El fin del bosque de Pizarro


Un problema técnico

Dos semanas sin escribir. A veces ocurre. La saturación de los acontecimientos es tal, que no se puede fijar la atención en nada. Son las once años y hemos vivido muchas circunstancias, pero ninguna como esta. Un pequeño bosque de más de 60 años, está siendo eliminado sin contemplaciones, a la vista de todos y haciendo caso omiso de la sensibilidad ciudadana. Las estadísticas dirán que plantaron 1000 árboles y que solo talaron 100, pero todo eso es engañoso, porque un eucaliptal, un pequeño pinar, o una línea de cipreses, necesitan al menos medio siglo para llegar al estado en que los teníamos. Quitan zonas verdes históricas, comunes a varias generaciones, y las sustituyen por nada.

En septiembre de 2021 lo colocamos bajo la luz de los focos, porque nos imaginábamos que la sombra catástrofe se cernía sobre su pequeño perímetro. El Alminar de Melilla es una obra prístina, porque está todo aquí desde mayo de 2011. No hemos modificado ni un solo texto, ni una sola línea. No hemos quitado absolutamente nada, todo está tal cual fue escrito hace un día, hace un mes, hace un año o hace una década. Ahora está de moda justo lo contrario, o sea, el borrar aquello que no guste, incluso aunque sean noticias de hemeroteca. Este blog es un ejercicio de escritura, de la la voluntad de perseverar y de respeto a la verdad. Por eso no modificamos nada. Por eso ha atravesado el tiempo y es un legado para la posteridad, porque todo lo que hay aquí es verdad, y sucedió tal cual está escrito.

Gracias a eso, y para nuestra sorpresa, uno de los administradores del grupo de Facebook: Movimiento en Defensa del Arbolado de Melilla, pudo localizar un artículo del 16/06/2012, en el que ya expresábamos nuestro temor por la desaparición de este pequeño bosque, con una década exacta de antelación. La perplejidad y la sorpresa en El Alminar, fueron absolutas, porque ya está tan atrás, que no lo recordábamos. Es más, en esa época no éramos tan cuidadosos con las etiquetas. El blog tenía solo un año de existencia, y no imaginábamos que 10 años después seguiríamos aquí.

La eliminación de un pequeño bosque urbano

Ingenieros, delineantes, arquitectos, topógrafos, agrupados bajo el genérico de técnicos, pueden solucionar cualquier circunstancia no prevista en un proyecto inicial. El mismo Metro de Málaga, o el de Sevilla, han visto modificados sus trazados originales para salvar restos históricos, dificultades del terreno o cualquier otra circunstancia. Si aquí se ha optado por la tala pura y dura, y por la eliminación de los árboles, de los que ya solo quedan la hilera de cipreses, es por comodidad, por desidia, y quién sabe si por mala intención. Hacer una trazada distinta en esa esquina, tanto para el nuevo vial como para la edificación prevista, o para el propio desmonte, no hubiese llevado más de dos horas de trabajo en una mesa de planimetría. No se ha querido y se ha preferido la destrucción de algo, que llevaba existiendo mas años, que cualquiera de los autores, y del responsable del proyecto. Todo estaba dicho.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/06/16/el-imperio-del-cemento-en-melilla/

El bosquecillo de Francisco Pizarro


Es un bosquecillo al que le tenemos echado el ojo hace mucho tiempo, antes incluso de que El Alminar existiera. No dejamos de vigilarlo, de estar pendientes de él. Le damos este nombre porque está en el lado par de la calle Francisco Pizarro, aunque su situación espacial es indefinida, porque hay una parte que no está en esa calle, ni tampoco en la de Ramiro de Maeztu.

Forman un bonito conjunto de 21 árboles, los contamos para que no falte ninguno, entre pinos y algunos cipreses, en una zona urbanísticamente indefinida, lo que la hace vulnerable a futuros cambios en la parcela. Por el tipo de disposición, debió formar parte de una anterior zona ajardinada. Hoy todo es descuido allí.

El terreno sobre el que se asientan está calificado como suelo, por lo tanto no existen y la zona, con árboles incluidos, puede desaparecer o ser remodelada, cuando entre en funcionamiento el Colegio del acuartelamiento de Gabriel de Morales. Hay dos viviendas que parecen en estado de semi-abandono, y que pudieron pertenecer o no, al acuartelamiento abandonado.

Parte de ese terreno quedará libre, ya que el nuevo colegio no ocupará toda la planta, por lo que se supone que se construirán más viviendas y la zona se abigarrará, por lo que será necesario crear más viales de acceso y reordenar la zona, en las calles ya existentes.

Lo ideal sería que todo este conjunto se consolidara como parque, con estos mismo árboles y otros nuevos, pero visto lo sucedido en las laderas del cuartel de Santiago, es mejor empezar a curarse en salud, dando a conocer este bosquecillo, al que hemos otorgado el nombre del conquistador del Perú.

Lo que corre peligro son pequeños bosquecillos como este, en zonas poco conocidas y transitadas. Árboles que nadie fotografía porque Melilla tiene fronteras internas. Las alarmas han saltado en Santiago y hay muchos temas de los que escribir. La conservación y cuidado de estas zonas verdes urbanas es uno de esos temas prioritarios. Poco a poco iremos dando a conocer todos esos «bosquecillos» olvidados.

Ponemos el foco en esta zona porque su reordenación va a ser inmediata. No debe existir ansiedad en el mundo de la construcción, porque hay terreno sobrado sobre el que especular, de aquí en lo que queda de siglo. Hay barrios enteros que demoler y reedificar en condiciones dignas para la habitabilidad, pero tampoco se puede construir en cada m2 disponible, y hacer un conjunto hiper urbanizado como el antiguo Industrial, y paseo marítimo.