Melilla y la guía Telefónica


La desaparición de los usuarios en la guía Telefónica

   La guía telefónica y su registro de usuarios ha sufrido una reducción considerable, en tamaño y también en datos. Los dos tomos, blanco y amarillo, que dejaban en la puerta de nuestros domicilios se ha unificado en uno solo. Las nuevas técnicas de impresión y la reducción del grosor del papel han obrado el milagro de convertir en un pequeño libro, toda la guía telefónica de Málaga y de Melilla.

       Sin embargo, tras una primera revisión de los usuarios de los teléfono de línea, se puede apreciar que faltan la casi totalidad de los datos de los abonados a la red telefónica de Movistar, antes Telefónica de España.

        Melilla está justo detrás de las poblaciones de Villanueva del Trabuco y Viñuela, comprendiendo las páginas 825 a 832. Hemos quedado reducidos a la nada. Siete páginas cuando en la edición de 2010 los nombres de los abonados ocupaban 31 páginas, de la 687 a la 709.

       La reducción del tamaño, exagerada, obliga a usar la lupa para poder leer el teléfono y el nombre buscado. La pérdida de datos de los abonados, debida probablemente a un error de impresión, convierten la guía en un instrumento inútil.

                              Edición digital de la guía Telefónica

        La consulta digital tiene el problema de que o se saben todos los datos de la persona o comercio buscado, o el resultado de la búsqueda concluye de modo invariable con el texto: no se han encontrado datos…. 

         Todo empuja a que se utilicen los teléfonos de información de pago, atendidos desde sabe Dios dónde. Tampoco es que la guía Telefónica la ofrezcan gratis, porque la cobra a lo largo del año en las cuotas de abono. Movistar, antes Telefónica de España, es una de las compañías más ricas del País.

El fuego verde


                El fuego no se puede tocar, solo admite la contemplación.  Ese es parte de su hechizo. ¿Cuántas veces al día estamos en contacto con el fuego?. Ya muy pocas veces, porque ya casi nadie tiene cocinas de gas, con su característico fuego azul. Los que todavía tenemos el calentador de gas y no pensamos deshacernos de él, mantenemos en las casas cajas de cerrillas, y éste es el mayor contacto con el fuego que mantenemos. Cuando hay un corte de luz y tenemos velas a mano, comprendemos la utilidad de los fósforos, de llama amarilla. Hoy en día casi todo es eléctrico, hasta los lampararios de las iglesias. Nunca se vio una iglesia o templo que ardiese por causa de una vela votiva, sin embargo han sido arrinconadas y desterradas de todas.

               Tememos al agua, a los vendavales y sin embargo,  ya casi nadie parece temer al fuego, entre otras cosas porque empieza a ser una gran desconocido y también un gran ausente en nuestra vida cotidiana. El único momento en el que se permite pasear el fuego por la calles es durante las procesiones, en los grandes tronos y pasos que utilizan los hachones de cera para iluminarlos.

                  Los fuegos de colores eran objeto de búsqueda por los alquimistas, que utilizaban diversos componentes químicos para cambiar su color natural, el amarillo y el rojo. Con el azufre el color de fuego se tornaba verde, pero despedía fuertes olores y vapores tóxicos que siempre se relacionaron con el diablo y con el fuego del infierno, en el que ya nadie cree. Cuando en algún lugar se notaba el olor del azufre, siempre se intuía o relacionaba con la presencia del «maligno».

             Estas son las ideas que tenemos todos, y son reflexiones parecidas a las que realiza Umberto Eco en su libro «Construir al enemigo», pero él no escribe en ningún momento acerca del fuego verde.

             Por eso constituyó una gran sorpresa para mí, el que una cofradía de Segovia, la de La Esclavitud del Santo Cristo de La Cruz, prescindiera de las velas blancas para iluminar y adornar su paso, utilizando el fuego verde. He investigado acerca de su posible composición, y ahora sé que hay una manera blanca de producirlo. Es bello, pero no deja de ser fuego.

El jardín salvaje


 

        La desembocadura del río de Oro y sus inmediaciones dan para todo. Aquí están algunos de los mejores bloques de viviendas de esta parte de la ciudad y algunos de los restaurantes y cafeterías más frecuentados por los melillenses y también por el equipo de gobierno reinante. Esto es el Paseo Marítimo. Por aquí pasa en algún momento u otro de la semana casi toda la ciudad. Esto es parte de nuestro supuesto «escaparate turístico».

        Hace un tiempo había aquí un parque infantil con vigilante, y unos cuidados jardines. La ampliación de la estación depuradora de aguas del río de Oro acabó con esta zona de recreo, que de ser un cuidado y agradable parque, se ha transformado en una zona agreste y en un parque salvaje.

       El césped brilla por su ausencia. la suciedad y el abandono se han adueñado de todo el paraje. El lugar no invita al reposo ni al descanso. El árbol tronchado, con su rama sostenida por el suelo, ejemplifica a qué estado están llegando las cosas en nuestra ciudad. No es un olmo seco, pero sí está hendido por el rayo de la mala gestión.

Tráfico, el infierno en las calles


accidentes en melilla

         Los accidentes de tráfico son constantes y diarios. Jugársela en las calles también. El mal estado del pavimento, la saturación y densidad del tráfico junto a la falta de una regulación efectiva, son males endémicos en la circulación en Melilla. La proliferación de rotondas (algunas de ellas inservibles), la ausencia de una señalización vial permanente, salvo el esporádico repintado electoral, consiguen que casi nadie circule adecuadamente por la calles. La falta casi generalizada de respeto o atención del automovilista melillense hacia cualquier señal o norma de tráfico empieza a ser legendaria. Suele ser normal que en un semáforo pasen más automóviles con la luz naranja o roja, que cuando está en verde. Exaspera ver el tiempo que se toman algunos/as en salir de un semáforo cuando el disco muestra el color verde, o la parsimonia con que  algunos/as salen de los aparcamientos, provocando enormes considerables embotellamientos. Los vicios de los automovilistas melillenses llenarían paginas de una enciclopedia. No todo podemos achacarlo a una gestión pésima.

El estado de la gestión de Melilla


 Esconder el río de Oro

   En este momento podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que no hay una sola calle o plaza de la ciudad que se encuentre en estado óptimo, como debería corresponder a una ciudad que invierte las cantidades publicadas oficialmente en limpieza, obras y mantenimiento de parques y calles.

   Las canículas de mayo apenas han comenzado y los ciudadanos que han acudido a las playas se han encontrado con un inmenso vertedero, o con una papelera inmensa. No están limpias ni las aguas, ni las arenas, ni puestos en orden los servicios de las mismas (duchas, aseos, pasarelas, papeleras). La ciudad se encuentra frente a una gestión catastrófica, en donde ya no da resultado ni los planes de empleo ni inversión alguna.

     Los esfuerzos de la propaganda no logran tapar ni esconder la realidad de una ciudad que ven todos los ciudadanos que deambulan por sus calles, o que intentan disfrutar de un fin de semana de ocio dentro de los estrechos límites de la ciudad.

       El río de Oro lleva cinco siglos infectando la ciudad, por eso se desvió su cauce a finales del siglo XIX. La desembocadura es un punto negro que no han conseguido resolver en los últimos 14 años de gestión popular. Tras años de encharcamientos pestilentes, que en nada o en muy poco ha resuelto la estación depuradora de aguas. La única solución que se ha encontrado es la de esconder el poco caudal existente en un desagüe junto al puente sin nombre.  En ese punto  se esconde el milenario río melillense y va directo a la estación depuradora de aguas, que pasados unos días devuelve el agua, ya depurada, a las aguas marinas en la que nos bañamos todos los melillenses. ¿Son seguras y salubres nuestras aguas de baño?. Llegados aquí,  ya no me atrevería a realizar afirmación alguna.

El requisito de un banco


 

 

         Estamos en la plaza de Adolfo Suárez, en el nombre sin plaza. La existencia de la plaza ha saltado al conocimiento de los melillenses con ocasión del fallecimiento del que fuera el primer presidente constitucional de esta etapa histórica. Este lugar resulta de la confluencia de cuatro calles y avenidas de Melilla. Hasta hace no mucho no era ni una plaza ni tenía nombre, porque no estaba catalogada como tal. Quizá dentro de algún tiempo sí sea una plaza, aunque de momento ya tiene nombre.

                Es un lugar con buena sombra. Sus ficus se tocan por la copas y proporciona una sensación térmica agradable en el inicio de la rigurosa canícula melillense. Un día indeterminado aparecieron allí estos artefactos, que según el diccionario de la Real Academia podrían ser bancos, porque según su definición, la condición para ser un banco no es tener respaldo, sino asiento.

               Está claro que lo que se pretende no es la comodidad del ciudadano, sino que no se detenga en lugar alguno y no cree problemas, como charlar, beber cerveza, jugar los niños/as o conspirar contra el gobierno en ejercicio.

        Nota:  http://laotramelilla.blogspot.com.es/2012/09/no-habia-otros-bancos-mas-comodos.html

El banco malo


 

Sentarse en Melilla

    Sentarse en Melilla y en muchas ciudades empieza a ser algo difícil. Los bancos de sentarse están desapareciendo de las calles, los otros desgraciadamente abundan. En las ciudades cada vez quedan menos asienteos urbanos, porque los alcaldes solo quieren que los ciudadanos transiten y se detengan lo menos posible en las plazas y calles. Por eso, los bancos no se cuidan, no se reponen si se deterioran y si se colocan algunos, no suelen estar a la sombra. Nadie quiere a los ciudadanos sentados, despotricando del gobierno e ideando sabe Dios que revueltas.

       A la derecha, los ciudadanos sentados les parecen sospechosos y más de cinco pueden constituir una concentración ilegal y ser objeto de multas. En Melilla se está perpetrando un nuevo Reglamento de Convivencia que pretende sancionar el comer pipas, no ya tirar las cáscaras al suelo, cosa casi inevitable dada la ausencia de papeleras, sino el hecho de sentarse a comerlas. Sentarse implica la posibilidad de charla y calumniar a los gobernantes, lo que resultaría intolerable.

       La 3ª ley de Melilla dice que: observada una situación de deterioro, lo normal es que pasado un tiempo todo siga igual, salvo que por catástrofe natural o por acción humana, todo haya empeorado de manera irreversible.

       Estos viejos bancos de madera, incómodos como pocos, están justo al lado de la explanada de San Lorenzo y frente a una zona residencial. Hace no mucho pasamos por allí y fotografiamos su estado, que ha empeorado de modo ostensible. Yo creo que no quieren que nadie se siente allí, no sea que se perturbe algún sueño muy principal.

         Yo tengo la sospecha de que la derecha diseña ciudades incómodas para el ciudadano. Existen patrones comunes en aquellas que he podido observar. Eso sí, mientras lo bancos se encuentra en ese lamentable e inservible estado, se instalaban nuevas macetas de adorno en las jardineras.

           Nota: https://elalminardemelilla.com/2013/11/20/nuevas-estampas-insolitas/