Bajo el estado de shock


 

                 La caída del gobierno del Partido Popular el pasado 1 de junio, cuando nadie podía preverlo unos días antes, produjo un estado de shock político cuyas consecuencias aun se notan. Quien no lo esperaba alcanzó el gobierno, y quienes pensaban perpetuarse en él, fueron obligados a abandonarlo. Ante toda la Nación se abrió un tiempo nuevo.

                  Desde la llegada de La Democracia en 1978, las únicas siglas que permanecen para el conjunto del Estado son las del PSOE, pues la derecha ha cambiado de nombre a lo largo de todo este tiempo. En su origen fue la Alianza Popular de Fraga, inmortalizada por Forges como Afananza Pandillar. Escándalos de diversa índole llevaron a la derecha a refugiarse en unas elecciones bajo las siglas de Coalición Popular, sin embargo, solo fue una estación de tránsito. Al poco dieron con el nombre de Partido Popular, con el que han llegado hasta ahora y del que deberán deshacer en breve, probablemente tras el Congreso de elección del nuevo presidente nacional del próximo 5 de julio. Para la futura reconquista del centro, la derecha deberá encontrar una nueva fisonomía, que no esté tan asociada a las prácticas corruptas del poder. El azul ya no es el futuro, aunque tampoco el naranja (ya adoptado por el PP durante un breve tiempo).

                La derecha española se ha dejado muchos nombres en el camino, siglas o incluso colores. Manuel Fraga pasó de la caverna franquista al liderazgo autonómico en la Xunta de Galicia, sin transición posible. Los escándalos de corrupción le han acabado pasando factura al PP, pero de en un solo cobro. Han caído uno tras otro, todo lo barones regionales del partido y los líderes históricos. En Melilla, el tiempo nuevo es inminente y resulta curioso, que los representantes melillenses del PP, no se hayan pronunciado por ninguno de los candidatos en liza: «es muy difícil decidirse», decía el máximo regidor local. Sin embargo a veces es obligatorio hacerlo, porque la indefinición, el a ver que pasa puede resultar letal.

                 Resulta sintomático que ninguno de los candidatos a las primarias populares, salvo Soraya Sáenz de Santamaría, haya tenido gesto alguno con Melilla, especialmente el que fuera diputado por la ciudad García Margallo, gran valedor y nombrado como hijo adoptivo. No posicionarse implica que el posible ganador mire con recelo a la ciudad de la que no recibió apoyo. La presencia de la ex vicepresidenta en la ciudad es difícil de interpretar, aunque todos los indicios la señalan como posible y quizá probable ganadora de la contienda democrática, por la dirección popular. Dolores de Cospedal no consigue trasmitir una imagen de empatía, y Casado no acaba de remontar el vuelo.

                                              El millón de afiliados

                      Históricamente el único movimiento político que ha alcanzado la cifra de un millón de afiliados fue la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) durante la II República (1931-1936). Está claro que la cifra de afiliados del PP es un bluf. Sólo 70.000 personas se han inscrito en el proceso de primarias. Los 4000 afiliados del Partido Popular en nuestra ciudad se han quedado en apenas 300 votantes. Como ha dicho la única visitante de los populares a nuestra ciudad: «el partido corre riesgo de desaparición». Refundar el centro derecha requerirá al menos un proceso de 5 años, en los que la pérdida de poder municipal y autonómico resultará una sangría política. El proceso de descomposición y caída del régimen popular es irreversible.

                                          Tiempos nuevos en Melilla

                    Ahora mismo todo es incierto y son muy pocas cosas las que pueden aventurarse. La caída de los zares en Rusia abrió una etapa de gobierno provisional con Kerensky, en la que sucedieron todo tipo de hechos, hasta el triunfo final de los bolcheviques. En nuestra ciudad el futuro lo impondrá la evolución del censo. En 2015 se produjo el final de la primera etapa, aquella en la que un partido de ámbito nacional podía gobernar con una mayoría absoluta o cercana a ella. Eso no sucederá más. La segunda fase, de duración media, requerirá de al menos dos partidos en el gobierno de la ciudad, y en la que no debería dejarse fuera a Coalición por Melilla. El PP en la etapa de Juan José Imbroda, ha sido el único partidos sin diputados rifeños entres sus filas. Los integraban en las listas pero luego los hacían salir de modo obligatorio para dar paso a diputados de origen peninsular, o tenía que dimitir por escándalos variados. La tercera etapa, a corto o medio plazo, será aquella en la que CpM o su evolución futura, sea ya siempre la lista más votada y escogerá socio de gobierno. Si la caída del partido Popular en la ciudad se acelera, esta situación puede producirse ya en las próximas elecciones, a tan solo un año vista.

 

 

 

La ratonera urbana


 

                          Sin previo aviso, sin anuncios en las entradas de las calles, sin posibilidad de salir una vez dentro del embudo, el lunes se iniciaron una obras de pavimentación en el Barrio de Concepción Arenal. La calle Querol quedó cortada de principio a fin, lo que convirtió a las calles de los maestros Mariano Bartolomé y José Molinares en sendas trampas para ratones, o vehículos en este caso. Todo cortado de una sola tacada y sin ninguna vía alternativa.

                             El estrangulamiento del tráfico llevado a cabo en distintas zonas de la ciudad, por planificaciones que no tienen en cuenta nada, está convirtiendo la circulación en un infierno, con una consecuencia clara, la inutilización del transporte público, que ya es realmente un transporte periférico. El plan de la ciudad accesible está resultando un plan de ciudad en colapso. Las dos falsas rotondas de la calle Duquesa de La Victoria, especialmente la de la desembocadura en la avenida de La Democracia, estrangulan el tráfico en todas direcciones. En horas punta y en épocas de colegio, el embotellamiento llega hasta la calle alcalde Antonio Díez.

                   El estado de obras, el apresuramiento en el ya definitivo último año de legislatura local, y probablemente del de una época, que se cerrará de modo inexorable, Los tiempos nuevos nos acabarán alcanzando de un modo u otro. Sin embargo, lo reseñable aquí es la falta de consideración con el ciudadano, que supone este modo de hacer las cosas.

            También se han cortado todas las intersecciones de la calles Duquesa de la Victoria, la última en la prolongación de la calle Seijas Lozano, de manera que ya hay que recorrerla entera si se quiere cambiar el sentido de la circulación. Se dificulta la circulación privada, y también la del transporte, pero lo que se empeora de modo claro es el transporte urbano y el de los vehículos de emergencias. Se cierran unas calles y se saturan otras. Todo un plan rector.

 

 

 

La ciudad calcinada


 

                  En la hoguera de san Juan se quema una representación de algo. Es un instante efímero de evasión, en un mes de junio de 2018,  en el que un gobierno ardió como una tea en un solo día. Pasada la situación de conmoción por el segundo suceso, y el breve momento de la que se califica como la noche mágica, vuelve la dura y siempre ineludible realidad.

                 La ruina, como la nada de La Historia Interminable, se extiende por toda la zona histórica de la ciudad. La década de los 2000 millones de euros, no ha aliviado ninguno de los grandes problemas de Melilla, pese al maquillaje  que se lleva a cabo en otras zonas. Estos son barrios y calles por los que nadie transita, salvo los residentes. Aquí no hay planificación urbanística, accesibilidad ni ciudad sostenible.

                   Es el Barrio del Carmen, del que ya hemos escrito* (como casi de todo) y en el que se encuentra una de las calles más paupérrimas de la ciudad, la de Villalba y Angulo**. Una tercera parte o más de los barrios históricos se encuentra en situación de ruina. Las casas ruinosas habitadas se alternan como las cartas de una baraja, con las casas arruinadas deshabitadas. Los solares se eternizan en estado de abandono total, en espera de un Plan General de Ordenación Urbana, que lleva más de una década sin ser aprobado. Para un tercio de la población melillense no hay esperanza alguna. Todos los términos anteriormente citados no significan nada en su quehacer diario.

                   Este emblemático barrio se divide en dos partes, y su frontera en la Avenida de Castelar. Las casas, escaleras y pasadizos fotografiados hace dos años, siguen en el mismo estado pero con dos años más de deterioro, con el consiguiente riesgo de derrumbe. En este lado del Barrio del Carmen, el de las calles Explorador Badía, capitán Cossío, padre Lerchundi, general Barceló, o la ya mencionada del gobernador Villalba y Angulo, la situación física de deterioro es igual que la de la parte más cercana al centro de la ciudad. Nada cambia,  Melilla siempre puede esperar.   

  Notas:*https://elalminardemelilla.com/2016/04/22/el-barrio-del-carmen/ ;**https://elalminardemelilla.com/2016/04/28/la-calle-de-villalba-y-angulo/

 

 

Historias de las cabinas


 

           Las cabinas existen todavía y funcionan. La telefonía móvil nos ha cambiando la vida, tanto que ya vivimos pendientes del teléfono. Incluso parece una tragedia el dejarse el teléfono móvil en casa, o estar dos días in conexión a internet o pasar por una zona sin cobertura, o lo que es peor, quedarse sin batería.

           Sin embargo, no ocurre absolutamente nada si olvidamos el teléfono portátil, porque estamos perfectamente comunicados. Las cabinas telefónicas están todavía ahí. Ya casi nadie se acuerda de las tarjetas con saldo para utilizarlas. En los últimos meses he olvidado el móvil en casa dos veces, y he tenido que hacer uso de las cabinas. en ambas ocasiones funcionaban. Resultaba como un viaje al pasado descolgar el auricular, esperar el tono y proceder a realizar la llamada, tras introducir una moneda de euro, que en el pasado reciente era de 100 pesetas. En ambas ocasiones, las personas que pasaban cerca de donde yo estaba, miraban con perplejidad, e incluso esbozaban una sonrisa. Es cierto ya no se ve a nadie llamando por las cabinas de calle, pero están ahí.

             La primera vez que escribimos sobre ellas fue en 2012 *, y las calificamos como reliquias útiles. La reciente avería en la red de telefonía móvil y en la de fibra óptica ha mostrado su vulnerabilidad. La telefonía de hilo sigue teniendo un hueco en nuestra sociedad, en nuestro mundo. El uso de las cabinas tiene un problema y es que como nuestros hábitos han cambiando tanto, ya no cogemos el teléfono a números desconocidos, por lo que aunque siga cumpliendo su función, al otro lado ya no coge nadie. Es lo que tiene el abuso de los números falsos y la piratería telefónica. Por este motivo pediríamos a Movistar, que identificase el número de llamada desde la cabina.

               La empresa que se encarga del mantenimiento de las cabinas es Cabitel. También es un hecho que en pocos lugares se encuentran tan vandalizadas como en Melilla. Hemos visto cabinas en otras ciudades de España, o incluso en París o Roma y su aspecto no recuerda siquiera levemente al de nuestra ciudad. Las cabinas de teléfonos están a punto de desaparecer, aunque ya hay un movimiento para «salvar las cabinas». A lo largo del presente año, el gobierno ya extinto de Mariano Rajoy le otorgó una prórroga de otros dos años. Del mantenimiento de las cabinas todavía dependen unos 1000 empleos en España.

                   Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/07/31/cabinas-telefonicas/

Quemando puentes y torres


                          Las Torres del V Centenario arderán en San Juan

     Las hogueras de san Juan son un gran conjuro, en el día en el que reina la luz y entra en verano en el hemisferio norte. «Santo romero, santo romero, que salga lo malo y entre lo bueno». En las hogueras de san Juan se quema lo malo de cada ciudad, barrio o pueblo. Desde que en 2011, con un Alminar incipiente, el gobierno de Melilla decidiera arder a la oposición, la hoguera oficial ha perdido por completo el sentido. Son más cercanas a su esencia y sus motivos, las hogueras de los barrios

          Cuando esta mañana, entre los trabajadores, funcionarios, empleados y visitantes de las Torres, ha corrido la noticia de que el motivo de la hoguera oficial serán las propias torres, la perplejidad y el estupor han sido completos. Una usuaria de las Torres de la Administraciones  Pública y Judicial ha sido contundente: «que quemen el ayuntamiento, que lo merece más». Un trabajador decía en voz alta: «nos queman», mientras el enseñaba la fotografía obtenida con su móvil a otro, que como Tomás, quería verlo para creerlo. Había alguna persona que ya afirmaba que no acudiría a la quema simbólica de las Torres V Centenario.

          Asombro puro y desconcierto por el motivo designado para «la noche mágica» de san Juan. Nunca ha habido autocrítica en la hoguera melillense, por los malos modos gubernativos, por el tono bronco en el trato con la oposición. Nada de eso. En los últimos, la hoguera de la vanidad melillense solo ha hecho arder motivos estrambóticos.

           Es cierto que lo que se pretendió que fuera la obra emblemática de la conmemoración del V Centenario de Melilla, ha resultado ser un fiasco y la peor obra pública de la historia. Hoy, con el motivo de la quema, recordamos que sólo Mariano Rajoy fue el único ministro asistente a aquella efeméride. Las Torres están desmoronándose solas, no hace faltas lanzarles un maleficio, que es así como se ha interpretado el motivo escogido. Un auténtico mal fario.

                Sin embargo, también puede resulta un auspicio no previsto. Las Torres fueron inauguradas en 1998, tienen pues 20 años de existencia. Es un obra, casi la única infraestructura iniciada y acabada con una administración Popular, tanto en Madrid como en Melilla. ¡Quién sabe lo que puede arder con esta hoguera!

 

Las novelas malditas


 

                                         Melilla, de Imán a Metropol

                 Melilla y sus tierras, fueron para varias generaciones de soldados de reemplazo, el Afganistán español, al igual que el territorio afgano fue el Vietnam ruso. En Vietnam, el ejército más poderoso del mundo, el de Estados Unidos, fue derrotado sin llegar a perder una batalla importante, al igual que sucediera con los soviéticos en Afganistán. Se habla de las Guerras de Marruecos, aunque también pudiera escribirse «las guerras de Melilla». El equivalente al Barranco del Lobo marroquí es en Afganistán el túnel y desfiladero de Saalang. Estas experiencias colectivas de las naciones, generan un leyenda propia, que se incorpora a la cultura del país, ya sea mediante la literatura o las canciones.

                        Las novelas malditas serían aquellas en las que nadie se reconoce, ya sea de modo individual o colectivo, o en las que nadie quiere reconocerse, pese a su indudable valor histórico. El valor poético y mítico de las guerras de Melilla, no casan con lo reflejado en Imán de Ramón J. Sender. La advertencia de unos soldados a otros: «el sargento hoy barrunta vino», es excelsa. ¿Cuántos muertos costaron las campañas marroquíes?. No hay cifras, pese a haber pasad0 ya más de un siglo, aunque pueden calcularse en unas 20.000. Las víctimas mortales del ejército estadounidense se cifran en 58.000, mientras que las del soviético se cifran en torno a las 15.000. La duración de los tres conflictos bélicos se sitúa entre los 10 y 20 años.

                     En la parte que nos toca, La forja de un rebelde de Arturo Barea, puede ser considerada como la mejor novela épica de las guerras de Marruecos. Lo que no es comprensible, pero sí explicable,  es que el aragonés Ramón J.Sender, no tenga nada dedicado en nuestra ciudad, pese a la probada solvencia de su obra, y a que lo que narra está escrito desde su propia experiencia en Melilla.

                        Una novela o libro maldito es aquel en el que nadie quiere reconocerse, o que describe una realidad no asumible. ¿Es Imán una novela maldita?. Posiblemente, aunque cabrían posicionamientos favorables y contrarios. En la que no creemos tener dudas es en Metropol, de Ramón Ayerra, la novela de los soldados de reemplazo en Melilla. La novela se centra en una cafetería que ya no existe, y de la que jamás existirá una placa que recuerde su emplazamiento, pese que marcó toda una época de la ciudad, y que además fue objeto de un atentado o intento del mismo. El otro libro que también entraría dentro de la categoría estudiada, es la recopilación de artículos de Ricardo Crespo, bajo el nombre de Melilla en el Aire. Hoy puede escribirse o incluso hablar de ellos, pero en su momento no. Ricardo Crespo fue el redactor del concepto de «melillismo», de ese modo especial de vivir y desenvolverse políticamente en la ciudad, que hace que sus más acérrimos e intransigentes representantes, lleven ya décadas fuera de su perímetro de 12,5 kms². Es lo que en el argot de los melillenses que sí residen en la ciudad, hasta el último de sus días, llaman hacer «buchaca».

Nota:https://elalminardemelilla.com/2014/12/23/el-barranco-del-lobo/

Carlos Castañeda, cuestión de fe


 

                   Hoy, 7 de junio, nos ha dejado un hombre de fe, un cristiano viejo, un amigo del Alminar y uno de sus mas fervientes lectores. Todo en Carlos Castañeda era pasional, o le gustaba o lo aborrecía, o creía en algo con firmeza o no le prestaba atención. Fiel servidor y devoto de la Cofradía de La Virgen de La Victoria, patrona de Melilla, a la que veneraba por encima de cualquier otra, junto con la iglesia de La Purísima Concepción, de la que fue voluntario y altruista cicerone. Su segunda gran pasión era la que profesaba a la Soledad de Melilla la Vieja y al Cristo Nazareno.

                    ¿Qué es la fe, en qué consiste la creencia, qué hay en el Más allá?, son algunas de la preguntas sin respuesta que en algún momento compartió conmigo. Fue él quien me recomendó tratar siempre de usted a los sacerdotes, «porque ellos tienen su función y nosotros la nuestra», me decía. Se puede tener confianza y amistad con ellos, pero sin interferir en la esfera de la Iglesia. Como humanos, cualquiera podemos necesitar consejo y orientación en cualquier momento, pero uno/a solo puede vivir su propia vida. Todos somos iglesia, pero en el Gólgota siempre se está solo.

             Cuentan de fray García de Loaysa, cardenal y arzobispo de Sevilla, que al ser nombrado Inquisidor general, recibió la felicitación de un intimo amigo, y al que respondió del siguiente modo: «Que sea enhoramala, porque me han dado oficio con que os queme». Viene esto a cuento de las siempre difíciles relaciones con la Santa Madre Iglesia, que padeció en algún momento Carlos Castañeda, y de las que siempre me previno. Le hemos hecho caso en muchas cosas y también hemos buscado nuestro propio camino, siempre dentro de la senda de la humildad y alejados lo más posible de la vanidad y de la soberbia. Al Más allá nadie se lleva nada. Su ejemplo es el de un hermano franciscano, como siempre se sintió, aunque sin hábitos. En sus últimos años se recluyó en su propio mundo, y en su santuario privado dedicado a la Virgen de La Victoria.

                     Carlos Castañeda deja, ya como obra póstuma, una historia de la iglesia de La Purísima Concepción, crisol de la fe de Cristo, de sus imágenes y de sus devociones, y de la que afortunadamente tuvo el tiempo y las fuerzas necesarias para concluirla. Será su legado y su testimonio, que le hará permanecer en la tierra de Melilla, de la que nunca quiso separarse.

               Su testamento de fe es el pregón de 1997, el único reconocimiento que obtuvo dentro la Iglesia y de su mundo, y que me dedicó: «Te muestro mi corazón de católico convencido que vacié, junto a mis vivencias, en este pregón semanosantero. A Enrique, buceador indómito de variopintas historias, que pueden alcanzar desde lo sacro hasta el averno».

               Carlos Castañeda se ha ido, pero dentro del seno de la Iglesia, en la que siempre creyó y a la que sirvió, pese a lo mucho que había visto. La semana pasada recibió los santos óleos y el último sacramento, de manos del Vicario Episcopal de Melilla.