El rescate, en La Calahorra


   En este blog solo se cuenta, siempre, la verdad de lo que ha sucedido. Nunca habíamos escrito de las peripecias de los coches de Melilla, una vez que salen del perímetro melillense, en el que trituran las tres cuartas partes de su vida útil. Ahora ya podemos hablar de los automóviles melillenses en la circulación peninsular. Para sacar el coche es necesario el barco, o periodo obligatorio de descompresión, para transitar de un mundo a otro. Los melillenses somos «asfaltonautas«.

  La Calahorra es una población granadina, de 680 habitantes (INE), cercana a Guadix,  que estaba destinada en algún modo a formar parte de un episodio de la leyenda del Alminar. La Calahorra tiene un hermoso castillo renacentista,  que se ve desde cualquier parte de la inmensa llanura de Guadix, y de los territorios del marquesado del Zenete.

La historia comienza un día antes en esta localidad, junto a su afamado castillo, que aparece en la serie de La casa del dragón, y también la de Inés del alma mía, sobre la vida del conquistador de Chile, Pedro de Valdivia. En esa mañana decimos volver a parar en la localidad al día siguiente, para romper un largo lapso de tiempo sin paradas allí, y también poder ver el perfil menos conocidos de las estribaciones de Sierra Nevada, en su linde con Almería. La Calahorra es la llave que abre la zona Este de este importante macizo montañoso del sistema Penibético. Pese a la vistosidad de la propia villa, y la importancia del castillo, la localidad está hoy a la espera de una nueva oportunidad turística.

  En la mañana del jueves 28 de marzo, estuvimos haciendo un recorrido prospectivo, y fijando la visita para el día siguiente, al regreso de Granada. En realidad es también una advertencia sobre la imprevisibilidad del mundo y sus acontecimientos,  aunque sea a solo un día vista. No pudimos llegar al restaurante hostal La Bella, en La Calahorra.

   Al regreso, en el puerto de la Mora,  el embrague empezó a dar síntomas de agotamiento.  Quedaban 50 kms. hasta el destino y el motor aguantó en una marcha larga, sin cambios. Una conducción precisa, sin riesgos, sin guiños a la galería, nos permitió seguir hasta el área de servicio de La Calahorra, pero sin llegar al destino. Todo podría haber sido mucho peor, como haber quedado varados en la carretera. No hizo falta usar la baliza V16, que sí llevaba.

  La iglesia de La Anunciación de La Calahorra

  Nuestra herencia cultural romana, nos lleva a creer en todo. A poner velas a los santos, a llevar piedras protectoras y a consultar auspicios y augurios (antes y después de los viajes), y también a sentir devoción por el Estado y sus símbolos,  siempre en forma de democracia,  aunque eso sea de tradición griega.

En la iglesia de La Anunciación, hicimos plegarias frente al Cristo del Rescate y en la del Espíritu Santo de Granada, frente a una antigua Soledad que no procesiona. En cierta forma, todo eso nos ha protegido.

  Y señales hubo muchas. Todo ocurre cuando se sale del perímetro y todo iba a pasar. Pero no sabemos el cómo ni el cuándo. Y esto es también muy romano.

La Trinidad y un extraño anuncio


                 La fecha límite era el año 2007, pero no podemos recordar cuando apareció el anuncio, quizá un año antes. El asunto se debatió en el Foro infausto, en el que tantos y tantas melillenses invertimos trabajo y fotografías para luego perderlo todo. El Espíritu Santo es lo más serio que existe en las Sagradas Escrituras, por ello resulta difícil pensar en quién pudiera atreverse a jugar con un mensaje suyo para atemorizar a la población, porque avisaba a todos los residentes sin distinción.

                  El Espíritu Santo, παράκλητον (Parakleton) en griego, es algo a lo que nadie puede acercarse, la persona más enigmática de la Trinidad cristiana. Los que mejor han reflexionado sobre ella son los teólogos ortodoxos. En la tradición católica romana ha sido algo traspuesta por la presencia del Hijo, de Cristo. Esta trasposición del Espíritu originó una de las principales desavenencias, no resuelta aún, entre Roma y Constantinopla. No es lo mismo decir que: El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, que El Hijo procede del Padre a través del Espíritu Santo. Esta cuestión, conocida como Filioque, no es cosa de resolverla ahora.

                      Han pasado 11 años desde aquel extraño mensaje, que revelaba un versado conocimiento de las escrituras. Lo traemos ahora aquí para fijarlo y que no desaparezca. Sin embargo, y pese a todo, sí parece que fijaba una frontera, un límite. La crisis económica se inició solo un año más tarde. Esa fecha también abre  lo que en El Alminar denominamos como la «década perdida». La sensación actual en la ciudad es de desmoralización política, falta de futuro colectivo, y una caída lenta en todos los ámbitos, que se refleja en el constante éxodo que se está produciendo en la ciudad.

                              El Conde de Montecristo

          A lo largo de la historia de Melilla como ciudad, cuyo desarrollo se produce a finales del siglo XIX con los acuerdos de expansión del territorio, llegaron a hasta aquí multitud de personas que contribuyeron a formar un carácter único y cosmopolita. Melilla se convirtió en tierra de promisión y esperanza. Miles de hombres y mujeres dejaron aquí su huella, la mayoría de manera anónima. Luego nada de esto resultó ser, salvo para unos pocos. La ciudad se convirtió en La hija de Marte, como reflejara Francisco Carcaño.

                   Hace ya tiempo, en una casa del barrio del Real, encontramos en un rótulo de puerta, un nombre común, y un epíteto sorprendente «Conde de Montecristo». No hemos podio averiguar nada acerca de quién vivió ahí, y tampoco si realmente era el conde de Montecristo. Solo hemos encontrado un lugar con ese nombre, en el Concello de Paderne, en A Coruña. Es el pazo de Montecelo, un lugar de retiro del Opus Dei.

              Y a los que nos pregunta el por qué escribimos de estas cosas, les responderemos siempre igual. La literatura es necesaria para vencer a la realidad.

 

La presencia del Espíritu


       

       El lunes anterior a emprender cualquier viaje, siempre visito la capilla del Centro Asistencial de Melilla. Allí está San Nicolás, que en la tradición cristiana ortodoxa oriental, es el protector de los viajes por mar. En Oriente no existen las múltiples advocaciones bajo las que se conoce a la Virgen María en Occidente. En esta última ocasión tenía los minutos del día contados. Llegué tarde, pasadas las 19h 00. Llevo cinco años yendo allí, con cierta asiduidad. Tengo cientos de fotos con diferentes tipos de luz, de diferentes momentos del día y en distintas estaciones del año. Es un lugar tranquilo y mágico que invita a la reflexión, aunque sea fugaz. Nunca suelo ir a la misma hora. No sigo una pauta común para las visitas.

           Hoy me he fijado en que habían vuelto a colocar el panel de corcho de Monseñor Buxarrais, con la frase alusiva al tiempo litúrgico. Sé que es cosa del Vicario Episcopal D. Roberto Rojo, que ahora oficia misa allí los Domingos a las seis de la tarde. Obviamente la cita hacía alusión a Juan el Bautista.

           La presencia del espíritu se manifiesta por los pájaros y hoy había allí dos. No eran palomas comunes, tal vez deportivas. Nunca había visto pájaros allí dentro, revoloteando por el ábside, y eso que puedo hablar de visitas extendidas a lo largo de cinco años. Gatos sí he visto, pero nunca pájaros, y hoy eran  dos, como Juan y Jesús, como los dos mencionados en el panel del Vicario Roberto Rojo. Y he ido casi sin tiempo, y rodeado de muchas circunstancias complicadas. Allí estaban, en la cúpula, dos, moviéndose y mirando en la dirección de la cámara y conmigo estaba María, una mujer residente en el Centro Asistencial, y quedó tan sorprendida como yo. Eran bastante curiosones, mirando un rato fijamente y luego volvían a revolotear, sin encontrar el camino de salida. Se habían introducido allí poco antes de mi llegada, de ahí la sorpresa de María, que es la guardiana de la capilla, que permanece abierta todos los lunes de 09h 00 a 21h 00.

         El Espíritu puede alcanzarte, lo difícil es mantenerte en sintonía con él.  Casi nunca hay señales tan claras. Lo normal suele ser la oscuridad y el silencio. La ausencia de respuestas.