¿Conquista o fundación de Melilla?


La necesidad del Día de Melilla

Sabemos que fue en septiembre, y que una de las dos crónicas de la conquista fija la fecha en el día 17, aunque cambiando el año, por el de 1496. Sabemos también que no hubo una gran batalla, más bien casi ninguna, en el momento de ocupación y conquista. Hubo un enfrentamiento armado, pero cuando ya estaba asentada la propia conquista. Melilla existía ya con ese nombre, por lo que no fue fundada. Fue reedificada y reconstruida, porque estaba en mal estado debido al abandono, al constante asalto de los piratas, y a que ya no era sostenida por ningún imperio. Los almohades desaparecieron de la historia de España en 1248, tras la conquista de Sevilla, y el Reino de Fez no tenía suficiente fuerza.

En el ciclo de conferencias desarrolladas con ocasión del 450 Aniversario de su conquista, en el Casino Militar de Melilla, Tomás García Figueras relató minuciosamente los datos disponibles, que no son muchos más de los que hay ahora, y mencionó que el morisco Mebile, informó al duque de Medina Sidonia del mal estado de la ciudad, en 1495. Ese mal estado se acrecentará con la certeza de su inminente conquista, según había quedado estipulado en el Tratado de Tordesillas en 1494, entre España y Portugal. Se acaba de derruir la ciudad, para que no sirva de refugio a «los cristianos», como reflejará en su obra, Juan León, el africano.

La estrategia política de los Reyes Católicos estaba centrada en África. En 1497 ningún español había pisado todavía el continente americano. Nadie podía saber en aquel momento que España se iba a convertir en el mayor imperio que habría de conocer el mundo y que el norte de África, estaba a punto de perder su interés estratégico y político para España.

Dia de la Ciudad Autónoma de Melilla

A la efeméride de la conquista solo se le empieza a dar importancia tras la expansión de la ciudad desde sus límites históricos, en lo que siempre hemos denominado como «la larga noche de los 400 años». La definición como día de la conquista solo empieza a tomar cuerpo histórico con el franquismo. Ya en Democracia, en la etapa de Gonzalo Hernández y a las puertas del ayuntamiento, se celebraba una pequeña fiesta popular, en la que se repartían bocadillos, cervezas y refrescos. Será con Ignacio Velázquez cuando se declare día festivo, y se consolide la celebración, tras la aprobación del Estatuto en 1995.

Melilla necesita un día que la identifique como Ciudad Autónoma, pero esto debe hacerse con consenso y con el acercamiento de posturas. Rechazarlo sin más, y sin proponer nada a cambio no es una actitud que sirva para el futuro de la ciudad. Insistir solo en la efeméride bélica, sin escuchar otro tipo de contenidos, tampoco, porque tampoco puede hacerse de un día, lo que no fue. El Día de Melilla necesita de una definición y de un acuerdo, pero con un requisito irrenunciable, que es el de su vinculación efectiva con la historia de España, y en este caso existen solo dos posibilidades. El día del Estatuto (13 de marzo) no sirve para nada, y no es el día de Melilla, porque entre otras cosas, no es lo que estaba previsto en La Constitución. Tampoco ayudó el que fuese urdido detrás de las cortinas del salón de Plenos.

Melilla no fue fundada, en ningún caso, pero sí es un primer intento de buscar un camino que sirva para todos. Sin olvidar la efeméride, se intenta buscar una alternativa. Sin embargo, esta iniciativa no llevará a ningún lado, si los dos partidos mayoritarios persisten en tirar en sentidos opuestos, sin ofrecer opción alguna. Al final, Melilla se quedará sin Día propio, y eso traerá malas consecuencias.

De la propuesta Fundación española de Melilla, entendemos que ha sido elaborada por la parte socialista del gobierno, sin colaboración alguna de los socios cepemistas. De todo lo propuesto, es digno de alabar el interés por resignificar el 17 de septiembre, y la inclusión de los fuegos artificiales. Todo lo relacionado con las Medallas de Oro de la ciudad (Javier Imbroda y Carlos Baeza) y los pebeteros a las víctimas de la pandemia, son un acierto y deben permanecer. La sustitución del lugar del evento, plaza de Las Culturas por la de Armas, es algo que debe continuar y definirse más, pero para eso es necesario el acuerdo y el debate público en la Asamblea.

Lo que sí hay que replantear, aunque históricamente conste como conquistador de la ciudad, es el homenaje a Pedro de Estopiñán, cuya estatua e invención histórica es solo atribuible al alcalde franquista Mir Berlanga. A lo largo de 11 años hemos indagado todo lo posible sobre la figura de Estopiñán, y pese a la certeza de su nombre, existencia y fecha de fallecimiento, no hay nada más. Se puede mantener el 17 como Día de Melilla, porque el acontecimiento es real, pero sin el escollo político del conquistador. O estamos todos juntos en esto, o la catástrofe y la fractura social de la ciudad llegará antes de lo que nadie desea, y de lo que esperábamos ver.

Una fecha tan redonda, 525 años desde la conquista, hubiese merecido un esfuerzo mayor.

Nota: https://elalminardemelilla.com/2021/10/14/hic-iacet-don-pedro-de-estopinan/

La profecía de Bomber Command


Lo primero que hay que decir es que este artículo fue escrito y publicado el lunes 19 de octubre de 2009, tanto en el Melilla Hoy como en El Faro de Melilla. Han pasado pues 12 años. En su momento pretendía ser una voz de alarma sobre lo que estaba ocurriendo con los edificios modernistas de la ciudad y los más singulares de cada barrio, sin alcanzar las categorías modernistas o Art Decó. Eso sí, hacía una proyección de futuro, que lo ha convertido, pasado ese tiempo, en una visión puramente profética y exacta. No se ha alterado nada del texto. Solo se ha corregido la puntuación y alguna concordancia. Todas las fotografías corresponden al año 2011/12. Gracias a Mustafa Hamed, director de Melilla Hoy, por recuperar el archivo del artículo.

Bomber Command y la destrucción de ciudades

Enrique Delgado (19/10/2009)

En 1942 la Royal Air Force (RAF) creó el grupo de bombarderos conocido como Bomber Command. Una impresionante fuerza destructiva que comandaba el Almirante Harris. Su idea principal era muy sencilla y consistía en la destrucción sistemática de las ciudades más representativas de Alemania. En cada una de ellas se escogía su centro histórico y según sus características, se le aplicaba un tratamiento especial. Cada casco histórico recibía una determinada combinación de bombas revienta edificios, de bombas explosivas, incendiarias, de fósforo y retardadas.

El criterio para la selección de bombas era estrictamente científico. Si en el casco histórico de la ciudad en cuestión predominaba la piedra, entonces se cargaban los aviones con bombas explosivas, las retardadas  y las revienta edificios. Si predominaba la madera se escogían las incendiarias y las de fósforo.

El porqué se hacía esto era una cuestión aun más simple. Se consideraba, se considera, que lo que vincula a las personas con su ciudad son los lugares, los sitios en donde distintas generaciones de una misma familia tienen recuerdos similares.

Si uno disfruta en el Parque Hernández, o disfrutaba en la antigua Plaza de Armas, es porque probablemente existen fotografías, recuerdos, vivencias, anécdotas de tus padres, de tus abuelos, en esos mismos lugares y con apenas modificaciones. Ése es el vínculo con una ciudad. Entonces sabíamos que el suelo de la Plaza de Armas era el mismo que pisaron los conquistadores españoles, y los árabes antes que ellos, y los romanos o los cartagineses antes que todos. Hoy ya no es nada. Y ahora lamento no haberme hecho mil fotos en ella.

El último fin de Bomber Command era romper el vínculo inmaterial de un individuo con las piedras que le rodeaban. Ya no se podía decir aquí tomaba el café Goethe  porque la cafetería había ardido hasta los cimientos y  así con todo.

Pero los alemanes, cuando se dieron cuenta de qué se pretendía con esa campaña (porque en una guerra como aquella un millón de víctimas más no importaba nada), se dedicaron a fotografiar palmo a palmo las ciudades y así pudieron reproducirlas hasta en sus más mínimos detalles, acabada la guerra. Aun hoy, quien va a las ciudades alemanas de turista, difícilmente puede imaginarse que esa ciudad que pisa fue arrasada y explanada hasta los mismísimos cimientos y en ocasiones, hasta más abajo.

Y todo esto viene a cuento con lo que está sucediendo en Melilla, en donde la ciudad está siendo desfigurada día a día. Ya no hay casi ningún lugar que sea el mismo, ya nada es lo que era. Hay barrios, como el del Real en donde cae un edificio o dos por semana. Otro como el Tesorillo o el Monte de La Libertad son ya difícilmente reconocibles y si hablamos de Melilla La Vieja o Pueblo y a la que ya nadie denomina de esas maneras, entonces la  alteración camina a velocidades vertiginosas.

Al emblemático barrio del Mantelete le desposeyeron hasta de su nombre, el único que hacía que en la guía Espasa hubiese una entrada referida a Melilla a través de ese nombre. La calle Duque de Almodóvar tomó ese nombre en sustitución de la anterior denominación de Mantelete para dar más peso específico al Cuartel de La Guardia Civil que ahora tampoco está allí. Así nos quedamos sin una denominación emblemática.

¿Qué le explicaremos a un estudiante cuando lea la novela «Metropol«, cuando lea en otra parte la denominación Cambrinus, cuando se intente buscar dónde estaba la cafetería California o vaya en busca del emblemático edificio de la Casa Paraíso?

Por el camino que vamos, los melillenses vamos a tener que empezar a hacer lo que los alemanes y a fotografiar nuestras calles, nuestro barrio palmo a palmo, de hecho yo empecé a hacerlo en mi barrio, el del Real y es asombrosa la cantidad de edificios representativos que han desaparecido en apenas unos meses.

Ningún gobierno es inocente en estas cosas que ocurren, porque son ellos los que autorizan los derribos, los cambios de uso y licencia de los edificios (que permitieron el cierre del California y el Metropol), o los cambios de denominación de una cafetería. Lo digo por la cafetería Cambrinus*, que fue diseñada así y con ese nombre como complemento al Parque Hernández y sin embargo Ulises jamás piso Melilla en busca de su Ithaca natal.

Porque la síntesis de esa lógica perversa de Bomber Command era que, una vez desaparecido ese vinculo afectivo del ciudadano con su ciudad, éste dejaba de sentirla como algo propio y se desinteresaba de ella. Una vez conseguido esto, ya la gente no opondría resistencia a nada y cualquiera podría hacer cualquier cosa con los habitantes de una ciudad, porque ya no la defenderían, ni sentirían como suya.

Y todo esto viene a cuento de que después de las espléndidas reformas del Teatro Monumental y el del Cine Nacional, arrasados hasta los cimientos, ahora le toca el turno al Parque Hernández, del que ya han advertido que quedará «irreconocible»

¡Empiecen a hacer las fotos del Parque ahora!

Nota: la cafetería Cambrinus recibió el nombre de Ithaca durante un tiempo efímero

La puerta olvidada


                Pero en la Historia, como en la vida humana, el deplorar lo sucedido no hace retroceder el tiempo, y no bastan mil años para recuperar lo que se perdió en una sola horaStefan Zweig

               Esta puerta lo prueba todo. Está olvidada, pero no sin vigilancia. Es el área 51 de la ciudad vieja. El espacio vedado al que nadie accede, en el que nadie mira. No hay permisos, no hay llaves. Stefan Zweig hace referencia a la Kerkaporta, la famosa puerta de las murallas de Bizancio que alguien dejó olvidada en la madrugada del 29 de mayo de 1453, y por la que entraron atemorizados, y luego en tropel, el más feroz de todos los cuerpos bélicos de infantería, el de los Jenízaros.

          Constantino XI Paleólogo había ganado el planteamiento del asedio al sultán Mehmet II, sin embargo, ese hecho inexplicable, el que esa puerta estuviera abierta en la mañana más decisiva de Constantinopla, dio un vuelco a la historia de aquel día, y posteriormente a la del mundo.

               Nosotros, aquí en nuestro blog, hablamos de otra puerta, o de un pasadizo, el de la Alafía o de la plaza de Armas, como lo denominamos en el primer artículo del año 2010. Hemos escrito mucho a lo largo de todos estos años, e incluso antes de la existencia del propio blog: porque antes de que existiese El Alminar, ya era. La vamos a volver a abrir, esta vez de manera definitiva, para que el viento de la historia se lleve toda la hojarasca y resplandezca la verdad.

              Nota: Esta entrada es solo un anuncio de la que está detrás de ella

 

Las imágenes del Día D


 

             El Día de Melilla, el del desembarco, siempre deja imágenes dignas de ser recordadas. Han pasado 521 días desde aquel primero del año 1497, porque obviamente tampoco se celebró. Este no será olvidado por muchas circunstancias. El Alminar no ha faltado a ninguno desde su creación , allá por el año 2011. Hemos visto muchas cosas y las hemos narrado y compartido. La historia de las ciudades es la que es, y las efemérides pueden ser o no conmemoradas.

                      Al Día de Melilla le faltan fuegos artificiales y algo más de vistosidad y calor popular. Nadie olvidará el 17 de septiembre de 2019, porque es el primero con un nuevo presidente y una nueva mayoría, tras 19 años de dominio hegemónico del Partido Popular y de Juan José Imbroda, que sí estuvo en los actos conmemorativos. Sin embargo, lo que más resaltaron fueron las ausencias y no las presencias. Faltó la mitad completa del gobierno de la ciudad, perteneciente a Coalición por Melilla. Se les echó en falta por muchas circunstancias y motivos, las más importante es porque ahora son gobierno, y el pueblo los quiere ver, tanto si este es el día de Melilla, como si fuera otro distinto. El día conmemorativo puede cambiarse de muchos modos, y más cuando se detenta el gobierno de la ciudad.

                    Así pues, el Día de Melilla fue el día de las caras largas, sobre todo en la mitad del gobierno que sí asistió a la conmemoración, aunque íntimamente puedan no estar de acuerdo con la conmemoración del «día del desembarco». Se ha manifestado ante toda la ciudadanía, un falla importante en el gobierno. También estaban muy cariacontecidos los anteriores regidores de la ciudad, que llegaron en grupo a la Plaza de Armas, y fueron recibidos con una llamativa y «casi preparada» salva de aplausos.

               Aunque fue recibido con un silencio taurino, estuvo muy digno el presidente de Melillla Eduardo de Castro, que logró sobreponerse a los nervios del frío recibimiento y de la ausencia de la mitad de su gobierno. Su discurso fue sincero, humilde y sentido, muy alejado de la grandilocuencia y de los anuncios espectaculares del pasado.

           Eduardo de Castro reclamó una oportunidad para Melilla, una oportunidad para la convivencia real y efectiva, por encima de los nombres que se pensaban eternos. La convivencia y la igualdad de oportunidades no pueden asentarse solo sobre eslóganes huecos y sin contenidos. La convivencia supone el esfuerzo de alcanzar consensos en una tarea común que es y debe ser Melilla.

          El discurso presidencial estuvo presidido por la lectura del ganador del concurso ¿Qué es Melilla para ti?, el niño Hayzam Chaouqui Mohamed, cuyo texto debería ser reproducido de modo íntegro en los medios de comunicación. Leyó un bonito texto con una serenidad y aplomo impecables.

            El Día de Melilla debe homenajear y reconocer a melillenses, como Mariano Remartínez, la primera persona física que recibe la medalla después del melillense Fernando Arrabal. Hasta ahora solo se le otorgaban a instituciones y a fragatas y corbetas, que igualmente la merecen, junto con los melillenses, porque sin ellos, no existiría nada.

 

 

17 de septiembre de 2016, el día M


            Hacía tiempo que no acudíamos al Acto Institucional del Día de Melilla. En la Plaza de Armas ha ganado en espacio y visibilidad, pero sigue perdiendo contenido y apoyos. No había representantes de la oposición. No hay mas cera para echarla a arder. Es el rescoldo de la llama que un día prendiera el que fuera concejal del Partido Nacionalista de Melilla, Amalio Jiménez, con su noche de las luces. En 1991 el Partido Popular de Ignacio Velázquez ganó las elecciones en minoría, y Amalio Jiménez puso como condición la celebración del 17 de septiembre como día festivo. Hasta ese momento, la fecha no pasaba de la categoría de efeméride. También es lógico, porque no es segura la fecha del desembarco, conquista, y ocupación de los restos de la Malila musulmana, abandonada y quemada ante la inminente llegada de los castellanos. Nunca hubo fenicios antes que nosotros, solo mauritanos o bereberes, sometidos eso sí, al imperio dominante del momento. Los fenicios no forjaron imperio alguno, solo puertos o bases comerciales.

               Melilla se conquista como ciudad ducal de la Casa de Medina Sidonia, y lo que facilitó ese hecho es el Tratado de Tordesillas de 1494. Se le siguen buscando vueltas a la historia para no contar las cosas tal y como fueron. La proyección del vídeo de la máquina del tiempo es un ejercicio sorprendente pro saltar sobre la verdad histórica, sin caer en la leyenda y la invención. Solo en junio de 1556, Melilla pasó a pertenecer a la Corona de España.

                 Al día de Melilla le sigue faltando el motivo, el contenido  y el interés común, por encima del hecho histórico, que puede tener interés o no, en ser el día que represente a la ciudad. Toda conquista tiene su conquistador, el nebuloso e infortunado Pedro de Estopiñán, y su resistente. El de Melilla es Sidi Ouarich, morisco hispano llegado a la plaza tras la conquista de Granada en 1492, y que se estableció en una de las cuevas de la ciudad vieja como anacoreta. Allí predicó sin éxito alguno, que la caída del reino musulmán de Granada se debía a los muchos pecados cometidos, y alertó de la inminente llegada de los castellanos. La leyenda dice que perdió la vida luchando contra los conquistadores, y que fue enterrado en el morabito del Cerro de Santiago, en donde existía también una mezquita. El asentamiento definitivo de los castellanos, y su expansión con los fuertes exteriores, provocó que los lugareños sintieran miedo y trasladaran sus restos hasta el cerro del valle de Farhana, que pasó a tomar su nombre. Hay un artículo publicado en la revista de la UNED, que contemplaba la posibilidad de que Sidi Ouariach fuese reconocido como uno de los patrones de Melillla. Fue una propuesta atrevida en su momento, y que podría tener su sentido histórico. Como siempre, la verdad está ahí fuera, esperando que alguien la cuente y la tenga en consideración.

               Las autoridades actuales no son atrevidas, ni tampoco aquellos que integran o componen la «intelectualidad oficial». Todos siguen aferrados a viejo tótem, sin atreverse a buscar algo nuevo.

         Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/09/18/melilla-1497-a-2012/

Falsificación munumental en Melilla, V


               La plaza de Armas de Melilla

          Lo sucedido en la plaza de Armas de Melilla, es con mucho, el peor atentado que se haya cometido nunca contra el patrimonio histórico de Melilla. No me cansaré de decirlo una y otra vez y volveré sobre ello todas las veces que considere necesario. En este caso, la aportación de estas fotos por parte de otro colaborador de El Alminar, obliga a que volvamos nuestros pasos sobre la «falsificada plaza», cuyas  excavaciones empezaron en el año 2000 y se mantuvieron hasta el 2002.

           Hubo varios arqueólogos en aquellas excavaciones iniciales, dirigidas por el Doctor Noé Villaverde. Tras su expulsión de Melilla (su despido fue declarado improcedente), se acabó de perpetrar el monumental destrozo arqueológico y estético de lo que fuera la plaza de Armas, sin embargo, hubo una zona que estuvo dos años abierta un año mas, sin que nadie se atreviese a hacer algo con ella. ¿Qué pasó?, ¿qué encontraron allí que no esperaban?, ¿porqué se decidieron por tapar todo?. ´

          Noé Villarverde encontró, en su opinión, y no hay otra porque ningún otro arqueólogo volvió a pisar o interpretar la zona, todo aquello se correspondía con un área votiva o de culto, que se habría mantenido a lo largo de los siglos, desde el VIII aC., hasta la llegada de los españoles. El arqueólogo ceutí dejó claramente identificadas,  en su memoria de excavaciones y en una publicación posterior, tanto un resto de muralla musulmana del siglo X/XI, como el resto de lo que pudiera ser la primera cerca edificada por las tropas que conquistaron Melilla en 1497. Había muchas más cosas, los silos de los que ya he hablado y mostrado fotografías, lo que parecían ser habitaciones de un conjunto más grande, e incluso una escalera que parecía descender a lo que pudiera ser una cripta o una zona sagrada, siempre y cuando se acepte la interpretación de Noé Villaverde. La arqueología es una ciencia pero también tiene un margen de interpretación, e incluso de teoría política.

      Para evitar un visión única y dirigida en una determinada visión, cualquier proyecto de excavación, si quiere ser riguroso, debe contar con un arqueólogo director y varios auxiliares, con experiencia en distintas épocas históricas. Aquello se intentó en aquellas fechas, Noé Villaverde menciona a varios en su memoria de excavación. Luego se hizo el silencio, el mismo que se mantiene en la época actual. Tan sólo dejaron unas zonas marcadas con suelo de distinto color y material (son perfectamente visibles en la actualidad), las dos línea de murallas que dejara marcadas Noé Villarverde. Los silos no se señalaron y del resto de lo encontrado, se desconoce su estado actual o si fue preservado. Para hacer el diseño actual de la plaza y el acceso a la plataforma del baluarte de San José Bajo, se eliminó una parte de la muralla medieval hispana. Todo en Melilla es insólito, porque esto no se hizo en una época en que no importaban los restos históricos, sino en una fecha tan reciente como el año 2005.

     El lema de: «Se oculta, se destruye, se tapa», sigue vigente en Melilla. Al menos ahora tenemos las fotos y podemos mostrar lo que decimos, para que cada cual juzgue por sí mismo. Es una política de rehabilitación absolutamente cuestionable y puesta totalmente en evidencia.

Las huellas del incendio de Melilla


  

          Debía ser el año 2002 o quizá algo más tarde. El arqueólogo director de Melilla, Noé Villaverde había sido expulsado de Melilla, por la nomenclatura que ahora domina todo y que entonces estaba empezando a formarse. Fue la primera prueba de fuerza y en ese sentido triunfaron, aunque a la larga perdió Melilla, porque lo que debiera haberse hecho entonces, es paralizar por completo cualquier obra o remodelación de La Plaza de Armas, habida cuenta de la importancia arqueológica de los restos hallados allí, aunque esa es una historia que ya hemos contado muchas veces y que tampoco cesaremos de repetir. Se perdió todo aquello a cambio de nada, cuatro o cinco artículos de escaso valor en la revista Akros, dominada por la nomenclatura aunque es la revista del Museo de Melilla y poco más. No hay nada, ni catalogación de restos, ni exposición pública, ni realización de estudios académicos. Nadie puede meter las narices, ni siquiera visitar, el laboratorio de piezas del Área 51. El objetivo de todo esto es desconocido para todos, salvo garantizarse el catálogo de publicaciones exclusivas durante la próxima década.

                               Antes quemada que cristiana

    Así se titula el capítulo correspondiente a la conquista de Melilla del autor árabe Juan León el Africano, escrito en 1550: «… Y los habitantes de Melilla, habiendo sido muy bien informados sobre la grandeza de la armada de los españoles (30 barcos y 5000 hombres), y desconfiando en poder contener el asalto, evacuaron la ciudad y, con sus cosas, huyeron a los montes de Buthoia. El Rey de Fez, viendo lo sucedido, bien por agravio a los de la ciudad o por desprecio  hacia los cristianos, puso fuego a todas las casas, quemando la ciudad. Después de este hecho llegaron los cristianos que se quejaron grandemente de ver la ciudad quemada y vacia».

      Este no reconocido texto, prueba y desmonta todo. Prueba que Melilla fue incendiada para no dejar nada útil a los conquistadores castellanos, prueba que había una intención de conquista y que los habitantes eran conocedores del tamaño de  la flota que pensaba arribar a Melilla. Prueba que si los «cristianos» habían llegado a algún apaño con aquellos alguaciles traidores, este trato ya no existía ni nadie se acordaba de él, porque queman la ciudad para inutilizarla. También prueba que los conquistadores se sintieron molestos por verla quemada y vacía. Osea, que lo que les prometieron los alguciles traidores en Torrox, ya era papel mojado o quemado en Melilla. Pero lo más importante, es que desmonta toda la historiografía oficial que todavía pretender apuntalar, sobre un hecho innegable, Melilla fue conquistada y no había pacto alguno en pie.

       En 2003 , la plaza de Armas yacía abandonada en su zona de excavaciones. Todo estaba lleno de basura y la obra nueva, el cemento, ya se mezclaba con lo antiguo. Cuando entramos a hacer las fotos, un amigo y yo, nos asombramos del grado de descuido, del nulo interés por conservar el pasado. Fue una pena que en aquellos tiempos no estuviese tan extendido el mundo de la fotografía digital, pues de haber sido así, habría hecho 1000 fotografías. Hoy me quedan apenas estas, suficientes para probar al menos que la tríada de: «Se oculta, se desstruye, se tapa», se inició en aquellos años, y sigue vigente en la actualidad.

     Nota: Una de las series de fotos prueba que las cenizas abundaban por doquier en esa capa del terreno, muestras que confirman la existencia del incendio destructor de Melilla. Prueba que lo que dice El León Africano es cierto y que la historia oficial sigue sustentada en una mentira.