La Libertad guiando al Pueblo


¡Quien quiera saber lo que son ofensas a la Theotokos, solo tiene que leer a Lutero. Pero el monje agustino (feroz antisemita) sabía muy bien lo que se hacía, y por ello nunca pudo ser acusado de blasfemia, ya que la Panagia no es una de las Tres personas de la Trinidad: Padre, Espíritu Santo e Hijo, por este orden. La Virgen María, como la conocemos en el Occidente católico, no pertenece a la Trinidad Santa. No se puede blasfemar contra ella.

El fuego, decía Umberto Eco, se alimenta con todo, tanto con la ofensa como con la disculpa, con la explicación y con la duda. Una vez encendido, lo incrementa y mantiene cualquier cosa que esté a su alrededor y eso es lo que ha ocurrido con la obra de teatro de Canciones de Belen, que se viene representando desde 2018. Por tanto, si es una «ofensa», esta es continuada y repetida desde hace un lustro. Sin embargo, al fuego, la verdad y los hechos le traen sin cuidado. Es la tormenta perfecta, pero vamos por partes, como decía mi padre.

Bula Ineffabilis Deus (1854)

La Bula Ineffabilis Dei de 8 de diciembre de 1854, fue una pequeña trampa del Papa Pio IX. A cambio de proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, la Toda Santa o Panagia; Pío IX consiguió que se proclamase también el dogma de la Infalibilidad Pontificia. Pío IX exigió una cosa a cambio de la otra. Ninguna de los dos dogmas son aceptados por el resto de iglesias cristianas, ni la ortodoxa oriental, ni la protestante o evangélica, ni por la anglicana. Por lo tanto, estamos ante una verdad muy parcial. Sí es posible poner en cuestión ambas cosas, sin causar ofensa a nadie. Estamos poniendo en orden la cuestión que nos mantiene en vilo desde el año pasado.

Dos sacerdotes que ha pasado por la ciudad, uno de ellos el Vicario Roberto Rojo, y Javier Velasco del Pozo, se han manifestado de manera violenta contra la consejera de Cultura Elena Fernández Treviño, y ambos sin razón. La cuestión de la naturaleza humana y divina de Cristo, no pudo ser resuelta hasta el Concilio de Calcedonia en 451, y tardó otros muchos siglos en ser aceptada. Es más, la Iglesia Católica persiguió a fuego y espada durante casi mil años, a todo aquel que osara contradecir estas enseñanzas. Por tanto, proclamar que la iglesia está hoy siendo perseguida o atacada por una obrilla de teatro, es obra de mala fe, porque aquí, quien ha perseguido hasta el 15 de julio de 1834, ha sido la Iglesia, pues en esa fecha se abolió oficialmente La Inquisición en España.

La beata Dolores, fue una monja ciega de Sevilla, que ostenta el honor de ser la última persona en ser quemada por la Iglesia en España, el 24 de agosto de 1781. Tras confesarse, se la ajustició con garrote y solo fue quemada en efigie. No estamos ante una iglesia perseguida, sino justo ante lo contrario, pese a los esfuerzos baldíos del Papa Francisco, que ya carece de fuerza para poner un verdadero y claro cambio de orientación en la Iglesia. A la Consejera Fernández Treviño, se la está sometiendo a un auto de fe público, por algo incierto, no hay ofensas a la fe en esa obrilla, y de lo que solo es responsable de modo tangencial, pues la obra tiene una representación continuada desde 2018.

La obra en sí

Hemos visto las escenas afectadas por el anatema lanzado contra la consejera de Cultura de Melilla, por el sector cofrade del catolicismo melillense y sí hemos de decir algunas cosas. No hay ninguna ofensa a la persona Trinitaria del Espíritu Santo, al que solo se menciona. No hay pues blasfemia, pero doctores tiene Roma.

El arcángel Gabriel queda sometido a una vulgarización completa, asemejándose más a un gañán de pueblo, que a un mensajero del Eterno. Recuerda en algún momento al cómico Pepe Carabias. Es más vulgar su representación en 2018 que en 2021. Vulgarizar, contemporizar, es un riesgo y la crítica en ese sentido debe asumirse. De la Panagia (Toda Santa), sabemos muy poco. Los relatos evangélicos son muy escuetos. Es cierta la sorpresa y la duda inicial sobre cómo todo lo anunciado por el arcángel podía llevarse a cabo en ella, aunque luego afirmase con rotundidad: «Hágase en mí según tu palabra». Lo insondable, lo que nunca podrá explicarse, es porqué el Eterno, se fijó en ella para llevar a cabo el misterio de la Encarnación.

No hay ofensa alguna a la Panagia, solo excesiva vulgarización, todo demasiado próximo a Gran Hermano y programas similares. La Navidad es la fusión entre Oriente y Occidente. Es una celebración cristiana y hay mucho terreno para realizar obras de calidad y más amplio mensajes, sin perder el sentido de lo que se celebra. Lo que reclama el catolicismo exaltado es catequesis y esto es solo cultura navideña, aunque débil. En cualquier cosa esta es una obra de tiempos pasados y más vulgares.

Conclusión

La Consejera de Cultura arde en la pira pública y los que deberían defenderla callan. Ese silencio sí es estremecedor e inquietante. La Consejera Fernández tiene entidad suficiente para defenderse por sí misma, pero por razón de su cargo debe ser muy equilibrada. No necesita tampoco al Alminar, porque es mucho más potente que este modesto blog. Aquí solo pretendemos fijar unos mínimos admisibles para un debate racional.

Las únicas ofensas demostrables son las que se le han dirigido a Elena Fernández, con toda la mala intención posible. Un sacerdote, Roberto Rojo, que fue acribillado por ese mismo clericalismo intransigente, no puede calificar de «tóxica» a una Consejera electa. Del otro sacerdote, cuanto menos se hable mejor. Es una cuestión de libertad de expresión, de libertad. En el pasado próximo esto no hubiera sido posible, no hubiera existido, porque no había libertad suficiente, y eso que la obra se representó durante tres años. El anterior presidente hubiese fulminado a quien hubiese puesto en una situación similar a una consejera de su gobierno, y un ejército de edecanes recorrería las redes identificando y poniendo en la picota a los críticos.

El actual Vicario, Eduardo Resa, debe poner paz en esta tormenta que amenaza muchas cosas, y desvincularse de ciertos grupos que empujan en una dirección equivocada. No hay blasfemia, no hay ofensa, solo vulgarización. Paz, piedad y perdón.