Sta. Mª Micaela de Melilla


 

        La iglesia de Santa Mª Micaela de Melilla

 Enrique Delgado        

                El 14 de enero de 1938 llegaron a Melilla las RR Adoratrices, Congregación fundada por Santa Mª Micaela para salvar a las mujeres que habían caído en las redes de la prostitución, informando de  este hecho  el mismo día en El Telegrama del Rif. El entonces delegado gubernativo Marqués de Valdecañas lo anunció mediante un comunicado: “Llegan las religiosas Adoratrices a Melilla a fundar su institución, a recoger a las pobres pecadoras que ninguno queremos recoger, y  amparar a las que pudieran llegar a pecar”. En la nota gubernativa se solicita la colaboración ciudadana parta dotar de enseres a las Adoratrices: “Cumplid este deber social de reciprocidad, privándoos de alguna cosa de vuestra casa, por una sola vez”.

           Las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad se establecieron en la antigua Casa del Reloj, en Santa Mª Micaela la antigua, en donde estuvieron hasta la inauguración de esta Iglesia para pasar finalmente a lo que hoy es la casa Mercedes, en donde estuvieron sólo tres años. No les fue bien en nuestra ciudad, en 1952 sufrieron un acto sacrílego y en su destino final (el antiguo convento que hoy es la Casa Mercedes), sufrieron varios robos e incluso un incendio, por lo que se marcharon definitivamente a Tánger.

          Todo esto sirve para decir que de ellas sólo quedó el nombre de su advocación principal en el nuevo templo, pues las religiosas adoratrices nunca llegaron a habitar esta nueva iglesia, inaugurada o bendecida, como se prefiera, el 22 de enero de 1953. Eso sí, todas sus imágenes que estaban en el antiguo templo pasaron al nuevo, como la de la fundadora  Micaela Desmaisiéres López de Dicastillo, que tomó el nombre de Madre Sacramento al fundar la Orden de Las Adoratrices y que es conocida y venerada con el nombre de Santa Mª Micaela.

         Las veneradas imágenes del Rocío y del Cautivo

  Las veneradas tallas de El Cautivo y del Rocío, llegaron a Melilla en 1949, en la recuperada Semana Santa de Melilla. El Cautivo procesionó por 1ª vez el 6 de abril de 1950. La Virgen del Rocío lo haría un año mas tarde, el 22 de marzo de 1951. ambas imágenes salieron siempre desde la iglesia antigua de Sta. Mª Micaela y así lo hicieron mientras las Religiosas Adoratrices estuvieron alojadas en la antigua Casa del Reloj. En 1955, tras tener ya construido su nuevo convento se fueron a las inmediaciones de la frontera de Beni Enzar. Las imágenes fueron llevadas a la nueva iglesia del naciente Bº de La Victoria y en ese momento, 1956, acabaron su breve paso procesional en Melilla. El nuevo barrio no tenía población y las imágenes ya no se volvieron a sacar. Tras un sueño y olvido de más de 20 años, en 1978, fueron rescatadas del cuarto en donde yacían abandonadas y vueltas a poner en el centro de la devoción de los melillenses.

                 Un nuevo templo para Dios en Melilla

       Así se titulaba la crónica firmada el día 21 de enero de 1953 por Asenjo y que resulta interesante recordar porque nos describe cosas que ya no existen en el templo: “ En el fondo del altar mayor, conformado a la liturgia, en imitación de mármol con alegorías en su pié de policromadas figuras angélicas con atributos musicales en fondo dorado. Sobre el altar el camarín en donde irá instalada la titular Santa María Micaela y en las naves laterales dos proyectos  de altares..”. Mas adelante leemos: “ A la entrada de la iglesia en el lateral izquierdo, se ha construido un recinto bautismal en imitación mármol, con placas plateadas alegóricas al bautismo de Jesucristo por San Juan con el siguiente texto, docente omnes gentes baptizantes eo in nomine Patri, et filii en Espiritu Sancti y púlpito en madera tallada”. De todo esto no queda ni el más leve rastro, amen de figuras y ornatos de todo tipo.

            El 22 de enero con la presencia del obispo de Málaga y cardenal de La Iglesia Herrera Oria se bendijo el nuevo templo, asociado al barrio del Monte de La Libertad, Calvo Sotelo durante el franquismo, pues entonces no existía el bario de la Victoria. El día antes se bendijo la campana, el acto más importante en un templo católico pues representa la voz de Dios y se asocia a las vicisitudes de la vida diaria de cada creyente católico. La campana, de 561 kilos de peso es una de las más grandes de toda la diócesis de Málaga y fue fundida en los talleres valencianos de Bautista Rosel Soler.

         Sta. Mª Micaela es una iglesia única en varias cosas. Tiene la única imagen existente en la ciudad de San Pancracio ( protector de la salud y del trabajo). Es la única iglesia que no está dedicada a una virgen o a Jesucristo, sino a una santa y también  la única que tiene construido  un campanario, según las normas arquitectónicas que los conforman. Además cuenta con la campana más grande de toda la diócesis de Málaga, al menos  en su momento. Es la única iglesia en la que la cofradía tiene sede propia e independiente del conjunto eclesiástico.

Los 1000 de La Patrona de Melilla


        No mas de 1000 personas, pero no menos, acompañaron el desfile procesional de La Virgen de La Victoria, Patrona de Melilla. Desde hace 5 años me acerco regularmente a ver el desfile procesional, el mismo número de años que tiene mi hija. Cada año veo menos gente, siempre en torno a esas 1000 personas, calculadas este año con generosidad. Pienso que ese es el riesgo que tiene haber dejado a La Patrona fuera de La Feria de Melilla, fuera del calendario, obviamente.

             Hacer el desfile en medio de la celebración de las fiestas patronales, implica que hay mucha gente en el centro de la ciudad, yendo o viniendo, gente que ya está fuera de casa y que se acerca o espera a ver la procesión . En esa tesitura el desfile procesional es una parte mas de La Feria. Hacer el desfile cuando hace cuatro días que todo ha acabado, es condenar la procesión al vacío absoluto, como está sucediendo, de modo inexorable, desde que se decidió, por quien fuese, sacar el 8  de septiembre, de las fiestas patronales del Mar, y eso que  este año la consigna ha sido repetir hasta la saciedad lo de: «En honor de La Virgen de La Victoria». A los cuatro días del fin de La Feria, casi nadie baja al centro de la ciudad, y menos en un día festivo.

          Es una sensación extraña la que se siente al ver ese vacío. Esa casi soledad del desfile por toda la avenida, ese silencio del público casi inexistente. Es una sensación agridulce. Algo se está haciendo mal, pero hace falta mucha grandeza de ánimo para reconocerlo. Ellos ya se han dado la nota de «notable alto» y «éxito», pero a la mitad de Melilla la están dejando al margen de la confección del programa de Ferias y eso se nota. Esa autodenominada Comisión de Festejos, o se abre a todos o va a crear un páramo a su alrededor.         

        Quien ha estado hoy en La Procesión, no puede dejarse engañar por la propaganda, pero es que algunos, ni siquiera viendo son capaces de creer.

Sobre La Patrona de Melilla


        

                     La Virgen de La Victoria en Melilla

         Enrique Delgado

      La batalla de Lepanto se produjo el 7 de octubre de 1571 y tras ella, La Iglesia decidió crear la advocación de La Victoria. Hasta antes de esa fecha resultaba imposible que la imagen y presencia de la Virgen de La Victoria tuviese algo que ver con Melilla. Esto es algo que se ha creído siempre, pero la historia podría ser diferente, de hecho parece serlo.
Durante el primer siglo de existencia de la Melilla española, la guarnición melillense, los presidiarios y el escaso personal civil tuvieron otras advocaciones y otros santos. Hay constancia de las titularidades de San Miguel, Santiago, Santa Bárbara, Santo Tomás de la cantera o San Pedro de la albarrada, pero no de vírgenes protectoras. Esto es algo usual en ciudades y pueblos de España, pero no en Melilla, que incluso en el aspecto religioso está llena de peculiaridades muy interesantes, sobre las que es necesario investigar y arrojar luz.

La imagen de La Victoria, una nueva hipótesis

      De ser cierta esta hipótesis que presento, no habría que esperar a la batalla de Lepanto para encontrar la imagen de La Victoria en Melilla. Desde 1487 los llamados frailes Mínimos (fundados por San Francisco de Paula) acompañaron a las tropas del Rey Fernando El Católico en la conquista de Málaga. Habían sido enviados desde Francia por el propio fundador de La Orden con la mediación del Conde de Lucena, que acompañaba al ejército castellano.
Al parecer la conquista de la imponente alcazaba musulmana de Málaga y la solidez de sus defensas estaba resultando más difícil de lo previsto y el cambio en la situación, coincidió con la llegada de estos frailes, que desde ese momento fueron conocidos en Málaga como “los frailes de La Victoria”, quienes por boca del santo eremita de Paula, había anunciado que: “Málaga caería en los tres días siguientes a la su llegada”, cosa que de hecho se cumplió.
El propio Rey Católico les permitió fundar una pequeña ermita dedicada a Santa Mª de La Victoria, actual patrona de Málaga, que fue transformada en convento en 1492. La siguiente fundación sería llevada a cabo en Andújar en 1495, sólo dos años antes de la conquista de Melilla.
En el Puerto de Sta. María se establecieron en 1502 y en Écija en 1506. Parece probable suponer que acompañaron a las tropas del Rey Católico hasta la toma de Granada y probablemente en la ocupación Melilla, en el norte de África, en donde se completaba el cierre político y militar a la dominación sarracena de la península ibérica. Sería pues lógico que la irradiación de la advocación de La Victoria llegase desde Málaga o desde la propia Andalucía y no implantada desde el acontecimiento de Lepanto.
Otro dato que diferencia claramente a La Patrona melillense de Sta. María de La Victoria de Lepanto, es que su festividad se celebra el 8 de septiembre y no el primer domingo de octubre, como es el caso de la virgen de Lepanto o del Rosario. Ni incluso la propia imagen es característica de una Virgen del Rosario. Su factura presenta elementos arcaizantes y cierto hieratismo, sobre todo en el niño, que la situarían en torno al siglo XV y no a las más evolucionadas y expresivas imágenes de finales del XVI
Ahora sí hemos roto ya esa barrera cronológica que impedía que La Patrona melillense se hallase presente en nuestra ciudad desde antes del año 1571.

                  ¿Llegó la Virgen de La Victoria en 1497?

            El dato más sorprendente y casi definitivo, en espera de documentación, es que San Francisco de Paula nació en la región italiana de Calabria, muy cerca de Cosenza, concretamente en Paula. A la provincia de (Cosenza) pertenece también la Melilla italiana, que es una pequeña pedanía de Colosimi, por lo que no sería muy aventurado suponer que al volver a su tierra natal, los frailes Mínimos que habían participado en la expedición de conquista de Melilla (la Malila musulmana), quisieran inmortalizar este nombre, por razones que desconocemos, cerca de la tierra natal del fundador de la Orden Mínima, a cuyo nombre se atribuyó el inicio del derrumbe y conquista del último Reino musulmán de España.
Por si esto no pareciera suficiente, en la parte superior del altar de La Divina Pastora, hay una antiquísima y desfigurada talla del santo eremita de Paula-Cosenza, lo que parece señalar claramente la presencia de los frailes Mínimos franciscanos en Melilla, bien durante la conquista o en una época inmediatamente posterior, porque la realidad es que erigieron, no se sabe cómo ni cuando, una ermita a La Virgen de La Victoria que se asentaba en la Plaza de Armas. Allí se emplazó esta ermita en al menos dos localizaciones y una posterior y última en el Mantelete, la conocida como ermita de La Victoria Extramuros.
    

            ¿Quién podría haber erigido una pequeña ermita dedicada a la Virgen de La Victoria?

               A mi juicio, solo los frailes Mínimos, porque eran los custodios de esa advocación y también eran franciscanos y eso confirmaría el dato que afirma que con las tropas castellanas habían acompañando a la expedición frailes franciscanos, que no capuchinos. Sin embargo eran frailes franciscanos de Paula y no de Asís. Una precisión imposible para los cronistas de la época.
Otra peculiaridad de la imagen de La Patrona de Melilla es su gran tamaño, cuando el resto de las imágenes titulares de las ciudades española son, por lo general, de muy reducidas dimensiones y esto es así, porque La Victoria de Melilla es una Virgen de tipo “Galeona”, genérico que se aplicaba a las imágenes que iban en las flotas militares y expedicionarias de Las Indias.
En 1497, a Melilla llegó una flota de al menos 30 barcos, con Nao Capitana, con barcos grandes, con al menos uno con “tren de artillería” y seguramente, con una imagen protectora de tipo “Galeona” y esa no podía ser otra que La Virgen de La Victoria, que sería desembarcada tras la conquista y consolidación de Melilla. Tras Lepanto se institucionalizó la tradición existente ya desde casi un siglo antes, de llevar “vírgenes galeonas” en todas las flotas de Indias.
Los frailes capuchinos siempre sintieron celos hacia la imagen de La Victoria y hacia la fe que le profesaba el pueblo, por lo que la ignoraron cuanto pudieron y que pese la animadversión era “la patrona” oficiosa del pueblo llano, de las tropas y de los presidiarios.
En esta singular rivalidad, los capuchinos se apresuraron a nombrar patrón de Melilla a Francisco de Asís, que no al de Paula y a dedicar la Iglesia principal y única de Melilla a La Inmaculada, cuando todavía no habían concluido las obras. Al ser los frailes capuchinos los administradores religiosos de la urbe, está claro que ocultaron cualquier dato de la procedencia de imagen o de la propia estancia en Melilla de los frailes mínimos, sus rivales religiosos. Al existir una solo iglesia en Melilla, esta se debería haber denominado como Santuario de Ntra. Sra. de La Victoria.
Estos celos llevaron a los capuchinos a atribuir milagros o protecciones celestes a vírgenes distintas de la de La Victoria, como la de La Aurora o la de Las Nieves (¡¡ en Melilla!!), pese a que esta imagen se encontraba presente en la ciudad desde su misma conquista. También es muy anómalo el modo en que fue proclamada como Patrona, para lo cual fue necesario “un cuartelazo” en toda regla, llevado a cabo por el Gobernador Antonio de Villalba y Angulo.
El texto histórico texto dice lo siguiente: “El 3 de febrero de 1756, cerradas las puertas de Melilla, levantados los puentes, la guarnición sobre las armas y patrulladas las calles (y con las capuchinos encerrados en la iglesia de La Purísima), se ratificó solemnemente, bajo juramento, como Patrona de La Ciudad a la Virgen de La Victoria”.
La Guarnición y el Pueblo de Melilla, probablemente hartos de casi dos siglos de desplantes hacia la imagen que les había protegido desde 1497, decidieron proclamar por “la fuerza de las armas a la Virgen de La Victoria como Patrona de Melilla. La acción incluía la posibilidad de haber dejado morir a los capuchinos en su iglesia, de no haber aceptado la proclamación.

La edificación de mezquitas en España


     En abril de 2010 un grupo de fanáticos simuló enterrar un cerdo un una barriada de Sevilla, San Jerónimo, en los terrenos en los que se iba a construir un mezquita. Tres años antes se había hecho algo parecido en “Los Bermejales”. En ambos casos no se construyó la mezquita. En julio de este año, el diario Gara informaba de que un grupo de vecinos de la localidad vizcaína de Basurto, se manifestaba en Bilbao para conseguir que la comunidad musulmana del lugar, edificara una mezquita.

              La receta, enterramiento de cerdos, para supuéstamente impedir la construcción de edificios religiosos musulmanes es ofrecida incluso en páginas web y en foros en los que se hace gala de la defensa de “la marca hispánica”. Olvidan, niegan y quizá también desconocen, que el mundo musulmán fue una de las señas de identidad de la península ibérica hasta el siglo XV. La frontera entre el mundo cristiano y el musulmán se estableció en el río Tajo en el siglo XI y en el Guadalquivir en el siglo XIII. Casi la mitad de Andalucía, Murcia y parte del antiguo Reino de Valencia, llevan bajo la cultura “cristiano occidental” tres siglos menos de los que estuvieron bajo el dominio de la “oriental musulmana”. Esto no es nada más que un dato, pero es un hecho que durante ocho siglos hubo un Islam hispano.

                Sorprende que años de promoción de la “multiculturalidad, del pluralismo, de la tolerancia, incluso en zonas que están fuera de toda duda como Cataluña, salten en pedazos en cuanto un grupo o comunidad musulmana instalada en la zona, o en la región, solicitan los permisos oportunos y pertinente para edificar un edificio de culto religioso islámico. Este es el caso de la localidad gerundense de Salt. Los exegetas del acuden de inmediato con toda una serie de razones con las que pretende dos cosas: “Justificar una decisión injustificable y alejar la sospecha de racismo o de miedo al Islam”, cuando por más que digan, se trata de ambas cosas.

            Para dar una mayor solidez argumental a la decisión de prohibir la edificación de mezquitas, comparable sólo, pero a la inversa, con las órdenes de demolición de las mismas, o de transformación en templos de culto cristiano, decretadas por el Cardenal Cisneros en 1510, se alude a que la solicitud podría estar avalada por determinados grupos radicales islámicos del movimiento sálafi, salfistas. No conozco el caso de que a ningún grupo rigorista y ultra católico, que los hay, se le deniegue la construcción de una capilla o parroquia, sólo por sospechar que forman parte del sector mas conservador de Iglesia Católica.

           Alí Mohamed Laarbi, en “hacia una representación democrática del Culto islámico en España”, detalla que “salvo en unas pocas capitales”, los musulmanes establecidos y afincados en España, rezan en garajes y en locales poco dignos e inadecuados para cumplir con su función de culto religioso”. La situación dista mucho de ser problemática o “cercana a la invasión o de reconquista musulmana”, como interesada y desvirtuadamente se pretende hacer ver en algunos sectores de opinión y medios de comunicación afines.

          PD: Imagen del gran alminar de la nueva mezquita de Farhana.

Lunes de San Nicolás en Almería


       Las visitas de los tres lunes

San Nicolás de Myra (Turquía) fue Obispo de la Iglesia católica allá por el siglo III d.C, hijo de un rico comerciante, del que heredó una gran fortuna que empezó a repartir entre los pobres de su área de influencia, incluso en vida de su padre. Tenía y tiene gran fama de milagrero y abarca gran cantidad de campos de acción, pero fundamentalmente es el santo de los marinos, pues en la zona oriental de la iglesia cristiana, la Virgen no tiene advocaciones. Es el equivalente oriental de la Virgen del Carmen. Otras de sus más famosas acciones fue librar de «la venta» a tres muchachas casaderas a las que su padre, comerciante empobrecido, quería vender. Enterado de esto el obispo Nicolás de Myra, durante tres lunes seguidos hizo caer una bolsa de monedas de monedas de oro por la chimenea de la casa de las jóvenes. De este hecho arranca las «visitas de los tres lunes», que se deben realizar en el mismo mes. Esta acción le hace ser invocado tanto por mujeres casaderas como por gentes en dificultades económicas.

Como intercesor ante las dificultades económicas fue muy venerado durante «la etapa franquista», sobre todo durante la larga y dura postguerra. Prácticamente no había ciudad o localidad que no albergara una imagen del santo de Myra en alguna de sus iglesias. Se editaron miles de estampas de San Nicolás y de cuadernillos con indicaciones  para los tres lunes y cuadernillos con novenas para pedir la protección del santo.

En la situación actual de crisis, se observa un crecimiento de «las visitas de los tres lunes» relacionadas con San Nicolás. En la Catedral de Almería, todos los lunes, colocan una imagen del Obispo de Myra en la parte derecha del templo, entrando desde la plaza de la Catedral. Colocan una imagen, una pequeña mesa para las velas y ofrendas,  y un lamparario eléctrico.

San Nicolás es actualmente conocido como Nicolás de Bari, localidad italiana en la que reposan sus restos desde el siglo XI, cuando la amenaza de la expansión sarracena hizo que la costa turca ya no fuese segura para la cristiandad. De hecho, desde el siglo XII, tras la caída del Reino latino de Jerusalen, toda la región que es cuna del cristianismo primitivo, e incluso los Santos Lugares, están bajo dominio del Islam.

San Nicolás es un santo de rito oriental. Es el santo patrono de Rusia y Grecia y de los cristianos turcos. Su vida está tan llena de leyendas y milagros fabulosos, que la Iglesia Católica Romana, mediante decreto del Pontífice Pablo VI, dejó de considerarlo como santo, de hecho, su festividad del día 6 de diciembre, ya no se conmemora por la Iglesia Católica. En los países nórdicos y centro europeos, se celebra la versión deformada de Santa Claus y la más irreconocible de Papá Noel. La Iglesia Luterana hace los regalos a los niños en esta fecha, ya que se considera a San Nicolás como protector de la infancia. También es protector contra los juicios injustos y de hecho es el patrón de los jueces o magistrados.

En esta iglesia de la calle Reyes Católicos, cedida por el Obispado de Almería a la Comunidad Católica Rumana de rito Oriental, se conserva muy viva y presente la tradición de los lunes de San Nicolás. La iglesia merece una visita porque en ella, salvo la imagen de San Nicolás, todas las figuras religiosas están representadas mediante iconos, ya que las representaciones en volumen de Dios, los santos y de La Virgen, están prohibidas en Oriente. Uno de los motivos de división entre la Iglesia de Roma y la Ortodoxa oriental fue, entre otros, la representaciòn de los santos mediante imágenes, algo que es considerado como «herético» por la doctrina ortodoxa.

Málaga recuerda al padre Tiburcio Arnáiz


               Tiburcio Arnáiz, un culto extendido en Málaga

                 En la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Málaga, en la calle Compañía,  se celebra la Santa Misa presidida por su Rvdo. Obispo de Málaga Monseñor Jesús Catalá Ibañez. Será hoy  lunes 18 a las 19.30 h con motivo del 85 aniversario del fallecimiento del jesuita en proceso de beatificación.

                   Desde su llegada, en 1912, se caracterizó por ser buen predicador y confesor, y por su honda sensibilidad social. El obispo Don Manuel González le encomendó los ejercicios espirituales de sacerdotes y maestros, así como el preparar las visitas pastorales a la provincia con misiones populares, en las que le acompañaban algunas catequistas. Su figura fue pronto elogiada, y merece especial mención su papel en la asamblea diocesana, encargada de la aplicación de la doctrina social de León XIII.

                Dedicó grandes esfuerzos a atender la casa del Niño Jesús, a impulsar la educación en los corralones de la periferia de Málaga y, a partir de 1922, en los pueblos y pedanías más distantes de la capital, obra que fue conocida como las doctrinas rurales. También intervino en la creación de la librería católica de la plaza del Siglo, de una Casa de Piedad para mujeres, de colegios-capilla en El Chorro y Las Mellizas, y en la instauración del Carmelo de Ronda. Su causa fue presentada en la Congregación de la Causa de los Santos en Roma, el 27 de abril de 2010.

                www.diocesismalaga.com

La leyenda del Cristo de Pedro de Mena


La leyenda del Cristo de Pedro de Mena

                 Enrique Delgado

               La leyenda del Cristo de Pedro de Mena es más bella porque tuvo un final, en Málaga, el día 12 de mayo de 1931, cuando la incomparable talla del artista granadino sucumbió, ante la violencia de los golpes de una maza  y ante el fuego. En ese momento se iniciaba su leyenda, en el instante en el que cayó sobre la talla el último golpe de la estaca o en el que el fuego lamía por última vez su primorosa efigie.

              En el 80º aniversario de su desaparición, su leyenda sigue viva, aun cuando no todos la conozcan o incluso cuando muchos de los que la conocen no pueden asociarla a una imagen concreta y sin embargo, hubo un tiempo en el que no era conocida esta imagen, pues había caído en el absoluto olvido (fue tallada en 1680), lo que contribuyó sin lugar a dudas a su preservación y así atravesó dos siglos sin que nadie reparara en ella, hasta 1883 en el que se la redescubre y se inicia su culto popular. La paradoja es que desconocida, atravesó la noche de los tiempos, expuesta ante todos, apenas alcanzó los 50 años.

              Tras ser conocida tuvo una rápida raigambre popular que la veneró hasta la exaltación y a la vez la colocaba en el lugar que la llevaría a ser odiada y destruida, en una milimétrica similitud con la persona, con el mismo Cristo al que representaba como efigie. La noche del 11 al 12 de mayo, envuelta en un improvisado sudario de ropajes procesionales, quedó sepultada y sola en una iglesia semi-derruida, hasta que sus restos fueron lanzados a la hoguera definitiva en la madrugada del día 12.

              La mecánica cuántica dice que el observador modifica el hecho observado, del mismo modo en que el exceso de veneración y ornato modifica la propia talla del artista y cubriéndola de exornos se la convierte en algo que nunca fue.

             De todas las fotografías conocidas de la talla de Pedro de Mena, esta es la más bella, porque ofrece a la vista el incomparable trabajo del artista, mostrándola desnuda de cualquier adorno. Está desnuda, como cualquiera ante nuestra propia conciencia, es esa verdad íntima y profunda que desnuda nuestro espíritu, ante la que no cabe engaño, demora o  distracción posible.

             La verdad no puede ser nunca transmitida, es una sensación  interior que al intentar expresarla nos hace alejamos de ella, es como la bruma de la niebla, que se disipa a nuestro paso o la fina línea del horizonte que nunca se alcanza.  Sólo podemos ofrecer la imagen y contemplarla, sin intentar describir nada porque entonces la perderíamos.

             El artista quiso mostrar la serena paz con la que la muerte cierra hasta el sufrimiento más bárbaro, ofreciendo ante nuestros ojos la plasmación física de la inscripción RIP (descansar en paz), en absoluta y desmayada relajación. La delicadeza del trazo, casi sin detectarse las herramientas del artista refuerza esa sensación de quietud y reposo. El suave desprendimiento del cuerpo, del que han desaparecido los rastros de la tensión o del dolor, ofrece la imagen del eterno descanso con una intensidad y tranquilidad pasmosa. No hay expresión ni gesto de dolor (pese a ser una imagen barroca), ni ningún recurso dramático con el que Pedro de Mena quisiera alterar nuestra percepción o condicionar nuestra actitud hacia la imagen.

            La imagen muestra, no dice, transmite una fuerza inmensa que sólo puede introducirse dentro de nosotros por los ojos, sin ningún otro sentido que la deforme o altere, en silencio absoluto y una vez dentro no sale.

           Es más bella porque desapareció, porque nada ni nadie pudo transformarla en algo distinto de aquello para la que fue concebida y plasmada. Al contemplarla en el pasado se nos muestra, al intentar explicarla se nos aleja. Al desaparecer volvió a ser lo que era y no en lo que la habían convertido, cargada de cosas y de símbolos que no la hicieron ningún bien. Los testimonios hablan de que fueron directamente a por ella, porque era símbolo de algo, probablemente, que jamás fue Cristo o la talla del crucificado de Mena.

          Ante esta fotografía, eco inapagable del pasado, se comprende lo que realmente fue esta talla, la intención del artista, ya fuese impregnada por la fe o por la inspiración.

          El mejor homenaje es ofrecerla, mostrarla, desnuda de todo aditamento, menos del nombre, “et maneat semper. Amen”.