El jardín asolado


 

               Asolado es destruido o arrasado. Desolado es triste inhóspito o desierto. Me ha resultado difícil el decidirme por un adjetivo u otro para describir este supuesto y fantasmal jardín y titular esta entrada. Se encuentra en la parte alta de las escaleras que comunican la calle Capitán Cossio con la calle Río Tajo, también llamado Monte de María Cristina, aunque en su parte más baja, la que da acceso al Rastro. Las palmeras se han doblado y achicharrado bajo el Sol y una desatención máxima. Es verdad que no se puede tener una ciudad en estado óptimo en toda su superficie, pero también es difícil encontrar cosas en mal estado en cualquier parte de la misma, aunque sea el mismo centro de la urbe.

         El barrio de los ríos es totalmente inaccesible, con potentes escaleras tanto aquí, como en el acceso desde Mariscal Sherlock. Escombros, basuras, farolas rotas, degradación, abandono., a poco menos de 200 metros de una de las «supuestas áreas turísticas»  de Melilla.  Todo son lemas, propaganda. La realidad es esta.

La ciudad oculta


 

       Esta es la ciudad que nadie ve, salvo los que viven en la zona o los que tienen que pasar por allí. Esta es la ciudad real, no la de la propaganda. Este es el acceso a la calle Infantería y a las viviendas de San Francisco de Asís. A solo unos metros se encuentra la mezquita central. Antaño hubo aquí un cafetín, y posteriormente fue sede de la asociación islámica Badr. Aquí hay una gasolinera y decenas de tiendas, muchas de ellas de alimentación. El callejón al que da acceso la cancela es el «patio de luces» de las viviendas, y el otro lado es el resto de la ladera del antiguo cerro de Santiago, que llegaba hasta este lugar, antes de que existiera nada. La suciedad puede llevar ahí meses o tal vez años. La cancela está abierta y el callejón puede ser utilizado para cualquier cosa.

 

Aparcar sobre la aguas


          Las primeras lluvias de otoño, que no se han hecho esperar en nuestra ciudad, ponen a prueba las infraestructuras urbanas. Todo parece haber funcionado como debe esperarse de las altas inversiones realizadas.  Ha llovido, pero no demasiado, por lo que no sabemos el comportamiento de estas obras en lluvias verdaderamente torrenciales. En el centro de Melilla han desaparecido las inundaciones de antaño, que anegaban portales, comercios y garajes. Pese a todo, en la avenida de La Democracia, hay un punto negro o de agua. Al elevar el nivel de pavimento sobre el de los márgenes, en donde se encuentra la zona de aparcamientos que linda con el Parque Hernández, crea improvisados estanques, lagunas o charcos, que dificultan tanto la salida desde los vehículos, como el propio tránsito por los pasos de cebra. No hay alcantarillas o sumideros que puedan absorber el agua, que permanece embalsada hasta que se seca.

El estado de la plaza de la aviación


    Hay imágenes que no necesitan muchos comentarios. Solo necesitan conservación y gestión, las dos cosas que no existen en Melilla. En el pasado mes de abril escribimos acerca del estado de la plaza de la Aviación Española, denominación franquista porque su nombre actualizado sería plaza del Ejército del Aire o de las Fuerzas Aéreas, pero en nuestra ciudad se prefiere lo rancio. No le tenemos miedo alguno a al adjetivo español/ola, o al sustantivo España. Lo dejamos claro y desde el principio.

                 Nadie entendió por qué el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero abandonó el edificio de Correos, sin rehabilitarlo, y alquilase para este organismo un local en el barrio del Industrial. Nadie entiende ya nada, como la posterior venta del inmueble a la Ciudad Autónoma de Melilla, para futura Universidad privada, o para un uso o fin último que todavía no se conoce. No se entiende tampoco que se esté dejando deteriorar el edifico hasta el límite, o que una plaza rehabilitada hace apenas dos años, presente aspectos y situaciones como las que describíamos hace medio año, o las que presentamos en este momento.  Está claro que es más rentable que todo caiga en la descomposición absoluta, para luego rehabilitar de manera mil millonaria. Refundar la ciudad en cada esquina o plaza.

   Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/04/03/plaza-de-la-aviacion-espanola/

La fuente del Parque Hernández


La fuente del parque

                  Esta todo tan descentrado que al primer golpe de vista parece un juego óptico provocado con un objetivo desenfocado. No se sabe que es lo que está derecho y qué torcido. El suelo se levanta levemente en una hilera de losas , la fuente se alza y vence hacia adelante por la base y la farola, el único elemento recto, parece salir de la fuente también inclinada. La sinuosidad del borde del parterre también colabora en la sensación de derrumbe o de movimiento de las cosas. Lleva así meses o un tiempo que nadie sabe precisar. El conjunto no invita a beber de esa fuente, con agua de no se sabe qué procedencia. No hay ninguna indicación de que sea agua potable, algo preceptivo en cualquier fuente pública. Es el descuido absoluto, el abandono generalizado, el triunfo de la herrumbre.

Atravesando La Vía Láctea en Melilla


 

24 bandas reductoras de  velocidad en una sola vía

       La carretera de la Vía Láctea, nombre absurdo donde los haya,  comienza junto al callejón de Pandora (carretera de Hidúm) y acaba junto a la Fuente de Trara (carretera de Rostrogordo). Es, era, una vía muy adecuada, pues comunica la zona de alta de Tiro Nacional y el Poblado legionario, con la carretera de Farhana en apenas 5 minutos, yendo a 50 kms/h, velocidad recomendada en vías urbanas. Es una vía que suelo utilizar para cambiar de un sector a otro de la ciudad, sin necesidad de pasar por el saturado tráfico del centro. También sé que esta zona no es transitada por la mitad de la población de Melilla, pese a que aquí hay un mirador con las mejores vistas de la ciudad y del barranco de Cabrerizas.

          Reconozco que cuando leí en prensa que un grupo de vecinos de la zona protestaban por la instalación de bandas reductoras de velocidad me extrañó por un doble motivo. El primero porque nunca había oído noticia alguna sobre excesos de velocidad en esta zona, o accidentes, que sí suelen ser frecuentes en otras parte de Melilla, como el Paseo Marítimo (antiguo y nuevo), la carretera de Alfonso XIII o la calle Álvaro de Bazán. El segundo motivo de extrañeza era el propio hecho de protestar, pues las bandas reductoras han sido instaladas en otros lugares de nuestras calles y nadie ha protestado, es más, se han recibido como «una bendición».

                        Bandas reductoras de lomo de asno

       A principios de la semana tuve que utilizar esta vía de comunicación y me encontré con una auténtica tortura sobre el asfalto. Se han instalado 18 bandas reductoras del tipo lomo de asno, construidas en cemento, que se añaden a las 6 existentes , lo que ofrece un total de 24, sobre una de vía de 2 kms, o sea, algo más una cada 1oo metros. En dos tramos concretos hay instaladas 3 consecutivas (cemento, goma rígida, cemento), en distancias que no superan los 50 metros entre las tres. Es un despropósito y una auténtica ruina para los amortiguadores.  Ahora entiendo por qué, todas las piezas de los amortiguadores de los vehículos, son las estrellas en las tiendas de repuestos automovilísticos. No solo son los baches, socavones y hoyos en las vías, son también las bandas reductoras de velocidad, especialmente las de goma rígida, especialmente dañinas para la amortiguación, según me contaba alguna de las personas a las que pregunté, si la situación del tráfico en la zona aconsejaba una acción tan contundente y desproporcionada.

      Después de ver el resultado, que ha costado 67.000€, y de leer los consejos del Ministerio de Fomento sobre la instalación de este tipo de medidas disuasorias de la velocidad, tengo mis dudas de que se correspondan con la normativa y sobre el material elegido, el cemento, que se deteriora con mucha rapidez, como es el caso de las instaladas hace poco más de dos año sen diversos lugares de la ciudad, como la de la calle Ibañez Marín, que en realidad es un paso sobreelevado y que ya es una ruina. Pero todo esto ya lo escribimos hace tiempo.

             Lo que resulta absolutamente incomprensible es la situación de los márgenes de la carretera, llenos de escombros y de basura desde hace meses.

         Nota: (1) http://www.fomento.es/NR/rdonlyres/180E9859-01CD-45A2-92CB-B5B4D1137624/81033/1160101.pdf.

                          (2) https://elalminardemelilla.com/2011/12/31/pasos-sobreelevados/

La invasión de las ultraterrazas


 

         Las terrazas son otra cosa, las que conocemos en cualquier otra ciudad de España en donde se respete la ley y exista alguien que la haga cumplir. En Melilla no hay ni lo primero, ni lo segundo. Las terrazas o veladores son ampliaciones temporales de un local de restauración, mediante la instalación de mesas, sombrillas o toldos, que llegada la hora de cierre se recogen y la zona queda limpia y despejada. La hora de cierre tampoco se respeta en nuestra ciudad, pero es que la propia asociación de hosteleros pide que se les permita incumplirla, para aumentar los beneficios.

         Lo que está ocurriendo en Melilla es que se está permitiendo la ampliación de los locales comerciales, mediante la construcción de instalaciones fijas, de madera o aluminio, a costa del espacio público, ya sea en una plaza, en una acera o  mediante la eliminación de aparcamientos públicos. La situación empieza a desbordarse en el Barrio del Real, resulta insólita en la Plaza de Las Culturas, en donde una de ellas tapa una de las torres de ventilación del aparcamiento subterráneo, y en las calles del mismo centro de la ciudad.

      Algunas obstaculizan la maniobrabilidad en la calzada, otras son utilizadas como lugar para estacionar en doble fila, otras dificultan la visibilidad de pasos de peatones y su señalización, o dejan las aceras y el espacio público reducido al mínimo. En Melilla impera el desorden urbano.

     Salvo en los chiringuitos de los paseos marítimos, esto no se ve en ningún lugar del mundo. La casi totalidad de las terrazas son solo permitidas en los meses de verano, y nunca mediante la ocupación permanente  del espacio público.