha codicia y mucho violencia contras los pueblos indígenas, pero también hubo un movimiento paralelo dentro de los conquistadores, para respetar la dignidad de los indios americanos y sus deslumbrantes culturas. Bartolomé de Las Casas es el gran ejemplo de ese movimiento.

Revisar la historia es necesario, sobre todo para retirar de ellos los aditamentos ideológicos adheridos durante el franquismo, pero eso no nos puede llevar a rechazar el 12 de Octubre, o a considerarlo como una infamia, porque de hecho, «la conquista» empezó muchos años después de esa fecha.

Colores y símbolos de una nación

Los colores rojo y gualda están presentes en 4 comunidades históricas de España ( Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares) porque las banderas nacionales tienen su evolución y no surgen de la nada. Estos colores se comparten con el de la bandera de España. El color rojo se comparte en casi todas las demás. Como dato, hay que decir que la 1ª República española mantuvo los que ya eran considerados como colores nacionales (rojo y gualda). La franja morada de la 2ª República fue un recurso, sin sostén histórico alguno, de un color que solo fue utilizado en alguno de los cuarteles de los pendones castellanos. Los colores rojo y oro sí están presentes en la evolución histórica de las banderas, de casi todas las comunidades españolas. La izquierda política debe revisar también algunas de sus rémoras conceptuales.

La cuestión radica en la apropiación exagerada de estos colores y símbolos, por la parte más nacionalista e intransigente de las ideologías peninsulares, y por su identificación única y excluyente con ellos, lo que lleva a la autoafirmación de los otros nacionalismos hispanos (catalán y vasco sobre todo) con símbolos opuestos pero igualmente excluyentes. Cualquier nacionalismo adolece siempre de los mismos defectos. España es una país integrado por nacionalidades diversas e igualmente históricas. No deben hacerse ni filias excesivas, pero tampoco fobias.

La crispación política

Por cuestiones de agenda, el viernes 8 de octubre, se celebró junto a la Comandancia General de Melilla, el acto público y no suficientemente publicitado, del arriado de la bandera nacional, con el que se conmemoraba la Fiesta Nacional de España en nuestra ciudad. Nos fijamos mucho en que los representantes políticos de la oposición, no intercambiaron saludos, siquiera protocolarios, con los representantes del Gobierno de Melilla. No hubo charlas ni saludos entre ellos.

Esto es la consecuencia de la crispación política, que se inició con José Mª Aznar, con su oposición crispada a Felipe González. Con el tono hosco que impuso a su presidencia, y con el actual, que es de resentimiento absoluto. Todos esas actitudes calan y se trasladan a la sociedad, y de ahí el estado actual falta de respeto entre los líderes de las formaciones políticas, y en los debates de los medios de comunicación. Hay muchas crispación, nula voluntad de entendimiento, y nada de esto es bueno.

El ciudadano Presidente


                 

                              El presidente es un ciudadano más, ese fue el gran logro de la Revolución Francesa, y todo el mundo recibiría en adelante el mismo trato, desde los ciudadanos Dantón, Marat, Talleyrand, Marié Olympe de Gouges, Ignace Guillotin, o cualquier otro grande, hasta el último mesonero de Francia. Tanto es así, que desde el mismo Rey Luis XVI hasta el ínclito Maximilien Robespierre, probaron el collar igualitario, eufemismo con el que los revolucionarios franceses denominaban a la guillotina. Los excesos fueron tantos, que El Consistorio tuvo que recurrir al joven oficial Bonaparte, nombrándolo primer cónsul de Francia, y luego él mismo se autoproclamó Emperador y hubo que derrocarlo de igual modo. Ese es también el riesgo en las democracias.

                                                 La diferencia de estos tiempos

            Pasados los 100 días de cortesía obligada hacia todo gobierno, son bastantes los que nos han preguntado si hemos notado alguna diferencia con el anterior, y que diéramos cuenta de ella. Sí hay, y son dos, y ambas  evidentes: la falta de miedo y la sensación de libertad. Solo por esto, han merecido la pena estos cien primeros días.

                 No hay miedo a expresarse, tanto, que los Medios contrarios al nuevo Gobierno melillense de coalición de partidos, que son todos, a excepción de Radio Nacional, vapulean de modo inmisericorde e incluso airado al gobierno presidido por Eduardo de Castro, el ciudadano Presidente. Existe un boicot activo (críticas) y pasivo (inasistencia a las ruedas de prensa, bloqueo informativo casi absoluto de sus actividades, no difusión de noticias o fotografías). Todas estas acciones eran impensables en el gobierno anterior de Juan José Imbroda. Así pues estas son las diferencias fundamentales, libertad y ausencia de miedo. Con el gobierno anterior, la posibilidad de acabar ante los Tribunales de Justicia con una querella por una crítica extrema, era siempre una opción con la que había que contar. No solo existía censura, sino algo peor que la carcoma o la termita, la autocensura, y esta nos afectó también a nosotros, en El Alminar.

                                          Melilla en el 12 de Octubre

               ¿Cómo es el desfile del 12 de Octubre, Día de la Fiesta Nacional desde la Tribuna de personalidades del Estado? Por primera vez tenemos las fotografías, que han sido distribuidas de modo igualitario a todos los Medios de Comunicación melillenses y a quienes  las han solicitado, como este blog. Publicamos las fotografías por dos motivos, uno el informativo, pues hay un ciudadano Presidente distinto al de  los últimos 20 años, y el otro para romper el «boicot» informativo existente en la ciudad. La ciudad de Melilla estuvo presente una vez más, en el desfile del 12 de octubre, y eso es o debería ser un motivo de satisfacción para todas/os, independientemente de quien ostente la condición de ciudadano presidente, que debe ser el primer servidor de los ciudadanos, y no el primero en servirse.

              Escribiendo este texto, nos hemos dado cuenta de que hay una tercera diferencia, y es la ausencia de «corte o nomenclatura».  La asistencia diaria a una céntrica cafetería, en coche oficial, de toda la corte del anterior presidente, ofrecían una imagen de los tiempos franquistas, reflejados en la película de «La escopeta nacional». Escribimos en otro momento que el breve tiempo que se está en un cargo de representación del Estado o de Autonomías o Ayuntamientos, la conducta debe ser ejemplar. Los años de fiestas continuadas, a voz en grito, en otra no menos afamada tasca, no ofrecían una imagen de servidores de la ciudadanía, ni de igualdad frente a quienes debían servir. Todo eso ha desaparecido, y no es poco.

             Sin caer en el elogio fácil, más bien es solo una descripción, Eduardo de Castro está demostrando ser solo  «el ciudadano Presidente», que es lo único que esperábamos con este cambio, así como los de todos los ciudadanos/as consejeros/as. Nada más, y nada menos, ciudadanos y ciudadanas, como cualquier otro.