Las bandas nazarenas de Melilla


                               Desacordes e inciensos cofrades

            La Santa Madre Iglesia respira aliviada tras cada semana santa, no por la resurrección del Nazareno, sino por salir indemne de las rencillas que suceden entre los varales o bajo el palio, y que por lo general no transcienden a la luz pública.

                  La procesión oficial de la ciudad es la del viernes santo, la de la Cofradía del Nazareno y también la de su banda, la de Jesús Nazareno en su Dulce Nombre, que acompañó también al Cristo de la Paz en el jueves santo. Esta es la razón por la cual las autoridades de la villa y corte de Melilla, desfilan justo a esta cofradía, la más antigua de la ciudad. En la procesión del Cristo, parece que no todo transcurrió en la necesaria paz, pues  la designación del portaestandarte de la cofradía, algo arbitraria y no consensuada, provocó el abandono de algunos hermanos cofrades de los varales del trono, lo que dejó sentir algunos huecos en su interior.

                  En la Procesión Oficial, la del viernes santo, no contó con los acordes de  la Banda de la Escuela Municipal de Música, como sería lógico, ya que esta agrupación, tras los repetidas dificultades para cobrar sus sueldos en los últimos años, exige un convenio extraordinario por acompañar a esta procesión, y a la de la Patrona de la ciudad, con la que ya no desfiló en 2017. En Melilla, la ciudad que tan generosamente subvenciona algunas actividades y asociaciones absurdas, ya nadie hace nada por amor al arte o a la Fe.

         Todas estas ausencias son suplidas por tres meritorias y muy lucidas bandas de música de la ciudad, de carácter amateur, la ya citada, la de Jesús Cautivo de Medinaceli y la de Nuestro Padre Jesús de la Flagelación. Hay composiciones de música de semana santa de gran calidad, pequeñas joyas de gran calidad artística, como la marcha de La Virgen del Valle o Caridad del Guadalquivir. Las bandas de música de las cofradías melillenses reciben muy poca atención y nulo apoyo por parte del Poder Local, pese a que son una parte fundamental de los desfiles procesionales.

         Históricos, aunque contados, son los desencuentros de las dos cofradías que protagonizan el Domingo de Resurrección en Melilla. Sin embargo, este año ha sido la Banda de la Flagelación, o alguno de sus directivos, los que han protagonizado el incidente más desafortunado, al echar de las inmediaciones de la Banda de la Medalla Milagrosa, a algunos componentes de la de Jesús Cautivo, que acudieron a saludar a sus compañeros musicales cofrades, al término de la Semana Santa melillense. El incidente enfrió el Encuentro, algo que fue notado por muchos melillenses.

                                     La tamborrada y otras cuestiones

           Solo escribimos de aquello que hemos podido confirmar, en un año de muchos cambios, algunos de ellos muy sensatos; como el de impedir el regreso del Cautivo y del Rocío, a su sede de Hermandad. Las imágenes quedaron alojadas en la carpa levantada en la Plaza de Toros, hasta el lunes de Pascua de Resurrección. El regreso se produjo en la tarde del lunes, y en vez de hacerlo en silencio y con los rezos del Rosario como única música, al llegar a su Casa de Hermandad, casi a la media noche, fueron recibidos con una intensa “tamborrada” que despertó a todo el Hospital Comarcal. Fue un exceso.

           La única forma de evitar estas situaciones, es la elaboración de un  reglamento de desfiles procesionales, a remedo de los existentes en Málaga, Córdoba o Sevilla, de obligado cumplimiento para todas las cofradías. Esta es la única manera de evitar ciertos desórdenes e irregularidades en las procesiones de Semana Santa.

           Como colofón es necesario resaltar la labor de estas tres bandas de música, que bien merecerían la edición de un disco de marchas procesionales, ya que no obtienen ningún tipo de compensación por su voluntaria aportación a la Semana Santa de Melilla. No solo estas tres, también hay otros grupos y bandas de música en el resto de cofradías.

 

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Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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