Tráfico, el infierno en las calles


accidentes en melilla

         Los accidentes de tráfico son constantes y diarios. Jugársela en las calles también. El mal estado del pavimento, la saturación y densidad del tráfico junto a la falta de una regulación efectiva, son males endémicos en la circulación en Melilla. La proliferación de rotondas (algunas de ellas inservibles), la ausencia de una señalización vial permanente, salvo el esporádico repintado electoral, consiguen que casi nadie circule adecuadamente por la calles. La falta casi generalizada de respeto o atención del automovilista melillense hacia cualquier señal o norma de tráfico empieza a ser legendaria. Suele ser normal que en un semáforo pasen más automóviles con la luz naranja o roja, que cuando está en verde. Exaspera ver el tiempo que se toman algunos/as en salir de un semáforo cuando el disco muestra el color verde, o la parsimonia con que  algunos/as salen de los aparcamientos, provocando enormes considerables embotellamientos. Los vicios de los automovilistas melillenses llenarían paginas de una enciclopedia. No todo podemos achacarlo a una gestión pésima.

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2 Respuestas a “Tráfico, el infierno en las calles

  1. Tienes toda la razón Hospitalario y cada vez encontramos conductores más agresivos.Pero también (Cada Vez más), algunos peatones circulan por las carreteras, como si fuera el Zoco.Haciendo referencia a las rotondas, para mí es una odisea encontrarme con ellas, todavía no las entiendo.¿Quien tiene preferencia en una rotonda?¿El que se mete antes? Por que en todas “las esquinas” dice “Uste no tiene preferencia”¡Con lo bien que nos iba sin estas idiotece! Y no se han conformado con ponernos una ¡no! esta es la Ciudad de las rotondas y los badenes, para Gloria de los que sacan tajada, de estas constrcciones.

  2. Existe una patología, la amaxofobia, es el miedo a conducir, y en Melilla no me extraña que se den muchos de estos casos debido al caos circulatorio, el excesivo número de vehículos y a la pésima forma se conducción de numerosas personas que se ponen al volante.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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