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Venta ambulante frente a La Mezquita


Venta ambulante en La Mezquita

                   La venta ilegal de pescado, o venta ambulante,  inunda el Rastro de Melilla. Hasta ahora se situaban de una forma “discreta”, pero a la vista de todo el mundo, en las calles transversales. Sin embargo, desde la semana pasada el descontrol es ya absoluto y la venta ilegal de pescado se realiza en el mismo límite de la Mezquita Central, en la calle García Cabrelles, y frente a la fuente del Bombillo. Es una situación de insalubridad total, propia del Tercer Mundo. La Consejería de Seguridad Ciudadana y la de Sanidad ya no existen fuera de sus despachos. La Policía Local hace lo que puede en una ciudad sin rumbo y a la deriva.

                Según el Reglamento de Convivencia aprobado por la Consejería de Seguridad Ciudadana, es más fácil ser multado por comer pipas en el Paseo Marítimo, que por vender pescado de manera ilegal, frente a uno de los escaparates turísticos más representativos de la ciudad. Esta es la realidad cotidiana, frente a una propaganda en la que ya nadie cree.

                     Los comerciantes de la zona, los fieles musulmanes que acuden a la mezquita para sus rezos diarios, el puesto de libros religiosos musulmanes, los usuarios de la fuente, los miembros del Consejo Religioso, están hartos de denunciar la situación.

¡Corre, que viene la policía!


 

         El Rastro: la pescadería de Ordenalfabetix y Yelosumarine

     Sucede todos los días, pero no por eso deja de producir perplejidad. Todos los días, a partir de las diez de la mañana comienza la venta ilegal e insalubre de pescado,  en las calles del barrio del Rastro en Melilla. Todas las mañana a partir de las once, la Policía Local comienza sus rondas por la zona.

     Cuando se ve llegar el furgón policial, invariablemente, los vendedores de pescado recogen su mercancía e inician un simulacro de carrera. Los policías locales se bajan del furgón, deambulan por la zona y al no “pescar” a ningún pescadero ambulante, vuelven a irse.  Pasado el “peligro”, los vendedores atípicos vuelven a colocar su mercancía en el suelo y la noria vuelve a girar. Así hasta tres o cuatro veces al día.

      La verdad es que no parece haber remedio contra este tipo de comercio, que ensucia la zona y la convierte en un lugar apestoso, casi tanto como la pescadería de Ordenalfabetix, el pescadero del pueblo de Obelix y Asterix.  Sobre todo, no parece haber remedio porque si se ofrece mercancía es porque hay clientes. Cualquiera ha visto como coches de cualquier gama, se paran al lado de los puestos callejeros de pescado, miran la mercancía  del día e introducen la compra por la ventana.

        ¿De dónde sale este pescado?. Esta es la fuente de la que mana el problema. No puede saberse si se trata de pescado del día. Algunas fuentes no han comentado que es pescado del día anterior, que sale de las cámaras de refrigeración y que ya no puede ser vendido como pescado del día, que sí pasa control veterinario. Hasta la fecha, no parecen haber funcionado ninguno de los intentos de acabar con este tipo de venta, en ninguno de los mercados de la ciudad. Ni en los intentos de en serio, ni en éste momento, que más parece el juego de “la gallinita ciega”.