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El barco que sostiene Melilla


        

                            Husky racer ( el corredor fornido)

             Todos vemos en algún momento de la semana este barco. Incasablemente lo vemos descargar contenedores repletos de mercancía y volver a llevárselos vacíos. Esa es toda nuestra industria y nuestro presente y futuro se concentra en ese pantalán de carga. Hoy leo una noticia que habla de que el tráfico de contenedores se ha incrementado de modo notable. Esa es la madre de todas las claves. La mercancía llega regularmente a nuestra ciudad, se descarga, su cuantifica y paga de modo inexorable el IPSI, que llena y satura nuestras arcas públicas. Estamos en una coyuntura favorable, en Melilla, y eso nos beneficia.  El éxito indudable de la recaudación por IPSI, provoca esa sensación dual de que mientras todo lo concerniente al Estado se esté hundiendo, todo lo relacionado con la Ciudad Autónoma se mantenga a flote.

                Lo único que preocupa es que se esté derrochando a manos llenas, las cifras de gastos inexplicables de la CC.AA. o de la Autoridad Portuaria son sobrecogedoras, y no se está guardando nada para el futuro. quien gasta todo lo que tiene, crea su propia inseguridad para el futuro. En Melilla se gasta hasta el último euro que se ingresa, pero no siempre en cosas que luego permanezcan en la ciudad. Se hacen obras muy caras y que luego resultan de un mantenimiento más caro aún. Hasta ahora parece que se puede pagar todo, pero las coyunturas económicas son así, hoy favorecen y mañana se vuelven en contra. Una política económica sensata y con vistas al futuro, debería estar llenando las cuentas públicas de superavit.

                Cuento esto para que quien no haya  haya pensado las cosas  de esa manera, entienda que Melilla debe aceptar como una compensación obligada, la afluencia de inmigrantes subsaharianos, cuando obtiene tanto del actual comercio fronterizo.

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El síndrome de Casandra


                  Casandra fue una profetisa griega de gran poder adivinatorio, a la que los dioses temían, y éstos, para neutralizar su poder, consiguieron que nadie de los que escuchaban sus profecías, la creyese. No es que yo esté a la altura de Casandra, no es que haga a menudo profecías. Sin embargo creo que “los dioses” nublaron el entendimiento a quienes decidieron la fecha del 20 de Noviembre como día de la convocatoria electoral. Nunca me dio buena sensación esa fecha y así lo escribí en El Alminar el pasado 14 de septiembre:………………. “Yo todavía no he entendido ni comprendido la causa última de la fecha de convocatoria. Quizá se hizo pensando en que la izquierda estaría ese día movilizada y acudirá a votar en mayor proporción, aunque lo que creo es que “la derecha”, siempre movilizada, votará en masa, en una ola de grandes proporciones, que sin llegar a ser Tsunami, nos barra de modo uniforme y sostenido, desde Cabo de Gata hasta Finisterre, desde Isla Cristina hasta Palafrugell.

       Por si fuera poca semejante advertencia, el pasado 14 de octubre volví a recordar o advertir hacia donde nos estábamos encaminando, ya sin remedio: ………………..” El 2o de noviembre ya significaba en España un antes y un después, pero con la decisión del Presidente Zapatero de convocar las “elecciones generalísimas” para esa fecha, el 20N entrará en el calendario histórico de España, con la aureola de las fechas decisivas. Nada fue igual a partir de aquel 20 de noviembre de 1975 y ya nada volverá a ser lo mismo tras el 20 de noviembre de 2011.

    Los días 9 (la decisión de rebelarse),  y 19 (el invierno azul) de noviembre, volví a publicar mis impresiones adelantadas sobre el inminente desastre que se avecinaba (para los socialistas, claro), pero en esos momentos ya las cosas eran evidentes casi para todo el mundo. Las advertencia, las de verdad, hay que hacerlas en su momento justo y con suficiente antelación, para que puedan ser tenidas en cuenta. La excesiva proximidad o el inmediato instante posterior ya no valen para nada.