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En torno a las cruces de Mayo


             Siempre se podrá aclarar o conocer algo más de cualquier cuestión o tema. Nunca podemos pretender tener la última palabra en algo. Hace unos días recogimos la denuncia de uno de los participantes en el concurso de las cruces de Mayo de la Viceconsejería de Festejos, y ahora hemos conocido los entresijos de un concurso que en el futuro habrá que vigilar más, si no se quiere acabar con la poca participación ciudadana y popular que todavía queda en pie.

         En el artículo anterior escribíamos esto: “La cruz de mayo del matrimonio de Sebastián y Loli es muy superior en calidad a muchas de las que participan en el concurso colectivo”, aunque eso sí, ellos se presentaban al concurso individual con la cruz instalada en la azotea.

         A raíz de esta opinión, recibí la llamada de la ganadora del concurso, Marisa Escamez Pastrana, para que visitara la suya, y hoy es algo que agradezco, porque me ha permitido saber más de acerca de las cruces de mayo. Además, esto mostraba que la concursante cumplía con la obligación de mantenerla expuesta hasta el día 12, según exigían las normas de participación. Algo que no han cumplido la mitad de los participantes que participaron en el concurso individual, y que procedieron a desmontarlas nada más irse el jurado calificador.

        Las normas dicen que las cruces del apartado individual deben estar dentro de los domicilios, bien en el propio inmueble, caso de Marisa Escamez que la montó en su propio salón, o en el patio o en las azoteas.

        Para aclarar las cosas de modo definitivo debemos decir que la decisión de declarar ganadora a esta cruz  no admite duda, resultando casi la única de las decisiones del jurado,  que aunque  inapelables, está en situación de no ser cuestionada. La cruz de  Marisa Escamez, participante en el concurso desde hace 15 años, está montada sobre tonos azules, y es rica en significados y conceptos. Ha cuidado todos los detalles ornamentales e incluso añade el componente del aroma en el espacio, con ramas de albahaca, romero o incluso un pequeño melocotonero. Todo resulta perfecto y por eso ha recibido de manera justa el galardón.

       Hay que decir también, en honor a la verdad, que preside siempre cualquier escrito del Alminar, que Loli y Sebastián, también participantes habituales,  nunca pusieron en duda en el resultado del concurso y solo llamaron la atención sobre el hecho de que su cruz, también de gran calidad y una de las mejores del concurso, no recibieran premio alguno, ni siquiera el 4º o el 5º, a las que superaban con creces. La cruz de Sebastián y Loli es del tipo cordobés, con el color rojo dominante y con el elemento floral y macetero como complemento.

       Hechas estas dos aclaraciones, debemos decir que estudiadas las bases, y hablado con otros participantes y entendidos, solo hemos detectado incumplimientos de las normas, y margen amplísimo de discrecionalidad para el jurado. No existe un pequeño catálogo de apartados o contenidos mínimos que deba contener una cruz para resultar premiada. Hay poca definición en cuanto a las categorías participantes, como la de asociaciones recreativas, culturales o de cualquier otra índole. Han resultado premiadas entidades religiosas, que no están definidas como categorías participantes. En el apartado individual se debería especificar que solo se admite una cruz inscrita por domicilio y debe velarse por el estricto cumplimiento de la norma que obliga a que estén expuestas hasta el día 12 de mayo.

      Hay cruces concursantes en el apartado individual que han estado expuestas en la calle, en asociaciones de vecinos o incluso en el Mercado Central, lo que supone un incumplimiento de las normas. Hay que preservar la independencia objetiva del jurado, y que sus valoraciones sean lo menos subjetivas posibles, definiendo los elementos a valorar. Una cosa es que el fallo sea inapelable y otra ecuánime. Las bases de la convocatoria hablan de un jurado y al parecer luego hubo dos. No están muy diferencias algunas  relaciones entre organizadores, miembros del jurado y algunos participantes.

     Mención aparte merece el hecho de que los participantes individuales reciban 350€ solo por participar, o 460€ en el caso de las asociaciones. Se trata de fomentar las tradiciones, pero no de regalar el dinero. Debería existir una selección previa antes de la participación en el concurso. Quienes no cumplan las normas establecidas no deberían entrar en la fase de valoración, y obviamente deberían quedar excluidos de la subvención.

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