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Pasado y presente en Melilla


      El terremoto del día 25 de enero ha puesto de manifiesto una gestión muy deficiente de la ciudad. También ha servido para tapar muchos errores. Son edificios que llevan años en ese lamentable estado. Uno de ellos, la iglesia Patronal de Melilla ya ha recibido una línea de crédito de 600.000€. En algún medio de comunicación se anota que el Colegio de Arquitectos de Melilla dice que no se ha respetado el protocolo de actuación para este tipo de sucesos. Estos dos edificios que mostramos en fotografías comparadas, no es un juego de encuentre las 10 diferencias, realizadas con 3 años de distancia, muestran el deteriorado estado que mostraban, uno no tanto como el otro. En la categoría modern-ruinismo, pueden verse en deplorable estado, muchos de los edificios más afectados por el terremoto de Melilla. Hay cosas que pueden evitarse, como el deterioro de los edificios, otras no, como un movimiento sísmico.

El tránsito del modernismo a la ruina


                El tránsito de un edifico modernista al de estado de ruina es lento pero inexorable. Gracias al vaciado de Cine Nacional, nos enteramos de que la Ley solo protege la fachada, por mucho valor que conserve y albergue en su interior. Lo viejo no importa y el modernismo ya es solo una etiqueta, o sea, fachada. Este edificio al que pudimos entrar por casualidad, tiene un interior espléndido y desconocido. Se trata de uno de los primeros edificios de la calle del Padre Lerchundi. No tiene ningún inquilino desde hace años. Solo conservaba cierta actividad por los locales de negocio en los bajos, que también se han extinguido por la Ley Boyer de Arrendamientos Urbanos.  En estado de abandono y habitado solo por los fantasmas. permanecerá así durante años, hasta que el estado de ruina inexorable haga imposible su rehabilitación. Quedará como mucho la fachada, pero eso no es nada. Si este edificio vacío fuese rehabilitado y puesto en valor, podrían tanto vivir familias como volver los negocios a la parte baja, pero no parece ser el propósito. Ya está demostrado que aquí no viene turismo, por mucho que ofrezcan en Fitur,  y que el único negocio seguro es el de la especulación urbanística y la burbuja inmobiliaria, que en Melilla no ha pinchado, ni tiene visos de que vaya a hacerlo.

 

El modernismo en el barrio del Real


 

La piqueta señala a un edificio de Enrique Nieto en El Real

         Los edificios modernistas caen un día sí y otro también, en el centro de la ciudad, en donde se miran y vigilan de un modo más constante, pero la marca modernista ya sobra. Se quedarán con una docena de edificios que mostrar y al resto lo lanzarán a la escombrera. La presión inmobiliaria es muy potente y además infla las ávidas fauces de las finanzas autonómicas, siempre necesitadas de recaudar para luego poder gastar. Si en el centro urbano se dejan caer los edificios, lo que ocurre en el resto de los barrios ya no tiene nombre. Allí simplemente se derriba, porque nadie del gobierno transita por los barrios periféricos, ni los ciudadanos suelen darse cuenta de las que sucede, entre otras cosas, porque el derribo es muy rápido.

                   Un edificio de Enrique Nieto en el objetivo demoledor

          Lo que sucede con este edificio de Enrique Nieto, situado entre las calles de Valencia e Infanta Cristina, está dejando mucho rastro. En primer lugar fueron desapareciendo los vecinos, hasta seis familias que vivían en el inmueble. Luego todo quedo deshabitado y empezó su deterioro, aunque el edificio es fuerte y no aparenta ruina. En días pasados, llegaron operarios de la compañía de electricidad Gaselec, y retiraron el cableado de la fachada, para lo que instalaron dos postes, en situación muy irregular, y de los que hemos hablado hace apenas unos días.

        Los trabajos prosiguen a lo largo de estos días y constantemente se ven operarios diversos, entrar y salir del edificio. La demolición parece estar muy cerca. El edificio está firmado con el sello de Enrique Nieto en su fachada, algo que ya hemos dicho que no es garantía de nada, y menos de conservación. Quedan unas cuantas joyas modernistas, del modernismo obrero, en el barrio del Real. Urge catalogarlas y declararlas como Bienes de Interés Cultural. A este inmueble quizá ya se llegue tarde.

         Mal está tirar edificios que constituyeron el “santo y seña” de barrios como el del Real, pero siempre hay algo peor,  y es el urbanismo desaforado, sin orden ni concierto, que ha convertido a un barrio emblemático, casi en una prolongación de la zona fronteriza de Beni- Enzar. Hemos escrito mucho de eso, pero como casi todo, con nulo resultado. Seguimos dejando constancia de la realidad.

     Notas: (1) https://elalminardemelilla.com/2012/02/10/la-ley-del-derribo-en-melilla/, (2) https://elalminardemelilla.com/2011/10/08/la-desaparicion-del-viejo-real/, (3) http://surdealboran.blogspot.com.es/2013/04/el-modernismo-obrero-del-barrio-del-real.html

Paseando entre ruinas modernistas


            Pasada una semana, cualquier noticia en Melilla es pasto de hemerotecas. Nada produce el más mínimo debate. Nuestro modernismo está ya más cerca de Pompeya o Herculano, que de Barcelona. Son muchos años de dejación, de no hacer nada, de no obligar a los propietarios a nada, aunque también es cierto que  muchos edificios están ya en ruina económica. Ha existido una dejación absoluta, o una falta de un verdadero plan de conservación del centro de la ciudad, el llamado modernista. Todo se cae, menos la estatua de Franco y la suela de zapato del monumento de la plaza Héroes de España.

            Encontrar edificios en ruina evidente para el ciudadano, excepto para la administración es algo que resulta cansino. Es una evidencia que ni los responsables de cada área, ni nadie relacionado con las mismas pasea por la ciudad, porque si no verían lo que vemos todos.  Sobra el dinero para pagar 120.000€  en la obra más absurda del mundo, la demolición del muro del campo de fútbol del Tesorillo y cambiarlo por uno transparente, pero no para pagar servicios básicos de los que carecemos en Melilla. No hay marquesinas de autobuses dignas de ese nombre, todo está en un estado pésimo de mantenimiento, las aceras están en un estado que provocan más caídas que el que sería su servicio original, el de transitar por ellas. Tal es el aspecto de la ciudad, que hoy un nuevo comentarista lo describía como decadente, y creo que es el adjetivo que mejor se le ajusta.

     ¿Dónde debe mirar el ciudadano de Melilla al andar, al suelo para no tropezar y escalabrarse, o al cielo para evitar la caída de un cascote o de un balcón entero?. ¿Cómo puede estar un edificio en este estado, en el mismo centro de la ciudad y no ser advertido?. ¿Tiene esto ya algún sentido?, ¿para qué escribir de nada?, y la gran pregunta, la que siempre aparece al final ¿Tiene Melilla salvación y luchamos por conseguirlo?, o ¿abandonamos y dejamos que todo caiga?.

      Nota:  En días pasados, técnicos inspeccionaban el edificio en donde murió un trabajador.

La ley del derribo en Melilla


     “Todo lo que sea susceptible de ser derribado, será derribado”

       En Melilla existen lo que se denomina “ojeadores de solares”, personas que recorren incansablemente la ciudad buscando “casamatas”, o edificios en mal estado, para informar a sus emisarios de todo aquello que pueda ser comprado. Del estado de esta “manzana” del barrio del Real, dimos noticia en el mes de octubre, cuando vimos que abandonaba el inmueble, camino de la Residencia de Ancianos, la última inquilina de la calle Cataluña. En la calle Infanta Cristina hace ya tiempo que no vive nadie y tan solo permanecen habitadas dos vivienda sen el extremo de la calle Orense.

           Este inmueble parece ser obra de Enrique Nieto. Está en evidente estado de abandono desde hace  tiempo. Las casas que se iban deshabitando quedaban ya vacías y no se alojaban en ellas nuevos inquilinos. En los últimos años fue objeto de un cambio de propiedad y el deterioro siguió su curso. De la antigua balaustrada apenas queda una muestra en el terrado y de las ménsulas que adornaban las puertas y ventanas de las casas, ya solo quedan cinco. Imagino que nadie se molestará en sacar moldes de ellas.

        Tampoco creo que la posterior edificación siga algún estilo acorde con lo que fue en su día el barrio del Real, objeto de la gran guerra de 1909. En la zona alta del barrio, la que se conoce como Altos del Real, el ejercito español obtuvo una gran victoria, que compensó la afrentosa derrota del “Barranco del Lobo”, allá por 1910. El diseño del barrio sigue los patrones de un campamento militar romano.

          Ayer se iniciaron los trabajos de catas de terreno, por un empresa geotécnica, y las labores de limpieza de elementos de la fachada y análisis de las vigas y tabiques. El derribo es casi inminente. Es la ley inexorable de Melilla, junto con otras muchas que iremos formulando poco a poco.

 

Una casa en serio peligro


                   

     El incontenible avance del Moder-ruinismo

         Este inmueble se alza sobre la calle del Capitán Viñals y no es visible desde la propia calle, dada la altura y estrechez de la calle. Sin embargo, si se la ve desde la calle del General Margallo, se observan claramente las profundas grietas de la fachadas y sobre todo, el claro y peligroso desplazamiento del muro. Lo que no se puede entender es cómo lo que observa el ciudadano, no lo ven los servicios de vigilancia de la Consejería de Fomento o a la que correspondan todas estas cosas.

      Esto es  el epicentro del modernismo en Melilla, el espacio que supuestamente deben visitar los turistas. Edificios nuevos conviven con otros que ya deberían estar demolidos. Edificios magníficamente rehabilitados comparten la manzana con otros en deteriorado estado. Urge catalogar el estado de los inmuebles, tanto para su rehabilitación, como para su derribo.  Las casas no van a aguantar así mucho tiempo más, esta tiene un peligro inminente, aunque ahora mismo sólo sea visible desde cierta distancia.

           Habría que tener destinada una línea de crédito de rápido y fácil acceso para las rehabilitaciones, dependiendo de la gravedad del estado del inmueble. Agilizar los trámites, simplificar los procedimientos para pedir las subvenciones y elaborar, de no existir, un reglamente que permita al Ayuntamiento ordenar las obras a los propietarios. Melilla se cae a pedazos. Lo viejo convive con lo nuevo, en una simbiosis que puede romperse en cualquier momento.