Historia y recuerdo de Sarajevo


No se puede ir a todos lados, ni conocer todo, pero para eso están los colaboradores del Alminar como Stephan, serbio de Novi Sad y que ha regresado a Sarajevo después de 15 años. ¿Quién dio el primer tiro y por qué? Da igual, como el nombre de la primera víctima. El caso es que no hubo nadie bueno allí. Los paralelismos salen solos. La gente buscó la división étnica antes que la cultural y religiosa. La contaminación del nacionalismo provocó la revisión histórica y reverdecieron viejos agravios ya pasados y descontados por la historia. Faltaba la democracia eso sí, porque el viejo Estado comunista no era demócrata, pero el peor error fue alimentar las causas nacionalistas o dejarlas crecer, porque desde ellas no hay marcha atrás. Su veneno, como la radiación, persiste a lo largo de los siglos. Con su decenas de defectos, la federación yugoslava era plurinacional, multiétnica, multicultural y politeísta. En los Balcanes se conoce como en ningún lado el rigor de la espada de las dos religiones monoteísta y por eso la gente no se diferenció por ese motivo. Te mataban, por ser por croata, bosnio, serbio o kosovar. Luego, en las aguas revueltas de la postguerra llegó para pescar, el islamismo auspiciado desde la península arábiga, y entonces ya sí fueron musulmanes, católicos y ortodoxos, pero esta no fue la principal de las causas.

Milan Kucan (Eslovenia), Franjo Tudman (Croacia), Alia Izetbegovic (Bosnia-Herzegovina), Slovodan Milosevic (Serbia); son los cuatro dirigentes que volaron la República Federal sin posibilidad alguna de evolución o de transición. La primera en preparar el camino para irse fue Eslovenia, con sus leyes de desconexión, la cuidada estética nacionalista y su referéndum envenenado. Acusando al nacionalismo serbio de querer dominar Yugoslavia, en enero de 1990 Eslovenia y después Croacia abandonaron la Liga Comunista Yugoslava, y provocaron el colapso de la República Federal. En aquel momento todavía se podría haber salvado parte de la Federación, pero ya Milósevic decidió ser serbio antes que yugoslavo, y tanto la Unión Europea como la recién unificada Alemania no estaban por esa labor.

Suada Dilberovic y Olga Sucic fueron las primeras víctimas del lado bosnio (5/04/1992) y el sacerdote ortodoxo Nikola Gardovic (1/03/1992), solo que desde la óptica nacionalista los que son villanos para unos, son mártires para otros. El Centro de Documentación de Bosnia recoge la cifra de 97.207 muertos, de los que serían civiles al menos un 40%. Otros estudios, como el de Tibeau y Bijak en 2004, eleva el número de fallecidos hasta los 102.000, de los que al menos 30.700 serían serbios. ¿Todo esto para qué?

Eslovenia marcó el camino para la independencia, pero no solo con las acciones legislativas, sino también con las acciones de guerra. Celebró su referéndum independentista el 25 de diciembre de 1990, y que proclamó el 25 de junio de 1991. El JNA (Ejército Nacional de Yugoslavia) ya no tenía país al que defender ni un mando reconocible, por lo que solo intervino para salir airoso de Eslovenia. En los 10 días de guerra de julio de 1992, murieron 44 militares del JNA y 18 de Guardia Territorial de Eslovenia. Este es el modelo que quiso imitar Cataluña, al menos en la parte legislativa, contando con la inacción del Estado, e intentando crear una política de hechos consumados.

Srebrenica y Krajina

Srebrenica tiene su nombre asociado a la masacre más atroz llevada a cabo en suelo europeo desde 1945. Al menos 8372 personas fueron asesinadas de modo salvaje después de haber estado internadas de modo infame, en campos de concentración de las milicias serbias de Bosnia. Pero salvo los muertos y sus autores, poco más hay claro. Entre los dirigentes ex yugoslavos mencionados, no hubo nadie bueno. Genocidio es una palabra que no gustaba a la comunidad política internacional, porque implicaría connivencias y responsabilidades que nadie quiso analizar. El caso es que las fuerzas de la ONU ya estaban en la zona desde hacía varios años y no fueron movidas para impedir las masacres. También hubo extraños movimientos de la Armija de Bosnia, que dejó sin defensa la zona ante la indudable presencia de la VRS (Ejército de la República Srpska) de Ratko Mladic, indudable perpetrador de la masacre de Srebenica en julio de 1995.

Croacia estaba fuertemente armada cuando inició su guerra independencia y había formado un ejército secreto. De dónde sacó todas esas armas y su correspondiente munición sigue siendo un gran secreto a día de hoy. Los muertos superaron los 22.000 en los 4 años de guerra (1992-1995), de los que al menos 15.000 y casi 8000 serbios. En este tiempo también se inició la guerra de Bosnia y Herzegovina, en la que además del enfrentamiento entre Serbia y Bosnia, coincidió el de Croacia con la propia Serbia, por el reparto de algunas zonas del territorio bosniaco, lo que convirtió a esta última guerra en la más cruenta llevada a cabo en Europa, desde el final de la 2ª Guerra Mundial.

La lista de criminales de guerra acusados y encausados por el Tribunal Penal Internacional supera el centenar y alcanza a todas las partes en conflicto, aunque algunos sobresalen sobre otros, como Ante Gotovina, el militar croata refugiado en Tenerife, responsable de la limpieza étnica de la Krajina, el enclave serbio en la república de Croacia. En solo una semana el ejército de Croacia expulso de la región a casi todos sus habitantes, e incendió todas las casas y propiedades de los serbios. Toda la población de la Krajina, alrededor de 200.000 personas, fue desplazada y perdió todas sus propiedades de siglos. Las cifras hablan de una matanza de 170 personas, pero nadie se las cree, Sigue siendo un hecho sin posibilidades de investigación. Pese a todo, Gotovina fue declarado inocente por falta de pruebas concluyentes.

La Unión Europea decidió que solo Serbia había sido la culpable de aquellas guerras, y solo su jefe de Estado Slobodan Milosevic compareció y fue hecho prisionero y puesto a disposición del TPI (Tribunal Penal Internacional), en donde murió víctima de un infarto. Finalmente fue declarado no culpable de las matanzas de Bosnia, que fueron llevadas a cabo por el VRS, y no por el entonces ya desaparecido ejército yugoslavo ó JNA. En realidad existían más intereses en su destrucción que en su existencia.

Enseñanzas y parábola

Bosnia y Herzegovina está hoy dividida en dos Estados, el bosnio-crooata y el serbio, denominada República Srpska. Yugoslavia se fragmentó en 8 Estados, todos los posibles. Incluso se separaron territorios de una misma historia. Croacia y Eslovenia jugaron el doble papel de luchar por la supervivencia común, cuando en realidad actuaban para su secesión. Ninguno de los Estados escindidos ha logrado la relevancia que algún día tuvo Yugoslavia. Uno de los muchos errores de Milosevic fue aceptar cambios en la constitución federal buscando una permanencia que estaba sentenciada. En realidad solo la debilitó porque no existía esa voluntad.

Una sociedad no se repone a la destrucción de su país. El nacionalismo centralista es tan peligroso como el periférico. La estimulación de cualquiera dispara el crecimiento del opuesto. La existencia de una nación no puede someterse a referéndum o consulta alguna. El brexit inglés una secesión de la Unión Europea, decidido por unos pocos miles de votos de diferencia. Ni una sola víctimas de las guerras yugoslava mereció la pena, y los muertos quedaron en los campos y en las fosas comunes para nada. Tuvieron los peores dirigentes políticos en los peores momentos posibles. Puigdemon es un Milan Kucan fracasado, y Vlad Putin no llegará más allá de un triste Milosevic.

Nota: Y llegó la barbarie. José Ángel Ruiz Jiménez. Ariel, 2016