Archivo diario: 4 mayo, 2012

Día Mundial de la Libertad de Expresión


       Ayer fue el Día Mundial de la Libertad de Expresión. Nadie se tomó la más mínima molestia en conmemorarlo en nuestras ciudad. Un artículo de difusión múltiple y nada más. El panorama es sombrío. La realidad se impone. Todos vemos todo y eso que no sabemos casi nada de lo que ocurre. Hay un muro de plomo por el que no se filtra nada. Hace muchos años, Gabriel García Márquez escribió un artículo titulado: “El cuento de los generales que se creyeron su propio cuento”. Hablaba de los generales paraguayos, que tras décadas de poder absoluto convocaron un referendum para que los ciudadadnos decidieran si querían segur apoyando su régimen. Para sorpresa de los convocantes, el resultado resultó un No clamoroso. Se habían creído su propio cuento.  Algo parecido le sucedió al generalísimo Franco, que en una de sus escasas y últimas entrevistas dijo lo siguiente: “No me puede quejar del modo en que me ha tratado la prensa”.  La perplejidad fue absoluta, nadie pensaba que existiese otro modo posible de tratarlo. ¿Para qué decir nada más?. No es necesario. Yo sigo creyendo en la Libertad de Expresión. En Melilla hay profesionales dignísimos. Dentro de poco no nos quedará casi nada. Ya van a por RTVE. Luego se extenderá el silencio, la desconexión——————————————————

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   “La verdad os hará libres”, decía alguien, por eso se la teme tanto, y si te la puedes callar, tanto mejor. Ha sido siempre así. Quien hoy la defiende,  antaño la combatía, quien entonces la reclamaba para sí mismo, hoy la tritura. Tampoco este es un tema fácil. El miedo somete y es difícil ir de héroe aislado en un mundo así. El poder represivo de un gobierno es muy grande. Caen los grandes grupos. Tienen dificultades hasta las grandes estrellas de la comunicación. Al final, los periodistas trabajan en grupos de comunicación, en empresas que tienen sus propios intereses y fines, en empresarios que sólo buscan su lucro personal.   

           Cuanto más cerca se está del César, mayor es el miedo, se dice en la película: “La delgada línea roja”. No estamos tan cerca como para temerle, pero no tan lejos como para estar a salvo de sus rayos.