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El Unión Popular de Langreo en Melilla


 

             Fútbol, memoria histórica y la Revolución de Asturias

      Mi primer recuerdo sobre el Unión Popular de Langreo es infantil, de la década de 1970, cuando vivimos en Oviedo y mi padre nos llevaba al estadio Carlos Tartiere a ver determinados partidos. Uno de ellos fue el del Real Oviedo contra el equipo que hoy hay pisado el Álvarez Claro. Allí fue la primera vez que vi al Atlético de Madrid, cuando el
Real Oviedo y el Sporting de Gijón estaban en 1ª División. La uniformidad habitual del Langreo es azul y grana, en amplios cuadros rojos.

         En los asientos de Tribuna hemos visto al consejero de Urbanismo y Deportes Rachid Bussian, al vicepresidente 2º Hassan Mohatar, al presidente del club Luisma Rincón y al ex consejero Nono Miranda. Las reformas en la puerta de acceso y el en placo de autoridades y prensa obligan a todos a estar en las gradas, aunque es habitual verlos ocupar sus asientos de socios, como es el caso de Sabrina Moh, delegada del Gobierno.

                                  Memoria y revolución en Asturias

     Mieres, Langreo, Avilés, La Felguera o Sama son ciudades emblemáticas de la cuenca minera de Asturias, la que protagonizó la célebre Revolución de Asturias en octubre de 1934. Los historiadores revisionistas y los falsificadores de la historia presentan este hecho como el inicio de la guerra civil, pero es una burda mentira y una manipulación, que sin embargo nutren la concepción ideológica de la ultraderecha (VOX) y está contaminando a la lo que hasta ahora constituía el centroderecha (PP).

       La durísimas condiciones de vida y trabajo de los mineros de la cuenca asturiana, muy politizada, así como el gobierno de la confederación de derechas (CEDA), también conocido como bienio negro, alimentaron un estallido revolucionario que en ningún momento pretendió ni estuvo en condiciones, de suplantar al Estado. Cuando el 26 de octubre de 1934 el general López Ochoa entró en Oviedo, la revolución ya se daba por fracasada, y había dejado tras de sí un amplio historial de destrucción, vandalismo y también de crímenes injustificados.

        El general López Ochoa fue encomendado por el gobierno de La República para sofocar la revuelta, y de hecho llegó a Oviedo en el plazo mínimo posible, teniendo en cuenta que en aquella época los ejércitos se desplazaban a pie. Saliendo de León en dirección a Campomanes y con una única orden en su libreta: “cumplir la orden con el menor número de bajas posibles”. Como de hecho así fue.

           Sin embargo, la derecha más radical se impacientó, y acusó al general republicano de retrasar su marcha por el puerto de Pajares, y maniobró para cortar la revuelta de un modo más drástico y rápido, consiguiendo desplazar por barco a la temida Legión o Tercio de Extranjeros, a cuyo mando se encontraba el no menos temible Juan Yagüe Blanco, quien inició en Asturias su aureola de militar sanguinario, y que alcanzó su gloria extrema en Extremadura (1936), con los apodos de la hiena o el carnicero de Badajoz. Juan Yagüe desembarcó en Gijón y se dirigió con sus tropas de modo directo a la cuenca minera, en donde obtuvo su rendición el día 18 de octubre, entre el noticias de una violencia nunca vista en territorio español por parte de legionarios y regulares.

            El monumento a Juan Yagüe fue trasladado desde San Leonardo hasta Melilla, en donde es honrado en el patio de una fundación privada. En Asturias le han devuelto su calle al siniestro militar y teniente coronel del Tercio. La Legión de hoy no es la de aquellos tiempo, pero debe modernizar y democratizar su imagen, renunciando a tan cuestionables nombres. En la Feria de Turismo se han presentado con su imagen más moderna, con mujeres entre sus filas y también como mandos.

            Franco no solo no es el fundador de la Legión, sino su tercer jefe. Si figura militar fue incluso cuestionada por el coronel y profesor de la Academia de Zaragoza Carlos Blanco Escolar. Todo su enaltecimiento es posterior a sus acciones militares, y solo se construyó su mito tras su acceso a la Jefatura del Estado. Hay nombres y ejemplos más modernos que enaltecer, como el del teniente Francisco Jesús Aguilar, muerto en Mostar, Croacia en 1993. Ni Millán Astray ni Valenzuela tienen compañías con su nombre en el Tercio, salvo Franco en Melilla.

           La revolución asturiana, un inmenso error político, se saldó con 1100 mineros o paisanos muertos, 296 militares y guardias civiles caídos, más 33 religiosos, aparte de la destrucción de una gran parte del patrimonio civil y arquitectónico de la zona de la revuelta.

            PD: El general López Ochoa fue asesinado en Madrid por miembros de la CNT en 1936, tras ser sacado del hospital de la prisión de Carabanchel.

 

 

 

Bajo el estado de shock


 

                 La caída del gobierno del Partido Popular el pasado 1 de junio, cuando nadie podía preverlo unos días antes, produjo un estado de shock político cuyas consecuencias aun se notan. Quien no lo esperaba alcanzó el gobierno, y quienes pensaban perpetuarse en él, fueron obligados a abandonarlo. Ante toda la Nación se abrió un tiempo nuevo.

                  Desde la llegada de La Democracia en 1978, las únicas siglas que permanecen para el conjunto del Estado son las del PSOE, pues la derecha ha cambiado de nombre a lo largo de todo este tiempo. En su origen fue la Alianza Popular de Fraga, inmortalizada por Forges como Afananza Pandillar. Escándalos de diversa índole llevaron a la derecha a refugiarse en unas elecciones bajo las siglas de Coalición Popular, sin embargo, solo fue una estación de tránsito. Al poco dieron con el nombre de Partido Popular, con el que han llegado hasta ahora y del que deberán deshacer en breve, probablemente tras el Congreso de elección del nuevo presidente nacional del próximo 5 de julio. Para la futura reconquista del centro, la derecha deberá encontrar una nueva fisonomía, que no esté tan asociada a las prácticas corruptas del poder. El azul ya no es el futuro, aunque tampoco el naranja (ya adoptado por el PP durante un breve tiempo).

                La derecha española se ha dejado muchos nombres en el camino, siglas o incluso colores. Manuel Fraga pasó de la caverna franquista al liderazgo autonómico en la Xunta de Galicia, sin transición posible. Los escándalos de corrupción le han acabado pasando factura al PP, pero de en un solo cobro. Han caído uno tras otro, todo lo barones regionales del partido y los líderes históricos. En Melilla, el tiempo nuevo es inminente y resulta curioso, que los representantes melillenses del PP, no se hayan pronunciado por ninguno de los candidatos en liza: “es muy difícil decidirse”, decía el máximo regidor local. Sin embargo a veces es obligatorio hacerlo, porque la indefinición, el a ver que pasa puede resultar letal.

                 Resulta sintomático que ninguno de los candidatos a las primarias populares, salvo Soraya Sáenz de Santamaría, haya tenido gesto alguno con Melilla, especialmente el que fuera diputado por la ciudad García Margallo, gran valedor y nombrado como hijo adoptivo. No posicionarse implica que el posible ganador mire con recelo a la ciudad de la que no recibió apoyo. La presencia de la ex vicepresidenta en la ciudad es difícil de interpretar, aunque todos los indicios la señalan como posible y quizá probable ganadora de la contienda democrática, por la dirección popular. Dolores de Cospedal no consigue trasmitir una imagen de empatía, y Casado no acaba de remontar el vuelo.

                                              El millón de afiliados

                      Históricamente el único movimiento político que ha alcanzado la cifra de un millón de afiliados fue la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) durante la II República (1931-1936). Está claro que la cifra de afiliados del PP es un bluf. Sólo 70.000 personas se han inscrito en el proceso de primarias. Los 4000 afiliados del Partido Popular en nuestra ciudad se han quedado en apenas 300 votantes. Como ha dicho la única visitante de los populares a nuestra ciudad: “el partido corre riesgo de desaparición”. Refundar el centro derecha requerirá al menos un proceso de 5 años, en los que la pérdida de poder municipal y autonómico resultará una sangría política. El proceso de descomposición y caída del régimen popular es irreversible.

                                          Tiempos nuevos en Melilla

                    Ahora mismo todo es incierto y son muy pocas cosas las que pueden aventurarse. La caída de los zares en Rusia abrió una etapa de gobierno provisional con Kerensky, en la que sucedieron todo tipo de hechos, hasta el triunfo final de los bolcheviques. En nuestra ciudad el futuro lo impondrá la evolución del censo. En 2015 se produjo el final de la primera etapa, aquella en la que un partido de ámbito nacional podía gobernar con una mayoría absoluta o cercana a ella. Eso no sucederá más. La segunda fase, de duración media, requerirá de al menos dos partidos en el gobierno de la ciudad, y en la que no debería dejarse fuera a Coalición por Melilla. El PP en la etapa de Juan José Imbroda, ha sido el único partidos sin diputados rifeños entres sus filas. Los integraban en las listas pero luego los hacían salir de modo obligatorio para dar paso a diputados de origen peninsular, o tenía que dimitir por escándalos variados. La tercera etapa, a corto o medio plazo, será aquella en la que CpM o su evolución futura, sea ya siempre la lista más votada y escogerá socio de gobierno. Si la caída del partido Popular en la ciudad se acelera, esta situación puede producirse ya en las próximas elecciones, a tan solo un año vista.